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Finales de la década de los 70. El público acudía ataviado con pantalones de campana a las salas cinematográficas, donde estrenaban Fiebre del Sábado Noche —la película que dio fama a John Travolta— y estaba de moda el género de catástrofes aéreas. George Lucas ya había dirigido dos películas en aquel entonces con gran repercusión —en sus respectivos ámbitos—: THX 1138 (1971) y American Graffiti (1973), pero no fueron nada comparado con lo que vino a continuación. Star Wars (1977) fue algo nuevo y revolucionario, a la vez que clásico, que fascinó a multitudes. Tal vez, sin llegar a comprender su verdadera magnitud.

Explicar lo que significó para los que tuvimos la suerte de vivir aquel momento es complicado. Jugaron un papel fundamental el panorama cultura popular de la época y la edad que entonces teníamos. Los prejuicios afloraban en todo su esplendor: los extraterrestres eran marcianos, eran de color verde, tenían antenas y algunas veces, trompetillas como orejas y nariz. Era así... muchas veces. La ciencia-ficción no hacía mucho por combatir esta idea, cayendo constantemente en los estereotipos de la época mostrando entornos de ciencia-ficción similares.


Uno de ellos era el aspecto. El futuro se entendía como algo nuevo, por tanto, todo debía estar limpio y reluciente, allá donde iban. Las espacio naves eran la gran mayoría de las veces bruñidas y cromadas estructuras redondeadas, con forma de platillo volante o estilizados cohetes. Ni siquiera Star Trek (1966) ni 2001: Una Odisea del Espacio (1969) lograron romper con estos estereotipos —aunque sí lo hicieron con otros—.  Sin embargo, Star Wars nos impactó, destrozando nuestras ideas preconcebidas y rellenando un hueco en nuestro imaginario que hasta ese momento no sabíamos que teníamos: George Lucas nos mostró un universo previamente existente, cuyo pasado era un lugar de leyendas, héroes y la eterna lucha entre el bien y el mal. Una manera inédita de mostrar la ciencia-ficción en el cine, donde el foco de la historia no era el desarrollo tecnológico sino nuestro acervo cultural y mitológico.

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana


Mucho se ha hablado de las obras en las que se inspiró para plasmar su obra. Los Siete Samurais (Akira Kurosawa, 1954) y el monomito de Joseph Campbell son a muy grandes rasgos los principales elementos culturales en los que se basó el director para agrupar en un único lugar todos los mitos del ser humano. Para ello era necesario un universo nuevo en una época reinventada, para poderla llenar sin más obstáculo que la estética —inmejorablemente asistido por el ilustrador Ralph McQuarrie— y la épica necesaria. No era la primera vez que en la literatura se había intentado algo así. «Había una vez» o «Hace mucho tiempo que...» han sido fórmulas clásicas usadas como preámbulo de cuentos y leyendas, situando al oyente o lector en una época indeterminada, dejándolo al pairo en el océano del tiempo. En los Cuentos de las mil y una noches su autor le da la vuelta al contador sobrepasando sus límites, yendo «más allá» de lo que la mente racional puede concebir. Se desconecta al lector de su realidad inmediata, se le evade de sus preocupaciones cercanas, para adentrarse en un mundo ubicado en un ignoto lugar y tiempo, donde todo es posible. La frase ya mítica con la que Star Wars nos recibía, acompañada de la excepcional fanfarria de John Williams, nos enviaba a través del hiperespacio, más rápido que la luz, a una galaxia y un tiempo muy, muy lejanos de nuestra monotonía diaria.

El camino del héroe


La teoría más famosa de Joseph Cambell es la que une a todas las historias de héroes. Una de las maneras más populares de representarla en el cine —con especial relevancia en los EEUU— es el del chico educado en un entorno sencillo, poco sofisticado y alejado de emociones fuertes, que le hace anhelar visitar nuevos mundos y conocer bellas y sorprendentes féminas. El mito americano del joven granjero que no está satisfecho con su vida y desea probar otras cosas. El ejemplo paradigmático sin lugar a dudas es Superman y su alter-ego terrestre Clark Kent, que creció en una humilde granja de un perdido pueblo de Kansas, pero destinado a metas mucho más universales. Luke Skywalker es otro joven que no conoció a sus padres biológicos, que tuvo que crecer con sus tíos en la granja de un planeta desértico, perdido en el último rincón de la galaxia. Pero algo en su interior le hacía mirar al espacio, anhelando otras metas a las que cree estar destinado, en lugares distantes extraños y maravillosos. Un buen día, el azar le hace encontrase con su destino, abocado a cumplir en circunstancias más duras de las que creía, iniciando así su madurez. Durante el camino, descubrirá que en efecto dentro de él se escondían dones que le convertirán en el elegido que la galaxia necesita.

No subestimes el poder de La Fuerza


La Fuerza en el universo de Star Wars posee varias interpretaciones. Para los propios Caballeros Jedi que la profesan es una religión, una filosofía de vida a la que se entregan por completo. Su poder proviene de un conocimiento acumulado durante milenios de tradición, explicada en un lenguaje místico comprensible para ellos. Dentro del universo de Star Wars su poder es real, aunque no pueda ser explicado. Para el resto de personas —incluyendo al espectador— representa unas fuerzas psíquicas que permanecen fuera del ámbito racional. La Fuerza en definitiva, representa la parte de nuestra realidad y de nuestra condición humana que todavía no puede ser explicada por la ciencia, pero cuya sospecha de existencia nos inquieta.

La princesa valiente


Como en todo buen relato clásico, no hay héroe sin una bella princesa a la que rescatar. Leia Organa cumple esa función, pero lo hace rompiendo la débil imagen que antaño se le daba a este rol. La Princesa Leia es una mujer de fuerte carácter que se enfrenta a todo un imperio, poniéndolo en jaque al liderar un plan para esconder los necesarios planos de la mortífera arma que está creando. No siente temor ante el propio Vader y resuelve situaciones complicadas en las que sus rescatadores acaban metiéndose. Sobre estos, Solo y Skywalker, representan el clásico dilema adolescente femenino sobre qué chico escoger: el rubito inocente o el bravucón bromista y mujeriego. En pocas ocasiones antes del año 1977 una cuestión de esta índole ocupaba un papel protagónico dentro de una producción cultural, conectando con todos los sectores del mundo adolescente, que tanto jugo y beneficios económicos han acabado proporcionado posteriormente en forma de un sin fin de sagas de esta temática. En definitiva, Leia Organa supuso antes que la Teniente Ripley de Alien, el octavo pasajero, un icono igualitario de la mujer, fundamental en la cultura popular de los años postreros.

El padre oscuro


Luke Skywalker creció con la ausencia de una figura paternal que su tío no supo suplir. Luke es el adolescente disconforme, sin guía, que siente que está perdiendo parte de su vida, falto de oportunidades donde demostrar su verdadera valía. Cuando comienzan los acontecimientos que cambiarán para siempre su vida, Obi-Wan —el mentor, dentro de los roles de la teoría de Campbell— le cuenta fascinantes historias sobre su padre, y cómo Vader —«padre» en el idioma holandés— se enfrentó a él y le venció. La imagen que se nos muestra de Darth Vader es la de un líder carismático, muy capacitado, de gran presencia física y fuerte personalidad. Un amigo fiel de su padre al que algún tipo de terrible tragedia le ha convertido en lo que es, al servicio del mal. Su máscara y atuendo, al que está atado de por vida, simbolizan la transformación a la que toda persona, incluidas las más nobles, pueden sufrir debido a los avatares del destino. Vader se convierte en ese instante en el causante de los males de Luke y siente como irremediablemente, está destinado a enfrentarse a él. Un sino que se convertirá de una manera o de otra en la guía que nunca tuvo, deseando redimir así la muerte de su padre. Vader es de esta manera, el lado oscuro de su progenitor.

Una nueva mitología


La parte más cercana a nuestros día que se ha visto representada en Star Wars es la mitología específica de la cultura en cuyo seno se creó. Desde los piratas que contribuyeron al dominio anglosajón en el mar en el siglo XVI o los contrabandistas que mitigaron el bloqueo que las potencias continentales impusieron sobre las Islas Británicas a principio del XIX, hasta la victoria aliada contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial, están claramente representados en la obra. De alguna manera, George Lucas construía un conjunto de leyendas que suplía la falta de ellas de la relativamente joven nación estadounidense. Dada la influencia de la cultura anglosajona sobre el resto del mundo —gracias en parte precisamente al cine— se ha extendido a otros ámbitos culturales.

Por supuesto, el acierto inicial de los creadores que participaron en esta obra al incluir todo tipo de referencias culturales —sobre las cuales se han escrito tantos artículos como estrellas en la galaxia— como samurais o caballeros templarios, en grandes ciudades o en planetas desérticos, de la aristocracia o humildes pueblos, Star Wars trasciende su ámbito inicial y pasa a formar parte de nuestra cultura universal, aquella que relata leyendas de héroes y heroínas en la continúa lucha del ser humano contra su lado oscuro.



Imágenes: Taringa 1 y 2

NOTA: este artículo/reseña no trata sobre la saga de Star Wars, sino sobre la película original de 1977 y lo que representó en aquel momento. En lo que devino después se verá en otro artículo.

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Adaptación a la televisión de El Hombre en el Castillo,
de Philip K. Dick
Se puede entender la ciencia-ficción como la imaginación de escenarios alternativos en los que se ha modificado algún parámetro de la realidad. Habitualmente es la física la rama de la ciencia que ve como algunas de sus premisas son alteradas para construir dichos escenarios. Por ejemplo, la ciencia-ficción hace comúnmente uso de «universos» ficticios en los que es posible el viaje a mayor velocidad de la luz o la alteración de los campos gravitatorios, entre otras proezas para las que la física actual no tiene explicación satisfactoria.

En la ciencia-ficción llamada «dura», los autores enfocan su creatividad en dotar a esos nuevos escenarios de toda la consistencia posible. Pero hay otra ciencia-ficción que deja esta precisión en segundo plano, centrando la parte especulativa en cómo esas nuevas situaciones afectan a los protagonistas. La llamada ciencia-ficción «blanda» usa escenarios ficticios con la principal intención de hablar de desde la propia alma humana, hasta la manera en cómo nos organizamos social y políticamente. En Crónicas Marcianas (Ray Bradbury, 1950) su autor decidió usar un Marte alternativo y poco riguroso con la física, simplemente como un escenario lo suficientemente extraño pero al mismo tiempo, cercano y reconocible, para hablar —de una maravillosa manera— sobre nosotros y nuestros problemas. En la Trilogía marciana de Kim Stanley Robinson (1992) se aprovecha de nuevo nuestro planeta vecino como escenario —con mayor cuidado científico— para imaginar cómo la especie humana podría organizarse empezando de nuevo, aprovechando para hacer crítica de los sistemas políticos existentes. Otro ejemplo más reciente y preocupado por la elaboración del entorno con el objeto de especular que clase de organización social podría emerger es Dark Eden (Chris Beckett, 2012), en donde se especula sobre cómo un ambiente extremo puede condicionar la vida y por supuesto, la organización social.

No es necesario irse a otros planetas para especular sobre como la tecnología afecta a nuestras relaciones sociales. El ciberpunk es un subgénero de la ciencia-ficción que consiste en mostrar el lado más pesimista de esta circunstancia. Distopías definidas por los efectos socialmente perniciosos que un mal uso de la tecnología puede producir a causa de nuestra falta de límites para su comercialización, para su consumo o para ser correctamente regulado por los poderes públicos. Estos así como las corporaciones comerciales, suelen aparecer en estas obras como participantes y cómplices de la situación, en una insana connivencia en la que la sociedad, sean humanos o replicantes, es explotada para favorecer a unos pocos. En la antología Mirrorshades (1986) se encuentran algunos de los ejemplos más representativos. Aunque se dan muchas discusiones sobre el término ciberpunk como movimiento cultural o corriente literaria y se defiende a sí mismo sobre sus connotaciones políticas, no cabe duda que alrededor de estos conceptos de alguna manera subyace un fondo de crítica. Más adelante especularemos sobre ello.

Si se entienden las ciencias sociales y políticas como el estudio de las sociedades humanas y su organización, nos encontramos con que este propósito es similar al de las obras comentadas. Se advierte pues que la ciencia-ficción —al menos, un tipo de ella— se constituye en potencia como un equivalente de las propias ciencias sociales y políticas, aunque aplicadas a universos ficticios y alternativos. Ahora bien, modificar parámetros físicos, imaginar entornos extraños en planetas distantes o pensar en tecnologías inexistentes para poder encontrar un escenario adecuado, requiere un esfuerzo adicional si lo que realmente desea el autor es precisamente, hacer un ensayo o crítica política. Si el mejor escenario requerido no existe, hay que inventarlo. Para hacer esto sólo debería ser necesario modificar aquellos parámetros relacionados directamente con las ciencias políticas: los personajes y su entorno social.

Modificando parámetros

Todas las especies se organizan, aunque naturalmente, cuando se habla de política siempre nos referimos a especies inteligentes. De momento sólo entran dentro de este grupo la nuestra, la humana, pero si se modificara este parámetro podría especularse sobre otras formas de organizarse. La ciencia está «limitada» por este hecho, algo que no le ocurre a la fantasía. A la ciencia-ficción tampoco, salvo por la aplicación en mayor o menor medida del método científico para construir esa realidad alternativa. En la fantasía es habitual imaginar extrañas especies de seres como Orcos o Elfos, cada una de ellas con su organización social y política características, sin más explicación ni justificación de su origen. En el caso de la ciencia-ficción puede tratarse de sociedades alienígenas, de su organización política y qué clase de relación podrían tener con la sociedad humana. De la misma manera que la exobiología estudia las posibilidades de vida fuera de la Tierra, un término adecuado para definir este ámbito sería el de exopolítica, sino fuera porque ha sido «secuestrado» por el entorno pseudocientífico —tristemente relacionado con la ciencia-ficción en demasiadas ocasiones—.

En sagas y obras como Star Wars o Avatar es corriente encontrarse con especies extrañas y sus respectivas organizaciones sociales y jerárquicas, aunque en estos casos ocurre algo similar que con las obras de fantasía: se usan realmente como un reflejo de nuestros propios problemas y prejuicios, más que como un ejercicio de especulación elaborado. Para encontrar algo parecido a esto habría que buscar entre la bibliografía, pudiendo encontrar algo en la de Jack Vance —repleta de ejemplos bastante ocurrentes sobre especies alienígenas pintorescas y sus organizaciones sociales— o tal vez en Los propios Dioses (Isaac Asimov, 1972), donde se describe una especie habitante en un universo paralelo.

Tampoco es necesario recurrir a especies inteligentes desconocidas para especular sobre su organización política en función de sus características imaginarias. Nuestra propia especie puede sufrir cambios debido a avances tecnológicos que podrían alterar nuestra condición de manera significativa. Se trata de tecnología que está ahí, siendo aplicada en la actualidad a nuestros propios cuerpos, con ejemplos vivientes que en estos momentos, se pasean entre nosotros: Neil Harbisson, ciudadano del Reino Unido, ha sido el primero en obtener reconocimiento legal como un cyborg, al tener implantado en su cerebro un dispositivo óptico. Otro caso para el que todavía no existe una solución técnica pero para el que hay una voluntad declarada de alcanzarlo, es el proyecto del magnate ruso Dmitri Itskov, que consiste en traspasar su conciencia a un dispositivo informático lo suficientemente capaz, para de esta manera perpetuar su existencia. Estas y otras incipientes tecnologías vislumbran nuevos caminos intuidos por algunas obras de ciencia-ficción —Chappie (Neil Blomkamp, 2015)—. Entre ellos se encuentran, en un futuro cercano y en su necesario reflejo legal y político, otras nuevas rutas por descubrir.

Una cuestión de género

Si se definen los subgéneros de la ficción en función de los parámetros de la realidad que modifican para construir sus escenarios, se podría asociar alguno de ellos con la política. El término existente que más se acerca sería el de política-ficción, teniendo en cuenta que este género abarca un campo de obras mayor que el propio de la ciencia-ficción, incluyéndose obras como por ejemplo Ensayo sobre la lucidez (José Saramago, 2004) —en la Wikipedia en inglés hay más casos, llegando a incluir El Quijote dentro de este género—.

Probablemente, el subgénero de ciencia-ficción donde no se requiere de conocimientos de física ni de ingeniería tanto como de ciencia políticas y sociales, es la ucronía: historias sobre realidades alternativas generadas a partir de la modificación de un suceso del pasado. El ejemplo más relevante podría ser El Hombre en el Castillo (Philip K. Dick, 1962), cuya reciente adaptación a televisión nos ha permitido comprobar cómo podrían haber sido unos Estados Unidos gobernados bajo un régimen nazi. La comparación entre la realidad alternativa y la situación real se presta a ácidas comparaciones de claro y polémico trasfondo político.

La ciencia-ficción de la ucronía recrea políticamente un pasado que no existió, hasta nuestros días. Pero ¿qué podemos hacer si deseamos continuar hacia el futuro? No hay ciencia para dar respuesta a esta petición, pero si existe en la ciencia-ficción un concepto muy famoso cuya época de estudio no es el pasado o el presente, sino el futuro: la psicohistoria, una ciencia ficticia que predice con apoyo de las matemáticas, los acontecimientos políticos futuros en un colectivo social de elevado número de individuos.

La exposición del mensaje

En obras como las conocidas 1984 (George Orwell, 1949) o Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932) se presentan de forma explícita escenarios en cuya construcción la política tiene un claro protagonismo. Sin embargo, en el ciberpunk sus historias nos hablan de antihéroes en forma de hackers, agentes peligrosos y malvados dueños de corporaciones. Son en definitiva historias sobre el bien y el mal, hasta cierto punto clásicas ¿Hay política en ellas? Fuera esta la intención inicial o no, algunos sospechan que se ha usado como vehículo de propaganda ideológica. En el género de ciberpunk esta no es explícita, sino que es su mensaje implícito el que de forma inadvertida, se transmite al público. La construcción de los personajes y su conexión con el mundo real —con cuyo parecido es algo más que simple coincidencia— son factores principales, hasta el punto de primar el mensaje sobre la construcción del escenario. Si se tiene en cuenta el momento de la aparición del ciberpunk, coincidente con la posmodernidad que surgió tras la caída del muro y el triunfo del capitalismo consumista, surgen algunas interesantes cuestiones:

La desaparición de la Unión Soviética llevó tras de sí el fin de la Guerra Fría pero también, la falta de freno al empuje del capitalismo global consumista. Esta podría ser una de las causas de la actual situación, en la que las corporaciones multinacionales tienen tanto o más poder que muchos estados, la mayoría de ellos endeudados al ser víctimas de una economía basada en la generación de deuda, de un dinero creado artificiosamente. La cuestión es: ¿es el ciberpunk una respuesta cultural contra el capitalismo? ¿O es por el contrario una creación de este mismo, para convertir en profecía autocumplida sus sueños más materialistas y ambiciosos? Por supuesto, esto no es más que política-ficción.
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Publicado por Lino Moinelo a las 12:00
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El Ministerio del Tiempo (Pablo y Javier Olivares, 2015) ha roto ciertos esquemas dentro de la producción cultural popular española. Según los parámetros de las cadenas «generalistas» las cifras de audiencias no son gran cosa, sin embargo, en Internet se ha convertido en un fenómeno inusual en España. Un público significativo al que no le satisfacía la producción propia —debiendo buscar otra de su agrado en proveedores web fuera del país— y que no era tenido en cuenta, se ha encontrado de repente con un panorama distinto. Sin ánimo de profundizar cuales son los factores de por qué pasaba esto y cómo ha ocurrido ahora, parece que ha sido la ilusión y empeño de sus creadores lo que lo ha hecho posible. El resultado es un fenómeno normal en otros países europeos —como Reino Unido y su Doctor Who— que parece que se ha iniciado también en España: una cadena pública mostrando un producto por el cual los personajes históricos son objeto de agitación en la red.

Gracias al uso de la ciencia-ficción como vehículo, esta producción ha logrado que la historia sea tratada con menos visceralidad, pudiéndose debatir sobre ella con mayor normalidad. No sólo en el ámbito de las Humanidades ha despertado una nueva corriente cultural, también ha suscitado artículos cuyo tema principal es el de la propia naturaleza del tiempo. Gracias a esta serie, se ha llevado al terreno de lo popular discusiones de asuntos propios de la física y la cosmología. Lo que tratándose de España, se puede decir que es ciencia-ficción «dura».

El origen de las puertas

Una de las criticas sobre la serie es la de la falta de rigor a la hora de dar explicaciones. En concreto, en determinado momento de la serie se alude a la «magia» de un rabino judío como explicación de la aparición de las puertas. Al parecer, no se tiene en cuenta que el momento de la historia de la que proviene la fuente es el Siglo XV, por lo que difícilmente se podría hablar de otra causa. Ocurre que en algunas ocasiones esta carencia es intencionada, bien por no desviar la atención del espectador o por no dar detalles que puedan ser usados en otro momento de la trama principal de la serie. En este caso, sirve también para que de nuevo, sean los aficionados los que especulen sobre la misma.

En películas como El final de la cuenta atrás (Don Taylor, 1980), Donnie Darko (Richard Kelly, 2001) o la serie española La chica de ayer (Antena 3, 2009) se muestra como el espacio-tiempo produce de forma espontánea rupturas a través de las cuales es posible acceder a otro lugar y/o otro tiempo —la serie española difiere de la original precisamente en este punto—, formando bucles temporales autoconsistentes. Dejando a un lado la posibilidad y probabilidad de que esto pueda suceder —en todo caso, seguro que muy poca— lo más parecido que hay en física que pueda explicar este tipo de portales recibe el nombre de agujero de gusano.

De cualquier manera, esta explicación es insuficiente para este caso ya que las puertas conducen a lugares bajo dominio del gobierno español en algún momento de la historia, por tanto, las puertas deberían haber sido construidas explícitamente. Según la web Cuentos Cuánticos unos seres de al menos cinco dimensiones serían capaces en teoría de acceder a la dimensión temporal y poder construir agujeros de gusano estables, que en la serie representan las puertas del tiempo. Son como unas Stargate de todo a cien ―de alguna manera, el formato de escaramuzas a través de las puertas forma un planteamiento similar a la conocida franquicia―.

El tiempo y las puertas

No hay obra sobre viajes en el tiempo que sea fácil de comprender. La mayoría esconden alguna que otra incoherencia si se las mira con lupa. Tampoco podemos exigir demasiado ya que ni siquiera la ciencia se pone de acuerdo en definir el Tiempo y mucho menos, establecer de forma concreta si es posible viajar por él y cuáles serían las formas de hacerlo. En todo caso, si bien no se puede exigir mucha precisión en cuanto a la física utilizada, sí que se debe esperar coherencia dentro del relato en cuanto a la solución escogida. En el caso que nos ocupa parece que hay algunas lagunas argumentales que resultan desconcertantes, como explican de forma original en el blog El profe de física. Pero lo importante de la cuestión es que inventar una historia sobre viajes en el tiempo, implica necesariamente tener una idea básica de cuál es el modelo temporal que se va a utilizar, al menos desde un punto de vista filosófico.

La principal diferencia y originalidad de la serie es que no se puede viajar al futuro. Como explica el subsecretario del ministerio Salvador Martí (Jaime Blanch) en el primer capítulo, «el tiempo es el que es». Es decir, no hay más tiempo que el construido en el pasado y que continúa construyéndose en el presente. En el blog Ciencias Mixtas dan una explicación más detallada de este modelo llamado universo de bloque creciente. También llamado presentismo, se diferencia del eternalismo —más habitual y aceptado por la comunidad científica— en que en este último existe teóricamente un futuro prescrito. Un futuro que sólo podemos ir conociendo a medida que nuestra mente navega por el flujo temporal, al estar sujetos a nuestras cuatro dimensiones.

Sin embargo, en el presentismo usado en la serie el tiempo se construye progresivamente a medida que transcurre. Se puede ir hacia atrás y volver al presente, pero no podemos acceder al desarrollo futuro. Algo así como un tren que va construyendo su propia vía férrea. Este modelo es el que más se ajusta intuitivamente con lo que nuestra mente observa. Si el universo está expandiéndose espacialmente y tiempo y espacio están inextricablemente unidos, esta expansión lo sería también del tiempo. Podríamos postular por tanto —con las zapatillas de ir por casa— que el tiempo está expandiéndose y que más allá de esta evolución, no es posible acceder de ninguna manera, porque no existe lugar ni tiempo a donde ir.

Los límites

Ambos modelos teóricos no acaban de dar respuesta a algunas incógnitas. Algunos científicos sospechan que no podría viajarse a un momento anterior al de la construcción de un hipotético dispositivo de viaje temporal. En la serie se observa como hay una puerta a través de la cual podemos asistir a la construcción del Acueducto de Segovia ¿cómo es posible si las puertas fueron creadas varios siglos más tarde? Una «explicación» es que las puertas ya existían, creadas por alguna otra inteligencia, y que fueron reveladas al rabino judío posteriormente.

La otra cuestión por resolver es la de si es posible alterar los acontecimientos pasados y en caso de ser así, cómo afectan al futuro —o al presente, según sea el punto de vista del observador—. En la serie no queda clara esta parte. Más bien parece que hubiera una protección cronológica de manera que la línea temporal mantiene su consistencia ¿Tal vez el principal secreto del Ministerio del Tiempo es que es innecesario?

Otro inquietante misterio es donde queda el libre albedrío. Parece que en el presentismo el futuro se va construyendo y una vez más coincide intuitivamente con lo que queremos creer, que somos libres. Pero ¿qué ocurre con el pasado? ¿Son nuestros yo del pasado unas meras marionetas movidas por el destino? ¿Cómo sabemos si somos nosotros una de esas marionetas con un escrito e inmutable futuro que no podemos cambiar? Por calmar algo la angustia de nuestra existencia, tal vez se trate de una cuestión de probabilidades. El destino del universo seguramente es inmutable, pero puede que nuestros propios destinos individuales tengan muchas posibilidades abiertas. Sugiero que en cualquier caso, aprovechemos el tiempo.


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Publicado por Lino Moinelo a las 10:00
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Arthur C. Clarke, autor del relato que después permitirla a Kubrik dar origen a 2001: Una Odisea del Espacio —El Centinela (1951)— no posee una bibliografía numerosa ni popular, sin embargo, algunas de sus obras —como la mencionada— figuran entre las más importantes de la ciencia-ficción. Estas se caracterizan principalmente por tener un gran sentido místico y transcendental sobre el papel de la especie humana en el universo, y al mismo tiempo, una gran verosimilitud científica. Esta combinación dota a sus creaciones de algo especial, de forma que si hay algún autor que pueda encarnar al llamado sentido de la maravilla, Clarke podría ser uno de ellos.


Cita con Rama (1973) es una novela de en la que se recrea con gran detalle ese momento en el que nuestra especie se hace consciente de que no está sola en el universo: en una época futura en el que el ser humano ha conquistado el Sistema Solar, se advierte con sorpresa que un extraño artefacto ha entrado en su interior, cuyas maniobras nada fortuitas revelan que una inteligencia alienígena está ineludiblemente detrás de él. Con su estilo preciso y realista, paso a paso Clarke nos relata la aventura por la cual una expedición sale al encuentro del misterioso artefacto en forma de gigantesco cilindro. Dentro de él, los astronautas que tienen la fortuna de poder visitarlo se encuentran con un asombroso ecosistema autónomo, formando lo que se denomina un Cilindro de O'Neil.

La situación se presta en la obra a momentos que evocan en sus protagonistas un asombro y maravilla que quedan fielmente relejados en sus líneas. En la época actual tan proclive a adaptaciones cinematográficas, muchos aficionados se preguntan cuando le llegará el turno a una obra como esta tan en principio, merecedora por las cualidades comentadas de ser mostrada en toda su magnificencia en una gran pantalla. Tal es así que un autor relacionado con la producción audiovisual no ha podido resistirse y ha creado un cortometraje sobre esta obra. Posteriormente, otro autor le ha añadido una banda sonora con efectos y sonido envolvente. Personalmente y sin animo de desmerecer el gran trabajo de Philip Mahoney (Vancouver Film School), creo que prefiero la versión sin efectos de Aaron Ross, que me recuerda a 2001: Una Odisea del Espacio y sus espacio-naves danzando al son de un vals. ¿Ustedes que opinan?



Fuente: io9.com
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Publicado por Lino Moinelo a las 19:58
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Hay una obra de ciencia-ficción cuya fama es pequeña si la comparamos con la de su autor, pero a pesar de ello, ocupa un lugar señalado en el género. Su importancia no radica en la popularidad, sino en servir de probable inspiración de diversas obras y sagas de la ciencia-ficción, como MatrixDark City. Hablamos de Ubik (Philip K. Dick, 1969). Esta obra maestra para algunos, aunque prescindible para otros, no está exenta de algunas carencias, sin embargo, la virtud que la hace excepcional, lo que le ha valido para convertirse en un modelo de referencia, es la maestría con la que su autor logra recrear las experiencias vividas por sus protagonistas en universos anidados o paralelos.

Sus resultados son milagrosos, siempre que se use como se recomienda
Su autor sumerge de forma magistral al lector en una historia en la que los límites de la realidad se desvanecen y confunden, generándole una incógnita que excede los propios limites fijados por las páginas del libro. Esta proeza literaria se logra a través de Ubik, un producto que se presenta al lector en forma de reclamos publicitarios como entradilla de cada uno de los capítulos, involucrando al lector y convirtiéndolo en inadvertido protagonista al fusionar su universo con el de la obra. Ubik es la representación que nuestra mente puede dar, según las reglas de la realidad que vive, a una influencia venida de un universo situado en un plano exterior al suyo. Se convierte, en un punto de contacto con el «más allá», un puente entre dos realidades. Si no han entendido nada, no se preocupen: es normal, nos pasa a todos al principio. Su autor evita intencionadamente dar una idea plenamente explícita de lo que está pasando. Así que si se atreven con ella, déjense llevar.
¿Nunca has tenido un sueño que piensas que es real? ¿Y si no pudieras despertar de ese sueño, cómo diferenciarías el mundo de los sueños del mundo real?
Morpheo

En la obra cinematográfica Matrix, la conexión entre el universo virtual y el real no es tan onírica y ambigua. El paso de uno a otro entorno es mucho más específico —una vez lo saben sus protagonistas, claro—. Sus autores decidieron sin embargo no dejar explícita la entrada al mismo, dejando que nuestros protagonistas «aparezcan» sin más —o tal vez podría verse como que es el universo virtual el que surge repentinamente en su mente—. Pero por motivos de puesta en escena y para crear situaciones de peligro que hagan al espectador agarrarse a su asiento, la salida del universo de Matrix al real físico no puede bastar con un simple chasquear de dedos. Ha de representarse mediante alguna situación u objeto concreto, al cuál han de acceder expresamente. Un elemento que pueda estar en cualquier parte, pero no como el aire, sino en lugares específicos.


Al menos en sus dos primeras partes, las situaciones en las que se hace necesario salir del universo de Matrix al verdadero, representan algunos de los momentos más emocionantes de la saga. Situaciones envueltas de una gran tensión, debido a la presencia de algún peligro proveniente de la Inteligencia Artificial de Matrix. Los protagonistas han de salir de ella, dejar sus interfaces informáticas y regresar a sus cuerpos de carne hueso, para escapar. Pero no hay nada en el mundo virtual ideado para que los programas que ejecutan la simulación de los cuerpos virtuales dejen de realizar su función. Cuando Morpheo ofrece las pastillas roja y azul, y Neo elige dejar su vida tal y como la conocía, su cuerpo informático no ha sido alterado, y el real todavía pertenece a Matrix. Tiene sentido que el proceso de esta primera desconexión de la mente —representado por un espejo, recurso clásico de «ventana» hacía otra dimensión— sea un proceso traumático, al contrario que en posteriores ocasiones, donde las mentes de nuestros protagonistas viajan en unos cuerpos «pirateados».

Los Wachowsky podían haber escogido como solución para el universo cinematográfico que estaban creando, en principio, cualquier cosa: un gesto o unas «palabras mágicas» podrían haber sido suficientes para dejar el mundo virtual de Matrix y regresar al mundo real. El problema es que no hubiera sido coherente con el resto de la historia, al ser demasiado «mágico». Por un lado, este tipo de fenómenos tan evidentemente trascendentes estaban destinados para El Elegido, y por otro, hubiera sido un truco o hackeo que implicaba un forzado excesivo de las reglas físicas virtuales de Matrix. ¿Qué clase de objeto puede representar un punto de enlace «suave» entre universos de naturaleza completamente distinta? ¿Qué dispositivo puede tener esta función sin que represente una vulneración explícita y por tanto, detectable, de las reglas del universo de Matrix? Finalmente, esa «puerta de enlace», ese «dispositivo de comunicación» entre el universo virtual de Matrix y el real que cualquiera pudiese utilizar —cuyo cuerpo físico hubiera huido previamente de Matrix—, cobraba la forma de un simple y modesto terminal de teléfono.

¿Que elemento puede ser utilizado para comunicar dos universos y puede estar en cualquier esquina o en un bolsillo, y pasar desapercibido para cualquiera, incluida la inteligencia artificial de Matrix?
El acto de establecer comunicación, el acto de hablar por el teléfono, es la «brecha de seguridad» que los piratas informáticos humanos utilizan para que sus mentes puedan desconectarse de la que era su cárcel virtual. El teléfono de Matrix es el Ubik de los Wachowsky. Es el vinculo entre las dos realidades de Matrix. Un vínculo, entre dos grandes obras de ciencia-ficción.


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    Publicado por Lino Moinelo a las 13:00
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    La importancia de Matrix como uno de los eventos cinematográficos más importantes de la historia no es necesario demostrar. Sin embargo parece que algunas partes de su argumento no están del todo claras. Le propongo al lector que visitemos de nuevo una de las más famosas sagas de la ciencia-ficción, empezando por lo más visible, para luego escudriñar algunos de sus recovecos más escondidos.


    Trasfondo político

    Las obras consideradas dentro del género del cyberpunk suelen transmitir un similar mensaje filosófico y político a través de aquellos escenarios ficticios que lo permitan. En este caso, no se trata simplemente de las inteligencias artificiales contra la humanidad, sino además, de la construcción de una compleja y sofisticada realidad virtual con el principal objeto de mantener engañada y esclavizada a nuestra especie. El mensaje político que podemos interpretar de esta situación es similar al de Blade Runner: existen unos poderes que operan «en la sombra» que sostienen un esquema de sociedad con la intención aparente de tenernos contentos. Se nos oculta una realidad en la que el libre albedrío no es más que una ilusión. Nos ofrecen la libre elección, cuando en realidad no hay nada que elegir. Todo con el principal propósito de aprovecharse de nosotros. De vivir a nuestra costa.

    Este mismo escenario es también utilizado para transmitir un mensaje con gran contenido filosófico. Pero en este caso, se presenta de una manera mucho más transcendental y compleja, por lo que para poder hablar de él se hace imprescindible sumergirse previamente, en las entrañas de Matrix.

    El funcionamiento de Matrix

    Supuesto científico

    El supuesto científico principal de la saga de Matrix, el punto de suspensión de la incredulidad o sencillamente, la parte ficticia fundamental de la obra, es precisamente la existencia de Matrix. Es a partir de este postulado lo que define el resto del universo en el que se desenvuelve la obra, con todo lo que ello conlleva. Teniendo en cuenta que se trata de una obra de ficción y que no tiene sentido profundizar en exceso en aspectos que son producto de la imaginación de sus autores, demos por supuesta la posibilidad de la existencia de una entidad de estas características e intentemos deducir hasta donde quisieron llegar los Hermanos Wachowsky.

    La relación Humano-Máquina frente a la de la Mente-Programa

    En la realidad virtual conocida, la conexión entre el entorno electrónico simulado y nuestra mente se hace a través de una interfaz física en la que participan nuestros sentidos y los sensores hardware: gafas con visión tridimensional, auriculares, micrófono, guantes con sensación táctil para interactuar con el entorno, etc. Tecnología habitual donde la innovación se encuentra en la forma de ser usada.


    Sin embargo en Matrix la conexión se realiza de una manera mucho más profunda. Si bien continúa existiendo una parte física inevitable entre el entorno y nuestro cuerpo, este no llega a salir nunca del útero artificial en el que se nace. Es nuestra mente la que viaja a través de un sofisticado entorno artificial recreado directamente en ella. Los participantes de este dialogo, por llamarlo de alguna manera, son básicamente tres: nuestra mente, Matrix y algún otro tipo de interfaz —ficticia, claro— que actúe de intermediario. Al ser este un mundo virtual recreado en una enorme computadora, la interfaz consistirá en un programa informático, cuya principal misión consiste en traducir en ambos sentidos: hacía un lado nuestra actividad neuronal analógica y desde otro, el procesamiento digital de Matrix.

    Nuestra consciencia así como la supuesta existencia de libre albedrío, son conceptos cuyos principios de funcionamiento todavía se desconocen. A pesar de esta falta de conocimiento preciso, en la actualidad es posible insertar y borrar recuerdos en nuestra mente. Se puede postular que en un futuro será posible intercambiar información con ella, para por ejemplo, ofrecerle un entorno físico que le sea creíble y mantenga engañada a nuestra consciencia. El supuesto de Matrix consiste básicamente en esto, en crear un entorno artificial en el que tenernos sumergidos física y mentalmente, sin que seamos conscientes de ello. Si nuestro cuerpo real es la «personificación» o materialización de nuestra consciencia a través del cuál se interactúa con el mundo, de forma análoga, la interfaz que Matrix dispondría para nuestra mente sería nuestro «cuerpo virtual», un «contenedor» con el que pasear nuestra mente por el mundo de Matrix.

    Fuera de nuestro cuerpo informático, en el otro lado de la interfaz, se encuentra un enorme programa que recrea un mundo artificial. Este programa se define por unas leyes rígidas, que se corresponderían con lo que en nuestro mundo real son las leyes de la física. Tras todo este escenario, a modo de Dios que gobierna sobre el Universo, se encuentran las inteligencias artificiales de Matrix, la Oráculo y el Arquitecto, inteligencias computacionales que trabajan «limitadas por la perfección» de las pautas matemáticas y lógicas por las que no tienen otro remedio que encaminar sus pasos.

    Principales consecuencias

    Básicamente, Matrix pretende suplantar nuestro cuerpo físico sustituyéndolo a nivel subconsciente por un programa que realiza la misma función dentro del entorno virtual. El resultado es que en el camino que recorre la información que viaja a nuestra mente y desde ella hasta el mundo virtual, se ha de pasar por dos cuerpos: el real que permanece oculto y el cuerpo virtual, el único del cuál somos conscientes. Hasta que conozcamos a Morpheo, por supuesto.

    Mensaje filosófico

    ...podemos escoger la opción contraria y sostener que tanto nosotros como todo cuanto nos rodea no somos más que sueños en la cabeza de un Shiva durmiente


    El «alma» es un mito ancestral usado por algunas religiones. Es inevitable señalar su analogía con el hecho de que la consciencia es un fenómeno exclusivo de los seres vivos, que como se ha comentado, sus principios desafían de momento a una explicación racional. Independientemente de este debate sin solución por ahora, los Wachowsky logran abordar este asunto desde otra perspectiva al introducir un «cuerpo» adicional entre nuestra mente y el mundo «exterior». Si el alma  —hipotéticamente hablando— es un ente inmaterial y por tanto, no pertenece al mundo en el que existe nuestro cuerpo físico, nuestra mente se convierte por analogía en el «alma» de nuestro cuerpo virtual compuesto de bits, que no pertenece al mismo mundo en el que está nuestra consciencia. Por continuar con el recurso metafórico: «polvo eres, y en polvo te convertirás».

    La pregunta que nos podemos hacer a continuación es si de la misma manera que se postula con una situación en la que se ha añadido una capa más «hacia abajo», podríamos añadir una capa más «hacia arriba». Es decir ¿cómo sabemos que no estamos viviendo una simulación? ¿Podría ser ese hipotético «otro mundo» en donde residen nuestras consciencias o «almas», en realidad un universo paralelo en donde otras inteligencias están ejecutando una simulación de nuestro universo? Aunque estas cuestiones parecen salidas de un congreso de «Nueva Acrópolis», lo cierto es que el mundo científico se lo ha tomado en serio y han realizado un experimento para averiguar si estamos o no viviendo una simulación. Experimento que de momento no es viable de realizar, y cuyas conclusiones tal vez muchos no deseen conocer.

    Aplicación en las películas

    En la Saga de Matrix, sus autores ponen en práctica estos postulados para construir su universo. A través de su protagonista lo vamos conociendo gradualmente, partiendo de la aburrida e insatisfactoria vida del Sr. Anderson para continuar con la que le sirve de complemento, un activista hacker acostumbrado a meterse en las entrañas de los sistemas informáticos y vulnerarlos, conocido como Neo.

    En frente, los oponentes o los guardianes de ese sistema «oculto» al resto de usuarios/ciudadanos, están los «agentes». Estos «hombres de negro» —en una clara analogía con las organizaciones federales de los EEUU acusadas de una vigilancia extrema de la sociedad— tienen unos «privilegios» en el sistema informático que les permiten realizar hazañas y provocar fenómenos que los «usuarios de a pie» no pueden lograr. Son por así decirlo, los 'power user' —en este caso los 'power bots', ya que no son humanos—. Al ser elementos del propio sistema y ser artificiales, disponen directamente de los recursos necesarios para poder hacer lo que estimen oportuno: desde moverse a velocidades increíbles y evitar disparos de bala, a ocupar el cuerpo virtual que actúa de interfaz de cualquier otro humano, que sin saberlo, cree estar viviendo una «realidad» que le es despojada repentinamente.


    Lo que nos hace humanos

    Nuestra especie por el contrario, está limitada por la conexión mental que su interfaz, el cuerpo virtual que Matrix genera para simular su cuerpo, le permite realizar. Para poder combatir en igualdad de condiciones contra los agentes, será necesario vulnerar estas limitaciones impuestas por las reglas del sistema. Para dar forma y representar esta proeza los Wachowsky parecen basarse en dos aspectos fundamentales. Uno de ellos es el concepto de hacker, crucial en la saga —y en general, en todo el ciberpunk— ya que a pesar de estar mentalmente inmersos en él, es necesario ver a Matrix como lo que realmente es:  una simulación por computador. Como tal, es susceptible de tener alguna vulnerabilidad, debilidad que habrá que explotar y aprovechar. Es en este desafío donde el otro aspecto que define a la saga cobra su fundamental importancia. Una controvertida cualidad de los seres vivos, especialmente en nuestra especie. Una característica que hasta el momento, ninguna máquina artificial ha podido replicar: la capacidad de transcender de uno mismo y nuestro entorno.


    El hackeo en este caso no consiste por tanto en acceder al código fuente o saltarse los protocolos de seguridad mediante un teclado y una conexión electrónica, sino mediante las propias pautas mentales con las que nuestros protagonistas se comunican con el mundo virtual, logrando transcender de él. Esta es por tanto la principal baza que la humanidad tendrá que hacer valer —en el universo ficticio de la saga— en su lucha contra las inteligencias artificiales: su propia e imperfecta condición humana.

    [Publicado posteriormente en el blog Planetas Prohibidos]

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      Publicado por Lino Moinelo a las 11:00
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      ¿Qué ha pasado en España desde que Televisión Española estrenara El Ministerio del Tiempo? ¿Qué ha pasado antes, que no hayamos advertido? La nueva serie española de televisión de ciencia-ficción —se hace raro decirlo, o mejor dicho, se hacía—, nos ha dejado a mucha gente ciertamente sorprendidos. Y ha sido así porque está bien hecha.

      Los capítulos son algo largos —la duración creo que es cosa de las productoras, por motivos que sólo ellos entienden—, en ocasiones se palpa en los exteriores que el presupuesto es reducido y no se aclaran con el funcionamiento de las puertas. Pero se nota en ambientación y vestuario que han cuidado algunos detalles importantes: por ejemplo, la ropa de las distintas épocas parece de verdad, es decir, castigada por el uso. Si fuera de otra manera  —con la ropa reluciente en plena época medieval, como en la serie Toledo, cruce de destinos (2012)— el resultado no es satisfactorio, siendo uno de esos momentos en los que la famosa frase «se nota que la serie es española» hace su incomoda aparición.

      Pero en este caso, los hermanos Pablo —fallecido recientemente— y Javier Olivares han creado un buen guión con muchas posibilidades, en el que no es necesario algo como un D'Lorean como máquina del tiempo —la obra de referencia es Las puertas de Anubis (Tim Powers, 1983)—. De esta manera se ha logrado un ajuste equilibrado entre lo que se puede hacer, y lo que finalmente se hace, denotando que los creadores de Isabel (2012~2014) y Victor Ros (2014~2015), saben muy bien hasta donde pueden llegar.

      En definitiva, El Ministerio del Tiempo (MdT) es una serie que cuando la ve el espectador español habitual de series anglosajonas, no le rechinan los dientes en exceso. Se ve con agrado. Se ve con normalidad e incluso, con genuina satisfacción en ocasiones. Pero lo mejor, lo que hace pensar que por fin la ciencia-ficción ha encontrado un camino en España, es lo que queda tras acabar el capítulo correspondiente. Durante el mismo no hay una gran acción, ni trepidantes persecuciones ni un gran despliegue de efectos, sino el pausado desarrollo de una historia, cercana, entretenida y sin renunciar a los recursos clásicos, pero que va generando en nuestro interior nuevas reflexiones. No es una serie trivial ni meramente juvenil. Tiene aspiraciones, sin ser pretenciosa.

      El pasado que nos persigue

      No es que no se note que, en cierta forma, se imite el estilo anglosajón, que diría que lo hacen. El arte de aprovechar el medio audiovisual para contar historias educativas o que hablen de problemas relevantes —que de otra manera serían aburridas— lo tienen ya muy practicado en Reino Unido o los EEUU —con sus innumerables películas sobre Vietnam, por ejemplo—. Aprender de los mejores es lo que toda persona honrada, humilde, digna e inteligente debe hacer. Hasta Isaac Newton admitió que caminaba «sobre hombros de gigantes».

      De esta manera, MdT cumple un papel fundamental como lugar de encuentro común donde purgar nuestros pecados y nuestros errores históricos. Con un espíritu positivo, con un espíritu de construir, para aceptarnos como somos pero con el ánimo de poder cambiarnos en el futuro. Para ello, nada como una ciencia-ficción ligera utilizada como vehículo de forma similar a lo que Doctor Who —pero con otra fórmula completamente distinta— logra en el Reino Unido, reviviendo la memoria colectiva de forma mucho más entretenida y eficaz que aquella rancia, casposa y pretenciosa Memoria de España.

      El personaje «español»

      Pero a pesar de todo es una serie «nuestra». Es decir, las situaciones, el humor, los personajes, no son una mera transliteración de otros homólogos foráneos. El cambio más importante de la serie respecto a lo que hasta ahora era habitual, son el tipo de personajes. No porque no sean de aquí, sino porque no era costumbre darles voz y protagonismo. En el mundo anglosajón se dieron cuenta hace mucho tiempo que en ocasiones, las soluciones se encuentran precisamente donde nadie había mirado antes. De la mano de personas que quedaban fuera de la «norma» social, muchas veces inadaptados pero no por ello menos capaces en absoluto. De esta manera, piratas, bandoleros, contrabandistas, borrachines, frikis, mutantes, y «gente así», marginal, se han convertido en un arquetipo de protagonista característico de la cultura anglosajona. En la idiosincrasia española lo más cercano era la parodia de Torrente, el brazo corto de la ley. Aparte de esto, este tipo de personaje no existía en nuestra cultura. Hasta ahora.

      Los protagonistas de MdT no son inventados. Existen o han existido a lo largo de los siglos, pero han sido cualquier cosa menos los líderes, los famosos o los populares. Al contrario, no los quieren ver ni en pintura. Esta es la razón en la serie por la que son usados como agentes para el MdT, una institución gubernamental que se limita a cumplir su función publica de mantener las cosas como están. Sin más oficio ni beneficio. Pero para el espectador el mensaje es sin embargo que en el fondo, el destino de un país entero está en manos de los que en cada época respectiva son considerados parias: un soldado con honor y leal a sus compañeros, que se enfrenta a la una autoridad carente de legitimidad —Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda)—. Una mujer mucho más inteligente que sus compañeros masculinos, pero que no es considerada como es debido por su condición femenina —Amelia Folch (Aura Garrido)—. Un trabajador especializado válido, eficaz y entregado a su trabajo, pero cuya dedicación no gusta ni a sus propios compañeros, que piensan más en la juerga y el «jurgol» —Julián Martínez (Rodolfo Sancho)—. Los que sólo por ser distintos al resto de los de su época, la sociedad no llega a apreciar sus grandes aptitudes, perdiendo un capital humano que podría ser usado en beneficio de la misma sociedad que les rechaza. En definitiva, el futuro, que ha de construirse a cada instante, sólo puede lograrse con ideas nuevas. De otra manera, se permanece anclado en glorias pasadas, perdidas hace mucho, debido a unos garrafales errores que ya no se pueden reparar. Es el presente, el momento que nos debe preocupar y por el que hay que luchar.

      De El Barco a El Ministerio del Tiempo

      ¿Ha sido repentino este cambio de paradigma en la ciencia-ficción española? Seguramente no. Este ha sido gradual, aunque es su manifestación la que tal vez nos ha pillado a todos algo descolocados. Fuera de la ciencia-ficción, hay varias obras cinematográficas que vistas ahora podían ser algunas de esas señales que avisaban del cambio que poco a poco parece que se está dando, por fin, en la producción audiovisual española: Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014), La Isla Mínima (Alberto Rodríguez, 2014) y Magical Girl (Carlos Vermut, 2014) —tres películas notables todas en el mismo año—. ¿Que tienen estas obras que no tuvieran otras anteriores? No soy critico de cine. Hablo de películas pero como un medio para difundir la ciencia-ficción, que es el tema principal. Lo que puedo decir es que la primera de ellas ha batido todos los records de taquilla —como obra española— y que la valoración de los espectadores es completamente homóloga a la de cualquier otra película, por no decir que mejor en la mayoría de los casos. Algo que no había ocurrido a este nivel anteriormente. Algo similar puede decirse de las otras dos mencionadas, recibiendo aún mejores criticas por parte de sectores especializados en el séptimo arte.

      En lo que a ciencia-ficción se refiere, es inevitable mencionar a Autómata (Gabe Ibañez, 2014), producida por Antonio Banderas. A pesar de haber sido peor valorada en España que fuera de ella —uno de los defectos clásicos nuestros que todavía nos queda por superar— ha sido debido en parte a la incomprensión de un público que todavía no acepta a la ciencia-ficción española como un género al mismo nivel que el resto. Un público que la ha comparado erróneamente con Blade Runner al limitarse a lo estético y superficial, el mismo público que piensa que MdT es una mera imitación de Doctor Who por similares motivos. En cualquier caso, que una película española haya sido puesta en comparación con la mismísima obra de Ridley Scott, es ya de por sí, un fenómeno sin precedentes.

      En definitiva, me atrevo a afirmar que esta situación en la que tanto por el nivel ofrecido — homologo a la de cualquier otra producción audiovisual internacional— como por sobre todo, por su coincidencia en el tiempo, no había ocurrido anteriormente. Esto puede ser síntoma de un cambio importante que ahora, con esta nueva serie de Televisión Española —en la que se muestra una forma de ver la ciencia-ficción inédita en este país y por el uso que se hace de ella— se hace más patente.

      Pero para llegar hasta ahí, para que se puedan producir series propias de ciencia-ficción, se ha debido demostrar con cifras de audiencia de por medio ―o cualquiera que sea el lenguaje que entienden los que tiene la pasta― que la inversión va a servir para algo. El precedente que puede haber encendido la chispa es una serie española que empezó con un planteamiento interesante y con posibilidades, pero que acabó quedándose en una imitación barata de series anglosajonas de alcance masivo como Lost. Para llegar a algo como MdT, puede que haya sido necesario pasar primero por El Barco (2011~2013). La cuestión que cabe preguntarse es, qué vendrá ahora.

      El siguiente paso

      El riesgo que se corre en estos momentos, emborrachados de éxito como cuando se ganó el mundial de fútbol ―perdón por el ejemplo―, es el conformismo. En el entorno todo lo cercano que pueda considerarse un país europeo como Suecia, han creado la magnífica serie Real Humans (2012~). Para su producción no es necesario ningún presupuesto adicional más que el de cualquier otra tele-serie del montón, pero en este caso, logrando una gran complejidad de guión y profundidad de personajes. No cabe duda que El Ministerio del Tiempo es un caso singular y esperanzador, pero no es ni mucho menos un final del camino ¿que vendrá después? Naturalmente, sólo el tiempo tiene la respuesta.

      [Publicado posteriormente en el blog Planetas Prohibidos y en El Sitio de ciencia-ficción]
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      Publicado por Lino Moinelo a las 10:00
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      Mucho se ha hablado de cómo deberían ser las nuevas entregas de la saga de Star Wars: de lo fácil que será mejorarlas —dado el listón tan bajo que dejó su antiguo dueño—, de si serán más o menos maduras, y cosas así. El caso es que hay mucha, muchísima expectación —o hype, como se dice ahora— de cómo será el nuevo universo creado para la franquicia. Desde que George Lucas pegara el pepinazo con el primer estreno, poco a poco ha ido destrozando su propia creación poniendo a todos los seguidores de la saga original en su contra. Una discusión que se viene teniendo desde que aparecieran personajes como Jar-Jar Binks, es hasta qué punto este universo en cuya creación han participado numerosos artistas y se ha visto realimentado por los aficionados, está o no por encima de los derechos de autor de su productor y director original. A pesar de todo, Star Wars ha ido aumentando el número de seguidores incondicionales convirtiéndose en un auténtico fenómeno cultural.

      El anuncio hace ya unos años de la venta de la productora de George Lucas a Disney, vino acompañado de la noticia de la continuación de la Saga de Star Wars, uno de los eventos cinematográficos más esperados de las últimas décadas.

      En este contexto, se acomete un fascinante proyecto artístico al tener la oportunidad y la responsabilidad de reconducir un fenómeno cultural de masas por un camino que evite todos los problemas en los que Lucas se fue metiendo con su creación. En el aspecto comercial, han de transmitir confianza en este sentido para que el público tenga la sensación de que no se van a ver defraudados, y al mismo tiempo, alimentar el ansia por conocer las nuevas particularidades del famoso universo de la galaxia muy, muy lejana, con el suficiente material para discutir, criticar, alabar, en definitiva, hablar de él.

      En este sentido el trailer de Star Wars lo ha conseguido con creces, introduciendo en casi todas las escenas nuevos elementos que rompen con lo visto hasta ahora, desconcertando en algunos casos, y provocando todo tipo de reacciones y especulaciones variopintas, sin esperar tan siquiera a conocer el guión y saber de qué va la cosa realmente.

      La nostalgia

      el Episodio VII tratará sobre una nueva generación, "no sobre nosotros".
      Mark Hamill


      El tirón nostálgico lo tienen asegurado con el reclamo y apelación a la nostalgia de la participación de los actores originales. Por tanto, ¿es necesario dar ya a conocer sus personajes? Evidentemente no. Este recurso se lo guardan hasta que lo estimen oportuno. De momento, se filtran borradores de su aspecto con cuenta-gotas. La única concesión en este sentido es la aparición del mítico Halcón Milenario, configurándose en esta etapa promocional como la conexión principal con la saga clásica, aunque con algunos cambios observables como la antena o el aspecto de los motores.

      Lo nuevo

        Mientras se filtran detalles sobre el aspecto que tendrán los personajes clásicos en la nueva entrega del universo de Star Wars por parte de J.J. Abrams, la promoción oficial se ha de dedicar a alimentar a todo ese conjunto de aficionados que quiere ver su universo lejano corregido y mejorado. Naturalmente, cada uno tiene su visión de las cosas, por lo tanto, lo que se ha de mostrar son aspectos inéditos en el universo de Star Wars. De esta forma, sea cuál sea la postura de cada uno sobre lo que era lo necesario o mejorable en el trabajo de George Lucas, el debate estará asegurado y con el, gran parte de la promoción extra de la franquicia.

        Removiendo prejuicios raciales



        No creo que la comunidad de aficionados de Star Wars sea ni más ni menos racista que otras. Sin embargo, de lo que si se puede estar seguro es que el ámbito cultural que más influencia tiene en su concepción es el anglosajón, y dentro de este, el público de los EEUU. Tras los casos de Nick Furia —interpretado por Samuel L. Jackson en Los Vengadores—, el Capitán América y el nuevo Spiderman en los cómics, o la Antorcha Humana —Michael B. Jordan— en la nueva adaptación de Los 4 Fantásticos (Josh Trank, 2015) parece claro que este es un tema que da para hablar.

        De esta manera se presentan las esperadas primeras imágenes que tenemos por fin de la franquicia: un actor de raza negra —John Boyega— enfundado en una armadura de Stormtrooper —tropa de asalto— irrumpe repentinamente desde la parte inferior de la pantalla. Esto ha desconcertado por dos motivos: además de por resultar inesperado ver a una persona de este color de piel alistada en las tropas del «enemigo» —supongo que sería como ver a alguien de raza negra con uniforme de soldado nazi—, también porque los aficionados más jóvenes esperaban ver a un clon de Jango Fett, desconociendo que las tropas del Imperio sólo son clones precisamente en la guerra de la que toma este nombre: Las Guerras Clon. La cuestión es que no se conoce cuál es el motivo por el que hay un soldado imperial perdido en el desierto, con aspecto sudoroso y preocupado. A pesar de todo, mucha gente lo da por hecho.

        El robotito gracioso

        ¿Cómo vais a superar al R2-D2, el droide más adorable en la historia del cine?
        Mark Hamill


        ¿Que sería de Star Wars si no hubiera un robotito haciendo gracias? George Lucas no tuvo mayor ocurrencia que utilizar de nuevo a C3PO y R2D2, aunque fuera a costa de destrozar el argumento de las precuelas. Una vez más, había que dar alguna alternativa a los aficionados y sacar de donde sea un robot gracioso y simpático nuevo. ¿Había alguna forma geométrica que no había sido utilizada para un robot en Star Wars? Sí, al menos una: una pelota. Pues bien, ya está con nosotros BB-8, un nuevo robot con forma de balón de soccer —como le llaman al fútbol en EEUU— destinado a ser reproducido millones de veces en forma de juguetito.

        Los nuevos Stormtrooper



        Otro de los iniciales aciertos de George Lucas fue la estética escogida para las tropas del imperio. El uso del blanco —característico de su ópera prima THX—, y ese aspecto amenazador de cráneo futurista, han logrado que este sea uno de los iconos más reconocibles del universo de la franquicia galáctica. En esta ocasión apenas dejan ver entre destellos luminosos, a los nuevos y flamantes cascos de las famosas tropas imperiales, en lo que parece el típico caso de insinuar pero no mostrar, para que la curiosidad sea mayor. Por si queda alguna duda del deseo de anunciar todas las novedades posibles, se ha filtrado la noticia de que también veremos a una mujer entre las tropas.

        Las armas



        Los blaster de la saga clásica eran apenas poco más que un hierro pintado de negro. Esta vez se les ve, —poco, pero lo suficiente una vez más para estimular la curiosidad— dotadas de «vida», con indicadores numéricos —como las que vimos unos años después en Aliens: el regreso (James Cameron, 1986)— y emitiendo sonidos al ser activadas por las tropas. Los aficionados respiran tranquilos: «esto es nuevo».

        De vuelta a ¿Tatooine?



        Tal vez lo más «normal» de todo el trailer sea la aparición de un personaje montando en un transporte cuya estética —en cuanto a color— recuerda al landspeeder de Luke en Tattoine, pero mucho más basto. Como queriendo dejar bien claro que no es un vehículo de recreo, sino de granja, como en efecto, en la que él vivía. Las especulaciones sobre quien es el personaje son inevitables, y si no estoy equivocado, dicen que puede ser su hija . De lo que se trata en cualquier caso es crear expectación.

        El majestuoso X-Wing



        Si existe alguna astronave del universo de Star Wars que pueda hacerle sombra al Halcón Milenario es el X-Wing. Una de las más fabulosas naves de la ciencia-ficción que allá por los años 70 irrumpió en el imaginario colectivo rellenando un hueco que los platillos volantes o los cohetes tipo Flash Gordon, no lograban llenar: un caza de combate espacial librando épicas batallas en el espacio. Aquellos movimientos coordinados de escuadrones de combate maniobrando en el espacio pasaron a formar parte de la memoria cinematográfica de la sociedad.

        Sin embargo, no aparece ni una escena espacial en el trailer. Pensemos por un momento, ¿que demonios hacen un escuadrón de cazas espaciales rozando espectacularmente el agua de una superficie acuática? No son unos simples aerodeslizadores como los de El Imperio Contrataca. Parece que con los años, las «imitaciones» que han venido después y las ultimas entregas de la saga, dejó de ser una novedad ver al X-Wing en el espacio haciendo las mismas piruetas vistas mil veces. Seguramente por eso se muestra a un escuadrón de Ala-X en un entorno poco habitual para un caza espacial: una biosfera. Naturalmente, habrá una explicación —eso espero— pero se podría decir que es una escena escogida para que cause un efecto sorpresa en el espectador.

        El sable de luz triple 



        Pero de todas las novedades de las que venía cargado el nuevo trailer de Star Wars VII, el asunto «estrella» es sin lugar a dudas la nueva versión de una de las más impresionantes armas de ciencia-ficción de toda la galaxia: el sable de luz.

        La verdad es que me sorprendió la reacción de la comunidad de aficionados al interpretar que era un sable con «triple» haz de plasma. En mi caso, lo primero que me vino a la mente fue que los haces laterales se trataban de una especie de escape de energía sobrante, o algo similar. No son haces de plasma definidos como en el resto de sables que hemos visto. La explicación habitual es que se trata de «guardas» o protecciones del sable frente a armas enemigas en combates frente a frente. La mayoría de espadas las llevan, aunque no suelen ser ofensivas, como lo serían en este caso. Y de serlo, suelen estar orientadas hacía adelante, no de manera que pueda ocasionar daño al propio caballero Jedi que empuña el arma. La cuestión es que es muy probable que haya toda una historia detrás de ese sable de luz que explique su configuración. Una explicación que tirará por tierra todas las especulaciones, criticas y alabanzas que han inundado la red al respecto.

        Un juego en el que me temo, yo también he caído.





        [Publicado posteriormente en El Sitio de ciencia-ficción]

        NOTA: originalmente se había indicado que «Stomtrooper» correspondía con su traducción literal «tropa de tormenta». Sin embargo, como me ha corregido Mario Moreno Cortina en la publicación de El Sitio de ciencia-ficción —enlace anterior— al parecer, su traducción correcta es «tropa de asalto», y así se ha corregido posteriormente.

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        Publicado por Lino Moinelo a las 14:30
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