sábado 17 de marzo de 2012
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El Hombre y la Máquina
miércoles 22 de febrero de 2012
las opiniones son como los culos: cada uno tiene el suyo
No voy a discutir que BR es una gran película. Al menos así parece demostrar la influencia que ha tenido en la cinematografía posterior y en una buena parte de la ciencia-ficción. La postmodernidad, el ciberpunk, beben de su estética y de cierto mensaje pesimista.
Esta característica suele ser común a todo el género del ciberpunk: un regodeo en la decadente forma en la que la especie humana hace uso de la tecnología. El «problema», por decirlo de alguna manera, es que esto no es realista por tratarse de una excesiva extrapolación en un sólo sentido. Por tanto, se desvía de una de las principales señas de identidad de la ciencia-ficción: la búsqueda de la verosimilitud.
Aunque los héroes no son más que mitos, no se ha de ignorar que en determinadas situaciones un individuo puede demostrar actitudes heroicas. Tampoco se ha de pasar por alto la existencia habitual de grupos de activismo que muestran interés en arreglar las cosas, o en general, que se oponen por unos motivos u otros, a la situación imperante. En muchas ocasiones, cuanto peor se ponen las cosas, puede acabar saliendo algo de dentro de nosotros que haga mantener la esperanza en la especie Humana. Todo esto no se vislumbra ni tan siquiera en BR, quedando empapada de un derrotismo irreal, puede que hasta enfermizo. No era necesario que mostraran al clásico rol heroico «hollywoodiense», pero aunque es una adaptación libre de la novela Sueñan los androides con ovejas eléctricas(Philip K. Dick, 1968), pienso que la han contagiado de la habitual depresión que su autor volcaba en sus obras (el propio autor la elogió excepcionalmente en un pase privado, antes del estreno, y de su fallecimiento).
Guión trampa
Suelen acudir a blogs y foros de debate, lectores interesados en cuestiones de tipo filosófico presentes en BR. En esta película se plantean algunas de las más relevante cuestiones filosóficas que atañen al ser humano como tal. Claro que el mero hecho de plantearlas no es un mérito realmente. Esto es habitual en muchas obras, no sólo de ciencia-ficción. Lo bueno de BR es efectivamente, la forma de hacerlo, abusando de las posibilidades del género para poder mostrar una visión determinada de la realidad sin estar sujeta a sus limitaciones. El problema es que su parcialidad da a entender que, más que plantearlas, en alguna parte de la película se esconde alguna respuesta a las incógnitas existenciales que atormentan al género humano. Esta respuesta por supuesto, no existe, pero lo malo es que las ausencias pueden llevar a los aficionados a perderse en un mar de dudas y confusión filosóficas, pudiendo ser tan nocivas como si de errores se tratase.
La coherencia interna
Aceptemos que la solución final de la versión del director de BR es coherente en última instancia. Admitiendo que la intención original era la de presentar a Deckard como un replicante, victima y esclavo inconsciente de un sistema endiablado para mantener el orden, quedaría el argumento base de la siguiente manera:
- Deckard es un replicante construido para poder retirar a otros replicantes, y ahorrarse la tediosa faena.
- Para poder dedicarse a ella sin remordimientos, Deckard no debe conocer su verdadera condición.
- Para ello, le han de dotar de recuerdos, como Rachel, para ser prácticamente indistinguibles de un ser humano al tener empatía.
- Adicionalmente, le han de retirar fuerza física, ya que de lo contrario se evidenciaría su condición de replicante .
- La fuerza física. La supuesta solución parte de entrada con una debilidad, frente al problema que ha de resolver.
- La programación. La cuestión de cómo se les programa a los replicantes se deja en el aire para no entorpecer la historia, en detrimento de la construcción de un escenario sujeto con alfileres.
Si bien esta situación si que tenía su razón de ser en la novela de Mary Shelley (Frankenstein o el moderno Prometeo, 1818) al ser un producto aislado de un desequilibrado, en este caso resulta inverosímil pensar en el cúmulo de despropósitos que se han tenido que dar para que toda la Humanidad se aboque al absurdo de fabricar seres humanos artificiales cuya programación no controla, que son extremadamente peligrosos en potencia, prácticamente indistinguibles de un ser humano, y cuya forma de tenerlos a raya es mediante otros humanos artificiales pero con menor capacidad física, engañados y confundidos mentalmente, al borde de la depresión. Asimov lo tenía bastante claro: los humanos no fabricarían entidades a su imagen y semejanza salvo que se tuviera completamente controlado el asunto de su programación.
El mensaje
Si bien la trampa en la que la Humanidad se ha metido descrita en la película puede parecer absurda, la verdad es que no hay más que echar un vistazo a nuestro alrededor para comprobar como tristemente, el ser humano encamina sus pasos con bastante decisión a situaciones muy similares: «terroristas-replicantes» que caminan junto a personas corrientes, un medioambiente terráqueo que va a peor, «Drones» sobrevolando los cielos, «smartphones», redes de comunicación y tecnología por doquier, mientras nos vemos sumidos en una de las crisis económicas más gigantescas de la Historia, a la cual hemos contribuido todos en alguna medida, y hemos de asistir a escenas en la que gente es desahuciada de sus viviendas, quedando abandonadas.
Dentro de este mensaje, algo bueno que tiene BR es que con su revisualización a lo largo de los años, se advierten nuevos matices en función de las experiencias del espectador. Personalmente, me ha removido especialmente la forma en la que Deckard va adquiriendo consciencia de su verdadero papel en el sistema. Realmente, los replicantes en BR son los humanos. Al menos, los simples ciudadanos que han estudiado durante años carreras universitarias, o llevan trabajando y esforzándose durante años, para ahora comprobar como todo eso no era más que una pequeña pieza de otro plan mayor, que nadie les había contado. Ni habían contado con ellos.
Pero para transmitir este mensaje de critica social o política, se utiliza un formato de ciencia-ficción sin atender su propia ortodoxia. Además, se envuelve todo en un debate filosófico deliberadamente confuso, al representar a los humanos precisamente carentes de humanidad, en una reducción al absurdo. Todo es demasiado como un caos recurrente sin salida, que oscila entre el complejo de Frankestein para los humanos, al de Edipo para los replicantes. Y viceversa.
Conclusión
La diferencia que más separa a estas dos obras, es que Mercaderes del espacio es literaria y poco conocida para el gran público (a pesar de ser otro de los clásicos de la ciencia-ficción), mientras que BR es una obra cinematográfica, basada en otra obra literaria mediocre en comparación con la primera, pero que gracias a su salto a la gran pantalla y su difusión en círculos fuera del ámbito estricto de la ciencia-ficción, le ha permitido gozar de una gran popularidad.
Es un fenómeno similar a Star Wars: La ópera espacial habría pasado desapercibida sino se hubiera producido la Trilogía original en el cine. Pero esta situación tiene un efecto secundario engañoso: de la misma forma que un fan de Star Wars no es necesariamente aficionado a la ciencia-ficción (aunque al revés es más habitual), un fan de Blade Runner tampoco tiene porque serlo. De hecho, en ocasiones me encuentro que algunos aficionados consideran al objeto de su admiración como la «obra cumbre» de la ciencia-ficción, sin conocer lo suficiente del resto del género. No creo que sea acertado señalar una obra como la mejor del género, para luego destacar en ella su contenido filosófico, su critica social o su capacidad profética, aspectos que sin duda alguna son virtudes reseñables pero igualmente exigibles a toda obra intelectual. Ni tan siquiera la capacidad profética es una característica que se busque en una obra de ciencia-ficción, necesariamente. Por añadidura, otros aspectos más propios del género como la coherencia o la verosimilitud, permanecen en un segundo plano.
Por mucha importancia que haya adquirido merecidamente, no lo ha sido de forma que pueda calificarse como la mejor de un género que sólo utiliza como vehículo, sin añadirle nada. Pero esto que podría ser un problema para la ciencia-ficción, no es obstáculo para considerar sin dudar a Blade Runner, como una obra cumbre de un medio de difusión como el cine. En general.
Referencias:
- Guillermo (Atreus). ¿Es Deckard un replicante? 'Blade Runner: The Final Cut' (1982 / 2007), de Ridley Scott.
- Antón Carrasco. Todos somos Deckard (incluido en el nº3 de la Revista Planetas Prohibidos)
- Manuel Olmedo. Una mirada a "Blade Runner": la muerte de Roy Batty.
- Luis cifer. Blade Runner (¿sueñan los androides con ovejas eléctricas?)
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viernes 23 de diciembre de 2011
Cuenta la conocida leyenda, que una simple manzana al caer despertó en la mente de uno de los científicos más brillantes de la Historia, tal vez el aspecto de la realidad que más nos influye en todo momento: la fuerza de la gravedad. Esta fuerza de la naturaleza, define sobre nosotros todo el entorno que nos rodea: el planeta sobre el que vivimos, la atmósfera que respiramos, e incluso nuestra forma como especie.Las fuerzas que conocemos deben su influencia a lo que se conoce como un «intercambio de partículas». Es decir, dos cuerpos «saben» que están experimentando la influencia mutua de una fuerza gracias a que intercambian una información. Esta no es otra que partículas llamadas genéricamente «cuantos», debido a que fueron definidas gracias a la mecánica cuántica. En función de los tipos de cuerpos y fuerzas que intervienen, estos cuantos reciben un nombre distinto. Las fuerzas fundamentales y sus partículas de intercambio asociadas son las siguientes (fuente: Wikipedia):
- Fuerza nuclear fuerte: responsable de la unión de los quarks para formar neutrones y protones, y de la unión de estos para formar el núcleo atómico. Las partículas de intercambio que median esta fuerza son los gluones.
- Fuerza nuclear débil: responsable de la radioactividad, es una interacción repulsiva de corto alcance que actúa sobre los electrones, neutrinos y los quarks. Los bosones W y Z son los que medían en esta fuerza.
- Fuerza electromagnética: actúa sobre las partículas cargadas eléctricamente. El fotón es la partícula de intercambio para esta fuerza.
- Fuerza gravitacional: actúa sobre todas las partículas con masa. Se postula que hay una partícula de intercambio que se ha denominado gravitón, aunque todavía no se ha podido comprobar. Éste es entre otros, uno de los puntos clave a desvelar en el proyecto LHC.
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| Foto: Ojo científico |
Simulando la gravedad: la inercia
De lo dicho hasta ahora se deduce que el efecto que la gravedad produce sobre nosotros es básicamente una aceleración. Y aquí viene lo bueno, ya que las aceleraciones son relativamente fáciles de conseguir. Cuando aceleramos un automóvil en el que nos encontramos, es bien conocido el efecto de sentir una fuerza que nos oprime contra el respaldo del asiento. Esta fuerza no es tal en realidad, aunque nuestra masa y la aceleración del automóvil nos permitan definirla como si lo fuera. Es en este punto dónde aparece un nuevo personaje: la inercia.
La inercia (1ª Ley de Newton) es un principio de la naturaleza por la cuál todo tiende a permanecer en su estado. Para hacerlo cambiar, hay que aplicar una fuerza (2ª Ley de Newton). Cuando aceleramos el automóvil, el motor imprime una fuerza motriz a las ruedas, por lo cual este va aumentando de velocidad. Todo lo que esté en su interior tiene la mala costumbre de permanecer como estaba, por dar la contraria más que nada. No lo consigue, claro, pero esa oposición se manifiesta en una reacción (3ª Ley de Newton) en sentido contrario de magnitud proporcional a la aceleración del automóvil. Al conjunto formado por el automóvil y sus ocupantes se le llama sistema de referencia no inercial, (sus ocupantes aprietan con sus cuerpos los asientos, como si una mano invisible les empujara, intentando permanecer en su mismo estado, sin lograrlo) respecto al sistema formado por un observador externo sobre el suelo, o también, sistema de referencia inercial (que conserva su inercia: en reposo o en movimiento lineal uniforme)
existir, no existe, pero haberla, «hayla»
| Dibujo nº 2: en este caso, un dispositivo imprime un movimiento circular (flecha verde) a un voluntario imaginario. Este dispositivo le retiene mediante un eje y los arneses de seguridad correspondientes, con una fuerza centrípeta (flecha amarilla). Esta fuerza es la que un observador externo percibe como la que impide que el voluntario salga despedido tangencialmente al movimiento circular (flecha azul). Sin embargo, nuestro intrépido voluntario percibe como una fuerza que le empuja contra su asiento, en sentido contrario a la fuerza centrípeta: es la fuerza centrífuga (flecha roja). (fuente: elaboración propia) |
En Fiasco (Stanislaw Lem, 1988), su autor nos sorprende con una impresionante y magnífica nave espacial llamada el Eurídice, la cuál alberga una tecnología capaz de realizar las más asombrosas proezas de la física, como curvar el espacio-tiempo hasta crear singularidades. Sin embargo, el método que utilizan para recrear la gravedad terrestre no es otro que la posible, real y simple aceleración continua, como si de un automóvil se tratase, salvo en que es ayudado de unos giroscopios que detectan los cambios de dirección y de aceleración, para ajustar en posición internamente el espacio habitable de la nave y de esta forma, lograr una gravedad estable.
Se puede especular también sobre hasta qué punto el campo gravitatorio podría retener la atmósfera. No hay que olvidar que lo único que retiene el aire de nuestro planeta es precisamente la gravedad. La diferencia fundamental que podría existir sería la diferencia de presión, que produciría una fuga constante de aire en las inmediaciones del campo gravitatorio.
Otra posibilidad, sería la de utilizar la generación de algún tipo de fuerza gravitatoria, como una alteración del propio campo gravitatorio terrestre (o de cualquier otro cuerpo lo suficientemente grande), de forma que se utilizase para levitación. Una especie de «colchón» gravitatorio, o incluso de repulsión. Estos ejemplos serían el aerodeslizador de Luke Skywalker en sus paseos por Tatooine, o los Spinner voladores de Blade Runner.
| Foto: Luke Skywalker en su landspeeder. (fuente:Star Wars Wiki) |
Lo que si se puede afirmar sin temor a equivocarse demasiado es, que el día en que los seres humanos lleguen a dominar las fuerzas gravitatorias, se abrirá a partir de ese momento un abanico de proezas posibles que dejarán seguramente en ridículo a muchas de las postuladas en las obras de ciencia-ficción.
Pero de momento, los principios fundamentales de la gravedad son unos grandes desconocidos para la ciencia, por mucho que piensen algunos. Algunos de los intentos para conocerla se centran en las llamadas Teorías de unificación (en concreto las de la gravedad cuántica), que intentan encontrar la necesaria relación que ha de existir entre todas las fuerzas de la naturaleza. Aunque como se ha apuntado anteriormente, según Einstein la gravedad podría no ser realmente una fuerza, sino una característica inalterable del propio espacio-tiempo cuyo efecto sentimos y representamos como tal, pero sin serlo. Otras visiones que van en esta línea, dicen que es una ilusión, una consecuencia de otros principios de la física (la termodinámica), más que una acción directa.
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domingo 27 de noviembre de 2011

Sin embargo, la ciencia-ficción se diferencia del resto del género fantástico en que intenta dar a sus obras el máximo realismo posible. Este realismo, o más bien habría que decir «ilusión de serlo», se logrará en función del autor y del público. Aunque la ciencia-ficción más convencional suele usar escenarios reconocibles, pero inverosímiles, para contar lo mismo de siempre, en ocasiones, el realismo consistirá en usar esos escenarios para contar historias que sin ellos sería imposible de hacer. En otras, en un uso más o menos escrupuloso del método científico, para que los postulados y las consecuencias que se deriven de ellos resulten plausibles, aunque ficticias.
Son precisamente esas maravillas de la ciencia ficción las que atraen, como no podía ser menos, a los jóvenes que se interesan fácilmente por su temática y contenidos, encontrando en sus contactos con la ciencia ficción motivo de diversión pero también de reflexión original y prometedora.
Como creo que yo también fui uno de esos jóvenes a los que la ciencia-ficción les marcó para siempre, dedicaré una serie de artículos a estas reflexiones sobre aspectos científicos evocados a partir de la ciencia-ficción. La serie se llamará «Buena ciencia», y con ella deseo mostrar mi gratitud hacía todos los que con su legado, han posibilitado la ciencia-ficción tal y como la conocemos.
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viernes 4 de noviembre de 2011
Partiendo de esta situación, nuestras carencias y manías influirán en la definición que les demos a las cosas. En España, y tal vez en el mundo hispano en general, no sé por qué clase de conspiración existe una especial ignorancia de ciertas definiciones que, sorprendentemente, nadie desea solucionar. Este es el caso de las armas de esta famosa saga «de las galaxias», empezando por la más conocida de ellas. El «sable de luz» o lightsaber, parece ser victima de una traducción engañosa que dificulta enormemente comprender el hipotético funcionamiento que en su día le quisieron dar sus creadores (es plasma confinado en un campo de fuerza lo que sale de la espada, no un láser). El arma ficticia que da nombre a este artículo es casi tan famosa como su compañera Jedi, sin embargo, pocos la conocen por su nombre original, y muchos menos, en qué consiste su hipotético funcionamiento.
Otros ejemplos de armas ficticias utilizadas en otras sagas son los también famosos phasers utilizados en Star Trek, seguramente nombrados de forma distinta para no confundirse con nada existente, y que ningún aguafiestas científico pusiera pegas a la hora de señalar cualquier detalle pasado por alto, fuera o no relevante para la historia.
No soy físico, ni tampoco profesor. No puedo hacer uso de ningún argumento de autoridad, pero humildemente, con la física que se imparte en la carrera de informática, y con la pequeña experiencia que tengo escribiendo en blogs, creo que puedo explicar algunas cosas. En cualquier caso, lo podrán comprobar en un momento.
No se preocupen, no es así como les voy a llamar. Es sólo que así recuerdo cómo les llamábamos de pequeños a las armas que disparaban haces de energía, en aquellas películas de invasiones extraterrestres de los años 60. La aparición de Star Wars significó una revolución en como hasta ese momento se entendía el género también llamado de la «ficción científica», a pesar de las dudas que se generaron para incluirlo en este. En España no pusieron empeño en explicar apenas nada, más bien se diría que lo complicaron con las mencionadas traducciones inexactas y la omisión de detalles. La cuestión es que: en Star Wars las armas no disparan haces de energía (o láser), si no materia en estado de plasma. Pero, ¿esto que es ?
(nota: todo lo explicado en este apartado es REAL, salvo que se indique lo contrario)
Todos conocemos los estados de la materia: líquido, sólido y gaseoso. Estos estados dependen de la fuerza de cohesión de sus moléculas. Cuanta más energía aportemos a un material, calentándolo por ejemplo, sus moléculas comenzarán agitarse haciendo que estas uniones pierdan rigidez. De esta forma se pasa de sólido a líquido. Si se continua el proceso se pasaría al estado gaseoso, en donde las moléculas pierden prácticamente por completo esta unión, circulando libremente por el espacio en donde estén confinadas- El gas neón utilizado en tubos fluorescentes, en donde las moléculas de dicho gas están parcialmente ionizadas y emiten fotones (luz) en el proceso.
- En la industria existe algo llamado «antorchas de plasma» (que son lo más parecido que existe a un imaginario «sable de luz») que consisten en una empuñadura en donde se genera un haz de plasma a muy altas temperaturas, utilizándose entre otras aplicaciones para cortar metal.
- El aumento de temperatura y la consiguiente perdida de electrones, puede ocasionar que las moléculas se descompongan, cambiando la estructura química del elemento. Los átomos resultantes pueden de nuevo recombinarse en otro material, liberando más energía en el proceso. Esto es a muy grandes rasgos lo que ocurre de forma natural en las estrellas, y de forma artificial en los «reactores de fusión», en donde se inicia una reacción en cadena mantenida por la propia energía generada.
Parece existir la creencia generalizada de que las armas en Star Wars emiten algo así como «ráfagas de láser» (lo que sería una autentica aberración), pero esto no es así en absoluto. Es más, no lo es ni tan siquiera cuando se refieren explícitamente a los laser cannons (cañones de láser). En el apartado técnico de la entrada correspondiente de la wiki oficial de la saga, se puede leer (en inglés) lo siguiente (las negritas son mías):
(...) a pesar de que los láseres tal y como se ven en la guerra de las galaxias tienen algunas similitudes con los de la vida real, realmente es el plasma parte de la composición del haz, los cuales pueden interaccionar entre sí y son visibles en el vacío (en otra nota, el láser es en realidad el nombre del dispositivo en sí, no el rayo que emite). Ellos explotan al contacto con la mayoría de las superficies y, a veces en contacto con un escudo deflector. (...)
Se ha sugerido que la pistola / rifle / cañón, etc. láser, se utilizan simplemente como términos del argot, y los llamados láseres operan como los blaster, pero con el uso de un láser real para sobrecalentar el gas blaster y convertirlo en plasma o partículas cargadas energéticamente, (...).

Conclusiones
- Física en la ciencia-ficción: ¿experimentarían retroceso las naves de Star Wars o Star Trek al disparar sus armas láser?
- Planetas Prohibidos: los aciertos de la ciencia-ficción
- Tekna: empresa dedicada a la tecnología del estado de plasma
- Hypertherm: soluciones integradas de corte por plasma (otra empresa)
- Definicion de láser en la wiki oficial de Star Wars
- Definicion de plasma en el mismo sitio
- Definición de blaster en la Wikipedia (sólo en inglés, en español no existe)
- Definición de plasma en el mismo sitio (esta si que tiene equivalente en español, menos mal)
- Definición de plasma en el diccionario de la RAE (la física en tercer lugar)
Artículo publicado originalmente en el portal Planetas Prohibidos el 30 de octubre de 2011
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domingo 19 de junio de 2011
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martes 8 de marzo de 2011
¿Son la Ciencia-ficción y el Fantástico un mismo género o dos distintos? ¿qué hace que la Ciencia-ficción se incluya unas veces dentro del Fantástico y otras veces junto a el?, estas son las eternas preguntas entre los aficionados a ambos géneros. En España se hace complicado hablar de las sutiles diferencias que existen entre ellos por ser un país en donde desde El Quijote y una excesiva añoranza de glorias imperiales pasadas, se le da tradicionalmente la espalda al Fantástico en general y todo el mundo; incluyendo parte de los aficionados a este género; se la dan a la Ciencia.
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