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¿Qué ha pasado en España desde que Televisión Española estrenara El Ministerio del Tiempo? ¿Qué ha pasado antes, que no hayamos advertido? La nueva serie española de televisión de ciencia-ficción —se hace raro decirlo, o mejor dicho, se hacía—, nos ha dejado a mucha gente ciertamente sorprendidos. Y ha sido así porque está bien hecha.

Los capítulos son algo largos —la duración creo que es cosa de las productoras, por motivos que sólo ellos entienden—, en ocasiones se palpa en los exteriores que el presupuesto es reducido y no se aclaran con el funcionamiento de las puertas. Pero se nota en ambientación y vestuario que han cuidado algunos detalles importantes: por ejemplo, la ropa de las distintas épocas parece de verdad, es decir, castigada por el uso. Si fuera de otra manera  —con la ropa reluciente en plena época medieval, como en la serie Toledo, cruce de destinos (2012)— el resultado no es satisfactorio, siendo uno de esos momentos en los que la famosa frase «se nota que la serie es española» hace su incomoda aparición.

Pero en este caso, los hermanos Pablo —fallecido recientemente— y Javier Olivares han creado un buen guión con muchas posibilidades, en el que no es necesario algo como un D'Lorean como máquina del tiempo —la obra de referencia es Las puertas de Anubis (Tim Powers, 1983)—. De esta manera se ha logrado un ajuste equilibrado entre lo que se puede hacer, y lo que finalmente se hace, denotando que los creadores de Isabel (2012~2014) y Victor Ros (2014~2015), saben muy bien hasta donde pueden llegar.

En definitiva, El Ministerio del Tiempo (MdT) es una serie que cuando la ve el espectador español habitual de series anglosajonas, no le rechinan los dientes en exceso. Se ve con agrado. Se ve con normalidad e incluso, con genuina satisfacción en ocasiones. Pero lo mejor, lo que hace pensar que por fin la ciencia-ficción ha encontrado un camino en España, es lo que queda tras acabar el capítulo correspondiente. Durante el mismo no hay una gran acción, ni trepidantes persecuciones ni un gran despliegue de efectos, sino el pausado desarrollo de una historia, cercana, entretenida y sin renunciar a los recursos clásicos, pero que va generando en nuestro interior nuevas reflexiones. No es una serie trivial ni meramente juvenil. Tiene aspiraciones, sin ser pretenciosa.

El pasado que nos persigue

No es que no se note que, en cierta forma, se imite el estilo anglosajón, que diría que lo hacen. El arte de aprovechar el medio audiovisual para contar historias educativas o que hablen de problemas relevantes —que de otra manera serían aburridas— lo tienen ya muy practicado en Reino Unido o los EEUU —con sus innumerables películas sobre Vietnam, por ejemplo—. Aprender de los mejores es lo que toda persona honrada, humilde, digna e inteligente debe hacer. Hasta Isaac Newton admitió que caminaba «sobre hombros de gigantes».

De esta manera, MdT cumple un papel fundamental como lugar de encuentro común donde purgar nuestros pecados y nuestros errores históricos. Con un espíritu positivo, con un espíritu de construir, para aceptarnos como somos pero con el ánimo de poder cambiarnos en el futuro. Para ello, nada como una ciencia-ficción ligera utilizada como vehículo de forma similar a lo que Doctor Who —pero con otra fórmula completamente distinta— logra en el Reino Unido, reviviendo la memoria colectiva de forma mucho más entretenida y eficaz que aquella rancia, casposa y pretenciosa Memoria de España.

El personaje «español»

Pero a pesar de todo es una serie «nuestra». Es decir, las situaciones, el humor, los personajes, no son una mera transliteración de otros homólogos foráneos. El cambio más importante de la serie respecto a lo que hasta ahora era habitual, son el tipo de personajes. No porque no sean de aquí, sino porque no era costumbre darles voz y protagonismo. En el mundo anglosajón se dieron cuenta hace mucho tiempo que en ocasiones, las soluciones se encuentran precisamente donde nadie había mirado antes. De la mano de personas que quedaban fuera de la «norma» social, muchas veces inadaptados pero no por ello menos capaces en absoluto. De esta manera, piratas, bandoleros, contrabandistas, borrachines, frikis, mutantes, y «gente así», marginal, se han convertido en un arquetipo de protagonista característico de la cultura anglosajona. En la idiosincrasia española lo más cercano era la parodia de Torrente, el brazo corto de la ley. Aparte de esto, este tipo de personaje no existía en nuestra cultura. Hasta ahora.

Los protagonistas de MdT no son inventados. Existen o han existido a lo largo de los siglos, pero han sido cualquier cosa menos los líderes, los famosos o los populares. Al contrario, no los quieren ver ni en pintura. Esta es la razón en la serie por la que son usados como agentes para el MdT, una institución gubernamental que se limita a cumplir su función publica de mantener las cosas como están. Sin más oficio ni beneficio. Pero para el espectador el mensaje es sin embargo que en el fondo, el destino de un país entero está en manos de los que en cada época respectiva son considerados parias: un soldado con honor y leal a sus compañeros, que se enfrenta a la una autoridad carente de legitimidad —Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda)—. Una mujer mucho más inteligente que sus compañeros masculinos, pero que no es considerada como es debido por su condición femenina —Amelia Folch (Aura Garrido)—. Un trabajador especializado válido, eficaz y entregado a su trabajo, pero cuya dedicación no gusta ni a sus propios compañeros, que piensan más en la juerga y el «jurgol» —Julián Martínez (Rodolfo Sancho)—. Los que sólo por ser distintos al resto de los de su época, la sociedad no llega a apreciar sus grandes aptitudes, perdiendo un capital humano que podría ser usado en beneficio de la misma sociedad que les rechaza. En definitiva, el futuro, que ha de construirse a cada instante, sólo puede lograrse con ideas nuevas. De otra manera, se permanece anclado en glorias pasadas, perdidas hace mucho, debido a unos garrafales errores que ya no se pueden reparar. Es el presente, el momento que nos debe preocupar y por el que hay que luchar.

De El Barco a El Ministerio del Tiempo

¿Ha sido repentino este cambio de paradigma en la ciencia-ficción española? Seguramente no. Este ha sido gradual, aunque es su manifestación la que tal vez nos ha pillado a todos algo descolocados. Fuera de la ciencia-ficción, hay varias obras cinematográficas que vistas ahora podían ser algunas de esas señales que avisaban del cambio que poco a poco parece que se está dando, por fin, en la producción audiovisual española: Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014), La Isla Mínima (Alberto Rodríguez, 2014) y Magical Girl (Carlos Vermut, 2014) —tres películas notables todas en el mismo año—. ¿Que tienen estas obras que no tuvieran otras anteriores? No soy critico de cine. Hablo de películas pero como un medio para difundir la ciencia-ficción, que es el tema principal. Lo que puedo decir es que la primera de ellas ha batido todos los records de taquilla —como obra española— y que la valoración de los espectadores es completamente homóloga a la de cualquier otra película, por no decir que mejor en la mayoría de los casos. Algo que no había ocurrido a este nivel anteriormente. Algo similar puede decirse de las otras dos mencionadas, recibiendo aún mejores criticas por parte de sectores especializados en el séptimo arte.

En lo que a ciencia-ficción se refiere, es inevitable mencionar a Autómata (Gabe Ibañez, 2014), producida por Antonio Banderas. A pesar de haber sido peor valorada en España que fuera de ella —uno de los defectos clásicos nuestros que todavía nos queda por superar— ha sido debido en parte a la incomprensión de un público que todavía no acepta a la ciencia-ficción española como un género al mismo nivel que el resto. Un público que la ha comparado erróneamente con Blade Runner al limitarse a lo estético y superficial, el mismo público que piensa que MdT es una mera imitación de Doctor Who por similares motivos. En cualquier caso, que una película española haya sido puesta en comparación con la mismísima obra de Ridley Scott, es ya de por sí, un fenómeno sin precedentes.

Pero para llegar hasta ahí, para que se puedan producir series propias de ciencia-ficción, se ha debido demostrar con cifras de audiencia de por medio ―o cualquiera que sea el lenguaje que entienden los que tiene la pasta― que la inversión va a servir para algo. El precedente que puede haber encendido la chispa es una serie española que empezó con un planteamiento interesante y con posibilidades, pero que acabó quedándose en una imitación barata de series anglosajonas de alcance masivo como Lost. Para llegar a algo como MdT, puede que haya sido necesario pasar primero por El Barco (2011~2013). La cuestión que cabe preguntarse es, qué vendrá ahora.

El siguiente paso

El riesgo que se corre en estos momentos, emborrachados de éxito como cuando se ganó el mundial de fútbol ―perdón por el ejemplo―, es el conformismo. En el entorno todo lo cercano que pueda considerarse un país europeo como Suecia, han creado la magnífica serie Real Humans (2012~). Para su producción no es necesario ningún presupuesto adicional más que el de cualquier otra tele-serie del montón, pero en este caso, logrando una gran complejidad de guión y profundidad de personajes. No cabe duda que El Ministerio del Tiempo es un caso singular y esperanzador, pero no es ni mucho menos un final del camino ¿que vendrá después? Naturalmente, sólo el tiempo tiene la respuesta.

Publicado por Lino Moinelo a las 10:00
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Mucho se ha hablado de cómo deberían ser las nuevas entregas de la saga de Star Wars: de lo fácil que será mejorarlas —dado el listón tan bajo que dejó su antiguo dueño—, de si serán más o menos maduras, y cosas así. El caso es que hay mucha, muchísima expectación —o hype, como se dice ahora— de cómo será el nuevo universo creado para la franquicia. Desde que George Lucas pegara el pepinazo con el primer estreno, poco a poco ha ido destrozando su propia creación poniendo a todos los seguidores de la saga original en su contra. Una discusión que se viene teniendo desde que aparecieran personajes como Jar-Jar Binks, es hasta qué punto este universo en cuya creación han participado numerosos artistas y se ha visto realimentado por los aficionados, está o no por encima de los derechos de autor de su productor y director original. A pesar de todo, Star Wars ha ido aumentando el número de seguidores incondicionales convirtiéndose en un auténtico fenómeno cultural.

El anuncio hace ya unos años de la venta de la productora de George Lucas a Disney, vino acompañado de la noticia de la continuación de la Saga de Star Wars, uno de los eventos cinematográficos más esperados de las últimas décadas.

En este contexto, se acomete un fascinante proyecto artístico al tener la oportunidad y la responsabilidad de reconducir un fenómeno cultural de masas por un camino que evite todos los problemas en los que Lucas se fue metiendo con su creación. En el aspecto comercial, han de transmitir confianza en este sentido para que el público tenga la sensación de que no se van a ver defraudados, y al mismo tiempo, alimentar el ansia por conocer las nuevas particularidades del famoso universo de la galaxia muy, muy lejana, con el suficiente material para discutir, criticar, alabar, en definitiva, hablar de él.

En este sentido el trailer de Star Wars lo ha conseguido con creces, introduciendo en casi todas las escenas nuevos elementos que rompen con lo visto hasta ahora, desconcertando en algunos casos, y provocando todo tipo de reacciones y especulaciones variopintas, sin esperar tan siquiera a conocer el guión y saber de qué va la cosa realmente.


La nostalgia

el Episodio VII tratará sobre una nueva generación, "no sobre nosotros".
Mark Hamill


El tirón nostálgico lo tienen asegurado con el reclamo y apelación a la nostalgia de la participación de los actores originales. Por tanto, ¿es necesario dar ya a conocer sus personajes? Evidentemente no. Este recurso se lo guardan hasta que lo estimen oportuno. De momento, se filtran borradores de su aspecto con cuenta-gotas. La única concesión en este sentido es la aparición del mítico Halcón Milenario, configurándose en esta etapa promocional como la conexión principal con la saga clásica, aunque con algunos cambios observables como la antena o el aspecto de los motores.


Lo nuevo


    Mientras se filtran detalles sobre el aspecto que tendrán los personajes clásicos en la nueva entrega del universo de Star Wars por parte de J.J. Abrams, la promoción oficial se ha de dedicar a alimentar a todo ese conjunto de aficionados que quiere ver su universo lejano corregido y mejorado. Naturalmente, cada uno tiene su visión de las cosas, por lo tanto, lo que se ha de mostrar son aspectos inéditos en el universo de Star Wars. De esta forma, sea cuál sea la postura de cada uno sobre lo que era lo necesario o mejorable en el trabajo de George Lucas, el debate estará asegurado y con el, gran parte de la promoción extra de la franquicia.

    Removiendo prejuicios raciales



    No creo que la comunidad de aficionados de Star Wars sea ni más ni menos racista que otras. Sin embargo, de lo que si se puede estar seguro es que el ámbito cultural que más influencia tiene en su concepción es el anglosajón, y dentro de este, el público de los EEUU. Tras los casos de Nick Furia —interpretado por Samuel L. Jackson en Los Vengadores—, el Capitán América y el nuevo Spiderman en los cómics, o la Antorcha Humana —Michael B. Jordan— en la nueva adaptación de Los 4 Fantásticos (Josh Trank, 2015) parece claro que este es un tema que da para hablar.

    De esta manera se presentan las esperadas primeras imágenes que tenemos por fin de la franquicia: un actor de raza negra —John Boyega— enfundado en una armadura de Tropa de TormentaStormtrooper— irrumpe repentinamente desde la parte inferior de la pantalla. Esto ha desconcertado por dos motivos: además de por resultar inesperado ver a una persona de este color de piel alistada en las tropas del «enemigo» —supongo que sería como ver a alguien de raza negra con uniforme de soldado nazi—, también porque los aficionados más jóvenes esperaban ver a un clon de Jango Fett, desconociendo que las tropas del Imperio sólo son clones precisamente en la guerra de la que toma este nombre: Las Guerras Clon. La cuestión es que no se conoce cuál es el motivo por el que hay un soldado imperial perdido en el desierto, con aspecto sudoroso y preocupado. A pesar de todo, mucha gente lo da por hecho.

    El robotito gracioso

    ¿Cómo vais a superar al R2-D2, el droide más adorable en la historia del cine?
    Mark Hamill


    ¿Que sería de Star Wars si no hubiera un robotito haciendo gracias? George Lucas no tuvo mayor ocurrencia que utilizar de nuevo a C3PO y R2D2, aunque fuera a costa de destrozar el argumento de las precuelas. Una vez más, había que dar alguna alternativa a los aficionados y sacar de donde sea un robot gracioso y simpático nuevo. ¿Había alguna forma geométrica que no había sido utilizada para un robot en Star Wars? Sí, al menos una: una pelota. Pues bien, ya está con nosotros BB-8, un nuevo robot con forma de balón de soccer —como le llaman al fútbol en EEUU— destinado a ser reproducido millones de veces en forma de juguetito.

    Los nuevos Stormtrooper



    Otro de los iniciales aciertos de George Lucas fue la estética escogida para las tropas del imperio. El uso del blanco —característico de su ópera prima THX—, y ese aspecto amenazador de cráneo futurista, han logrado que este sea uno de los iconos más reconocibles del universo de la franquicia galáctica. En esta ocasión apenas dejan ver entre destellos luminosos, a los nuevos y flamantes cascos de las famosas tropas imperiales, en lo que parece el típico caso de insinuar pero no mostrar, para que la curiosidad sea mayor. Por si queda alguna duda del deseo de anunciar todas las novedades posibles, se ha filtrado la noticia de que también veremos a una mujer entre las tropas.

    Las armas



    Los blaster de la saga clásica eran apenas poco más que un hierro pintado de negro. Esta vez se les ve, —poco, pero lo suficiente una vez más para estimular la curiosidad— dotadas de «vida», con indicadores numéricos —como las que vimos unos años después en Aliens: el regreso (James Cameron, 1986)— y emitiendo sonidos al ser activadas por las topas. Los aficionados respiran tranquilos: «esto es nuevo».

    De vuelta a ¿Tatooine?



    Tal vez lo más «normal» de todo el trailer sea la aparición de un personaje montando en un transporte cuya estética —en cuanto a color— recuerda al landspeeder de Luke en Tattoine, pero mucho más basto. Como queriendo dejar bien claro que no es un vehículo de recreo, sino de granja, como en efecto, en la que él vivía. Las especulaciones sobre quien es el personaje son inevitables, y si no estoy equivocado, dicen que puede ser su hija . De lo que se trata en cualquier caso es crear expectación.

    El majestuoso X-Wing



    Si existe alguna astronave del universo de Star Wars que pueda hacerle sombra al Halcón Milenario es el X-Wing. Una de las más fabulosas naves de la ciencia-ficción que allá por los años 70 irrumpió en el imaginario colectivo rellenando un hueco que los platillos volantes o los cohetes tipo Flash Gordon, no lograban llenar: un caza de combate espacial librando épicas batallas en el espacio. Aquellos movimientos coordinados de escuadrones de combate maniobrando en el espacio pasaron a formar parte de la memoria cinematográfica de la sociedad.

    Sin embargo, no aparece ni una escena espacial en el trailer. Pensemos por un momento, ¿que demonios hacen un escuadrón de cazas espaciales rozando espectacularmente el agua de una superficie acuática? No son unos simples aerodeslizadores como los de El Imperio Contrataca. Parece que con los años, las «imitaciones» que han venido después y las ultimas entregas de la saga, dejó de ser una novedad ver al X-Wing en el espacio haciendo las mismas piruetas vistas mil veces. Seguramente por eso se muestra a un escuadrón de Ala-X en un entorno poco habitual para un caza espacial: una biosfera. Naturalmente, habrá una explicación —eso espero— pero se podría decir que es una escena escogida para que cause un efecto sorpresa en el espectador.

    El sable de luz triple 



    Pero de todas las novedades de las que venía cargado el nuevo trailer de Star Wars VII, el asunto «estrella» es sin lugar a dudas la nueva versión de una de las más impresionantes armas de ciencia-ficción de toda la galaxia: el sable de luz.

    La verdad es que me sorprendió la reacción de la comunidad de aficionados al interpretar que era un sable con «triple» haz de plasma. En mi caso, lo primero que me vino a la mente fue que los haces laterales se trataban de una especie de escape de energía sobrante, o algo similar. No son haces de plasma definidos como en el resto de sables que hemos visto. La explicación habitual es que se trata de «guardas» o protecciones del sable frente a armas enemigas en combates frente a frente. La mayoría de espadas las llevan, aunque no suelen ser ofensivas, como lo serían en este caso. Y de serlo, suelen estar orientadas hacía adelante, no de manera que pueda ocasionar daño al propio caballero Jedi que empuña el arma. La cuestión es que es muy probable que haya toda una historia detrás de ese sable de luz que explique su configuración. Una explicación que tirará por tierra todas las especulaciones, criticas y alabanzas que han inundado la red al respecto.

    Un juego en el que por cierto, yo también he caído, gustosamente.


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    Publicado por Lino Moinelo a las 14:30
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    'Entropía', o el uso de conceptos científicos que estimulan la curiosidad del lector y lo familiarizanLa relación entre ciencia y ciencia-ficción es un asunto que parece condenado a eternas discusiones entre parte del público. Seguramente en unos casos es por saber poco, y en otros tal vez por saber demasiado —hay un tercer grupo que realmente parece que se divierte causando malentendidos, pero los dejaremos por ahora—.

    Cuando se analiza la escrupulosidad científica de una obra de ciencia-ficción suelen obviarse dos factores que creo son, sin embargo, importantes:

    El público

    ¿Que precisión científica se debe guardar cuando es irrelevante para la historia, en una obra cuyo objetivo principal es el del muy loable de entretener, y cuyo público probablemente no va a saber apreciar en toda su profundidad? Visto de esta manera la exactitud científica ya no parece ser el parámetro más importante. La respuesta parece estar en función del público objetivo al que se destine una obra.

    Hay dos casos que han sido noticia recientemente —en el momento de escribir estas líneas— por motivos opuestos en relación a su contenido científico. Sectores relacionados con este ámbito han alabado Interstellar (Christopher Nolan, 2014) en este sentido, mientras que a Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015) la han puesto a caer de un burro. Sin embargo, los profanos en ciencia critican el exceso de «jerga científica» en la obra de Christopher Nolan, y se encogen de hombros mientras la comunidad científica echa pestes de la última cinta de la franquicia jurásica. Nadie parece darse cuenta de lo importante: que gracias a una obra de ciencia-ficción, se está hablando de ciencia.

    Algo parece fallar. ¿Tal vez el afán por inflar el público potencial provoque la incomprensión de una gran parte, que han ido a ver un producto azuzados por un marketing engañoso? La mayoría de nosotros apenas conocemos más que detalles superficiales de los dinosaurios. Para qué hablar de agujeros negros —el objeto astronómico, claro—. No vamos a reparar en errores que pueden ser evidentes para un especialista pero que el resto pasamos por alto, y en todo caso, completamente anecdóticos en el fondo. El rigor científico es importante, pero también lo es el estímulo para el profano. Exagerar en el nivel de detalle en cuanto a la «pulcritud» científica, simplemente, puede ser una perdida de tiempo —en algunos casos—. Y lo que es peor, contraproducente.

    El problema es que hoy en día casi todas las producciones buscan maximizar su audiencia potencial, pero cada obra ofrece productos distintos. Por tanto, no tiene sentido aplicar el mismo baremo a todas ellas y se hace necesario separar la campaña promocional de lo que verdaderamente se está ofreciendo.

    Pero entonces, ¿no hay límite para las «incorrecciones científicas»? Por supuesto que hay un límite, pero una vez más, no hay que olvidar otro detalle.

    La ficción científica

    Se diría que muchos acérrimos aficionados a la ciencia-ficción —sobre todo los de la parte más «dura»— consideran el género como simplemente una «ficción sobre ciencia», dejando fuera la posibilidad de que la misma ciencia, sea la ficción. El exceso de positivismo científico lleva a muchos aficionados a rechazar todo lo que no sea una clara extrapolación hacía un futuro relativamente inmediato de la ciencia conocida actual, dejando la ciencia-ficción en poco más allá del tecno-thriller. Sin embargo, la historia demuestra que la ciencia ha avanzado a saltos. Tenemos derecho el resto de aficionados a la ciencia-ficción a imaginar un futuro totalmente imprevisto, gracias a algún sorprendente descubrimiento que nos abra las fronteras.

    A la ciencia-ficción no se le ha de exigir en el fondo nada distinto de lo que a cualquier otra obra: que esté bien elaborada y sea entretenida. La diferencia con el resto de géneros consiste en que mientras en estos la realidad ya está dada, en la ciencia-ficción hay que construirla.

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    Publicado por Lino Moinelo a las 10:00
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    Desde la mejora en los transportes hasta los avances en comunicaciones, el desarrollo tecnológico ha influido en la manera en cómo la sociedad se relaciona entre sí. En la ciencia-ficción es habitual especular cuál será ese impacto en el futuro, siendo el género del cyberpunk es el que más atención —y pesimismo— le dedica.

    Una de las áreas más importantes que atañen a las relaciones humanas es el sexo. En algunas obras se ha tratado este asunto, postulando sobre diversas maneras en las que nuestras necesidades, anhelos y fantasías sexuales podrían ser satisfechas en el futuro. Extrapolando en su uso desde la realidad virtual hasta la inteligencia artificial.

    La primera manifestación de este tipo que me viene a la memoria proviene de una obra cinematográfica: Proyecto Brainstorm (Douglas Trumbull, 1983). En esta producción con clara estética ochentera —esas cintas magnéticas como almacenamiento de datos— se juega con la posibilidad de grabar en un soporte electrónico las vivencias de una persona, registradas directamente de su cerebro. Todo lo que se experimenta, todo el procesamiento de la información recogida por nuestros sentidos que el cerebro realiza, quedaría grabado en una memoria informática para su posterior reproducción en la mente de otra persona.

    No, no es «Desafío total», es el gran Christopher Walken
    (Fuente: fotograma de la película Proyecto Brainstorm)


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    Publicado por Lino Moinelo a las 20:00
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    Ciencia y Superhéroes, de Paula Bombara y Andrés Valenzuela
    Cada época ha creado mitos protagonizados por héroes hechos a imagen y semejanza de la sociedad del momento. En la Grecia Clásica imaginaban a héroes mitológicos, mitad humanos, mitad dioses. En la Edad Media fueron los Caballeros Andantes, rodeados de un aura mística que les dotaba de extraordinarias habilidades. En la Edad Contemporánea fueron los superhéroes. 

    Cada época tiene también sus propias características que la definen, circunstancia que podría extenderse a las leyendas generadas durante dichos periodos. Si hay una propiedad que define a nuestra época de otras anteriores, es la del surgimiento de la ciencia y del método científico. La ciencia-ficción debe su aparición a la presencia de la ciencia en la sociedad. Así mismo, los superhéroes son la combinación entre la necesidad atávica del ser humano de imaginarlos, con la del surgir de la ciencia-ficción.
    «la verdadera ciencia-ficción tiene un valor fundamental que la hace diferente a cualquier otro género: necesita material que provenga de la ciencia»
    Liu Cixin, escritor de ciencia-ficción

    No se pueden intercambiar los superhéroes por cualquiera de los anteriores héroes mitológicos. La presencia de la ciencia-ficción, aunque sea de forma anecdótica, estrafalaria, o fantasiosa, es un elemento que no puede ser encontrado en épocas anteriores. La radiación gamma no convierte a las personas en Hulk, ni el cambio de un sol rojo a otro amarillo convierte a los kriptonianos en Superman, ni la picadura de una araña radiactiva nos transforma en Spider-Man. No podemos tener super-olfato como si nuestra nariz fuera un detector de CO. Pero esto es lo de menos.

    Los cómics —a su vez, un medio de difusión también característico de la época actual— fueron el medio en el cuál surgió este subgénero, satisfaciendo la necesidad explicada de crear héroes. Lo importante era crear nuevos mitos adaptados a la sociedad actual, no dar explicaciones científicas detalladas. Los errores científicos son cometidos de forma consciente, en un formato de cómic que se presta a creaciones surrealistas. La ciencia de los superhéroes es surrealista, pero es ciencia... ficción.

    Que duda cabe que la fantasía es un elemento básico en los cómics de superhéroes —no en vano pueden convivir personajes como Dr. Extraño, con Iron Man—. Podría decirse también que la fantasía está presente en la ciencia-ficción. Pero la cuestión realmente relevante es que la fantasía es un elemento clave en la cultura humana en general. Los magos, dioses y demonios han existido en la cultura humana desde el principio de los tiempos. No debería alarmarnos encontrar fantasía en los cómics de superhéroes.

    Pero lo que es innegable es que son aspectos si bien relacionados, completamente distintos. Buscar definiciones concretas sobre lo que es fantasía y lo que es ciencia-ficción, poner fronteras marcadas con tiralíneas para dividir géneros, tal vez sea tan inútil como equivocado. Determinar a partir de qué momento 'un puñado' se convierte en 'un montón' es una tarea irrealizable, sin embargo, todos sabemos distinguir uno de otro. Son cosas parecidas, pero distintas. El elemento clave, el ingrediente especial que hace que se convierta en un «plato» distinto, es el mismo que diferencia a la ciencia-ficción del resto de géneros.

    Es decir, admitiendo que la fantasía y la mitología es el terreno sobre el que «se plantan» las ideas, el ingrediente especial, definitorio y diferenciador respecto a otras antiguas expresiones culturales es la ciencia-ficción, independientemente de si se trata de un 10, un 5 o un 1 %. Si los cómics de superhéroes no la tuvieran, no serían superhéroes, serían otra cosa. Parecida, pero distinta.

    Estos intentos de aplicar fronteras rígidas es lo que da lugar a la división entre la ciencia-ficción «blanda» y «dura». Hay quien piensa que sólo pertenece al género esta última, por lo estricto de sus planteamientos,  dejando al resto de la ciencia-ficción «blanda» en el limbo.

    Buscar la «pureza» en las cosas puede resultar enfermizo. Por regla general, la mezcla es conveniente. Naturalmente que la ciencia-ficción blanda tiene «ingredientes» que no pertenecen al género, pero en cualquier caso, basta la presencia de alguno de sus elementos para definirla ineludiblemente como tal.

    Supongamos dos grandes platos de espagueti. En uno echamos salsa de tomate y carne picada. En otro no se echa nada, se deja tal cual. Ambos son claramente platos de espagueti, pero, completamente distintos. La fantasía serían los espagueti, la salsa, la ciencia-ficción.

    Enlace


    Los cómics de superhéroes. José Carlos Canalda en El Sitio de Ciencia-ficción

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    Publicado por Lino Moinelo a las 14:00
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    Una de las frases más conocidas por los aficionados a la ciencia-ficción es «el espacio, la última frontera» popularizada por la famosa serie televisiva Star Trek. A lo largo de la historia nuestra especie se ha encontrado con otras fronteras, sino tan lejanas en distancia, sí más sorprendentes, difíciles de alcanzar, y enormemente enigmáticas de lo que se esperaba.

    Uno de estos casos podrían ser los profundos fondos marinos de las fosas abisales. Lugares a los que la luz del Sol ha llegado tan poco como a los más lejanos planetas del sistema solar. Entre estos desafíos existe uno en el que poderosos sectores del mundo científico y empresarial están invirtiendo grandes recursos. No se trata de la energía del punto cero, ni de la teleportación, ni de viajes a mayor velocidad de la luz. Ese gran reto tan lejano en apariencia, es sin embargo, uno que llevamos permanentemente muy cerca de nosotros: la mente humana.

    El ámbito que estudia la emulación de nuestra mente está rodeado de una gran controversia, no sólo científica, sino también filosófica y política. Existe cierto temor de crear «algo» que acabe siendo mejor que nosotros en alguna faceta sustancial —la conocida singularidad tecnológica— lo que junto al complejo de Frankenstein, nos hace imaginar que se rebelará o sustituirá a la humanidad. 

    El ser humano —acostumbrado a estar en la cima de la evolución— se siente incómodo en cuanto contempla la posibilidad de tener frente a sí a otro «ser» con similares o superiores capacidades. Temor análogo a la posibilidad de contactar con seres extraterrestres más avanzados intelectualmente o más desarrollados tecnológicamente. Pero por lo general, sentimos verdadera fascinación por imaginar máquinas que puedan pensar, sean antropomórficos o si nos miran a través de una gran lente con tonos rojizos. Ahora bien, lo primero que tal vez sea necesario preguntarse es, ¿qué es pensar?


    Pensamiento, consciencia e inteligencia


    Debido a que no se conoce la naturaleza precisa de la consciencia y qué relación tiene ésta con la inteligencia, la comunidad científica no logra tener una respuesta al menos, satisfactoria. Esta depende de la división existente en el ámbito científico en función de las creencias, ideologías y en definitiva, de las distintas concepciones filosóficas que se tiene del mundo que nos rodea. Ciñéndonos exclusivamente al mundo científico, dejando a un lado en esta ocasión las respuestas basadas en explicaciones de origen místico, se podrían formar dos grandes grupos —por hacer una simplificación manejable— de científicos, en función de sus ideas sobre el asunto:

    Los que piensan que el cerebro humano es poco más que una máquina


    Los defensores de la llamada Inteligencia Artificial «fuerte», postulan que el cerebro es una especie de ordenador enormemente complejo que puede ser emulado en su practica totalidad. El principal límite para alcanzar este logro sería necesitar del suficiente desarrollo tecnológico, a lo que responden con la llamada Ley de Moore y por extensión a la del crecimiento exponencial, por la cual se barajan unas fechas relativamente cercanas donde mediante la tecnología se podrá superar incluso la capacidad del cerebro humano.

    Este grupo se caracteriza por un gran positivismo científico, que por propia definición, tiende a ignorar todo aquello que no se puede medir. Tal vez el científico más reconocible es el famoso zoólogo de origen británico Richard Dawkins —prologuista de La máquina de los memes (2000), de Susan Blackmore—. Este y otros científicos y divulgadores dan forma al llamado nuevo ateísmo. Entre ellos se encuentran un tal Daniel Dennet —filósofo de la ciencia destacado en el campo de las ciencias cognitivas— y Steven Pinker —científico cognitivo y escritor—.

    Sus ideas sobre nuestra mente consisten someramente en considerar que sea lo que sea ocurre dentro de nuestro cerebro, como elemento físico y circunscrito en un espacio limitado que es, ha de ser posible reproducirlo —en imitación a lo que la naturaleza ha logrado— mediante técnicas computacionales llevadas al extremo. Si bien este argumento parece aplastantemente cierto en su primera parte, tiene el problema de ignorar aspectos cuyos principios no son conocidos, y lo que se sabe de ellos arroja más dudas.

    Conceptos como la consciencia —o la capacidad de una entidad de tener conocimiento sobre si misma y su relación con el entorno— , la intuición —o la capacidad de llegar a conclusiones útiles sin disponer de toda la información relevante—, o la capacidad de resolver problemas no computables —aquellos que ningún computador, por potente que sea, puede resolver—. A pesar de estos problemas, insisten en continuar con sus investigaciones basadas en la más pura ortodoxia científica tradicional, convencidos de que el aumento de la capacidad de procesamiento será suficiente para que «emerja» el resto.

    Los «platónicos»


    Gracias a los estudios de Alan Turing y de Kurt Gödel principalmente, se conoce que hay procesos que no pueden ser emulados en ningún computador siguiendo los estándares de programación actuales. En función de este límite, otra buena parte de la comunidad científica está convencida de que nuestra mente se rige por unos principios desconocidos cuyo fundamento principal no tiene nada que ver con el de los actuales computadores basados en la Máquina de Turing.

    No descartan que algún día se cree algún dispositivo con capacidades de toma de decisión tan avanzadas que verdaderamente pueda coexistir con los humanos y realizar tareas que no requieran nuestra intervención. Pero en la actualidad, piensan que no se ha dado ni un solo paso en la dirección de lograr una inteligencia comparable a la humana. Asumen que inteligencia y consciencia son conceptos íntimamente relacionados, de forma que no pueden existir una sin la otra fuera de un soporte biológico. El conocido Test de Turing y experimentos mentales como la Habitación China (John Searle), sin ser concluyentes, parecen dar validez a estas suposiciones.

    Lo más pintoresco de este colectivo de científicos sobre nuestra condición —con toda probabilidad, la causa principal de diferencia con el anterior— es que para ellos la intuición es un proceso que nos conecta con un plano dimensional distinto al físico, en donde residen todas las ideas en espera de que un cerebro «conecte» con ellas y las «descubra». El uso de este verbo no es arbitrario, ya que en algunos casos parece que en efecto —según este paradigma— determinados conceptos hayan estado «ahí», desde el principio de la eternidad, hasta que alguien ha dado con ellos.

    Roger Penrose —también de origen británico— es el científico más conocido que muestra este parecer. En su libro La nueva mente del emperador (1991), explica cómo los fractáles aparentan «esconder» en su interior matemático estructuras complejas sorprendentes cuyas manifestaciones pueden encontrarse en la naturaleza. En su obra, argumenta que no son pocos los casos de científicos que han realizado sus descubrimientos de forma «repentina», sin realizar un proceso racional para llegar hasta ellos —por supuesto, la validación posterior fue a través del método científico—.

    La teoría de la mente que Penrose propone se basa en la mecánica cuántica, hoy por hoy la que parece ser la única alternativa para poder explicar el peculiar funcionamiento de nuestra mente. Si bien, para llegar a una solución satisfactoria es necesario alcanzar logros tales como desarrollar una Teoría del Todo, que haga compatibles la gravedad con la mecánica cuántica —de momento irreconciliables—.

    El problema de la teoría de Penrose es que es demasiado ambigua y abarca demasiado, siendo como matar moscas a cañonazos. En otra de sus obras —Lo grande, lo pequeño y la mente humana (1999)— el científico contesta a algunos argumentos de otros científicos —como Stephen Hawkins— y proporciona detalles más concretos de su teoría así como una prueba experimental para refutarla.

    Isaac Asimov


    ¿Había dicho dos grandes grupos? Tuvo que ser un escritor de ciencia-ficción el que señalara algunos conceptos que el mundo científico había pasado por alto, perdidos entre discusiones ideológicas y probablemente, mirándose en exceso el ombligo. 

    Asimov era profesor de universidad, pero su prestigio —aún vigente— proviene principalmente de sus conocidas facetas de escritor y divulgador. Su interés personal no residía en la investigación científica sobre la inteligencia, aunque había escrito algunos artículos sobre los test de coeficiente intelectual.

    En una ocasión le pidieron que diera una charla sobre el tema tras una cena conmemorativa, junto a otros científicos. Resulta que en aquella cena se reunían investigadores de primera talla como Marvin Minsky y Heinz Pagels, que por azares del destino se sentaron uno a cada lado del escritor de La Fundación. Minsky y Pagels continuaron ambos con una discusión que venía comenzada de una conferencia sobre computadores en la que también se encontraba John Searle. Resumidamente, Pagels era de la opinión de Searle, Penrose y compañía, mientras que Marvin Misnky defendía la postura típica de la inteligencia artificial fuerte de Dennet, Pinker y otros..

    Al comprobar el enorme empeño que ambos científicos ponían en sus posturas, Asimov percibió que se encontraba ante un asunto de una magnitud mayor de lo que había supuesto. Con cierta ansiedad —según relata Asimov en El Monstruo Subatómico— escuchó a ambos científicos en su acalorado debate —que discurrió literalmente «sobre su cabeza»— y con esos datos, improvisó una charla que al parecer dejó a todos con la boca abierta.

    El patilludo escritor argumentó que además de la inteligencia humana pueden haber otros tipos de inteligencias —naturales o artificiales—, las cuales resulta absurdo pretender identificar en base a cánones humanos —de alguna manera coincidente con lo que Stanislaw Lem suele reflejar en novelas como Solaris o Fiasco—.

    En resumidas cuentas, lo importante no es imitar el funcionamiento de un dispositivo biológico como nuestro cerebro, fruto de millones de años de evolución que surgió al parecer como respuesta a la necesidad de desplazarse por la superficie. Un órgano que por una serie de factores azarosos y complicados, desarrolló posteriormente lo que conocemos como consciencia.

    La incomprendida serie de televisión Caprica (Moore y Eick, 2010) es de las pocas que refleja esta circunstancia: los primeros prototipos de cylones eran torpes en su interacción con el mundo físico, se tropezaban y no acertaban en sus objetivos. Al instalares un chip de última generación «meta-cognitivo» —en la serie, una nueva tecnología de computación—, lograban procesar la información necesaria para moverse por el entorno con efectividad, identificando con precisión objetivos, elaborando estrategias y ejecutándolas en la práctica.

    Tal vez sea posible lograr algún tipo de inteligencia no necesariamente como la humana, pero que pueda servir para su propósito. Tal y como Asimov argumenta, no es la primera vez que el ser humano crea dispositivos que no tienen igual en la naturaleza, pero son igualmente útiles a su modo, complementando lo existente. El principal ejemplo sería el invento de la rueda, cuya aplicación al transporte terrestre —entre otros— fue totalmente inédito.


    Mente y Cosmos


    En cualquier caso, el estudio científico de nuestra mente y de nuestra naturaleza, es un objetivo no menos interesante e igualmente válido que el de la inteligencia artificial —cuyas investigaciones pueden apoyarse mutuamente—. Sea cuál sea el camino, el resultado una vez se alcance cierto límite significará un antes y después en la historia humana —análogo al hallazgo de vida extraterrestre— cuyas consecuencias son imprevisibles.

    Siempre ha sido así en la ciencia. Siempre se ha tenido cierto temor o respeto a los resultados de los avances científicos. La diferencia es que ahora se tiene una idea conocida del producto resultante: un ser tan capaz como nosotros para hacer el bien, como el mal. Tal es así que hasta científicos de la talla de Stephen Hawkins han expresado su temor.

    Siendo como es nuestra mente el resultado de un proceso de varios millones de años, cincelado con las leyes de la termodinámica, la gravedad y la mecánica cuántica, tal vez no haya que buscar lejos las claves de la comprensión del Universo. Tal vez, tengamos primero que comprendernos a nosotros mismos.

    Enlaces


    Publicado posteriormente en el blog Planetas Prohibidos el 6 de diciembre de 2014
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    Publicado por Lino Moinelo a las 11:00
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    Los trajes de cuero negro y látex de Matrix de los Hermanos Wachowsky, la oscuridad del Batman de Christopher Nolan, el realismo y madurez de la Galáctica de Ronal D. Moore y David Eick, dejaron definitivamente anclados en el siglo pasado a la inocencia juvenil optimista y colorida de las series de televisión de finales de dicho periodo.

    El antes y el ahora de la Star Trek de siempre
    Foto: videogameblogger

    Star Trek: La Nueva Generación —TNG— podría clasificarse así. Esta producción evidenciaba la explotación comercial de una idea que, buena en sus inicios —la Star Trek Original— se estiró hasta «el infinito y más allá». La rigidez de Roddenberry así como de los mediáticos y excesivamente influyentes actores dificultó que evolucionara, algo que a los fieles seguidores de la franquicia no les hubiera importado, pudiendo haber atraído a más público. Pero esto no ocurrió y tras siete temporadas fue cancelada en 1994.

    Como la serie de Rodenberry no podía ser tocada —ver artículo anterior—, la CBS —dueña de los derechos de distribución para la televisión— probó con dos ideas diferentes basadas en el mismo universo de Star Trek: Voyager y Espacio Profundo Nueve. Gracias a estas dos series el universo trekkie se ha prolongado ininterrumpidamente hasta prácticamente nuestros días.

    Aunque la concepción de Voyager dista del resto de series, en el fondo era una «reedición» de la serie original. En ella se usaba como excusa que por circunstancias del destino, la nave va a parar a un lugar distante e inexplorado de la galaxia. De esta manera, era posible introducir nuevas historias y además, se cumplía una de las pretensiones iniciales de la serie original que no se atrevieron a tomar en su momento: tener una mujer como capitán.

    Pero si hay una serie que pueda considerarse como un verdadero cambio de paradigma en el universo de Star Trek  esa sería Espacio Profundo Nueve —o simplemente DS9—. Al igual que sucediera con la primera adaptación cinematográfica, la variación del tono respecto a la supuesta idea original provocó que DS9 siempre estuviera rodeada de cierta polémica proveniente de los sectores más conservadores de la franquicia, que no la consideraban lo suficientemente «trekkie».

    EL excepcional trabajo de sus guionistas —entre los que estaba un Ronal D. Moore que a buen seguro tomaría notas para lo que tendría que venir después de su mano— dieron como fruto una serie en la que se reflejaban aspectos inéditos en el universo trekkie que, sin perder el optimismo que siempre le ha caracterizado, mostraba el lado más problemático y conflictivo de los entresijos de la Federación y la complicada convivencia con otras especies.

    De entre los capítulos a destacar de DS9 podemos detenernos sin ir más lejos en el primero de ellos, Emisario. Este excepcional capítulo de doble duración es uno de esos pocos casos en cine o televisión, en los que la parte de ciencia-ficción está embebida en la historia formando parte troncal e insustituible de ella, sin ser un simple escenario. La forma en la que se relacionan en la trama los problemas personales del comandante Benjamin Sisko con el encuentro con los habitantes de un agujero de gusano, cuyas mentes no interpretan el tiempo de la misma forma lineal que los seres humanos, es sencillamente fabulosa.

    Esto no impedía sin embargo que los fracasos cinematográficos de las aventuras basadas en TNG se sucedieran uno tras otro. Se volvió a intentar con la serie de televisión Enterprise, en donde se dieron algunas innovaciones y se huía definitivamente del exceso visual y chillón que hasta ese momento había caracterizado el universo de Star Trek. Pero al contrario que sus antecesoras que alcanzaron las siete temporadas, esta no pasó de la cuarta. Tras su cancelación en el 2005, se vivió por primera vez en décadas la ausencia en pantalla y en los platós de rodaje de una serie de televisión o una película relacionada con Star Trek. Así fue hasta el año 2009.


    J.J. Abrams


    Después de reimaginar Galáctica y de volver a galaxias lejanas, parecía inevitable que la que fue origen de todo, acabara siguiendo un camino similar. Tras varios años agotando comercialmente las anteriores fórmulas de la franquicia, ¿cuál era la mejor forma de relanzar la saga adaptándola a los tiempos actuales?

    Para especular sobre los motivos que llevaron a la elección de la fórmula que ya todos conocemos, hay que tener en cuenta la situación previa al estreno de Star Trek (2009):
    1. Cariño con los personajes originales manifestado en series producidas por el fandom
    2. Agotadas las principales vías de continuar con la franquicia
    3. Necesidad de un replanteamiento estético, técnico y visual.
    4. Producciones cinematográficas pensadas para el mayor publico objetivo posible,
    Los personajes de siempre, con toda la tecnología disponible para llevar a la pantalla cualquier historia que se quiera contar con una cuidada y espectacular estética, junto al habitual recurso narrativo en el universo de la franquicia como son los viajes en el tiempo; han permitido crear algo intermedio entre el reboot y la precuela. De esta forma se tiene libertad creativa para iniciar el camino que se desee, partiendo como así ha sido, incluso en un punto anterior al situado en la serie original.
    “Hay que rendir homenaje pero no recrear lo que se ha hecho antes”

    La elección del coronado «Nuevo Rey Midas» de Hollywood, responde con toda seguridad al deseo de  lograr un producto que atraiga tanto a trekkies de toda la vida como al público más general, siguiendo la misma línea que estamos viviendo de producciones lo más «heterogéneas» posibles.

    Lo ideal hubiera sido que Abrams hubiera puesto en práctica sus propias palabras, aplicando lo que sabe hacer por lo visto en la magnífica serie Fringe, cuyo factor sobresaliente son unos personajes llenos de fuerza, distintos pero bien complementados. Tal vez debido a que sus compañeros han ido «Perdidos» con los guiones y el cambio de medio de la televisión al cine, han creado en su lugar un producto de consumo rápido que cumple muy bien como entretenimiento, que no es poco, pero tratándose de Star Trek podría esperarse algo más.

    El futuro


    Volver a tener la Star Trek que marcó la época en la que se soñaba con alcanzar una era de magnificencia sin límites, es tan complicado en nuestros  «oscuros y posmodernos» días como seguramente recomendable. Precisamente porque a pesar de estos pesimistas tiempos en los que vivimos, es ahora cuando los límites técnicos que lastraron la serie original pueden ser superados satisfactoriamente.

    Abrams, que nunca fue seguidor de la franquicia, se ha ido a dirigir a «la competencia» aunque continúa como productor. La ha relanzado comercialmente, pero no se ha esforzado más que en replantear y actualizar escenario y personajes —que era necesario— pero sin darles la profundidad que tenía la original. Es decir, adaptar Star Trek a nuestros tiempos, siendo respetuosos con lo que significó en su momento, intentando emular sin limitarse a repetir clichés, de momento, aún no ha ocurrido.

    La nueva Star Trek dependerá de la compatibilidad entre los intereses de la productora con el anhelo profesional y personal de los que tomen las decisiones creativas. Pero sobre todo dependerá de cuál sea su sueño respecto a retomar las aventuras de la Enterprise en busca de mundos desconocidos, de nuevas vidas y nuevas civilizaciones por conocer en lugares, a los que todavía nadie ha podido llegar.

    Enlaces:

    • Star Trek: En la oscuridad (Star Trek Into Darkness, J.J. Abrams, 2013). El Pájaro Burlón. <enlace>. [acceso 11-abr-2014]
    • De ‘Star Trek’ a ‘Star Wars’, y tiro porque me toca. El País Cultural. <enlace>. [acceso 11-abr-2014]
    • Belleza y oscuridad. El Universal. <enlace>. [acceso 11-abr-2014] 

    Artículo publicado posteriormente en el blog Planetas Prohibidos el 2 de noviembre de 2014
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      Publicado por Lino Moinelo a las 11:00
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      La posmodernidad viene definiendo los parámetros de la cultura popular desde que surgiera a principios de los 70. ¿Cuales fueron sus orígenes? ¿qué factores coincidieron para crearse esa corriente cultural? ¿es realista esa desconfianza el en género humano y su pesimismo del futuro?

      Aunque puede que no sea una respuesta definitiva a estas intrigantes cuestiones, el siguiente fragmento nos acerca bastante a una explicación de la situación a la que tarde o temprano, nos tendremos que enfrentar como especie:

      Hasta hace unos decenios, hasta que estuvo en la mano del hombre la posibilidad de destruir la vida entera del planeta, los argumentos anti-progresistas (por lo que al aspecto científico y técnico del progreso se refiere) carecían de fundamento serio y parecían no más que los usuales presagios agoreros que han acompañado siempre al progreso de la humanidad, como los aullidos de los canes que flanquean, sin detenerlas, a las caravanas. Hasta hace poco, insistimos, la dimensión moral y artística del progreso podía, sí, ponerse en tela de juicio, puesto que en ese terreno los ciclos de esplendor y decadencia, de puritanismo e inmoralidad, parecen sucederse alternativamente, sin presentar una continuidad progresiva. En cambio, la índole acumulativa y progresiva del lado científico y técnico parecía indiscutible. Sin embargo, justo en el momento de su máximo progreso ocurre que esta cultura científica, aparentemente todopoderosa continua siendo manejada por un ser humano moralmente frágil, sujeto a regresiones y anomalías afectivas que lo pueden poner en el trance de hacer un uso irracional de la fuerza aniquiladora que su «neocortex» es capaz de desatar. Ahora bien, si esto ocurre, se provocaría el colapso de toda la civilización y, con él, la regresión inexorable de los supervivientes a niveles mentales tan rudimentarios como los de los primitivos.
      José Luis Pinillos, La Mente Humana (1969), pág. 42.

      Descubierto por casualidad en un antiguo ejemplar de la mítica colección RTVE, comprado hace poco en un local de libro antiguo. En el se explica, entre otras cosas, cómo el ser humano se encuentra en una encrucijada en la que su mente instintiva o animal, evoluciona a un ritmo distinto de su parte racional. Esta última, le hace capaz de las más increíbles proezas excepto la más primordial de ellas: controlar o dominar a su parte irracional.

      Publicado posteriormente en el blog Información & Realidad el 20 de junio de 2014

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      Publicado por Lino Moinelo a las 20:14
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