Mostrando entradas con la etiqueta predicción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta predicción. Mostrar todas las entradas


Es innegable la influencia que Blade Runner (BR) ha tenido en la cinematografía posterior y en una buena parte de la ciencia-ficción. La postmodernidad y el ciberpunk, comparten con ella su estética y cierto mensaje pesimista. Sobre este aspecto, cada autor tiene libertad a la hora de escoger el ambiente y el mensaje que desea transmitir. La misma que tenemos los aficionados y seguidores para decir lo que pensamos.

La verosimilitud 

El mundo que se nos presenta en BR es decadente hasta el punto de que todos los que aparecen en la obra son cómplices de la situación o victimas más o menos inconscientes del sistema. Nadie parece que pueda ofrecer alguna alternativa a la deprimente y generalizada situación de Los Ángeles, en el año 2019 —una característica común a todo el género del ciberpunk: un regodeo en la decadente forma en la que la especie humana hace uso de la tecnología— ¿Es realista hacer una total extrapolación hacia el lado más pesimista, o es en definitiva, tendencioso y poco verosímil?.

Los ajenos al género creen que en la ciencia-ficción «vale todo», ya que es «fantasía». Mucho se ha hablado de este tema y sería demasiado largo hacerlo ahora, pero los más veteranos del género saben que no es así. Mientras que la fantasía se preocupa de poco más que de la estética —literaria o visual—, en la ciencia-ficción suelen haber ciertos límites a la hora de escoger los elementos que van a formar escenario y personajes. La solución escogida puede condicionar el resto de la historia, sobre todo si surge como resultado de hacer la pregunta ¿Qué pasaría si...? —el famoso What If...? de la ciencia-ficción anglosajona—. En el ciberpunk, sin embargo, hay más preocupación por el mensaje que por el entramado de la historia. En este genero es más importante el resultado, que el camino que ha conducido a él. Hay quien piensa que por estos motivos se aleja de la ciencia-ficción tradicional, constituyéndose como un ámbito cultural independiente.

La parcialidad

Philip K. Dick se entusiasmó al ver un primer pase de Blade RunnerAunque los héroes no son más que mitos, en determinadas situaciones un individuo puede manifestar actitudes que le conviertan en uno de ellos. Tampoco se ha de pasar por alto la inevitable existencia de grupos de activismo que se oponen por unos motivos u otros a la situación imperante. Algunas veces, cuando lo peor está por llegar, puede acabar saliendo algo de nuestro interior que haga mantener la esperanza en la especie Humana. Nada de esto se vislumbra en BR, quedando empapada de un derrotismo irreal y enfermizo. Aunque es una adaptación libre de la novela Sueñan los androides con ovejas eléctricas(Philip K. Dick, 1968), parece que quedó contagiada de la habitual depresión que su autor volcaba en sus obras —el propio autor la elogió excepcionalmente en un pase privado poco antes de su fallecimiento—.

Es parcial, al mostrar sólo aquellas facetas que interesan, ignorando otras cuya inexistencia crea lagunas de complicada explicación. De ser como parece deliberado, confirmaría que ha primado el mensaje, supeditando el resto de factores a su exposición. De nuevo, se aleja de una de las señas de la ciencia-ficción más purista, en la que la correcta descripción del entorno es un requisito fundamental, tan importante como la propia historia.

Guión trampa

Suelen acudir a blogs y foros de debate, lectores interesados en cuestiones de tipo filosófico presentes en BR. En esta película se plantean algunas de las más relevantes cuestiones filosóficas que atañen al ser humano. Claro que el mero hecho de plantearlas no es un mérito realmente. Esto es habitual en muchas obras, no sólo de ciencia-ficción. Lo bueno de BR sería la forma de hacerlo —abusando de las posibilidades del género para poder mostrar una visión determinada de la realidad sin estar sujeta a sus limitaciones— si no fuera porque su parcialidad y sus lagunas intencionadas dan a entender que en alguna parte de la película, se esconden respuestas a las dudas existenciales que atormentan al género humano. Estas por supuesto, no existen, llevando su ausencia a los aficionados a perderse en un mar de dudas y confusión filosóficas, pudiendo ser tan nocivas como si de errores se tratase.

Por añadidura, las diferencias entre director y productores ocasionaron una serie de revisiones en el guión que tuvieron como consecuencia una primera versión de la película con incongruencias importantes —como el bucólico final-pegote—. Posteriormente, Ridley Scott publicó su versión «corregida», pero ya era tarde: una multitud de aficionados ya había especulado todo lo especulable sobre la primera versión, sin saber dónde se estaban metiendo. La aparición posterior de la versión del director, trajo la división y el descontento a muchos aficionados, que preferían la primera o continuaban confundidos al tener que reparar en detalles de la película como fotografías dejadas caer, unicornios oníricos, o misteriosos destellos en los ojos, para encontrar una explicación satisfactoria que en el mejor de los casos, aún resulta bastante rebuscada.

La coherencia interna

Aceptemos de partida que la solución que el director muestra en su versión es coherente en última instancia. Admitiendo que la intención original era la de presentar a Deckard como un replicante, victima y esclavo inconsciente de un sistema endiablado para mantener el orden, quedaría el argumento base de la siguiente manera:
  • Deckard es un replicante construido para poder retirar a otros replicantes, y ahorrarse la tediosa faena.
  • Para poder dedicarse a ella sin remordimientos, Deckard no debe conocer su verdadera condición.
  • Para ello, le han de dotar de recuerdos, como Rachel, para ser prácticamente indistinguibles de un ser humano al tener empatía.
  • Adicionalmente, le han de retirar fuerza física, ya que de lo contrario se evidenciaría su condición de replicante.

Sin embargo, esto presenta varios inconvenientes:
  • La fuerza física. La supuesta solución parte de entrada con una debilidad, frente al problema que ha de resolver.
  • La programación. La cuestión de cómo se les programa a los replicantes se deja en el aire para no entorpecer la historia, en detrimento de la construcción de un escenario sujeto con alfileres.
Deckard, pasándolas canutas en la cornisa de un edificio
Aunque se puede suponer que la debilidad inicial es un handicap que atañe exclusivamente al Blade Runner —el cuál no es más que carne de cañón que puede ser sustituido— no deja de ser una solución poco eficiente. La ausencia de explicación sobre la programación de los replicantes, lugar y momento en el que se deberían haber hecho las correcciones necesarias para evitar los problemas posteriores, es una carencia que en una obra de ciencia-ficción como tal tiene menos justificación.

Si bien esta situación tenía su razón de ser en la novela de Mary Shelley (Frankenstein o el moderno Prometeo, 1818) al ser producto aislado de un desequilibrado, en este caso resulta inverosímil pensar en el cúmulo de despropósitos que se han tenido que dar para que toda la Humanidad se aboque al absurdo de fabricar seres humanos artificiales cuya programación no controla, que son extremadamente peligrosos en potencia, prácticamente indistinguibles de un ser humano, y cuya forma de tenerlos a raya es mediante otros humanos artificiales pero con menor capacidad física, engañados y confundidos mentalmente, al borde de la depresión. Asimov lo tenía bastante claro: los humanos no fabricarían entidades a su imagen y semejanza salvo que se tuviera completamente controlado el asunto de su programación.

Si para salvar todo esto se prefiere volver a la opción de considerar a Deckard un humano más, sencillamente ciertos pasajes de la historia no se sostienen, como el misterioso unicornio de papel que Gaff deja en el vestíbulo del apartamento de Deckard , o la enigmática frase pronunciada por el mismo personaje «lastima que ella no pueda vivir, pero ¿quien vive?»

El mensaje

Si bien la trampa en la que la Humanidad se ha metido descrita en la película puede parecer absurda, cierto es que no hay más que echar un vistazo a nuestro alrededor para comprobar como tristemente, el ser humano encamina sus pasos con bastante decisión a situaciones muy similares: «terroristas-replicantes» que caminan junto a personas corrientes, un medioambiente terráqueo que va a peor, «Drones» sobrevolando los cielos, «smartphones», redes de comunicación y tecnología por doquier, mientras nos vemos sumidos en una de las crisis económicas más gigantescas de la Historia, a la cual hemos contribuido todos en alguna medida, y hemos de asistir a escenas en la que gente es desahuciada de sus viviendas, quedando abandonadas.

mercaderes del espacio portadaSi bien la capacidad profética de BR es innegable, no es la única ni la primera obra de ciencia-ficción en este sentido. Mercaderes del espacio (Frederik Pohl-C.M. Kornbluth, 1954) muestra un planeta Tierra dominado por las corporaciones financieras que lo han esquilmado de recursos, mientras existe una brutal división de clases. Tanto los de una clase como los de otra, viven sumidos inconscientemente en un sistema que les lleva irremediablemente a la ruina, necesitando colonizar hasta el mismísimo planeta Venus, un autentico infierno. En esta obra también el autor vuelca en ella cierta inevitable subjetividad, mostrándonos una situación global que no parece tener tampoco remedio. Sin embargo, no se pasa por alto el también conocido dicho de «se puede engañar a algunos todo el tiempo, a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos, todo el tiempo». El trasfondo de ambas obras es un mismo o muy similar mensaje político, pero en BR se le envuelve de excesivas pretensiones filosóficas en temas recurrentes, que le dan una apariencia distinta a la que realmente es: cine político.

En relación a este mensaje, algo bueno que tiene la revisualización de BR a lo largo de los años es que se advierten nuevos matices en función de las experiencias del espectador. Remueve especialmente la forma en la que Deckard va adquiriendo consciencia de su verdadero papel en el sistema. El mensaje de la película es que los replicantes que aparecen en ella representan a los humanos de nuestra vida cotidiana. Especialmente a los simples ciudadanos que han estudiado carreras universitarias sin futuro o llevan trabajando y esforzándose durante años, para ahora comprobar como todo eso no era más que una pequeña pieza de otro plan mayor, que nadie les había contado. Ni habían contado con ellos.

Pero para transmitir este mensaje de critica social o política, se utiliza un formato de ciencia-ficción sin atender su propia ortodoxia, convirtiéndola en una excusa, en lugar de ser el vehículo. Un debate filosófico artificial y deliberadamente confuso, dónde se presenta a los humanos paradójicamente carentes de humanidad, en una reducción al absurdo. Un caos recurrente sin salida, que oscila entre el complejo de Frankestein para los humanos, al de Edipo para los replicantes. Y viceversa.

Conclusión

Mercaderes del espacio es un clásico literario de la ciencia-ficción, pero poco conocido entre el gran público. La película de Ridley Scott está basada en otra obra literaria, aunque mediocre en comparación con la anterior. Sin embargo, ha cosechado una mayor popularidad gracias a que el cine tiene un espectro de masas mucho mayor que la literatura. Su salto a la gran pantalla le ha permitido alcanzar popularidad en círculos a los que no hubiera llegado de quedarse en formato literario, saliéndose de ambos ámbitos para ir al terreno de lo social y político. Aunque no carece de virtudes cinematográficas —por supuesto— el éxito posterior al estreno de esta película no fue tanto por ellas como por lograr contentar a un pujante e influyente sector cultural de ideas políticas coincidentes, relacionado con el ciberpunk que marcaría las décadas posteriores.

Star Trek también influyó en otros ámbitos sociales fuera de su entorno original, trascendiendo de él. Sin embargo, la influencia consistió en este caso en poner la ciencia-ficción como recurso para comprender o superar problemas del momento. En el caso de Blade Runner fue al contrario, politizando la ciencia-ficción y fomentando las tendencias pesimistas que nos han acompañado hasta hoy, ignorando la utilidad inspiradora y motriz de la ciencia-ficción clásica y racional que nos acompañó desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta principios de los años 80, época de la exploración espacial y la Guerra Fría.

Paragüas Star-Wars-Blade-RunnerPor otro lado, un número significativo de seguidores de BR lo son principalmente de esta película, considerando al resto del género como simples comparsas «poco serias» de entretenimiento y evasión En este aspecto en concreto ocurre algo parecido con Star Wars y el género de la space opera: aunque ya se conocía la planet opera —clara precursora de la ópera espacial— esta habría pasado desapercibida si no se hubiera estrenado la trilogía original en el cine. De la misma manera, muchos aficionados de la epopeya galáctica de George Lucas lo son en concreto de Star Wars, ignorando prácticamente el resto de obras más características del género.

Blade Runner es una gran película por la influencia estética y cultural que ha marcado en las décadas posteriores. A esta circunstancia se le añade que es de ciencia-ficción. Pero no significa que sea una «gran película de ciencia-ficción». La prospectiva y la especulación realistas no son explotadas de forma eficiente como en otras obras de este género. Menos aún puede calificarse por tanto como «obra cumbre de la ciencia-ficción», para luego destacar en ella aspectos comunes al arte en general como su contenido filosófico —un adorno barroco y enrevesado—, su critica social —parcial y politizada— o su capacidad profética —llevada a extremos inverosímiles—, mientras que otros aspectos más propios suyos como la coherencia, la verosimilitud o la capacidad inspiradora,  permanecen en un segundo plano o son inexistentes.

Referencias:

Artículo publicado posteriormente en el blog Planetas Prohibidos el 25 de junio de 2012
Artículo publicado posteriormente en El sitio de ciencia-ficción el 12 de noviembre de 2017



[Artículo revisado el 8 de diciembre de 2015. Publicado en su día como contestación al comentario de un amable lector sobre un artículo de Blade Runner (BR), cuya impresión sobre el mismo es que era demasiado «enciclopédico» y deseaba conocer mi opinión de la película. Aunque agradezco a este lector su interés, lo cierto es que las opiniones personales son el último recurso al que hay que acudir. Alguien expresó una vez de forma muy gráfica lo que quiero decir: las opiniones son como los culos: cada uno tiene el suyo]
Leer más...
«2001: una odisea espacial», que destaca especialmente por su precisión científicaEste es, en realidad, un artículo reivindicativo, ya que parece que señalar a la ciencia ficción sobre los errores que supuestamente comete es un acto de regocijo extendido, presumiblemente en aquellas gentes que no deben tener a este género entre sus preferidos. Por si los lectores no lo han notado, yo sí que le tengo cierto cariño, por lo que no solo por hacer un poco de justo balance, sino también de simple justicia, él título trata de lo contrario: los aciertos.

Es como si existiera una convicción general entre los ajenos al género, de que los escritores de ciencia-ficción tienen la obligación de acertar en sus especulaciones, como si fuera esta su intención, y que de no lograrlo hayan de convertirse en los hazmerreir señalados por el resto. Por supuesto, que todo dependerá del tipo de obra en cuestión, de la intención de sus autores y naturalmente, de la comercialidad que deseen darle.

Esto significa que, como en todas las cosas, no todo lo que es etiquetado dentro de nuestro preciado género es digno de la misma consideración y, por lo tanto, no han de pagar justos por pecadores salvo que precisamente se trate de eso, de aprovecharse de las cuestionables practicas de algunos o de las necesidades comerciales de otros o, incluso de ambas, para meterse con el género al completo.

Puede parecer contradictorio defender una ciencia-ficción —caracterizada como tal por, precisamente, guardar cierta pulcritud científica— y al, mismo tiempo, permitir que dentro de ésta puedan coexistir una gran variedad de obras que no siguen la misma tónica. Bien, pues me temo que esto es lo que hay, por una parte debido a que la ciencia ficción es un género con límites difusos y en ocasiones complicados y, por otro, porque una obra no tiene porqué definirse como perteneciente a un solo género, ni un autor tiene porqué verse limitado por convencionalismos a la hora de expresar sus ideas, que es en el fondo de lo que se trata. Como tantas otras cosas en la vida, el resultado será bueno o malo en función de muchas variables y gustos, independientemente del género o géneros a los que pertenezca.

Todo este aparente caos existente alrededor de la ciencia-ficción, es con gran probabilidad el causante de que bien por ignorancia, o directamente por intenciones nada honestas la ciencia-ficción sea objeto de mofa, escarnio y todo tipo de ridiculizaciones. Y si hay algún subgénero que sea objeto especial de estas burlas y difamaciones es el de la Space Opera.

La «Ópera Espacial»

Cartel cutre de una Space Opera genérica La Space Opera podría considerarse como todo un genero por si misma independiente del que normalmente la incluye, hasta el punto de que podrían encuadrarse junto a ella otro tipo de obras corales como El Señor de los Anillos, celebre saga con la que en ocasiones se compara para evidenciar la falta de rigor científico de la primera. Es por esto que escoger a la «ópera espacial» como objeto de la ridiculización del género es elegirlo claramente como cabeza de turco.

Sin embargo, como veremos, muchos de los errores científicos que se le atribuyen, no solo no lo son, sino que son consecuencia de la desgana o incompetencia de nada más y nada menos de los traductores de aquellos países en donde precisamente la ciencia no es su principal virtud. Por lo tanto, admitiendo que la precisión científica no era desde luego la principal intención de George Lucas cuando ideó su famosa saga «de las galaxias», hay que caer bajo para resaltar sus supuestos defectos y no darse cuenta de la creación de una nueva mitología que ha calado profundamente en la sociedad (...luke, soy tu padre…) y una nueva forma de entender el cine y la ciencia-ficción. Podrá gustarnos o no, pero se puede decir que su autor logró su objetivo con creces.

Y ahora veremos como a pesar de todo, la ciencia no es ignorada en la Space Opera, motivo por el cual ocupa un lugar entrañable y especial, en el género de la ciencia-ficción.

El sable «láser»

Esquema  de una «espada de luz»
El sable de luz (light saber en su idioma original) es una de una de las más famosas armas que se relacionan con la ciencia-ficción. Por motivos sobre los que especularemos más adelante, se decidió en su día llamar a esta arma ficticia de forma completamente ajena a la original. 

No es un «láser(1) » lo que sale de la espada, sino un haz de plasma, concepto que deben suponer los artífices de la traducción que el público hispano ignora qué es, por lo que les da igual que ni sean parecidos ni tengan nada que ver. El láser es una técnica de emisión de luz conocida y real, mientras que el plasma es el estado de la materia que se encuentra en las estrellas, como consecuencia de la altísima temperatura a la que está sometida el gas, debido a la enorme presión gravitatoria. También es real, no es ciencia-ficción su existencia, sino ciencia pura y dura. En la Tierra, se consigue mediante los reactores de fusión y, para lograr un reactor del tamaño de una empuñadura, haría falta conocer el mito de la fusión fría, lo que  evidentemente  de momento, si que es ciencia-ficción.

Disparos «láser»

Pistola blaster dh 17 1 De nuevo, el mismo error. Error que propicia la burla de los que, atendiendo al uso habitual más extendido pero no el único, profieren al ver esos «pedacitos» de luz alargados, cuyas trayectorias se observan perfectamente y que jamás se pueden corresponder con un láser. Ni en la ciencia-ficción ni en la space opera. Parece que los traductores velan por mantener a buen recaudo nuestra mente de conceptos extraños venidos de allende las fronteras, simplificando y retorciendo títulos hasta hacerles perder su significado original. Justo lo contrario de lo que se supone que es traducir.

Las armas utilizadas en Star Wars no son «armas láser(2)», o al menos, no son las únicas. Lo más común en este universo imaginado por George Lucas, y en otras creaciones, son los «Blaster(3)», que son, en efecto, armas que disparan trozos de materia en forma de plasma incandescente, acelerado presumiblemente de forma magnética. La ciencia-ficción consiste, como se ha explicado, en que no existe ninguna forma de producir dicho plasma en esas condiciones.

Y sus disparos, en caso de existir dichas armas, tendrían seguramente la misma apariencia que los disparos que observamos en la gran pantalla. Todo un acierto de la ciencia-ficción.

Sonido en el vacío

¿Realmente alguien cree que los productores, guionistas, etc., del cine, no saben que en el vacío no se transmite el sonido? ¿alguien piensa que se pretende defender lo contrario, en estas películas? ¿creen los científicos de los EUA, que en Hollywood han de aprender física para saber cosas de este tipo?

Me van a permitir los lectores que filosofe un poco y les recuerde el famoso Kōan en el que se plantea la cuestión de ¿qué clase de sonido produce una hoja que cae en un bosque y nadie la oye?. Discusión filosófica que aseguraría desconocen estos físicos puristas así como otros tantos alegres detractores de la ciencia-ficción. No, en el vacío no se transmite el sonido, pero lo que hay dentro de las naves espaciales no es vacío, y la gente de su interior a buen seguro que «oye», lo que les está ocurriendo.

«Apoteosica» explosión en el espacio (imágen extraida de «La Amenaza Fantasma») Por el mismo motivo, si explota un planeta, la Estrella de la muerte, o cualquiera de las naves espaciales mencionadas tan habituales en las películas del género, todos sus componentes salen despedidos así como la atmosfera que estaban respirando, «llenando» el vacio circundante. Por lo tanto, si un espectador (uno imaginario en la escena, no el espectador del cine, claro) es alcanzado por esa «onda» expansiva y golpea el casco de su transporte, a buen seguro que oirá algo.

Vale que los productores cinematográficos no se habrán planteado tampoco todas estas precisiones, pero de ahí a pretender que en una película de aventuras, acción y romanticismo, como son las space opera(s), se desarrolle una batalla espacial con música clásica de fondo como en 2001: una odisea del espacio, parece una broma. Aunque todo es ciencia-ficción, no son lo mismo. 

El método de propulsión

Caza (Starfighter) X-Wing surcando el espacio Recuerdo aquellas tardes que pasaba jugando al X-Wing, un juego para MS-DOS de simulación de combate espacial. Resultaba curioso cómo las naves se paraban totalmente al reducir el trhuster, como clavadas en el vacío espacial e ignorando las leyes de la física y la inercia correspondiente. Esto ha sido y es motivo de risa en ciertos ambientes, y cierto es que en esta saga no es explicado debidamente este efecto.

En la wiki del universo expandido, sin embargo, hablan de cierto artilugio incluido en los transportes espaciales de Star Wars al menos en el famoso caza en forma de X llamado «Etheric rudder» (timón etérico). Su principio de funcionamiento no es explicado, pero en el ámbito de la ciencia-ficción existe desde hace mucho tiempo una explicación, totalmente imaginaria por supuesto, a esta forma de navegar por el «éter» del continuo espacio-tiempo cual de navíos surcando los mares se tratase: los motores gravitacionales.

Desde los platillos volantes de toda la vida, hasta en el universo del celebre juego de ordenador StarCraft, pasando por Baylon 5, se trata de algo habitual. Sobre este asunto, existen otras producciones mucho más valoradas, consideradas «de culto» y menos criticadas en este sentido como Blade Runner, en las que tampoco se explica como flotan los coches y por lo visto no pasa nada.

Conclusión

La buena ciencia-ficción ha de ser precisa desde el punto de vista del método científico —aunque sea una ciencia ficticia—, y debe explicar de forma transparente al lector o al espectador, las concesiones que se realizan y cómo es la supuesta solución adoptada. 

Por lo tanto, lo que está claro es que en la ciencia-ficción se vulneran conscientemente algunos detalles de la física, pero esto no significa que sean un «error». Las concesiones científicas han de ser posibles de una manera hipotética. Es decir, aunque a la luz de la ciencia actual, o del momento en el que se crea una obra, no sea factible realizarlo —o no exista manera de conocer su viabilidad—, puedan serlo con mayor o menor probabilidad en el futuro. Dentro de estos márgenes hay un amplísimo espectro de posibilidades ya que, aunque los avances actuales son importantes, todavía queda mucho camino.

Es un error la falta de coherencia dentro de la obra, pero esto atañe a toda obra intelectual. En la ciencia-ficción se hace más complicado ya que al no conocer los alcances de alterar los parámetros del universo conocido, han de ser extrapolados —lo que entraña riesgos—. Sería una «mala» práctica —o al menos una práctica que supondría alejarse de una ciencia-ficción más «precisa»—, no explicar de alguna forma los supuestos científicos utilizados, aunque el no hacerlo no implica que no exista alguna hipotética y posible explicación. Hablar en estos casos de «errores científicos» es apresurado.

Por otro lado, dentro del mismo género o tocando varios de ellos, puede haber obras destacables en un sentido general, por la idea que transmiten o por la forma de representarlas, quedando en segundo lugar la precisión científica. Normalmente, la intención de escritores, guionistas y productores sobre este tema es evidente desde un primer momento, no obstante, las discusiones parecen no cesar nunca.

Caso aparte es cuando se argumenta que en Matrix (un universo cibernético virtual cuyas leyes físicas están a expensas de modificar o hackear el código fuente que las origina) se ignora la inercia, o incluir a Torrente 2 o Misión: imposible, dentro de la categoría de ciencia-ficción, es sencillamente no tener ni idea de lo que se está viendo. 

Julio Verne y sus ¿predicciones o simplemente, aciertos? Y ya por último, un merecido homenaje al genio francés Julio Verne el cuál, como el resto de los mortales, no estaba exento del error y alguno cometió a lo largo de su carrera literaria (suponiendo que pueda considerarse error a no predecir los avances de la ciencia en los años venideros pertrechado únicamente con un papel, una pluma, y su imaginación). Desde el punto de vista de la ciencia y suponiendo que su intención fuera predecir algo y no simplemente dar rienda suelta a dicha imaginación y entretener por encima de otras cosas, lo cierto es que la sorprendente cantidad de predicciones acertadas que este escritor, padre de la ciencia-ficción, acumula, bien debería recordarla algún que otro critico burlón de la ciencia-ficción.

Fuentes


Enlaces relacionados

(1) He tenido que modificar yo mismo la Wikipedia, ya que allí se cometía el mismo error en la constitución del haz que proyecta el sable de luz, para hacerla coincidir con su homóloga en inglés
(2) En honor a la verdad, los cañones del X-Wing son por lo general identificados como «Laser cannons», aunque referidos a la forma de crear el plasma, por calentamineto por láser.
(3) La definición de blaster en la Wikipedia en español es inexistente ¿alguien se anima?

Leer más...
_
 
Google+