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John Carter [wallpaper]

La libertad es uno de los derechos más preciados por la sociedad. A poca gente se le ocurriría poner en duda lo más mínimo este derecho ineludible del ser humano. No faltan los que en cuanto se pretende acotar el término sospechan de ciertas tendencias políticas o ideológicas, haciendo uso de etiquetas muy manidas para espetárselas al que ha osado abrir la boca, llegando a la paradójica auto-contradicción. Pero empecemos por el principio: ¿libertad para qué?

Desde que en España comenzamos a disfrutar del actual periodo llamado democrático, uno se encuentra con extraordinaria frecuencia la idea de que gracias a ello, se puede hacer «lo que uno quiera». A mi personalmente siempre me ha llamado mucho la atención esta frase. Si bien estoy por supuesto de acuerdo en un sentido amplio, me surgían muchas preguntas para las que no encontraba respuesta. Por ejemplo: si puedo hacer «lo que quiera» ¿Significa que puedo estar haciendo todo el día tonterías y diciendo chorradas? ¿O significa que cualquier cosa que haga va a dejar de ser considerada como una «tontería»? ¿No se debería intentar hacer «lo correcto»?

Claro, esto era y sigue siendo incómodo, ya que obliga a definir qué es lo correcto. Como consecuencia, ayudados por un ambiente político que consiste en decir a la gente lo que quiere escuchar, se ha pasado a la obligatoriedad en la ausencia de definición con frases aparentemente irrefutables como «todas las opiniones y posturas son respetables» ¿A que es difícil poner pegas a esto? ¿A que nos resulta «cómodo» seguir con nuestras ideas sin intentar corregir a nadie, ni a nosotros? —total, voy a tener igual el Barça/Madrit en la tele—. Las redes sociales han amplificado todavía más esta situación con la creación de burbujas autoconvencidas y un ambiente político extremadamente polarizado que consiste en machacar ideológicamente al contrario, cuyo principal error es el de pensar diferente a ti.

«Cuando todos piensan igual, es que ninguno está pensando»

Walter Lippmann

Naturalmente, el problema no reside en que todo el mundo tiene derecho a tener su postura y a manifestarla. Esto es innegable. El problema es, sin embargo, no añadir a continuación la obligación de cuestionarnos su validez o de aceptar que puede estar equivocada. Y créanme, por pura lógica universal matemática, cuando existen dos posturas contrapuestas una a otra, una de ellas no puede ser cierta. No se puede opinar que algo es blanco y es negro al unísono. Ambas posturas son «respetables» pero una al menos, no puede ser cierta: no es incompatible lo respetable con lo equivocado. Puede ocurrir, no obstante, que sea gris y que cada uno vea sólo lo que quiere ver, lo que puede que pase la mayoría de las veces.

Hay que añadir que no se trata de cuestiones culturales o de modas. Estas, por definición, dependen de los criterios que marca la sociedad y son ambiguos o imposibles de determinar objetivamente ya que dependen de preferencias personales y estimaciones arbitrarias. Por ejemplo, no se trata de si es «correcto» llevar sandalias con calcetines subidos hasta la rodilla o todo lo contrario. Y también hay conceptos para los que no existe una respuesta que nos guste, ya que dependen a su vez de otros problemas cuya solución está al alcance de la decisión de muy pocos.

La realidad tiene muchos matices, pero todos llevan al mismo punto. Si alguien está pensando en la mecánica cuántica y aquello de que la realidad depende del observador, del cristal con el que se mira, etc., etc... aunque la física apoya esta aparente subjetividad, una vez la realidad adquiere presencia lo hace dentro de un margen estrecho definido por precisas leyes físicas. Es decir, aun admitiendo que la realidad la construye el observador, sin embargo, no puede crear cualquier realidad, sino solo una muy bien determinada.

Otra frase característica de este periodo actual en el que se encuentra nuestra sociedad, es la de «tu verdad» o «mi verdad», que refuerza la idea de que cada uno puede creer en lo que le de la gana con la única condición de que los demás puedan hacer lo mismo. Como si la verdad dependiera del capricho de cada uno —o lo que es lo mismo, dogmatismo puro y duro—. Y todos tan contentos. Sí, es verdad que cada uno puede creer en lo que le de la gana, pero nadie garantiza si se está o no creyendo en una gilipollez —¿alguien dijo terraplanismo?—.

A la sociedad le preocupa más la «libertad» para escoger una descripción de nuestro mundo, que la correspondencia de esta con el mundo real. No le importa el tiempo, recursos y esfuerzo que una sociedad puede desperdiciar por no tener una versión del mundo que se ajuste a una realidad física. No le ha importado hasta ahora, por ejemplo, todo el daño que un modelo económico basado en la creencia irreal de un crecimiento ilimitado le causaba al medio ambiente. No le ha importado creer en un modelo económico que generaba deuda de un dinero irreal que posteriormente ha quebrado la economía real —la de comer todos los días— de familias con recursos limitados.

¿Cuándo ha empezado esta aversión a la búsqueda de la verdad? Al parecer la culpa de todo esto la tuvieron los nazis, no porque sea fácil echarles la culpa de todo a ellos —que también—, sino porque desde entonces se ha confundido la manera en la que ellos creyeron en su verdad, con el hecho de creer en una verdad. El problema de los nazis no era que creyesen en unos principios y los defendieran con firmeza, sino —entre muchos otros— en creerse con superioridad para imponerla al resto. Es decir, en no considerar que pudieran estar equivocados. 

Esta confusión fue provocada por el ansia en dejar como sea atrás el nazismo y colocar a los ganadores resultantes de aquel desastre como unos salvadores muy por encima de la situación, lo que no era ni es del todo cierto. Como consecuencia, la historiografía y la cultura social resultante construida desde entonces en las democracias occidentales, huye como de la peste de la firmeza en la defensa de las ideas y principios propios y del ansia de conocimiento, en lugar de buscar la autocrítica o el debate

Alguien estará pensando cómo se puede ser firme en la defensa de las ideas y a la vez ser autocrítico. Bien, aquí es dónde está la gracia. Hay una cosa que se llama línea argumental y todo el mundo debería establecer la suya propia para llegar a una conclusión. Saber por qué hace las cosas. Cuando se entra en contacto con otras personas y se comparten dichas líneas argumentales, surge la oportunidad de poner en cuestionamiento las propias y someter a crítica la de los demás. No por el deseo de tumbar ideológicamente al oponente, sino para ayudar al prójimo a que se corrija él mismo su línea argumental propia. La idea sería aprender gracias a compartir con los demás estos argumentos, algo que es para lo que deberían servir las redes sociales. Sin embargo, como sabemos, es justamente al contrario.

Sin ánimo de hacer especulaciones gratuitas, es como si el germen del fascismo que ya existía antes del conflicto en aquellos ganadores de la Segunda Guerra Mundial, pero que no pusieron en práctica como sí ocurrió en Alemania, sin embargo, haya evolucionado en un postfascismo que huye de las etiquetas clásicas nazis y al mismo tiempo, las usa para desviar la atención y permanecer inadvertido. El resultado, sea cual sea la explicación, es que por mucho se supone que hayan intentado evitarlo, han generado una sociedad dogmatizada y polarizada ideológicamente, que huye de la verdad y abraza lo intranscendente, lo vulgar y lo directamente falso. Lo fake y lo viral, son las nuevas señas de identidad de la actualidad.

«la eugenesia. Todo el mundo piensa que se circunscribe a la Alemania de Hitler, pero en realidad empezó en Virginia, en la América profunda, y luego Francia y solo después Alemania»

¿Qué tiene esto que ver con la ciencia-ficción? Pues mucho por varios motivos. Uno es que este género suscita los más acalorados debates —por llamarlos de alguna manera— alrededor de su producción cultural. Se llega al punto de que actores son cancelados de la opinión pública por su raza, por su sexo o por alguna cosa que dijeron que hicieron, en alguna parte, hace un tiempo. Y el otro motivo ha sido por propia experiencia en dos situaciones: 

Una de ellas es sobre la reciente serie de televisión de La Fundación en una conocida red social. La cuestión era qué grado de acierto podía lograrse en una critica de esta serie sin haber leído los libros. Tanto la serie como el asunto mencionado podrían ser objeto de largos artículos, pero por resumir, parece bastante razonable argumentar que para adaptar una obra a un medio distinto al suyo original, es al menos conveniente conocer las particularidades de este. Es decir, no es que no se pueda opinar, pero el análisis va a estar cojo con una gran probabilidad de no ser así. Pero si esta discusión puede parecer de traca, el remate es cuando se puede leer la frase «la crítica es libre». Confieso que no entendí lo que ocurría hasta hace poco, cuando he decidido escribir sobre ello. La crítica es en efecto libre, pero nadie discutía eso, sino la validez del argumento expuesto. 

Y el otro caso tiene algo más de tiempo y fue en la misma red social —lamentablemente, los tweet están bloqueados por la autora—. En este caso fue de nuevo otra adaptación de una obra literaria, la película John Carter y las criticas hacía ella por su parecido con Star Wars de la que —decían— no era más que una «copia». En otra red social pretendí —no estoy seguro de con cuanto acierto— explicar que no podía ser una copia ya que la obra original en la que se basaba la película era nada menos de hace más de cien años, literalmente. O sea, a cada uno le puede gustar o no una película o una serie, pero si el principal argumento con el que te has formado tu opinión no tiene ni pies ni cabeza, algo falla. Por mucha libertad que tengas. Continuaba argumentando que tal vez fuera un problema de mercadotecnia, algo que ocurre en bastantes situaciones cuando no se acierta con el mensaje enviado al publico que ocasiona que acudan a las salas con una idea distinta a lo que realmente va a ver. El tiempo me ha dado la razón al hacerse públicas diversas declaraciones de los responsables de la producción admitiendo que la campaña de marketing fue un total desastre. Pero la prueba de que la gente se equivocaba en su juicio a esta película a causa de un argumento falso no es solo por esto: ahora, diez años después, el que ha podido acceder a esta obra sin un prejuicio previo, la está valorando mucho mejor que lo que entonces se hizo.

En estos dos casos el problema ha sido la falta de conocimiento de las obras originales. Esta circunstancia también fue en el lado opuesto, una de las claves del éxito de Avatar, una película plagada de clichés del cine de entretenimiento, cuyo principal aporte fue una nueva manera de hacer dinero y cuya originalidad proviene en su mayor parte de obras literarias las cuales solo un ínfimo porcentaje de los espectadores que la aplauden han leído. Es como si la ignorancia del público se convirtiera en un valor de mercado. Sin embargo, cuando la intención es difundir un mensaje más sofisticado proveniente de una saga literaria a otro medio más popular, la principal crítica, incluso del entorno mediático, se apoya en el desconocimiento de la obra de la que se parte, siendo un blanco fácil ya que en efecto, es desconocida para una mayoría. Parece como si existiese un filtro impuesto por un establishment que opera entre bastidores. En fin, espero estar equivocado.


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Matrix vista por NEO

La importancia de Matrix como uno de los eventos cinematográficos más importantes de la historia no es necesario demostrar. Sin embargo parece que algunas partes de su argumento no están del todo claras. Le propongo al lector que visitemos de nuevo una de las más famosas sagas de la ciencia-ficción, empezando por lo más visible, para luego escudriñar algunos de sus recovecos más escondidos.

Trasfondo político

Las obras consideradas dentro del género del cyberpunk suelen transmitir un similar mensaje filosófico y político a través de aquellos escenarios ficticios que lo permitan. En este caso, no se trata simplemente de las inteligencias artificiales contra la humanidad, sino además, de la construcción de una compleja y sofisticada realidad virtual con el principal objeto de mantener engañada y esclavizada a nuestra especie. El mensaje político que podemos interpretar de esta situación es similar al de Blade Runner: existen unos poderes que operan «en la sombra» que sostienen un esquema de sociedad con la intención aparente de tenernos contentos. Se nos oculta una realidad en la que el libre albedrío no es más que una ilusión. Nos ofrecen la libre elección, cuando en realidad no hay nada que elegir. Todo con el principal propósito de aprovecharse de nosotros. De vivir a nuestra costa.

Este mismo escenario es también utilizado para transmitir un mensaje con gran contenido filosófico. Pero en este caso, se presenta de una manera mucho más transcendental y compleja, por lo que para poder hablar de él se hace imprescindible sumergirse previamente, en las entrañas de Matrix.

El funcionamiento de Matrix

Supuesto científico

El supuesto científico principal de la saga de Matrix, el punto de suspensión de la incredulidad o sencillamente, la parte ficticia fundamental de la obra, es precisamente la existencia de Matrix. Es a partir de este postulado lo que define el resto del universo en el que se desenvuelve la obra, con todo lo que ello conlleva. Teniendo en cuenta que se trata de una obra de ficción y que no tiene sentido profundizar en exceso en aspectos que son producto de la imaginación de sus autores, demos por supuesta la posibilidad de la existencia de una entidad de estas características e intentemos deducir hasta donde quisieron llegar los Hermanos Wachowsky.

La relación Humano-Máquina frente a la de la Mente-Programa

En la realidad virtual conocida, la conexión entre el entorno electrónico simulado y nuestra mente se hace a través de una interfaz física en la que participan nuestros sentidos y los sensores hardware: gafas con visión tridimensional, auriculares, micrófono, guantes con sensación táctil para interactuar con el entorno, etc. Tecnología habitual donde la innovación se encuentra en la forma de ser usada.


Sin embargo en Matrix la conexión se realiza de una manera mucho más profunda. Si bien continúa existiendo una parte física inevitable entre el entorno y nuestro cuerpo, este no llega a salir nunca del útero artificial en el que se nace. Es nuestra mente la que viaja a través de un sofisticado entorno artificial recreado directamente en ella. Los participantes de este dialogo, por llamarlo de alguna manera, son básicamente tres: nuestra mente, Matrix y algún otro tipo de interfaz —ficticia, claro— que actúe de intermediario. Al ser este un mundo virtual recreado en una enorme computadora, la interfaz consistirá en un programa informático, cuya principal misión consiste en traducir en ambos sentidos: hacía un lado nuestra actividad neuronal analógica y desde otro, el procesamiento digital de Matrix.

Nuestra consciencia así como la supuesta existencia de libre albedrío, son conceptos cuyos principios de funcionamiento todavía se desconocen. A pesar de esta falta de conocimiento preciso, en la actualidad es posible insertar y borrar recuerdos en nuestra mente. Se puede postular que en un futuro será posible intercambiar información con ella, para por ejemplo, ofrecerle un entorno físico que le sea creíble y mantenga engañada a nuestra consciencia. El supuesto de Matrix consiste básicamente en esto, en crear un entorno artificial en el que tenernos sumergidos física y mentalmente, sin que seamos conscientes de ello. Si nuestro cuerpo real es la «personificación» o materialización de nuestra consciencia a través del cuál se interactúa con el mundo, de forma análoga, la interfaz que Matrix dispondría para nuestra mente sería nuestro «cuerpo virtual», un «contenedor» con el que pasear nuestra mente por el mundo de Matrix.

Fuera de nuestro cuerpo informático, en el otro lado de la interfaz, se encuentra un enorme programa que recrea un mundo artificial. Este programa se define por unas leyes rígidas, que se corresponderían con lo que en nuestro mundo real son las leyes de la física. Tras todo este escenario, a modo de Dios que gobierna sobre el Universo, se encuentran las inteligencias artificiales de Matrix, la Oráculo y el Arquitecto, inteligencias computacionales que trabajan «limitadas por la perfección» de las pautas matemáticas y lógicas por las que no tienen otro remedio que encaminar sus pasos.

Principales consecuencias

Básicamente, Matrix pretende suplantar nuestro cuerpo físico sustituyéndolo a nivel subconsciente por un programa que realiza la misma función dentro del entorno virtual. El resultado es que en el camino que recorre la información que viaja a nuestra mente y desde ella hasta el mundo virtual, se ha de pasar por dos cuerpos: el real que permanece oculto y el cuerpo virtual, el único del cuál somos conscientes. Hasta que conozcamos a Morpheo, por supuesto.

Mensaje filosófico

...podemos escoger la opción contraria y sostener que tanto nosotros como todo cuanto nos rodea no somos más que sueños en la cabeza de un Shiva durmiente


El «alma» es un mito ancestral usado por algunas religiones. Es inevitable señalar su analogía con el hecho de que la consciencia es un fenómeno exclusivo de los seres vivos, que como se ha comentado, sus principios desafían de momento a una explicación racional. Independientemente de este debate sin solución por ahora, los Wachowsky logran abordar este asunto desde otra perspectiva al introducir un «cuerpo» adicional entre nuestra mente y el mundo «exterior». Si el alma  —hipotéticamente hablando— es un ente inmaterial y por tanto, no pertenece al mundo en el que existe nuestro cuerpo físico, nuestra mente se convierte por analogía en el «alma» de nuestro cuerpo virtual compuesto de bits, que no pertenece al mismo mundo en el que está nuestra consciencia. Por continuar con el recurso metafórico: «de bits estás hecho, y en bits te convertirás».

La pregunta que nos podemos hacer a continuación es si de la misma manera que se postula con una situación en la que se ha añadido una capa más «hacia abajo», podríamos añadir una capa más «hacia arriba». Es decir ¿cómo sabemos que no estamos viviendo una simulación? ¿Podría ser ese hipotético «otro mundo» en donde residen nuestras consciencias o «almas», en realidad un universo paralelo en donde otras inteligencias están ejecutando una simulación de nuestro universo? Aunque estas cuestiones parecen salidas de un congreso de «Nueva Acrópolis», lo cierto es que el mundo científico se lo ha tomado en serio y han propuesto un experimento para averiguar si estamos o no viviendo una simulación. Experimento que de momento no es viable de realizar, y cuyas conclusiones tal vez muchos no deseen conocer.

Aplicación en las películas

En la Saga de Matrix, sus autores ponen en práctica estos postulados para construir su universo. A través de su protagonista lo vamos conociendo gradualmente, partiendo de la aburrida e insatisfactoria vida del Sr. Anderson para continuar con la que le sirve de complemento, un activista hacker acostumbrado a meterse en las entrañas de los sistemas informáticos y vulnerarlos, conocido como Neo.

En frente, los oponentes o los guardianes de ese sistema «oculto» al resto de usuarios/ciudadanos, están los «agentes». Estos «hombres de negro» —en una clara analogía con las organizaciones federales de los EEUU acusadas de una vigilancia extrema de la sociedad— tienen unos «privilegios» en el sistema informático que les permiten realizar hazañas y provocar fenómenos que los «usuarios de a pie» no pueden lograr. Son por así decirlo, los 'power user' —en este caso los 'power bots', ya que no son humanos—. Al ser elementos del propio sistema y ser artificiales, disponen directamente de los recursos necesarios para poder hacer lo que estimen oportuno: desde moverse a velocidades increíbles y evitar disparos de bala, a ocupar el cuerpo virtual que actúa de interfaz de cualquier otro humano, que sin saberlo, cree estar viviendo una «realidad» que le es despojada repentinamente.


Lo que nos hace humanos

Nuestra especie por el contrario, está limitada por la conexión mental que su interfaz, el cuerpo virtual que Matrix genera para simular su cuerpo, le permite realizar. Para poder combatir en igualdad de condiciones contra los agentes, será necesario vulnerar estas limitaciones impuestas por las reglas del sistema. Para dar forma y representar esta proeza los Wachowsky parecen basarse en dos aspectos fundamentales. Uno de ellos es el concepto de hacker, crucial en la saga —y en general, en todo el ciberpunk— ya que a pesar de estar mentalmente inmersos en él, es necesario ver a Matrix como lo que realmente es:  una simulación por computador. Como tal, es susceptible de tener alguna vulnerabilidad, debilidad que habrá que explotar y aprovechar. Es en este desafío donde el otro aspecto que define a la saga cobra su fundamental importancia. Una controvertida cualidad de los seres vivos, especialmente en nuestra especie. Una característica que hasta el momento, ninguna máquina artificial ha podido replicar: la capacidad de transcender de uno mismo y nuestro entorno.


El hackeo en este caso no consiste por tanto en acceder al código fuente o saltarse los protocolos de seguridad mediante un teclado y una conexión electrónica, sino mediante las propias pautas mentales con las que nuestros protagonistas se comunican con el mundo virtual, logrando transcender de él. Esta es por tanto la principal baza que la humanidad tendrá que hacer valer —en el universo ficticio de la saga— en su lucha contra las inteligencias artificiales: su propia e imperfecta condición humana.

[Publicado posteriormente en el blog Planetas Prohibidos]
[Publicado posteriormente en El Sitio de ciencia-ficción]

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    image Las diferencias que a la luz de la ciencia actual existen entre una máquina inteligente (o que pretenda serlo) y un ser humano, parece que van a existir durante mucho tiempo, hasta que se produzca el descubrimiento de alguna nueva técnica de construcción y programación de ordenadores completamente distinta de la actual, y aún por conocer.
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    Es innegable la influencia que Blade Runner (BR) ha tenido en la cinematografía posterior y en una buena parte de la ciencia-ficción. La postmodernidad y el ciberpunk, comparten con ella su estética y cierto mensaje pesimista. Sobre este aspecto, cada autor tiene libertad a la hora de escoger el ambiente y el mensaje que desea transmitir. La misma que tenemos los aficionados y seguidores para decir lo que pensamos.

    La verosimilitud 

    El mundo que se nos presenta en BR es decadente hasta el punto de que todos los que aparecen en la obra son cómplices de la situación o victimas más o menos inconscientes del sistema. Nadie parece que pueda ofrecer alguna alternativa a la deprimente y generalizada situación de Los Ángeles, en el año 2019 —una característica común a todo el género del ciberpunk: un regodeo en la decadente forma en la que la especie humana hace uso de la tecnología— ¿Es realista hacer una total extrapolación hacia el lado más pesimista, o es en definitiva, tendencioso y poco verosímil?.

    Los ajenos al género creen que en la ciencia-ficción «vale todo», ya que es «fantasía». Mucho se ha hablado de este tema y sería demasiado largo hacerlo ahora, pero los más veteranos del género saben que no es así. Mientras que la fantasía se preocupa de poco más que de la estética —literaria o visual—, en la ciencia-ficción suelen haber ciertos límites a la hora de escoger los elementos que van a formar escenario y personajes. La solución escogida puede condicionar el resto de la historia, sobre todo si surge como resultado de hacer la pregunta ¿Qué pasaría si...? —el famoso What If...? de la ciencia-ficción anglosajona—. En el ciberpunk, sin embargo, hay más preocupación por el mensaje que por el entramado de la historia. En este genero es más importante el resultado, que el camino que ha conducido a él. Hay quien piensa que por estos motivos se aleja de la ciencia-ficción tradicional, constituyéndose como un ámbito cultural independiente.

    La parcialidad

    Philip K. Dick se entusiasmó al ver un primer pase de Blade RunnerAunque los héroes no son más que mitos, en determinadas situaciones un individuo puede manifestar actitudes que le conviertan en uno de ellos. Tampoco se ha de pasar por alto la inevitable existencia de grupos de activismo que se oponen por unos motivos u otros a la situación imperante. Algunas veces, cuando lo peor está por llegar, puede acabar saliendo algo de nuestro interior que haga mantener la esperanza en la especie Humana. Nada de esto se vislumbra en BR, quedando empapada de un derrotismo irreal y enfermizo. Aunque es una adaptación libre de la novela Sueñan los androides con ovejas eléctricas(Philip K. Dick, 1968), parece que quedó contagiada de la habitual depresión que su autor volcaba en sus obras —el propio autor la elogió excepcionalmente en un pase privado poco antes de su fallecimiento—.

    Es parcial, al mostrar sólo aquellas facetas que interesan, ignorando otras cuya inexistencia crea lagunas de complicada explicación. De ser como parece deliberado, confirmaría que ha primado el mensaje, supeditando el resto de factores a su exposición. De nuevo, se aleja de una de las señas de la ciencia-ficción más purista, en la que la correcta descripción del entorno es un requisito fundamental, tan importante como la propia historia.

    Guión trampa

    Suelen acudir a blogs y foros de debate, lectores interesados en cuestiones de tipo filosófico presentes en BR. En esta película se plantean algunas de las más relevantes cuestiones filosóficas que atañen al ser humano. Claro que el mero hecho de plantearlas no es un mérito realmente. Esto es habitual en muchas obras, no sólo de ciencia-ficción. Lo bueno de BR sería la forma de hacerlo —abusando de las posibilidades del género para poder mostrar una visión determinada de la realidad sin estar sujeta a sus limitaciones— si no fuera porque su parcialidad y sus lagunas intencionadas dan a entender que en alguna parte de la película, se esconden respuestas a las dudas existenciales que atormentan al género humano. Estas por supuesto, no existen, llevando su ausencia a los aficionados a perderse en un mar de dudas y confusión filosóficas, pudiendo ser tan nocivas como si de errores se tratase.

    Por añadidura, las diferencias entre director y productores ocasionaron una serie de revisiones en el guión que tuvieron como consecuencia una primera versión de la película con incongruencias importantes —como el bucólico final-pegote—. Posteriormente, Ridley Scott publicó su versión «corregida», pero ya era tarde: una multitud de aficionados ya había especulado todo lo especulable sobre la primera versión, sin saber dónde se estaban metiendo. La aparición posterior de la versión del director, trajo la división y el descontento a muchos aficionados, que preferían la primera o continuaban confundidos al tener que reparar en detalles de la película como fotografías dejadas caer, unicornios oníricos, o misteriosos destellos en los ojos, para encontrar una explicación satisfactoria que en el mejor de los casos, aún resulta bastante rebuscada.

    La coherencia interna

    Aceptemos de partida que la solución que el director muestra en su versión es coherente en última instancia. Admitiendo que la intención original era la de presentar a Deckard como un replicante, victima y esclavo inconsciente de un sistema endiablado para mantener el orden, quedaría el argumento base de la siguiente manera:
    • Deckard es un replicante construido para poder retirar a otros replicantes, y ahorrarse la tediosa faena.
    • Para poder dedicarse a ella sin remordimientos, Deckard no debe conocer su verdadera condición.
    • Para ello, le han de dotar de recuerdos, como Rachel, para ser prácticamente indistinguibles de un ser humano al tener empatía.
    • Adicionalmente, le han de retirar fuerza física, ya que de lo contrario se evidenciaría su condición de replicante.

    Sin embargo, esto presenta varios inconvenientes:
    • La fuerza física. La supuesta solución parte de entrada con una debilidad, frente al problema que ha de resolver.
    • La programación. La cuestión de cómo se les programa a los replicantes se deja en el aire para no entorpecer la historia, en detrimento de la construcción de un escenario sujeto con alfileres.
    Deckard, pasándolas canutas en la cornisa de un edificio
    Aunque se puede suponer que la debilidad inicial es un handicap que atañe exclusivamente al Blade Runner —el cuál no es más que carne de cañón que puede ser sustituido— no deja de ser una solución poco eficiente. La ausencia de explicación sobre la programación de los replicantes, lugar y momento en el que se deberían haber hecho las correcciones necesarias para evitar los problemas posteriores, es una carencia que en una obra de ciencia-ficción como tal tiene menos justificación.

    Si bien esta situación tenía su razón de ser en la novela de Mary Shelley (Frankenstein o el moderno Prometeo, 1818) al ser producto aislado de un desequilibrado, en este caso resulta inverosímil pensar en el cúmulo de despropósitos que se han tenido que dar para que toda la Humanidad se aboque al absurdo de fabricar seres humanos artificiales cuya programación no controla, que son extremadamente peligrosos en potencia, prácticamente indistinguibles de un ser humano, y cuya forma de tenerlos a raya es mediante otros humanos artificiales pero con menor capacidad física, engañados y confundidos mentalmente, al borde de la depresión. Asimov lo tenía bastante claro: los humanos no fabricarían entidades a su imagen y semejanza salvo que se tuviera completamente controlado el asunto de su programación.

    Si para salvar todo esto se prefiere volver a la opción de considerar a Deckard un humano más, sencillamente ciertos pasajes de la historia no se sostienen, como el misterioso unicornio de papel que Gaff deja en el vestíbulo del apartamento de Deckard , o la enigmática frase pronunciada por el mismo personaje «lastima que ella no pueda vivir, pero ¿quien vive?»

    El mensaje

    Si bien la trampa en la que la Humanidad se ha metido descrita en la película puede parecer absurda, cierto es que no hay más que echar un vistazo a nuestro alrededor para comprobar como tristemente, el ser humano encamina sus pasos con bastante decisión a situaciones muy similares: «terroristas-replicantes» que caminan junto a personas corrientes, un medioambiente terráqueo que va a peor, «Drones» sobrevolando los cielos, «smartphones», redes de comunicación y tecnología por doquier, mientras nos vemos sumidos en una de las crisis económicas más gigantescas de la Historia, a la cual hemos contribuido todos en alguna medida, y hemos de asistir a escenas en la que gente es desahuciada de sus viviendas, quedando abandonadas.

    mercaderes del espacio portadaSi bien la capacidad profética de BR es innegable, no es la única ni la primera obra de ciencia-ficción en este sentido. Mercaderes del espacio (Frederik Pohl-C.M. Kornbluth, 1954) muestra un planeta Tierra dominado por las corporaciones financieras que lo han esquilmado de recursos, mientras existe una brutal división de clases. Tanto los de una clase como los de otra, viven sumidos inconscientemente en un sistema que les lleva irremediablemente a la ruina, necesitando colonizar hasta el mismísimo planeta Venus, un autentico infierno. En esta obra también el autor vuelca en ella cierta inevitable subjetividad, mostrándonos una situación global que no parece tener tampoco remedio. Sin embargo, no se pasa por alto el también conocido dicho de «se puede engañar a algunos todo el tiempo, a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos, todo el tiempo». El trasfondo de ambas obras es un mismo o muy similar mensaje político, pero en BR se le envuelve de excesivas pretensiones filosóficas en temas recurrentes, que le dan una apariencia distinta a la que realmente es: cine político.

    En relación a este mensaje, algo bueno que tiene la revisualización de BR a lo largo de los años es que se advierten nuevos matices en función de las experiencias del espectador. Remueve especialmente la forma en la que Deckard va adquiriendo consciencia de su verdadero papel en el sistema. El mensaje de la película es que los replicantes que aparecen en ella representan a los humanos de nuestra vida cotidiana. Especialmente a los simples ciudadanos que han estudiado carreras universitarias sin futuro o llevan trabajando y esforzándose durante años, para ahora comprobar como todo eso no era más que una pequeña pieza de otro plan mayor, que nadie les había contado. Ni habían contado con ellos.

    Pero para transmitir este mensaje de critica social o política, se utiliza un formato de ciencia-ficción sin atender su propia ortodoxia, convirtiéndola en una excusa, en lugar de ser el vehículo. Un debate filosófico artificial y deliberadamente confuso, dónde se presenta a los humanos paradójicamente carentes de humanidad, en una reducción al absurdo. Un caos recurrente sin salida, que oscila entre el complejo de Frankestein para los humanos, al de Edipo para los replicantes. Y viceversa.

    Conclusión

    Mercaderes del espacio es un clásico literario de la ciencia-ficción, pero poco conocido entre el gran público. La película de Ridley Scott está basada en otra obra literaria, aunque mediocre en comparación con la anterior. Sin embargo, ha cosechado una mayor popularidad gracias a que el cine tiene un espectro de masas mucho mayor que la literatura. Su salto a la gran pantalla le ha permitido alcanzar popularidad en círculos a los que no hubiera llegado de quedarse en formato literario, saliéndose de ambos ámbitos para ir al terreno de lo social y político. Aunque no carece de virtudes cinematográficas —por supuesto— el éxito posterior al estreno de esta película no fue tanto por ellas como por lograr contentar a un pujante e influyente sector cultural de ideas políticas coincidentes, relacionado con el ciberpunk que marcaría las décadas posteriores.

    Star Trek también influyó en otros ámbitos sociales fuera de su entorno original, trascendiendo de él. Sin embargo, la influencia consistió en este caso en poner la ciencia-ficción como recurso para comprender o superar problemas del momento. En el caso de Blade Runner fue al contrario, politizando la ciencia-ficción y fomentando las tendencias pesimistas que nos han acompañado hasta hoy, ignorando la utilidad inspiradora y motriz de la ciencia-ficción clásica y racional que nos acompañó desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta principios de los años 80, época de la exploración espacial y la Guerra Fría.

    Paragüas Star-Wars-Blade-RunnerPor otro lado, un número significativo de seguidores de BR lo son principalmente de esta película, considerando al resto del género como simples comparsas «poco serias» de entretenimiento y evasión En este aspecto en concreto ocurre algo parecido con Star Wars y el género de la space opera: aunque ya se conocía la planet opera —clara precursora de la ópera espacial— esta habría pasado desapercibida si no se hubiera estrenado la trilogía original en el cine. De la misma manera, muchos aficionados de la epopeya galáctica de George Lucas lo son en concreto de Star Wars, ignorando prácticamente el resto de obras más características del género.

    Blade Runner es una gran película por la influencia estética y cultural que ha marcado en las décadas posteriores. A esta circunstancia se le añade que es de ciencia-ficción. Pero no significa que sea una «gran película de ciencia-ficción». La prospectiva y la especulación realistas no son explotadas de forma eficiente como en otras obras de este género. Menos aún puede calificarse por tanto como «obra cumbre de la ciencia-ficción», para luego destacar en ella aspectos comunes al arte en general como su contenido filosófico —un adorno barroco y enrevesado—, su critica social —parcial y politizada— o su capacidad profética —llevada a extremos inverosímiles—, mientras que otros aspectos más propios suyos como la coherencia, la verosimilitud o la capacidad inspiradora,  permanecen en un segundo plano o son inexistentes.

    Referencias:

    Artículo publicado posteriormente en el blog Planetas Prohibidos el 25 de junio de 2012
    Artículo publicado posteriormente en El sitio de ciencia-ficción el 12 de noviembre de 2017



    [Artículo revisado el 8 de diciembre de 2015. Publicado en su día como contestación al comentario de un amable lector sobre un artículo de Blade Runner (BR), cuya impresión sobre el mismo es que era demasiado «enciclopédico» y deseaba conocer mi opinión de la película. Aunque agradezco a este lector su interés, lo cierto es que las opiniones personales son el último recurso al que hay que acudir. Alguien expresó una vez de forma muy gráfica lo que quiero decir: las opiniones son como los culos: cada uno tiene el suyo]
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    ADN
    La vida es un concepto que La Ciencia no ha logrado determinar con la exactitud que habitualmente se espera de ella. Como en tantas otras ocasiones, esta indefinición es aprovechada por los autores de Ciencia-Ficción para dar rienda suelta a su talento creativo o tal vez, liberar sus inquietudes o temores por conocer respuestas a las clásicas preguntas que atormentan a la especie Humana desde sus orígenes, el Complejo de Prometeo por el cual ansiamos parecernos a nuestro creador, sea divino o natural.
    ¿Hasta que punto es capaz el ser humano de crear seres como el, en qué aspectos y con qué condiciones?

    Seguramente, estas y otras preguntas similares han pasado por la cabeza de muchos autores de la antigüedad desde tiempos inmemoriales, puede que desde que el Hombre es consciente de su existencia, y necesita conocer cuál es el papel que El Creador, quien quiera que sea y allá donde quiera que este, ha dispuesto para el durante el limitado tiempo que permanecerá en este mundo. La soledad que en la búsqueda a estas respuestas ha experimentado nuestra peculiar especie, hace que cobre especial valor el imaginar la existencia a nuestro lado de un compañero con el que compartir nuestras dudas existenciales, para que tal vez en el intento por comprenderle, logremos hacerlo con nosotros mismos.

    «El Grito» de Munch. Representación particular de la angustia del ser humano ante los misterios de su existencia Por otro lado, la desdicha por la que en ocasiones pasa la humanidad al tener que sufrir una y otra vez sus propios defectos, que provocan la muerte y destrucción de sus congéneres allá donde se aposentan, hace elucubrar a los autores de todos los tiempos a los seres humanos cometiendo el pecado de soberbia o hubris, como le llamaron en la Grecia Clásica, desafiando a su Dios e imitándole con la creación de seres para tenerlos a su servicio, sometiéndoles a su misma o peor suerte.

    La Historia

    Cartel promocional de la película alemana «El Golem» (1920), de Paul Wegener Según la mitología judeocristiana, Dios creo al ser humano moldeando su cuerpo a partir de barro, insuflándole a continuación una chispa divina. Siguiendo esta tradición, los antiguos transmitieron la leyenda del Golem, ser creado por el propio Hombre a su servicio a partir de materia inanimada, pero al que no le había transmitido el don de la humanidad, algo que solo El Supremo podía otorgar, según las antiguas escrituras.

    Cuentan las leyendas que los alquimistas del Medioevo eran capaces de crear, esta vez a partir de material biológico, una especie de seres a imitación del ser humano pero de tamaño diminuto. A estos seres infra-humanos surgidos a partir de materia biológica se les denominó homúnculos. Siglos después Frankenstein (Mary Shelley, 1818) surgido de restos de origen humano tal y como imaginó la autora de la obra literaria que lleva el mismo nombre, compartiría muchos de sus aspectos con el Golem, excepto precisamente el de la materia de la que estaba construido.

    Figuración según los alquimistas de un «homunculus» dentro de una espermatozoide.

    Conocida escena de la película «Tiempos modernos» (1936), de Charles Chaplin
    En 1936 Charles Chaplin (1989-1977) dirige su película Tiempos Modernos, en la que se critica la esclavización que la humanidad se impone a si misma en las cadenas de producción. Dos años después fallecía Karel Capek (1890-1938), que un tiempo antes había brindado tanto a la Ciencia-Ficción como al mundo en general, un concepto gracias al cuál el imaginario colectivo plasmaría en el la gran mayoría de las leyendas sobre seres creados por el ser humano a su imagen, con los que compartir nuestras búsquedas filosóficas: el robot.

    Capek imaginó en su obra R.U.R. (Robots Universales Rossum) (1920) a los robots como unos seres artificiales construidos y diseñados para sustituir al hombre en las tareas ingratas. Aunque este autor de origen Checoslovaco pensó en ellos como biológicos, sin embargo, el tratamiento posterior de los robots ha sido de forma mayoritaria la de considerarlos como entidades mecánicas. Hasta tal punto se asocia un androide o robot con un humano mecánico, que los guionistas de Blade Runner utilizaron, quien sabe si para evitar confusiones, el conocido término de replicante para referirse a su particular versión de los humanos artificiales.

    Escena de la representación teatral en donde se utiliza por 1ª vez el concepto actual de «robot»

    Pero si hay alguien a quien se le puede responsabilizar de la actual imagen de los robots, ese no es otro que Isaac Asimov. Sin olvidar a Stanislav Lem (1921-2006) y su tratamiento satírico y humorístico, aunque no menos filosófico, es gracias a las tres (más una) leyes que el Buen Doctor retorció hasta extremos casi imposibles en mil y una historias de robots, cuando la humanidad pudo por fin encontrar en el mundo de la literatura de Ciencia-Ficción a ese tan anhelado compañero de viaje, algunas veces accidentado, que la humanidad lleva recorriendo y cuyo destino aún no conoce.

    Robot «Asimo» de Honda

    El supuesto científico

    La concesión científica que habitualmente se ha venido empleando en estas obras de Ciencia-Ficción, ha sido la de dar por supuesta la capacidad de crear seres tan inteligentes o con las mismas capacidades de los humanos, y una vez en este punto, especular y filosofar sobre que sentirán, o que dudas y anhelos tendrán. En definitiva, en que se parecerán o distinguirán, de los seres humanos.

    «Cog», principal intento de simular la inteligencia humana en un androide

    Sin embargo, a pesar de los prometedores comienzos de la Inteligencia Artificial (IA), los descubrimientos en este campo han puesto de manifiesto las tremendas dificultades en lograr su objetivo, por no hablar de cierta imposibilidad.

    Problema: la consciencia, la inteligencia y la intuición humanas

    Alan Turing El primer escollo en el camino hacia el desarrollo de máquinas con capacidades similares al cerebro humano, fue encontrado gracias al trabajo combinado del científico Inglés Alan Turing (1912-1954); conocido entre otros aspectos por su decisiva intervención en el descifrado de las máquinas de codificación Enigma, utilizadas en la Segunda Guerra Mundial por el bando Nazi; y el matemático Austriaco Kurt Gödel (1906-1978), cuyo trabajo en el área de la lógica ha sido uno de los más influyentes en el pensamiento científico y filosófico del siglo XX, según reza la Wikipedia. Aunque existen otros nombres de la comunidad científica cuyas aportaciones fueron imprescindibles, podría decirse que estos dos científicos dieron la forma final al problema, cuyas conclusiones que se pueden extraer, son como poco, sorprendentes:

    Kurt GödelSegún los Teoremas de Incompletitud de Gödel, no es posible diseñar un algoritmo, o conjunto de axiomas, que sean a la vez consistentes y completos. Un conjunto de axiomas lógicos jamás serán suficientes para auto-demostrarse. Dicho de otra forma, la capacidad del Ser Humano en ser consciente de si mismo, no es posible lograrla matemáticamente en una máquina. Tal vez el ser humano no pueda aún siendo consciente de si, demostrarse a si mismo por mucho que se esfuerce siguiendo los caminos actuales, y mucho menos por lo tanto construir otras entidades que sean como él.

    Turing por su parte, le dio la vuelta al trabajo de Gödel y dentro de la Teoría de la Computabilidad, desarrolló el modelo formal en el que se basan todos los computadores de la actualidad llamado máquina de Turing, gracias al cuál demostró que existen problemas que un sistema automático no puede resolver ni tan siquiera disponiendo de recursos ilimitados. Dicho de otra forma, que por potente que sea un computador determinístico (todos los actuales), es materialmente incapaz de lograr metas que un cerebro humano alcanza sin relativa dificultad.

    La mente y consciencia, funcionando en alguna parte del cerebro humano De lo anterior se deduce que la consciencia que el ser humano posee sobre si mismo y del universo que le rodea, no puede ser emulada o simulada plenamente mediante un algoritmo o programa, con los paradigmas de programación tradicionales. Igualmente, compartiendo espacio en algún lugar del mismo cerebro que las alberga, existen el genio y la intuición humanas, gracias a las cuales los pertenecientes a dicha especie pueden resolver problemas a cuya solución los computadores no logran ni acercarse.

    Pero una vez más, el Titán Prometeo acude desde su lugar en el Olimpo en ayuda de la humanidad, desafiando al resto de dioses y proporcionándonos de nuevo el fuego en forma de Mecánica Cuántica.

    Prometeo, de nuevo en ayuda de la humanidad y desafiando a los Dioses
    Foto: Wikipedia

    ¿Soluciones?: ordenadores cuánticos y redes neuronales

    Representación de la superposición de estados en la mecánica cuánticaDesde que el ser humano descubrió la mecánica cuántica, no han cesado los quebraderos de cabeza para cierta parte de la comunidad científica que se aferra a un determinismo ordenado y predecible, pero totalmente insuficiente para continuar avanzando en el conocimiento. La Teoría del Caos y las estructuras matemáticas como los fractales, de aparición común en la naturaleza, añaden cierta angustia a dicho sector, que piensa que se le desmorona el sólido edificio de sabiduría que creían tener. Sin embargo, estas nuevas áreas del conocimiento, lejos de la incomodidad que para algunos parece presentar, pueden ser ese mensaje que Prometeo envía a la humanidad.

    Sir Roger Penrose Uno de los miembros de la comunidad científica que ha decidido superar viejos prejuicios y explorar estos nuevos caminos es el científico de origen inglés Sir Roger Penrose (1930), que ha proporcionado algunas explicaciones al curioso funcionamiento de la mente humana. Según este científico y tal y como explica en su Teoría de la Mente, el cerebro humano ha de funcionar según patrones distintitos a los que la IA ha barajado hasta ahora, siendo la mecánica cuántica y su carácter no determinista y probabilístico, la que explicaría la mayor parte de las proezas que el órgano que protege nuestro cráneo es capaz de realizar.

    Fotografía del primer computador cuántico de la empresa canadiense D-Wave Penrose defiende también la dualidad mente-cerebro, de forma similar a la dualidad programa-computador o software-hardware. En virtud de este concepto, un hardware basado en un computador cuántico, podría ejecutar software basado en redes neuronales o algoritmos genéticos, llegando a cotas que solo la Ciencia-Ficción ha imaginado hasta ahora, ya que lamentablemente, todavía no se han superado las dificultades existentes para construir una máquina cuántica funcional.

    La Ciencia-Ficción

    Siguiendo la tradición de respeto hacia el rigor científico, la Ciencia-Ficción no solo no ha sido ajena sino que casi ha predecido algunos de estos trabajos científicos:

    • captcha En 1968 Philip K. Dick nos dejo algunas claves en su obra en cuanto a las diferencias entre humanos y andrillos (replicantes en la película) con la aparición en la novela que sirvió de inspiración a Blade Runner del test de empatía de Voigt-Kampff, gracias al cual es posible diferenciar entre unos y otros. Turing ideo una prueba son intenciones similares llamada Test de Turing, siendo una de las muchas formas de este sistema el conocido para dejar comentarios en el que hay que teclear unas letras borrosas (Captcha), que un sistema automático no puede identificar, pero un humano si. 
    • «Elijah Baley» el detective humano que forma pareja con el legedario R. Daneel Oliaw. Y no, no es Will Simth.En algunas de las conversaciones que la pareja de detectives (incomprensiblemente desperdiciada para el cine o la televisión) formada por el humano Elijah Baley y el robot R. Daneel Olivaw (Bóvedas de acero –1954-, El Sol Desnudo –1957-, Robots del amanecer –1983-) mantenían entre ellos, consistían en tratar sobre sus diferencias. Su autor Isaac Asimov, describe en estas obras a la intuición humana como el factor que distinguiría a unos de otros al ser esta la capacidad de llegar a conclusiones útiles sin tener información suficiente. Es decir, sin ser determinista.
    • «Asimo» y las leyes Asimov permite que sus robots transciendan de si mismos al autoprogramarse con una ley que implicaba tener una consciencia de su papel en el universo asimilando un concepto abstracto como es el de La Humanidad: La Ley Zeroth, que podría definirse como una religión robótica y que supeditaba a las demás leyes:
      «Un robot no puede hacer daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.»
    • En El robot humano (Isaac Asimov y Robert Silveberg, 1992), sus autores cuentan como el robot convencional doméstico NDR 113 adquiere habilidades artísticas debido a una serie de errores encadenados en las tolerancias de su cerebro positrónico, dando lugar a una combinación irrepetible y singular.
    • sueños de robot En el relato corto Sueños de robot (Isaac Asimov, 1986), la celebre doctora en el universo de los robots de Asimov, Susan Calvin, se enfrenta a un curioso caso: un robot que sueña. La explicación es que este robot ha sido programado mediante un paradigma nuevo según el relato, basado en fractales. Lo curiosísimo de este relato es la coincidencia en el decisivo papel que podrían tener los fractales en la comprensión del mundo cuántico tal y como explican en este artículo científico del 30 de marzo…¡de 2009!

    La impresionante Tricia Helfer y un no menos impresionante Cylon mecánico... en otro sentido, claro La aparición de un humano artificial en cualquiera de sus formas (robot, androide, replicante, golem, etc.) junto a los humanos es utilizado como pretexto para todo tipo de debates en torno a cuestiones éticas y filosóficas sobre nuestra condición o nuestro papel en el universo, que con toda probabilidad no van a verse resueltas. El uso de parejas de protagonistas con cierto antagonismo, es también habitual en todo tipo de obras siendo el eje central de muchas de ellas. Una mención especial en estos aspectos que merece un artículo dedicado, es el excepcional tratamiento que se hace de la convivencia de Cylones y humanos en la moderna serie de Battlestar Galactica.

    Figurilla representativa del «Golem de Praga» Para finalizar este largo artículo, una pequeña anécdota sobre la más famosa de las leyendas del Golem: en la misma ciudad donde falleció el responsable del vocablo que hoy utilizamos para denominar a nuestros Golems modernos o robots, oculto en algún ático, yace uno de los más famosos de estos seres mitológicos construidos a semejanza del ser humano: el Golem de Praga.

    Cuenta la leyenda que en el siglo XVI un rabino de esta ciudad poseía uno de ellos. Su Golem era, como todos los Golem, tosco y falto de humanidad. Era así hasta tal punto que ejecutaba las ordenes de forma literal, y un día, al mandarle a sacar agua del rio inundó el poblado.

    Lo increíble de este cuento es que se describe la actitud del Golem como la de un autómata moderno desde la óptica de la época, como si fuera uno de los robots que siglos más tarde imaginaría Karel Capek en su representación teatral, en la misma ciudad donde hoy reposa el supuesto Golem de la leyenda.

    ¿Sería el Golem un robot venido del futuro? ¿Sería esa chispa divina de la que carecía el Golem, la forma de llamar de los antiguos al Factor Humano que hoy les falta a los sistemas de IA?

    Bueno, al menos como argumento de Ciencia-Ficción creo que no estaría mal.

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    Una de las principales virtudes de una buena obra de Ciencia-Ficción es su capacidad para crear escenarios hipotéticos que sirvan de inspiración para posteriores debates, filosóficos, sociales o científicos en general. Sin embargo, existe una tendencia seguramente equivocada al pensar que la respuesta a los enigmas que la humanidad ha buscado desde el principio de los tiempos se encuentra dentro de estas obras, cuando lo que en realidad se pretende en la mayoría de los casos es plantear preguntas, señalar dudas y advertir de desconocidos, pero inquietantemente posibles, peligros futuros.

    Sócrates, el filósofo griego considerado el creador de la filosofía moderna.Como ya dijo unos de los padres de la filosofía, allá en la Grecia clásica hace unos veinticinco siglos, saber que no se sabe algo, es ya saber mucho. Por lo tanto la duda, el ser conscientes de nuestra falta de conocimiento, es el primer paso para alcanzar este. A partir de este momento, es cada espectador o lector, el que decide cómo desea alcanzarlo. Es cierto no obstante, que en algunas obras artísticas de todo tipo, la intención no es únicamente la de transmitir esa duda, sino también la de llenarla con unas ideas decididas por los autores, guionistas, directores o productores. Esto puede incluir desde el promover una moralina determinada, hasta inculcar la más pura propaganda ideológica.

    Portada de un ejemplar 1984, una dura crítica social de los totalitarismosDentro de este género de obras, nos podríamos encontrar con Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1951 y Scott Derrickson, 2008), 1984 (George Orwell, 1948) o Tropas del Espacio (Robert A. Heinlein, 1959), en las que se observa como de alguna forma, se utiliza la Ciencia-Ficción para realizar crítica social o política, desde el punto de vista particular de sus creadores. En Blade Runner (BR en adelante) —donde se transmite la visión pesimista y oscura del creador de la novela en la que se basa, y que marcaría la tónica general postmoderna de las décadas siguientes no solo en la Ciencia-Ficción, sino en la sociedad en general— se plantean principalmente dudas, sin necesariamente pretender darles respuesta. Es ahora, desde aquí, cuando vamos a buscar algunas de ellas.

    Blade Runner y Frankenstein

    La escritora británica Mary Shelley, que reflejo sus preocupaciones hacia donde se encaminaba la humanidad en «Frankenstein» En Frankenstein (Mary Shelley, 1818), su autora nos mostró las dudas que el vertiginoso y aparentemente descontrolado desarrollo tecnológico le suscitaban. En BR se reeditan todas estas dudas y preocupaciones, añadiéndoseles otros matices y profundizando más en ellas, seguramente debido al mismo temor que Philip K. Dick sentía en alguna de las fases pesimistas por las que pasaba.

    El escritor norteamericano Philip K. Dick, que tuvo una vida llena de fases de depresión y pesimismo.Básicamente, el autor nos muestra los riesgos que supone el excesivo y desenfrenado avance científico, sin que ello vaya acompañado de un conocimiento parejo en lo social y/o moral, y cuestiona el papel del hombre en el mundo. Si a esto le añadimos que estos avances se realizan en terrenos relacionados con la vida y los sentimientos, aspectos no explicados detalladamente por la ciencia y que hasta ahora eran terreno casi exclusivo de la religión, el debate está servido.

    En los inicios de la investigación de la Energía Nuclear, también surgieron algunas voces catastrofistas que continúan oyéndose, al igual que cuando surge cualquier otro descubrimiento que afecta a nuestra forma de ver el mundo y a nosotros mismos. Películas como El Síndrome de China (James Bridges, 1978) advertían de las consecuencias que un uso irresponsable de semejante capacidad de producir energía podía conllevar. Lamentablemente para los habitantes de Chernóbil, los sucesos que allí ocurrieron demostraron que estas advertencias eran fundamentadas.

    Prometeo, Titán de la Grecia clásica, que llevo el fuego a la humanidad. En BR, los seres humanos se presentan como afectados por el Complejo de Prometeo, por el cual la especie humana busca desesperadamente a través del desarrollo científico y la búsqueda de conocimiento, alcanzar cotas de divinidad llegando incluso a pretender crear lo que hasta ahora era patrimonio de los dioses: la vida. Otra forma de considerarlo, es la del Complejo de Edipo, que causaría que la Humanidad en el papel de Hijo, deseara sustituir al Dios Padre para ser la amante de la Madre, que en este caso sería una vieja y maltratada por los abusos de sus hijos, Planeta Tierra o Gaia.

    En cuanto a la supuesta vida creada, los Replicantes son unos entes biológicos artificiales con una enorme capacidad intelectual; de forma que, si bien no era esa la pretensión inicial, acaban desarrollando sus propios sentimientos y su propia concepción del universo y de si mismos; siendo conscientes de su limitada existencia, en clara analogía a como hace la propia especie humana.

    El «replicante» de última generación, «Nexus 6» Dejando las cuestiones de metafísica o existenciales, y adentrándose directamente en el campo de la Antropología Filosófica, cabría preguntarse: ¿Que diferencia a los humanos de los replicantes? ¿Los recuerdos? ¿La capacidad de procreación?. Aparte de estas diferencias que podrían ser solventadas en base a posteriores desarrollos tecnológicos o mediante la implantación de recuerdos tal y como sucede con Rachael —y puede que con alguno más—, y dejando a un lado aspectos cuantitativos como inteligencia, fuerza o la menor duración de su existencia, es precisamente en esta certidumbre de su duración limitada, y el conocimiento de los responsables de dicho límite, lo que marcaría principalmente la diferencia entre humanos y replicantes.

    El ser humano debe gran parte de sus peculiaridades a la certidumbre de su muerte, a su limitada existencia sobre este planeta, confiriéndole así un deseo intenso y especial en aprovechar cada minuto que permanezca sobre este planeta, preguntándose constantemente de donde vienen y qué vendrá después. El replicante pasa por esta misma vicisitud, con la diferencia de conocer con gran precisión el momento de su muerte y a los responsables de esa situación, su creador.

    De alguna forma, los replicantes serían víctimas de su equivalente del Complejo de Edipo, al desear acabar con sus creadores, los humanos, lo que visto desde el lado de estos correspondería con el Complejo de Frankenstein, en el que las propias creaciones se vuelven contra sus creadores. Se trataría del mismo complejo, pero visto desde partes distintas, como si fuera algo inevitable, tal y como el propio Freud pensaba, que toda criatura creada pasaba ineludiblemente por la fase de anhelar sustituir al padre.

    Los robots de Isaac Asimov

    Ilustración de un figurado robot Daneel Olivaw, protagonistas de la «Saga de la Fundación» Desde el punto de vista de la Ciencia-Ficción algo más dura, todo esto tal vez no sea más que una parafernalia innecesaria, salvo para que el autor de rienda suelta a sus miedos o fobias. Isaac Asimov solucionó todos estos temores, imaginando que los seres humanos implantarían en el diseño de los cerebros positrónicos de sus robots, unas leyes interdependientes que evitarían que representaran un peligro a la humanidad, a la vez que dotaban a los robots, tal vez inadvertidamente, de un fin por el cuál dar pleno sentido a su existencia: proteger a la humanidad de ella misma, gracias a las Tres Leyes de la Robótica. Estas tres leyes, que luego serían cuatro, son las que llevarían al robot positrónico R. Daneel Olivaw en el Ciclo de la Fundación a tener un papel fundamental en dicha serie.

    Carte la la adaptación cinematográfica de la película del mismo nombre «El Hombre Bicentenario» En El hombre bicentenario (Isaac Asimov, 1976) se trata una cuestión similar a la de tratar o no a los replicantes como seres humanos: ¿se puede considerar a un robot, como si de una persona reconocida jurídicamente se tratase? Sin enfangarse en terrenos filosóficos, lo que está en discusión es el reconocimiento legal de alguien o algo como un ser independiente y libre, aunque siga siendo un robot… de momento, pero con suficiente capacidad para comprender su condición.

    Conclusión

    Explosión de un artefacto de energía nuclear El ser humano, es capaz de grandes logros, pero algunos de ellos acaban siendo catastróficos. Con la energía nuclear, las necesidades energéticas se veían enormemente satisfechas, pero esta gran capacidad para construir, tenía su contrapartida destructiva, en casi la misma medida. Es como un niño manejando cosas que no entiende y que albergan un gran peligro potencial para si mismo. Su gran virtud es a la vez, su peor peligro.

    Al crear a los replicantes y darles de alguna forma la capacidad para ser conscientes de si mismo y de su cercana muerte, se estaba creando a un ser desdichado, conocedor del responsable de esa circunstancia: los humanos, seres inteligentes muy parecidos a el, pero cargados de grandes defectos y debilidades, a los que culpa por haberle hecho como es, y no de otra forma.

    «Nexus 6», cara a cara frente a su creador, «Tyrell»
    ¿Qué haríamos los seres humanos si pudiéramos tener, frente a frente y a nuestro mismo nivel, a nuestro creador? ¿Acaso no habría un buen número de personas que le echarían en cara no ser más altas, más fuertes… o más longevas?

    Gracias a BR y sus replicantes, es posible acercarse con mayor facilidad al dilema de cuál es el puesto del hombre en el cosmos, y el anhelo constante de adquirir conocimiento para comprender el universo y así acercarnos a nuestro creador, tal vez para sustituirlo. La diferencia entre humanos y replicantes no es tal, pero si lo son sus objetivos en el mundo y en el universo. Son sus distintas circunstancias las que marcan las diferencias y similitudes entre ambos. Los robots de Asimov eran también seres con capacidades similares a los seres humanos, pero esa no era la característica primordial. A diferencia de los replicantes, los robots de Asimov eran inmortales, y sus cerebros poseían implícito un destino en la vida gracias a sus leyes.
     
    Una solución a todas estas paradojas, nos la proporciona de nuevo Isaac Asimov. En su novela ya mencionada El hombre bicentenario, un Tribunal Internacional ante la petición del robot a ser reconocido jurídicamente como un ser humano, responde:
    No hay derecho a negar la libertad a ningún objeto que posea una mente tan avanzada como para entender y desear ese estado

    Nada más y nada menos.


    Artículo publicado posteriormente en Planetas Prohibidos el 3 de junio de 2012
    Artículo publicado posteriormente en El sitio de ciencia-ficción el 3 de junio de 2012
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