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Ryan Butcher (Cameron Crovetti), el hijo de 'Homelander'

«Enséñame un héroe, y te escribiré una tragedia» 
(Francis Scott Fitgerald) 

Nacido a mediados del siglo pasado en el mundo del cómic, el género de los superhéroes está viviendo una época de esplendor gracias a su adaptación a la gran pantalla. Sin entrar detalles sobre cómo, cuando y qué obras han sido más influyentes, a tenor de los proyectos que hay previstos ―no solo de las conocidas Marvel o DC, sino de otras como Valiant― parece que todavía queda género para un tiempo. Sin embargo, no es menos cierto que comienzan a surgir reacciones a este fenómeno cultural, en forma de críticas a la excesiva idealización e irrealismo de sus personajes.

En sus inicios, los superhéroes eran personajes únicos, creados tras una serie de circunstancias igualmente singulares. Simbolizaban la necesidad de buscar nuestro héroe interior, sobre todo en épocas de crisis. A medida la idea fue teniendo éxito y se le observaba potencial, crearon otros personajes con orígenes igualmente específicos y especiales que los definían de manera ineludible, que en principio no ocupaban el mismo universo ―Batman y Superman, por ejemplo, cada uno en una ciudad ficticia distinta―. Estos héroes y heroínas decidían dedicar sus poderes a combatir el crimen de manera altruista. Esta circunstancia podríamos acordar que en cualquier caso, se calificaría como poco probable. Pero lo importante es que lo improbable no es imposible. Esa excepcionalidad es lo que hacía a la idea tan atractiva. Hacer un relato de lo excepcional no es poco realista, es de hecho lo que se hace en muchas ocasiones, no sólo en el ámbito de la ciencia-ficción. Porque es precisamente lo que vale la pena contar.

Es aquí cuando al igual que en todo lo relacionado con la producción cultural sujeta a factores y variables económicas, el concepto original comenzó a desvirtuarse y a ser modificado por otros parámetros ajenos. Los personajes, inicialmente cada uno con una historia que definía con precisión sus motivaciones, comenzaron a compartir un mismo mundo. Lo excepcional pasó a convertirse en ubicuo, perdiendo su principal característica. El genero a su vez, de ser un medio para evadir la rutina, enfrentarse al hastío cotidiano y buscar nuestra épica personal, a convertirse en un fin en si mismo, un producto comercial que no se preocupaba de su justificación. El resultado no era siempre malo, pero olvidarse de tus orígenes nunca ha sido bueno tampoco. A consecuencia de ello o no, los superhéroes en el cómic fueron languideciendo paulatinamente con el paso del tiempo. 

La idea revivida gracias a la magia del cine se enfrenta de nuevo a la misma situación de entonces: superhéroes por doquier divididos en buenos y malos, olvidando la circunstancia única que crea al héroe y que el villano puede ser cualquiera con un poder otorgado azarosamente. El mejor ejemplo de reacción a esta situación se muestra en la serie The Boys (E.GoldbergS.Rogen, E.Kripke, 2019), que resume lo que el Miracleman de Alan Moore o la reciente película El Hijo (David Yarovesky, 2019) transmitían: un ser humano de a pie, como cualquiera de nosotros, con nuestros complejos, traumas y vicios, se dedicaría a satisfacerlos si poseyera todos esos poderes. The Boys acierta en su crítica al mostrarnos un mundo corrupto con superhéroes cargados de defectos, al servicio de los mejores pagadores, sean privados o públicos. Sin embargo, el fallo de la serie se encuentra precisamente en lo que de momento, omite: los verdaderos héroes son aquellos que se forjan a través de sus propias tragedias.

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Ciencia y Superhéroes, de Paula Bombara y Andrés Valenzuela
Cada época ha creado mitos protagonizados por héroes hechos a imagen y semejanza de la sociedad del momento. En la Grecia Clásica imaginaban a héroes mitológicos, mitad humanos, mitad dioses. En la Edad Media fueron los Caballeros Andantes, rodeados de un aura mística que les dotaba de extraordinarias habilidades. En la Edad Contemporánea fueron los superhéroes. 

Cada época tiene también sus propias características que la definen, circunstancia que podría extenderse a las leyendas generadas durante dichos periodos. Si hay una propiedad que define a nuestra época de otras anteriores, es la del surgimiento de la ciencia y del método científico. La ciencia-ficción debe su aparición a la presencia de la ciencia en la sociedad. Así mismo, los superhéroes son la combinación entre la necesidad atávica del ser humano de imaginarlos, con la del surgir de la ciencia-ficción.
«la verdadera ciencia-ficción tiene un valor fundamental que la hace diferente a cualquier otro género: necesita material que provenga de la ciencia»
Liu Cixin, escritor de ciencia-ficción

No se pueden intercambiar los superhéroes por cualquiera de los anteriores héroes mitológicos. La presencia de la ciencia-ficción, aunque sea de forma anecdótica, estrafalaria, o fantasiosa, es un elemento que no puede ser encontrado en épocas anteriores. La radiación gamma no convierte a las personas en Hulk, ni el cambio de un sol rojo a otro amarillo convierte a los kriptonianos en Superman, ni la picadura de una araña radiactiva nos transforma en Spider-Man. No podemos tener super-olfato como si nuestra nariz fuera un detector de CO. Pero esto es lo de menos.

Los cómics —a su vez, un medio de difusión también característico de la época actual— fueron el medio en el cuál surgió este subgénero, satisfaciendo la necesidad explicada de crear héroes. Lo importante era crear nuevos mitos adaptados a la sociedad actual, no dar explicaciones científicas detalladas. Los errores científicos son cometidos de forma consciente, en un formato de cómic que se presta a creaciones surrealistas. La ciencia de los superhéroes es surrealista, pero es ciencia... ficción.

Que duda cabe que la fantasía es un elemento básico en los cómics de superhéroes —no en vano pueden convivir personajes como Dr. Extraño, con Iron Man—. Podría decirse también que la fantasía está presente en la ciencia-ficción. Pero la cuestión realmente relevante es que la fantasía es un elemento clave en la cultura humana en general. Los magos, dioses y demonios han existido en la cultura humana desde el principio de los tiempos. No debería alarmarnos encontrar fantasía en los cómics de superhéroes.

Pero lo que es innegable es que son aspectos si bien relacionados, completamente distintos. Buscar definiciones concretas sobre lo que es fantasía y lo que es ciencia-ficción, poner fronteras marcadas con tiralíneas para dividir géneros, tal vez sea tan inútil como equivocado. Determinar a partir de qué momento 'un puñado' se convierte en 'un montón' es una tarea irrealizable, sin embargo, todos sabemos distinguir uno de otro. Son cosas parecidas, pero distintas. El elemento clave, el ingrediente especial que hace que se convierta en un «plato» distinto, es el mismo que diferencia a la ciencia-ficción del resto de géneros.

Es decir, admitiendo que la fantasía y la mitología es el terreno sobre el que «se plantan» las ideas, el ingrediente especial, definitorio y diferenciador respecto a otras antiguas expresiones culturales es la ciencia-ficción, independientemente de si se trata de un 10, un 5 o un 1 %. Si los cómics de superhéroes no la tuvieran, no serían superhéroes, serían otra cosa. Parecida, pero distinta.

Estos intentos de aplicar fronteras rígidas es lo que da lugar a la división entre la ciencia-ficción «blanda» y «dura». Hay quien piensa que sólo pertenece al género esta última, por lo estricto de sus planteamientos,  dejando al resto de la ciencia-ficción «blanda» en el limbo.

Buscar la «pureza» en las cosas puede resultar enfermizo. Por regla general, la mezcla es conveniente. Naturalmente que la ciencia-ficción blanda tiene «ingredientes» que no pertenecen al género, pero en cualquier caso, basta la presencia de alguno de sus elementos para definirla ineludiblemente como tal.

Supongamos dos grandes platos de espagueti. En uno echamos salsa de tomate y carne picada. En otro no se echa nada, se deja tal cual. Ambos son claramente platos de espagueti, pero, completamente distintos. La fantasía serían los espagueti, la salsa, la ciencia-ficción.

Enlace


Los cómics de superhéroes. José Carlos Canalda en El Sitio de Ciencia-ficción


[Publicado posteriormente en Planetas Prohibidos]
[Publicado posteriormente en El Sitio de ciencia-ficción]

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Spiderman con las desaparecidas Torres Gemelas reflejadas en sus lentes
Spiderman y las desaparecidas «Torres Gemelas» reflejadas en sus lentes.

En los catorce años que transcurrieron desde 1968 hasta 1982, el mundo cinematográfico vivió tres revoluciones consecutivas. La primera fue 2001: Una odisea del espacio (Kubrick, 1968), cuya frescura e innovación continúan intactas en nuestros días, al contrario que otras producciones cuyo paso del tiempo les ha tratado francamente mal. Esta película tiene el extraño honor de ser de las primeras de ciencia-ficción que entendió poca gente, en una época en la que este género era tomado por regla general muy poco en serio, por lo simples y estereotipadas situaciones que relataban.
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Logo de Batman 'estilo Matrix'
Foto: Go4mosaic
De la última mitad del S. XX podrían citarse varios estrenos que significaron un antes y después en el mundo del cine. Justo antes del fin de siglo pasado, destaca uno de ellos que bien entrado el actual, continúa vigente. Con Matrix (Hnos. Wachowski, 1999) cambió casi todo. Desde la forma de hacer las películas, hasta la propia concepción filosófica de la realidad y la consolidación del cyberpunk, circunstancias que habían sido iniciadas por Blade Runner (Ridley Scott, 1982), diecisiete años antes.

Sin embargo, un factor común a estos hitos cinematográficos es la incomprensión a la que se enfrentaron en sus respectivos procesos de producción iniciales. Afortunadamente para ellos, los éxitos posteriores hacen que todas aquellas dificultades se olviden, sin embargo, existe cierta duda sobre cuales fueron realmente los factores que las hicieron triunfar y llevarse el beneplácito del público.

En el caso de Blade Runner, los numerosos cambios de guión y el añadido de elementos como la voz en off, hizo que gran parte de su éxito inicial fuera por complacer a un público que lo identificó como cine policial negro. Concepto que si bien está presente en la estética del cyberpunk, ocultó la pretensión del guión inicial sobre crítica política y filosófica que caracteriza a este género y que a posteriori, es la que tras muchos años de sucesivas ediciones posteriores y director's cut, se ha consolidado entre sus fervorosos seguidores. Pero hay más ejemplos.

Las patadas voladoras

Matrix era conocida en la Warner Bros como «ese guión que no entiende nadie». Actores como Sean Connery rechazaron el papel por motivos similares. La productora no dio su aprobación final hasta comprobar la espectacularidad de los efectos especiales de la secuencia inicial, en donde se consumió el presupuesto de partida (Cinemania).

El resto de factores que caracterizan internamente a Matrix —un mundo virtual en donde habitan las conciencias secuestradas de la humanidad, y cómo un grupo de resistencia logra vulnerar las leyes físicas de esa recreación gracias a «hackear» su  conexión mental con él— que justifican los efectos especiales empleados, no parecían interesarles. De hecho, eran un obstáculo.

Fue la estética impactante la que logró que esta película saliera a la luz. ¿Fue también la razón de su éxito? Si tenemos en cuenta películas como Guardianes del Día (Timur Bekmambetov, 2004) o Resident Evil (Paul W. S. Anderson, 2002), por citar un par de ejemplos, se observa que la influencia que ha tenido posteriormente ha sido la de imitar las patadas voladoras o el tiempo bala, entre otros, sin apenas justificación argumental (Extracine). Por tanto, todo parece indicar que una mayoría se siente atraída por la mera estética, sin enterarse de que va la película.

El caballero «oscuro»

Una de las pocas sorpresas cinematográficas del S. XXI ha sido proporcionada por el boom del cine de superhéroes. Un primer intento fue Spiderman (Sam Raimi, 2002) que se apagó por culpa de una tercera parte fallida, según dicen algunos. Poco después, el artífice de Memento (Christopher Nolan, 2000) nos presentó en Batman Begins (2005) una versión del Hombre Murciélago totalmente inédita en la pantalla.

De una manera u otra, Nolan logró que una película de superhéroes influyera en el panorama cinematográfico en general y al de entretenimiento en particular, como poca gente se esperaba. Por un lado, ha supuesto el definitivo salto de los superhéroes al medio cinematográfico, y por otro, ha generado una línea en la ciencia-ficción cuya principal seña es «la oscuridad».

Ahora bien, ¿en qué consiste realmente la aportación de Nolan? ¿se trata simplemente de que sus historias tengan un aire «oscuro»? En mi opinión, la innovación del director londinense ha sido la de adaptar como no se había logrado antes, historias con un lenguaje y caricaturización propias de un medio diferente como el del cómic, al relativamente mayor realismo y verosimilitud características del mundo del cine.

Sin embargo, se observa en recientes producciones como Star Trek en la oscuridad (J.J. Abrams, 2013) o Thor y el mundo oscuro (Alan Taylor, 2013), cómo se apresuran a autoetiquetarse en el título de forma evidente y algo forzada, sin que sea realmente necesario por el argumento. Otro caso podría ser Stargate Universe (Brad Wright-Robert C. Cooper, 2009), que parece imitar la «oscuridad» también presente en la Galactica Reimaginada (Ron Moore, 2003).

Cuando se habla de Nolan, se habla de historias «oscuras», pero pocos reparan en la justificación de dicho elemento, que en el caso de Batman es doble: por su propia idiosincrasia, y por otro, por el arquetipo mítico del héroe: tragedia y una continua lucha interior contra los mismos miedos que le transforman en lo que acaba siendo.

Enlaces


[Publicado posteriormente en el blog Planetas Prohibidos]
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Fuente: ¿como actuaría
Batman frente al
movimiento Occupy?
El estreno en la gran pantalla de la tercera parte de la trilogía de Batman ha suscitado algunos comentarios y artículos por parte de personas de ambos lados del océano, que han querido ver una carga crítica e incluso difamatoria de la película hacia el movimiento Occupy Wall Street —el equivalente norteamericano del 15M español—. Me ha parecido relevante por cómo la coyuntura política puede influir a la hora de percibir el mensaje de una película, la cuál estoy bastante seguro que de haberse estrenado en otro momento no habría ocasionado estas reacciones. Por este motivo he decidido compartir mi impresión sobre el tema, y pienso que muchos de estos comentarios críticos son debidos a algunas aparentes analogías.
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Batman adquirió en la década de los 80 el aire oscuro y trágico que actualmente refleja, alejándolo de aquellas operetas algo absurdas e incluso ridículas en ocasiones, que la pareja de Batman y Robin protagonizó en los 60. Uno de los responsables de esta renovación es el reconocido dibujante y guionista de cómics Frank Miller. Se dice que Christofer Nolan se basó para la tercera parte de su trilogía (The Dark Night Rises), en el cómic The Dark Night Returns de dicho autor, entre otros. Aunque ignoro si el director deseó plasmar en ella la posición ideológica del famoso dibujante y guionista, ésta ha sorprendido en cierta medida, sino por su color, si por su dureza. Este señor calificó de la siguiente manera al conocido movimiento Ocuppy Wall Street norteamericano:
"Occupy" no es más que una manada de borrachos, ladrones y violadores, una multitud ingobernable, alimentada por la nostalgia de la era de Woodstock y falsa justicia podrida. Estos payasos no puede hacer nada sino dañar a Estados Unidos.

No obstante, según las mismas fuentes, otro de los autores en los que Nolan se ha basado, en este caso para la segunda parte (The Dark Night), es el también guionista Alan Moore —de su cómic The Killing Joke— con un prestigio equivalente o mayor incluso que Miller. En este caso, Moore destaca por ser opuesto en cuando a su opinión —y por lo visto, bastante más moderado—:
“Occupy es sólo gente recuperando los derechos que siempre debieron ser suyos”

[Atención: contiene «spoilers»]

Batman: la leyenda renace

Esta tercera entrega partía con la misión de cerrar el ciclo del héroe y dejarlo convertido en una leyenda sobre la que pudieran derivarse las conocidas historietas de los cómics. Lo consigue, aunque con demasiados giros forzados e incómodas incertidumbres:

  • La caída y posterior ascensión del mito heroico se intenta articular a través de una «caída en un pozo» y posterior salida del mismo, el cuál es una prisión de lo más peculiar —obviamente, su significado es simbólico—. Hay que añadir la «milagrosa» curación de la pierna, que hasta ese momento le hacía andar en bastón o con un arnés especial.
  • Bane pasa de ser un aspirante a villano digno sucesor del Joker, a convertirse en un pelele una vez se conoce la verdadera condición de la ultra-ecologista Miranda. Si bien esto es admisible, no deja de parecer un desperdicio.
  • El final de la película recuerda al bucólico final-pegote de la primera versión de Blade Runner, por estar rodeado de extrañas incógnitas sin resolver, que no acaban de cuadrar con el resto del metraje.

En definitiva, para tratarse de una película de súper-héroes el resultado es digno y estéticamente más fiel al cómic. El problema lo tienen —tenemos— los que la comparan con la segunda parte, que esperaban una continuación de su coherencia y realismo.

La carga política

Obama -  The Joker
Es admisible que una obra refleje la orientación ideológica de los creadores y responsables que hay detrás de ella. Lo denunciable es que lo hagan de forma engañosa o parcial, pretendiendo llevar a cierto terreno al espectador. Es decir, de manipularle. A grandes rasgos las orientaciones ideológicas existen de forma similar a como existen las religiones: si fuera posible refutarlas no existirían. Entran en el terreno de lo no falsable. Personalmente no creo que exista ninguna ideología que suponga la solución a todos los males de la Humanidad. Para empezar, porque nuestro principal mal somos nosotros mismos. Por tanto, todas la ideologías pueden tener presupuestos válidos, siendo en su aplicación práctica cuando comienzan a salir los problemas. Aquí es cuando el dogma ideológico y su falta de objetividad comienza a aflorar y estos problemas se ignoran. A esto se le añaden vicios típicos como el maniqueísmo y la manía de simplificarlo todo a un «o conmigo o contra mi». Cuando esto confluye, se sobreviene el enfrentamiento en interminables discusiones de besugos.

Para analizar la carga política de Batman hay que tener en cuenta pues estos dos factores: uno), si nos molesta o no el mensaje y dos), en caso de que nos moleste, si lo hace por no coincidir con nuestro parecer particular o en cambio, por ser un mensaje confuso, incoherente o engañoso. Antes de hacer ninguna apreciación precipitada, lo más acertado parece que es partir de la opinión de los propios responsables. Nolan ha afirmado que no se ha pretendido utilizar la película para la crítica hacia ningún grupo concreto —la traducción es mía—:
He tenido numerosas conversaciones con personas que han visto la película al revés. (...) Planteamos un montón de preguntas interesantes y las dejamos en el aire, simplemente como telón de fondo. Lo que realmente estamos tratando de hacer es mostrar las grietas de la sociedad, mostrar los conflictos en los que alguien podría incidir para dividirla. Se pueden obtener interpretaciones muy diferentes de lo que la película está apoyando o dejando de hacer, pero no se trata de nada de eso. Se trata simplemente de contar una historia. Si usted me dice: "¿Ha hecho una película con la intención de ser crítica con el movimiento Occupy Wall Street?" - Bueno, obviamente, eso no es cierto.  

Chistopher Nolan (declaraciones a la revista Rolling Stone)

Lo que ocurre es exactamente eso: se trata de contar una historia con determinadas conexiones con la actualidad, para una mejor identificación del espectador, ni más ni menos.  Puede resultar interesante buscar algún tipo de mensaje político el cuál, sea intencionado o no, puede existir. Batman ha pasado del puro y simple entretenimiento, a lograr despertar en la sociedad reacciones más viscerales. Tal vez demasiado.

(continúa en Ocuppy Gotham)


Publicado posteriormente en Planetas Prohibidos el 30 de septiembre de 2012
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"Los Vengadores" originales. O casi.En artículos anteriores analizaba la por aquel entonces incipiente "fiebre" de adaptaciones de superhéroes al cine. Quedaba por venir desde entonces, si no recuerdo mal: Batman: el caballero oscuroIron Man 2, Linterna Verde, Capitán América, Thor; dentro de poco los reinicios de Spiderman y Superman, y por supuesto, Los Vengadores.

Decía en aquellos momentos que el género de los superhéroes no estaba viviendo unos buenos momentos, citando como principal evidencia la compra de una compañía insignia de este género como (¿sigue siendo?) MARVEL, por otra de características tan peculiares como la Disney, especializadas en aprovecharse de el público infantil. Esta situación no parecía presagiar nada bueno.

Sin embargo, el gran éxito que merecidamente está cosechando en los cines esta adaptación del famoso grupo de superhéroes  (que cumplirá nada más y nada menos que 49 años en septiembre), y la euforia de los que llevan tanto tiempo esperando una adaptación de características épicas como la mencionada, puede hacer pensar que el genero de superhéroes tiene para rato. Probablemente sea así, pero antes de lanzar las campanas al vuelo, pensemos detenidamente.

Que una idea que surgió hace 50 años sea lo que ahora esté triunfando en las grandes salas comerciales, no es tan buena noticia. No estoy seguro que lo sea ni para el propio género de los superhéroes. Es más bien una constatación de varias cosas:

  • Cambio de modelo o inversión: el paso hacia las series de TV del peso del esfuerzo creativo que hasta ahora era característico del cine, mientras que en este medio se suceden las precuelas, secuelas y "spin-offs" de personajes y temas provenientes de otros ámbitos, "serializándose" en las grandes pantallas definitivamente la practica totalidad de los éxitos.
  • Cura paliativa temporal para los superhéroes: que se estén reviviendo en las grandes pantallas ideas de hace medio siglo, es un "balón de oxigeno" que de momento, no hace otra cosa que retrasar el "momento final" en donde habrá que hacer frente a "la crisis".
  • Rescritura al son de las necesidades comerciales de taquilla de las principales señas de identidad de las más famosas sagas de superhéroes de cómics, que incapaces de evolucionar, han de depender de los éxitos comerciales cinematográficos más que en el propio atractivo.

Por otro lado, es una forma de que las nuevas generaciones disfruten de este género. Los hábitos actuales distan seguramente mucho de los que teníamos hace 40 años, época en la cual nos teníamos que contentar con el "esfuerzo de leer" tebeos, y alguna que otra serie de tv. En este sentido, está por ver si en esta época de crisis, la justificación sociológica que siempre han tenido los héroes mitológicos desde que existe la Humanidad, encuentra en esta moda una salida adecuada. Si me perdonan los lectores que me autocite, me gustaría recordar lo que comentaba hace año y medio, allá por diciembre de 2010:
Vivimos una nueva era del género súper-heroico, que tal vez sea la última. Queda ver cuando se agotará definitivamente su uso comercial y el actual culto al héroe pase de nuevo al olvido (...) Cuando llegue un Quijote que los desmitifique definitivamente significará que el mundo a nuestro alrededor estará cambiando y ya no los necesita. De no ser así, a buen seguro que otro tipo de héroes los sustituirá.


Lo dicho. Veremos que viene tras Los Vengadores cuando su tirón comercial no sea el mismo. Veremos qué héroes los sustituyen si somos capaces de crear unos nuevos, o se deberán reversionear los mismos. Todo esto por supuesto, si dentro de unos años los seguimos necesitando.



Artículo publicado originalmente en el blog Planetas Prohibidos el 1 de mayo de 2012
Artículo publicado posteriormente en El Sitio de ciencia-ficción el 5 de mayo de 2013
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Miracleman, una visión realista del mito del superhéroe Las circunstancias que rodean el fenómeno social de los años 60 de los superhéroes, provocan que este peculiar género esté rodeado de cierta ridiculización. En muy pocas ocasiones se ha analizado con un mínimo de relativa seriedad el origen de esta moda. Como principales excepciones se puede citar a Watchen (Alan Moore, Dave Gibbons, 1987) —adaptado al cine recientemente— y sobre todo, si existe un cómic que trate con desgarradora realidad este icono de la cultura popular no es otro que Miracle Man, versioneado por el mismo guionista (Alan Moore, Neil Gaiman, 1982). Sin embargo, en este artículo propongo a los lectores que vayamos más allá, y que busquemos su origen en las entrañas de la Historia y el alma humanas.

El origen

Ilustración del recientemente desaparecido Frank Frazetta No es difícil imaginar que en los tiempos antiguos, donde La Tierra era un planeta virgen dejado a merced de los poderosos y tiranos que sometían a esclavitud a todos aquellos pueblos menos organizados o menos pertrechados tecnológicamente, que las gentes anhelaran la aparición de algún campeón que les librara de la opresión. Un héroe o heroína, especialmente dotados de habilidades, que les permitieran marcar por ellos solos la diferencia. Alguien anónimo y altruista, obligado por sus misteriosas circunstancias —en probable anticipación de la identidad secreta— y en ocasiones, apuesto y atractivo por añadidura.

Tiempos en los que a falta de otra forma de comprender su entorno natural, eran la magia y el misticismo las principales formas de pensar de unos seres humanos abrumados por la ingente cantidad de incógnitas que el universo sobre ellos les ofrecía. Los héroes eran imaginados en fantásticas aventuras épicas cuya exageración era avivada por el fuego alrededor del cuál eran relatadas. Por lo tanto, parece lógico pensar que entre otras muchas leyendas surgiera la de un héroe con magníficos poderes exagerados por la necesidad, la imaginación y por la influencia de la cultura de la época, en la que el entorno natural, el cielo, las montañas y los bosques, cobraban vida propia.

La época clásica

«Hércules», en la versión de Marvel Visto desde la superficialidad con la que los profanos nos acercamos la Historia, se puede decir que si hay una época y lugar especialmente prolíficos en mitología heroica y de la que todavía tenemos suficiente recuerdo, es la Grecia clásica. En este excepcional momento de la existencia de nuestra especie, la Humanidad osaba competir con los mismísimos dioses, disputándose con ellos la existencia en el pequeño Universo que en aquel entonces alcanzaban a comprender. Heracles —también llamado Hércules por los romanos— era considerado el mayor de los héroes, al ser poseedor de un poder sobrehumano —¿antecedente del superpoder?—, otorgado al ser descendiente del dios Zeus, la deificación del poder de la naturaleza.

Esta circunstancia es más importante de lo que parece, ya que hay que tener en cuenta que en aquellos tiempos la mayor fuente de energía conocida era el fuego, el cuál precisamente había sido otorgado a los Hombres gracias al dios Prometeo —según la propia mitología, claro—. El átomo era en aquella época tan solo una elucubración filosófica, muy alejada de lo que se descubriría siglos después. Se puede decir por lo tanto, que los dioses eran el comodín que la Humanidad tenía para explicar —o más bien no tener que hacerlo— el origen de las tremendas fuerzas que se desarrollaban en el universo que ellos creían acotado a la bóveda celeste y a un mar llamado Mediterráneo.

La Edad Media

Caballero de La Orden del Temple (Templario) Tras la caída del Imperio Romano lo único que quedo de aquel fue el Cristianismo en su variante católica. El culto heroico ya no era posible y en su lugar era obligado el monoteísmo. Santos y devotos se convirtieron en los nuevos personajes receptores de las esperanzas de los afligidos. Como las peticiones al Cielo suelen tener una manifestación en el mundo terrenal cuanto menos tardía y en cualquier caso, «difícil en ocasiones de apreciar», fue necesario apelar a un nuevo personaje terrenal más expeditivo: El Caballero Andante

Una de las ordenes de caballería más conocidas fue la de los Templarios, que si bien su existencia fue real, ha estado rodeada de grandes mitos y misterios aún hasta nuestros días. En las zonas de Europa donde la influencia del catolicismo fue menor se observa una todavía mayor cantidad de leyendas caballerescas, como la igualmente famosa aunque mítica de Los Caballeros de la Tabla Redonda, seña de identidad de la Nación Británica . Estos individuos, aunque normalmente sometidos al un código de honor de la orden de caballería a la que servían, actuaban de forma independiente y a criterio propio. 

Todos estos mitos —al igual que la religión— fueron cayendo en desprestigio, bien por sus abusos o por su evidente exageración. Existen dos casos que marcan un antes y después en la Literatura y en la Historia mundial sobre estas leyendas, los cuales en España conocemos muy bien: Tirante el Blanco (Joanot Martorell, 1490) y Don Quijote de La Mancha (Miguel de Cervantes , 1605).

En la obra escrita por el valenciano Joanot Martorell  —a su vez un caballero de la época— no trata a estos como semidioses bendecidos por extraños encantamientos que les dotaban de capacidades extraordinarias. Por el contrario, se les muestra como personas tan esclavas de los mismos defectos que el resto de los mortales. En la inmortal obra de Don Miguel de Cervantes se demostró definitivamente que los caballeros andantes ya no servían para su función, y con ello, la Humanidad pasó a ver la literatura y el mundo que había dejado de estar limitado por las míticas Columnas de Hércules, de otra manera.

Desde la Edad Moderna hasta nuestros días

«Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad»Nada fue lo mismo desde el descubrimiento de América. Antiguos mitos cayeron mientras que nuevas fronteras eran descubiertas. El Renacimiento (S.XV-XVI), La Ilustración (S.XVIII) y finalmente la Revolución Industrial (S.XVIII-XIX) trajeron consigo a Darwin y su Teoría de la Selección Natural (1859), la exploración de los Polos (1880-1920), la conquista de la cima del Everest (1953), la Relatividad (Einstein, 1905), la Mecánica cuántica (Bohr, Planck, 1920), la energía nuclear y la llegada a la Luna. Tras este proceso el ser Humano ya no necesitaba a los dioses, la propia humanidad se creía un dios, capaz de alcanzar cualquier objetivo que desease. La Ciencia daba explicaciones que parecían satisfacer la antigua y atávica necesidad de comprender unas fuerzas que gracias a ella, comenzaban a manejar con desparpajo y orgullo temerario. 
¡Bien! ¡Adelante! ¡Vosotros hombres superiores! Ahora es cuando la montaña del futuro humano está de parto. Dios ha muerto: ahora nosotros queremos -que viva el superhombre

Friedrich Nietzsche. Así habló Zaratustra

Explosión nuclear
Sin embargo, el Siglo XX acabaría cortando de cuajo aquel optimismo de los felices años 20. Todo este desarrollo científico y tecnológico no evitó —en gran parte catalizó— que la Humanidad se viera abocada a sufrir el horror de la guerra y el genocidio con dos conflictos a nivel mundial. El comunismo de Stalin y el fascismo de Hitler a modo de trágico intermedio de una película que acabaría con una explosión nuclear que sesgó la vida de miles de personas, continuando con conflictos como la Guerra de Vietnam y la Guerra Fría.

La perdida de antiguos valores morales debida a estar sustentados en mitos carentes ya de significado, tuvo como consecuencia que la sociedad vagaba sin rumbo, sin ideales, sin objetivos. Tiempos mediocres, alejados del honor y el esfuerzo de antaño. Mientras aún hoy en el Sigo XXI, seguimos buscando un horizonte esperanzador para la especie Humana, la necesidad de buscar héroes retornó con fuerza a mediados del siglo pasado. Pero ¿quien o qué nos devolvería a nuestros caballeros, a nuestros campeones capaces de enfrentarse a gigantes de un solo ojo y a hidras de siete cabezas?

La Ciencia-Ficción y el liberalismo

En 1938 nace el primer superhéroe: Superman (con permiso del Hombre Fantasma) Derrumbados ya completamente los antiguos mitos místicos y divinos, la Ciencia era la mejor posicionada para sustentar al nuevo culto heroico. Como es evidente, la ciencia conocida era insuficiente para dotar de poderes especiales a nuestros campeones, por lo que la especulación sobre ella, es decir, la ciencia-ficción, se convirtió en la vía de escape para la creación de los héroes modernos.

Por otro lado, en lo que se ha visto de la mitología heroica los protagonistas eran individuos únicos a los que el destino les había rodeado de extrañas circunstancias. Personas independientes, solitarias, con gran autoestima y alto sentido del deber y del honor. Todas las papeletas estaban de lado de un país como el tradicionalmente liberal, puritano y conservador EE.UU., lo que junto con el crack económico del 29 que asoló aquél país y el alejamiento de una Europa que estaba ocupada en autodestruirse, fue suficiente para que surgieran los nuevos héroes:
"no es casual que el período que va desde el "crash" (sic) de 1930, pasando por los años sangrientos de la revolución española, hasta el comienzo de la segunda guerra mundial, coincida con la aparición de Superman, Batman, Capitán Marvel"


De esta forma surgió el genero de los superhéroes, con el cómic como medio de difusión principal con sus surrealistas características y sus limitaciones técnicas propias que obligaron a vestir de colorines vistosos a los protagonistas. Esta vez, los poderes de nuestros campeones no provenían de Damas del Lago ni a genes divinos, sino a la procedencia de planetas de lejanos sistemas solares, picaduras de insectos radiactivos, o mutaciones genéticas, entre una multiplicidad de variantes solo limitadas por la imaginación y los límites propios de la ciencia-ficción, siempre en continua discusión.

En la actualidad

La mítica Marvel ha sido adquirida por Disney, famosa por sus relatos infantiles y puritanamente correctos. Cada vez más las clásicas colecciones de superhéroes languidecen en los puestos de venta, y los aficionados observamos como se versionean en el cine, reinventadas una y otra vez, usadas como pretextos para ocultar las carencias creativas, vacíos de su contenido original y rellenos con estereotipos a gusto de la masa consumidora.

Vivimos una nueva era del género súper-heroico. Queda ver cuando se agotará definitivamente su uso comercial y el actual culto al héroe pase de nuevo al olvido, como otras veces ha ocurrido antes. Watchmen o Miracle man son los Tirante el Blanco de nuestra era. Cuando llegue un Quijote que los desmitifique definitivamente significará que el mundo a nuestro alrededor estará cambiando y ya no los necesita. De no ser así, a buen seguro que otro tipo de héroes los sustituirá.

Mientras tanto, tal vez no debamos obsesionarnos intentando encontrar explicación a las historias de personas dotadas de superpoderes y debatir sobre su sentido, sus costumbres, sus extrañas vestimentas y en definitiva, su verosimilitud, sino comprender la causa de la existencia de estos relatos que seguramente no es otra que la necesidad humana de crearlos.

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Artículo publicado nuevamente en el portal Planetas prohibidos el 10 de diciembre de 2010
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image El fenómeno del superhéroe se asocia normalmente con el mundo del cómic moderno, y todo parece indicar que este medio es el principal entorno en donde se desarrolló y en donde se desenvuelve habitualmente. Sin embargo, cada vez son más las adaptaciones a la gran pantalla de estos estrambóticos personajes enfundados en sus coloridas mallas, y parece que esta tendencia no solo no va a cambiar, sino que va a ser este medio audiovisual el causante de un renacer de la mayoría de los clásicos personajes de los comic-books.
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