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Adaptación a la televisión de El Hombre en el Castillo,
de Philip K. Dick
Se puede entender la ciencia-ficción como la imaginación de escenarios alternativos en los que se ha modificado algún parámetro de la realidad. Habitualmente es la física la rama de la ciencia que ve como algunas de sus premisas son alteradas para construir dichos escenarios. Por ejemplo, la ciencia-ficción hace comúnmente uso de «universos» ficticios en los que es posible el viaje a mayor velocidad de la luz o la alteración de los campos gravitatorios, entre otras proezas para las que la física actual no tiene explicación satisfactoria.

En la ciencia-ficción llamada «dura», los autores enfocan su creatividad en dotar a esos nuevos escenarios de toda la consistencia posible. Pero hay otra ciencia-ficción que deja esta precisión en segundo plano, centrando la parte especulativa en cómo esas nuevas situaciones afectan a los protagonistas. La llamada ciencia-ficción «blanda» usa escenarios ficticios con la principal intención de hablar de desde la propia alma humana, hasta la manera en cómo nos organizamos social y políticamente. En Crónicas Marcianas (Ray Bradbury, 1950) su autor decidió usar un Marte alternativo y poco riguroso con la física, simplemente como un escenario lo suficientemente extraño pero al mismo tiempo, cercano y reconocible, para hablar —de una maravillosa manera— sobre nosotros y nuestros problemas. En la Trilogía marciana de Kim Stanley Robinson (1992) se aprovecha de nuevo nuestro planeta vecino como escenario —con mayor cuidado científico— para imaginar cómo la especie humana podría organizarse empezando de nuevo, aprovechando para hacer crítica de los sistemas políticos existentes. Otro ejemplo más reciente y preocupado por la elaboración del entorno con el objeto de especular que clase de organización social podría emerger es Dark Eden (Chris Beckett, 2012), en donde se especula sobre cómo un ambiente extremo puede condicionar la vida y por supuesto, la organización social.

No es necesario irse a otros planetas para especular sobre como la tecnología afecta a nuestras relaciones sociales. El ciberpunk es un subgénero de la ciencia-ficción que consiste en mostrar el lado más pesimista de esta circunstancia. Distopías definidas por los efectos socialmente perniciosos que un mal uso de la tecnología puede producir a causa de nuestra falta de límites para su comercialización, para su consumo o para ser correctamente regulado por los poderes públicos. Estos así como las corporaciones comerciales, suelen aparecer en estas obras como participantes y cómplices de la situación, en una insana connivencia en la que la sociedad, sean humanos o replicantes, es explotada para favorecer a unos pocos. En la antología Mirrorshades (1986) se encuentran algunos de los ejemplos más representativos. Aunque se dan muchas discusiones sobre el término ciberpunk como movimiento cultural o corriente literaria y se defiende a sí mismo sobre sus connotaciones políticas, no cabe duda que alrededor de estos conceptos de alguna manera subyace un fondo de crítica. Más adelante especularemos sobre ello.

Si se entienden las ciencias sociales y políticas como el estudio de las sociedades humanas y su organización, nos encontramos con que este propósito es similar al de las obras comentadas. Se advierte pues que la ciencia-ficción —al menos, un tipo de ella— se constituye en potencia como un equivalente de las propias ciencias sociales y políticas, aunque aplicadas a universos ficticios y alternativos. Ahora bien, modificar parámetros físicos, imaginar entornos extraños en planetas distantes o pensar en tecnologías inexistentes para poder encontrar un escenario adecuado, requiere un esfuerzo adicional si lo que realmente desea el autor es precisamente, hacer un ensayo o crítica política. Si el mejor escenario requerido no existe, hay que inventarlo. Para hacer esto sólo debería ser necesario modificar aquellos parámetros relacionados directamente con las ciencias políticas: los personajes y su entorno social.

Modificando parámetros

Todas las especies se organizan, aunque naturalmente, cuando se habla de política siempre nos referimos a especies inteligentes. De momento sólo entran dentro de este grupo la nuestra, la humana, pero si se modificara este parámetro podría especularse sobre otras formas de organizarse. La ciencia está «limitada» por este hecho, algo que no le ocurre a la fantasía. A la ciencia-ficción tampoco, salvo por la aplicación en mayor o menor medida del método científico para construir esa realidad alternativa. En la fantasía es habitual imaginar extrañas especies de seres como Orcos o Elfos, cada una de ellas con su organización social y política características, sin más explicación ni justificación de su origen. En el caso de la ciencia-ficción puede tratarse de sociedades alienígenas, de su organización política y qué clase de relación podrían tener con la sociedad humana. De la misma manera que la exobiología estudia las posibilidades de vida fuera de la Tierra, un término adecuado para definir este ámbito sería el de exopolítica, sino fuera porque ha sido «secuestrado» por el entorno pseudocientífico —tristemente relacionado con la ciencia-ficción en demasiadas ocasiones—.

En sagas y obras como Star Wars o Avatar es corriente encontrarse con especies extrañas y sus respectivas organizaciones sociales y jerárquicas, aunque en estos casos ocurre algo similar que con las obras de fantasía: se usan realmente como un reflejo de nuestros propios problemas y prejuicios, más que como un ejercicio de especulación elaborado. Para encontrar algo parecido a esto habría que buscar entre la bibliografía, pudiendo encontrar algo en la de Jack Vance —repleta de ejemplos bastante ocurrentes sobre especies alienígenas pintorescas y sus organizaciones sociales— o tal vez en Los propios Dioses (Isaac Asimov, 1972), donde se describe una especie habitante en un universo paralelo.

Tampoco es necesario recurrir a especies inteligentes desconocidas para especular sobre su organización política en función de sus características imaginarias. Nuestra propia especie puede sufrir cambios debido a avances tecnológicos que podrían alterar nuestra condición de manera significativa. Se trata de tecnología que está ahí, siendo aplicada en la actualidad a nuestros propios cuerpos, con ejemplos vivientes que en estos momentos, se pasean entre nosotros: Neil Harbisson, ciudadano del Reino Unido, ha sido el primero en obtener reconocimiento legal como un cyborg, al tener implantado en su cerebro un dispositivo óptico. Otro caso para el que todavía no existe una solución técnica pero para el que hay una voluntad declarada de alcanzarlo, es el proyecto del magnate ruso Dmitri Itskov, que consiste en traspasar su conciencia a un dispositivo informático lo suficientemente capaz, para de esta manera perpetuar su existencia. Estas y otras incipientes tecnologías vislumbran nuevos caminos intuidos por algunas obras de ciencia-ficción —Chappie (Neil Blomkamp, 2015)—. Entre ellos se encuentran, en un futuro cercano y en su necesario reflejo legal y político, otras nuevas rutas por descubrir.

Una cuestión de género

Si se definen los subgéneros de la ficción en función de los parámetros de la realidad que modifican para construir sus escenarios, se podría asociar alguno de ellos con la política. El término existente que más se acerca sería el de política-ficción, teniendo en cuenta que este género abarca un campo de obras mayor que el propio de la ciencia-ficción, incluyéndose obras como por ejemplo Ensayo sobre la lucidez (José Saramago, 2004) —en la Wikipedia en inglés hay más casos, llegando a incluir El Quijote dentro de este género—.

Probablemente, el subgénero de ciencia-ficción donde no se requiere de conocimientos de física ni de ingeniería tanto como de ciencia políticas y sociales, es la ucronía: historias sobre realidades alternativas generadas a partir de la modificación de un suceso del pasado. El ejemplo más relevante podría ser El Hombre en el Castillo (Philip K. Dick, 1962), cuya reciente adaptación a televisión nos ha permitido comprobar cómo podrían haber sido unos Estados Unidos gobernados bajo un régimen nazi. La comparación entre la realidad alternativa y la situación real se presta a ácidas comparaciones de claro y polémico trasfondo político.

La ciencia-ficción de la ucronía recrea políticamente un pasado que no existió, hasta nuestros días. Pero ¿qué podemos hacer si deseamos continuar hacia el futuro? No hay ciencia para dar respuesta a esta petición, pero sí existe en la ciencia-ficción un concepto muy famoso cuya época de estudio no es el pasado o el presente, sino el futuro: la psicohistoria, una ciencia ficticia que predice con apoyo de las matemáticas, los acontecimientos políticos futuros en un colectivo social de elevado número de individuos.

La exposición del mensaje

En obras como las conocidas 1984 (George Orwell, 1949) o Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932) se presentan de forma explícita escenarios en cuya construcción la política tiene un claro protagonismo. Sin embargo, en el ciberpunk sus historias nos hablan de antihéroes en forma de hackers, agentes peligrosos y malvados dueños de corporaciones. Son en definitiva historias sobre el bien y el mal, hasta cierto punto clásicas ¿Hay política en ellas? Fuera esta la intención inicial o no, algunos sospechan que se ha usado como vehículo de propaganda ideológica. En el género de ciberpunk esta no es explícita, sino que es su mensaje implícito el que de forma inadvertida, se transmite al público. La construcción de los personajes y su conexión con el mundo real —con cuyo parecido es algo más que simple coincidencia— son factores principales, hasta el punto de primar el mensaje sobre la construcción del escenario. Si se tiene en cuenta el momento de la aparición del ciberpunk, coincidente con la posmodernidad que surgió tras la caída del muro y el triunfo del capitalismo consumista, surgen algunas interesantes cuestiones:

La desaparición de la Unión Soviética llevó tras de si el fin de la Guerra Fría pero también, la falta de freno al empuje del capitalismo global consumista. Esta podría ser una de las causas de la actual situación, en la que las corporaciones multinacionales tienen tanto o más poder que muchos estados, la mayoría de ellos endeudados al ser víctimas de una economía basada en la generación de deuda, de un dinero creado artificiosamente. La cuestión es: ¿es el ciberpunk una respuesta cultural contra el capitalismo? ¿O es por el contrario una creación de este mismo, para convertir en profecía autocumplida sus sueños más materialistas y ambiciosos? Por supuesto, esto no es más que política-ficción.

Publicado posteriormente en:
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Hay una obra de ciencia-ficción cuya fama es pequeña si la comparamos con la de su autor, pero a pesar de ello, ocupa un lugar señalado en el género. Su importancia no radica en la popularidad, sino en servir de probable inspiración de diversas obras y sagas de la ciencia-ficción, como MatrixDark City. Hablamos de Ubik (Philip K. Dick, 1969). Esta obra maestra para algunos, aunque prescindible para otros, no está exenta de algunas carencias, sin embargo, la virtud que la hace excepcional, lo que le ha valido para convertirse en un modelo de referencia, es la maestría con la que su autor logra recrear las experiencias vividas por sus protagonistas en universos anidados o paralelos.

Sus resultados son milagrosos, siempre que se use como se recomienda

Su autor sumerge de forma magistral al lector en una historia en la que los límites de la realidad se desvanecen y confunden, generándole una incógnita que excede los propios limites fijados por las páginas del libro. Esta proeza literaria se logra a través de Ubik, un producto que se presenta al lector en forma de reclamos publicitarios como entradilla de cada uno de los capítulos, involucrando al lector y convirtiéndolo en inadvertido protagonista al fusionar su universo con el de la obra. Ubik es la representación que nuestra mente puede dar, según las reglas de la realidad que vive, a una influencia venida de un universo situado en un plano exterior al suyo. Se convierte, en un punto de contacto con el «más allá», un puente entre dos realidades. Si no han entendido nada, no se preocupen: es normal, nos pasa a todos al principio. Su autor evita intencionadamente dar una idea plenamente explícita de lo que está pasando. Así que si se atreven con ella, déjense llevar.
¿Nunca has tenido un sueño que piensas que es real? ¿Y si no pudieras despertar de ese sueño, cómo diferenciarías el mundo de los sueños del mundo real?
Morpheo

En la obra cinematográfica Matrix, la conexión entre el universo virtual y el real no es tan onírica y ambigua. El paso de uno a otro entorno es mucho más específico —una vez lo saben sus protagonistas, claro—. Sus autores decidieron sin embargo no dejar explícita la entrada al mismo, dejando que nuestros protagonistas «aparezcan» sin más —o tal vez podría verse como que es el universo virtual el que surge repentinamente en su mente—. Pero por motivos de puesta en escena y para crear situaciones de peligro que hagan al espectador agarrarse a su asiento, la salida del universo de Matrix al real físico no puede bastar con un simple chasquear de dedos. Ha de representarse mediante alguna situación u objeto concreto, al cuál han de acceder expresamente. Un elemento que pueda estar en cualquier parte, pero no como el aire, sino en lugares específicos.


Al menos en sus dos primeras partes, las situaciones en las que se hace necesario salir del universo de Matrix al verdadero, representan algunos de los momentos más emocionantes de la saga. Situaciones envueltas de una gran tensión, debido a la presencia de algún peligro proveniente de la Inteligencia Artificial de Matrix. Los protagonistas han de salir de ella, dejar sus interfaces informáticas y regresar a sus cuerpos de carne y hueso, para escapar. Pero no hay nada en el mundo virtual ideado para que los programas que ejecutan la simulación de los cuerpos virtuales dejen de realizar su función. Cuando Morpheo ofrece las pastillas roja y azul, y Neo elige dejar su vida tal y como la conocía, su cuerpo informático no ha sido alterado, y el real todavía pertenece a Matrix. Tiene sentido que el proceso de esta primera desconexión de la mente —representado por un espejo, recurso clásico de «ventana» hacía otra dimensión— sea un proceso traumático, al contrario que en posteriores ocasiones, donde las mentes de nuestros protagonistas viajan en unos cuerpos «pirateados».

Los Wachowsky podían haber escogido como solución para el universo cinematográfico que estaban creando, en principio, cualquier cosa: un gesto o unas «palabras mágicas» podrían haber sido suficientes para dejar el mundo virtual de Matrix y regresar al mundo real. El problema es que no hubiera sido coherente con el resto de la historia, al ser demasiado «mágico». Por un lado, este tipo de fenómenos tan evidentemente trascendentes estaban destinados para El Elegido, y por otro, hubiera sido un truco o hackeo que implicaba un forzado excesivo de las reglas físicas virtuales de Matrix. ¿Qué clase de objeto puede representar un punto de enlace «suave» entre universos de naturaleza completamente distinta? ¿Qué dispositivo puede tener esta función sin que represente una vulneración explícita y por tanto, detectable, de las reglas del universo de Matrix? Finalmente, esa «puerta de enlace», ese «dispositivo de comunicación» entre el universo virtual de Matrix y el real que cualquiera pudiese utilizar —cuyo cuerpo físico hubiera huido previamente de Matrix—, cobraba la forma de un simple y modesto terminal de teléfono.

¿Que elemento puede ser utilizado para comunicar dos universos y puede estar en cualquier esquina o en un bolsillo, y pasar desapercibido para cualquiera, incluida la inteligencia artificial de Matrix?

El acto de establecer comunicación, el acto de hablar por el teléfono, es la «brecha de seguridad» que los piratas informáticos humanos utilizan para que sus mentes puedan desconectarse de la que era su cárcel virtual. El teléfono de Matrix es el Ubik de los Wachowsky. Es el vinculo entre las dos realidades de Matrix. Un vínculo, entre dos grandes obras de ciencia-ficción.


Publicado posteriormente en el blog Planetas Prohibidos y en en El Sitio de ciencia-ficción

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    Matrix vista por NEO

    La importancia de Matrix como uno de los eventos cinematográficos más importantes de la historia no es necesario demostrar. Sin embargo parece que algunas partes de su argumento no están del todo claras. Le propongo al lector que visitemos de nuevo una de las más famosas sagas de la ciencia-ficción, empezando por lo más visible, para luego escudriñar algunos de sus recovecos más escondidos.

    Trasfondo político

    Las obras consideradas dentro del género del cyberpunk suelen transmitir un similar mensaje filosófico y político a través de aquellos escenarios ficticios que lo permitan. En este caso, no se trata simplemente de las inteligencias artificiales contra la humanidad, sino además, de la construcción de una compleja y sofisticada realidad virtual con el principal objeto de mantener engañada y esclavizada a nuestra especie. El mensaje político que podemos interpretar de esta situación es similar al de Blade Runner: existen unos poderes que operan «en la sombra» que sostienen un esquema de sociedad con la intención aparente de tenernos contentos. Se nos oculta una realidad en la que el libre albedrío no es más que una ilusión. Nos ofrecen la libre elección, cuando en realidad no hay nada que elegir. Todo con el principal propósito de aprovecharse de nosotros. De vivir a nuestra costa.

    Este mismo escenario es también utilizado para transmitir un mensaje con gran contenido filosófico. Pero en este caso, se presenta de una manera mucho más transcendental y compleja, por lo que para poder hablar de él se hace imprescindible sumergirse previamente, en las entrañas de Matrix.

    El funcionamiento de Matrix

    Supuesto científico

    El supuesto científico principal de la saga de Matrix, el punto de suspensión de la incredulidad o sencillamente, la parte ficticia fundamental de la obra, es precisamente la existencia de Matrix. Es a partir de este postulado lo que define el resto del universo en el que se desenvuelve la obra, con todo lo que ello conlleva. Teniendo en cuenta que se trata de una obra de ficción y que no tiene sentido profundizar en exceso en aspectos que son producto de la imaginación de sus autores, demos por supuesta la posibilidad de la existencia de una entidad de estas características e intentemos deducir hasta donde quisieron llegar los Hermanos Wachowsky.

    La relación Humano-Máquina frente a la de la Mente-Programa

    En la realidad virtual conocida, la conexión entre el entorno electrónico simulado y nuestra mente se hace a través de una interfaz física en la que participan nuestros sentidos y los sensores hardware: gafas con visión tridimensional, auriculares, micrófono, guantes con sensación táctil para interactuar con el entorno, etc. Tecnología habitual donde la innovación se encuentra en la forma de ser usada.


    Sin embargo en Matrix la conexión se realiza de una manera mucho más profunda. Si bien continúa existiendo una parte física inevitable entre el entorno y nuestro cuerpo, este no llega a salir nunca del útero artificial en el que se nace. Es nuestra mente la que viaja a través de un sofisticado entorno artificial recreado directamente en ella. Los participantes de este dialogo, por llamarlo de alguna manera, son básicamente tres: nuestra mente, Matrix y algún otro tipo de interfaz —ficticia, claro— que actúe de intermediario. Al ser este un mundo virtual recreado en una enorme computadora, la interfaz consistirá en un programa informático, cuya principal misión consiste en traducir en ambos sentidos: hacía un lado nuestra actividad neuronal analógica y desde otro, el procesamiento digital de Matrix.

    Nuestra consciencia así como la supuesta existencia de libre albedrío, son conceptos cuyos principios de funcionamiento todavía se desconocen. A pesar de esta falta de conocimiento preciso, en la actualidad es posible insertar y borrar recuerdos en nuestra mente. Se puede postular que en un futuro será posible intercambiar información con ella, para por ejemplo, ofrecerle un entorno físico que le sea creíble y mantenga engañada a nuestra consciencia. El supuesto de Matrix consiste básicamente en esto, en crear un entorno artificial en el que tenernos sumergidos física y mentalmente, sin que seamos conscientes de ello. Si nuestro cuerpo real es la «personificación» o materialización de nuestra consciencia a través del cuál se interactúa con el mundo, de forma análoga, la interfaz que Matrix dispondría para nuestra mente sería nuestro «cuerpo virtual», un «contenedor» con el que pasear nuestra mente por el mundo de Matrix.

    Fuera de nuestro cuerpo informático, en el otro lado de la interfaz, se encuentra un enorme programa que recrea un mundo artificial. Este programa se define por unas leyes rígidas, que se corresponderían con lo que en nuestro mundo real son las leyes de la física. Tras todo este escenario, a modo de Dios que gobierna sobre el Universo, se encuentran las inteligencias artificiales de Matrix, la Oráculo y el Arquitecto, inteligencias computacionales que trabajan «limitadas por la perfección» de las pautas matemáticas y lógicas por las que no tienen otro remedio que encaminar sus pasos.

    Principales consecuencias

    Básicamente, Matrix pretende suplantar nuestro cuerpo físico sustituyéndolo a nivel subconsciente por un programa que realiza la misma función dentro del entorno virtual. El resultado es que en el camino que recorre la información que viaja a nuestra mente y desde ella hasta el mundo virtual, se ha de pasar por dos cuerpos: el real que permanece oculto y el cuerpo virtual, el único del cuál somos conscientes. Hasta que conozcamos a Morpheo, por supuesto.

    Mensaje filosófico

    ...podemos escoger la opción contraria y sostener que tanto nosotros como todo cuanto nos rodea no somos más que sueños en la cabeza de un Shiva durmiente


    El «alma» es un mito ancestral usado por algunas religiones. Es inevitable señalar su analogía con el hecho de que la consciencia es un fenómeno exclusivo de los seres vivos, que como se ha comentado, sus principios desafían de momento a una explicación racional. Independientemente de este debate sin solución por ahora, los Wachowsky logran abordar este asunto desde otra perspectiva al introducir un «cuerpo» adicional entre nuestra mente y el mundo «exterior». Si el alma  —hipotéticamente hablando— es un ente inmaterial y por tanto, no pertenece al mundo en el que existe nuestro cuerpo físico, nuestra mente se convierte por analogía en el «alma» de nuestro cuerpo virtual compuesto de bits, que no pertenece al mismo mundo en el que está nuestra consciencia. Por continuar con el recurso metafórico: «de bits estás hecho, y en bits te convertirás».

    La pregunta que nos podemos hacer a continuación es si de la misma manera que se postula con una situación en la que se ha añadido una capa más «hacia abajo», podríamos añadir una capa más «hacia arriba». Es decir ¿cómo sabemos que no estamos viviendo una simulación? ¿Podría ser ese hipotético «otro mundo» en donde residen nuestras consciencias o «almas», en realidad un universo paralelo en donde otras inteligencias están ejecutando una simulación de nuestro universo? Aunque estas cuestiones parecen salidas de un congreso de «Nueva Acrópolis», lo cierto es que el mundo científico se lo ha tomado en serio y han propuesto un experimento para averiguar si estamos o no viviendo una simulación. Experimento que de momento no es viable de realizar, y cuyas conclusiones tal vez muchos no deseen conocer.

    Aplicación en las películas

    En la Saga de Matrix, sus autores ponen en práctica estos postulados para construir su universo. A través de su protagonista lo vamos conociendo gradualmente, partiendo de la aburrida e insatisfactoria vida del Sr. Anderson para continuar con la que le sirve de complemento, un activista hacker acostumbrado a meterse en las entrañas de los sistemas informáticos y vulnerarlos, conocido como Neo.

    En frente, los oponentes o los guardianes de ese sistema «oculto» al resto de usuarios/ciudadanos, están los «agentes». Estos «hombres de negro» —en una clara analogía con las organizaciones federales de los EEUU acusadas de una vigilancia extrema de la sociedad— tienen unos «privilegios» en el sistema informático que les permiten realizar hazañas y provocar fenómenos que los «usuarios de a pie» no pueden lograr. Son por así decirlo, los 'power user' —en este caso los 'power bots', ya que no son humanos—. Al ser elementos del propio sistema y ser artificiales, disponen directamente de los recursos necesarios para poder hacer lo que estimen oportuno: desde moverse a velocidades increíbles y evitar disparos de bala, a ocupar el cuerpo virtual que actúa de interfaz de cualquier otro humano, que sin saberlo, cree estar viviendo una «realidad» que le es despojada repentinamente.


    Lo que nos hace humanos

    Nuestra especie por el contrario, está limitada por la conexión mental que su interfaz, el cuerpo virtual que Matrix genera para simular su cuerpo, le permite realizar. Para poder combatir en igualdad de condiciones contra los agentes, será necesario vulnerar estas limitaciones impuestas por las reglas del sistema. Para dar forma y representar esta proeza los Wachowsky parecen basarse en dos aspectos fundamentales. Uno de ellos es el concepto de hacker, crucial en la saga —y en general, en todo el ciberpunk— ya que a pesar de estar mentalmente inmersos en él, es necesario ver a Matrix como lo que realmente es:  una simulación por computador. Como tal, es susceptible de tener alguna vulnerabilidad, debilidad que habrá que explotar y aprovechar. Es en este desafío donde el otro aspecto que define a la saga cobra su fundamental importancia. Una controvertida cualidad de los seres vivos, especialmente en nuestra especie. Una característica que hasta el momento, ninguna máquina artificial ha podido replicar: la capacidad de transcender de uno mismo y nuestro entorno.


    El hackeo en este caso no consiste por tanto en acceder al código fuente o saltarse los protocolos de seguridad mediante un teclado y una conexión electrónica, sino mediante las propias pautas mentales con las que nuestros protagonistas se comunican con el mundo virtual, logrando transcender de él. Esta es por tanto la principal baza que la humanidad tendrá que hacer valer —en el universo ficticio de la saga— en su lucha contra las inteligencias artificiales: su propia e imperfecta condición humana.

    [Publicado posteriormente en el blog Planetas Prohibidos]
    [Publicado posteriormente en El Sitio de ciencia-ficción]

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      Desde la mejora en los transportes hasta los avances en comunicaciones, el desarrollo tecnológico ha influido en la manera en cómo la sociedad se relaciona entre sí. En la ciencia-ficción es habitual especular cuál será ese impacto en el futuro, siendo el género del cyberpunk es el que más atención —y pesimismo— le dedica.

      Una de las áreas más importantes que atañen a las relaciones humanas es el sexo. En algunas obras se ha tratado este asunto, postulando sobre diversas maneras en las que nuestras necesidades, anhelos y fantasías sexuales podrían ser satisfechas en el futuro. Extrapolando en su uso desde la realidad virtual hasta la inteligencia artificial.

      La primera manifestación de este tipo que me viene a la memoria proviene de una obra cinematográfica: Proyecto Brainstorm (Douglas Trumbull, 1983). En esta producción con clara estética ochentera —esas cintas magnéticas como almacenamiento de datos— se juega con la posibilidad de grabar en un soporte electrónico las vivencias de una persona, registradas directamente de su cerebro. Todo lo que se experimenta, todo el procesamiento de la información recogida por nuestros sentidos que el cerebro realiza, quedaría grabado en una memoria informática para su posterior reproducción en la mente de otra persona.

      No, no es «Desafío total», es el gran Christopher Walken
      (Fuente: fotograma de la película Proyecto Brainstorm)


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      Spiderman con las desaparecidas Torres Gemelas reflejadas en sus lentes
      Spiderman y las desaparecidas «Torres Gemelas» reflejadas en sus lentes.

      En los catorce años que transcurrieron desde 1968 hasta 1982, el mundo cinematográfico vivió tres revoluciones consecutivas. La primera fue 2001: Una odisea del espacio (Kubrick, 1968), cuya frescura e innovación continúan intactas en nuestros días, al contrario que otras producciones cuyo paso del tiempo les ha tratado francamente mal. Esta película tiene el extraño honor de ser de las primeras de ciencia-ficción que entendió poca gente, en una época en la que este género era tomado por regla general muy poco en serio, por lo simples y estereotipadas situaciones que relataban.
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      Logo de Batman 'estilo Matrix'
      Foto: Go4mosaic
      De la última mitad del S. XX podrían citarse varios estrenos que significaron un antes y después en el mundo del cine. Justo antes del fin de siglo pasado, destaca uno de ellos que bien entrado el actual, continúa vigente. Con Matrix (Hnos. Wachowski, 1999) cambió casi todo. Desde la forma de hacer las películas, hasta la propia concepción filosófica de la realidad y la consolidación del cyberpunk, circunstancias que habían sido iniciadas por Blade Runner (Ridley Scott, 1982), diecisiete años antes.

      Sin embargo, un factor común a estos hitos cinematográficos es la incomprensión a la que se enfrentaron en sus respectivos procesos de producción iniciales. Afortunadamente para ellos, los éxitos posteriores hacen que todas aquellas dificultades se olviden, sin embargo, existe cierta duda sobre cuales fueron realmente los factores que las hicieron triunfar y llevarse el beneplácito del público.

      En el caso de Blade Runner, los numerosos cambios de guión y el añadido de elementos como la voz en off, hizo que gran parte de su éxito inicial fuera por complacer a un público que lo identificó como cine policial negro. Concepto que si bien está presente en la estética del cyberpunk, ocultó la pretensión del guión inicial sobre crítica política y filosófica que caracteriza a este género y que a posteriori, es la que tras muchos años de sucesivas ediciones posteriores y director's cut, se ha consolidado entre sus fervorosos seguidores. Pero hay más ejemplos.

      Las patadas voladoras

      Matrix era conocida en la Warner Bros como «ese guión que no entiende nadie». Actores como Sean Connery rechazaron el papel por motivos similares. La productora no dio su aprobación final hasta comprobar la espectacularidad de los efectos especiales de la secuencia inicial, en donde se consumió el presupuesto de partida (Cinemania).

      El resto de factores que caracterizan internamente a Matrix —un mundo virtual en donde habitan las conciencias secuestradas de la humanidad, y cómo un grupo de resistencia logra vulnerar las leyes físicas de esa recreación gracias a «hackear» su  conexión mental con él— que justifican los efectos especiales empleados, no parecían interesarles. De hecho, eran un obstáculo.

      Fue la estética impactante la que logró que esta película saliera a la luz. ¿Fue también la razón de su éxito? Si tenemos en cuenta películas como Guardianes del Día (Timur Bekmambetov, 2004) o Resident Evil (Paul W. S. Anderson, 2002), por citar un par de ejemplos, se observa que la influencia que ha tenido posteriormente ha sido la de imitar las patadas voladoras o el tiempo bala, entre otros, sin apenas justificación argumental (Extracine). Por tanto, todo parece indicar que una mayoría se siente atraída por la mera estética, sin enterarse de que va la película.

      El caballero «oscuro»

      Una de las pocas sorpresas cinematográficas del S. XXI ha sido proporcionada por el boom del cine de superhéroes. Un primer intento fue Spiderman (Sam Raimi, 2002) que se apagó por culpa de una tercera parte fallida, según dicen algunos. Poco después, el artífice de Memento (Christopher Nolan, 2000) nos presentó en Batman Begins (2005) una versión del Hombre Murciélago totalmente inédita en la pantalla.

      De una manera u otra, Nolan logró que una película de superhéroes influyera en el panorama cinematográfico en general y al de entretenimiento en particular, como poca gente se esperaba. Por un lado, ha supuesto el definitivo salto de los superhéroes al medio cinematográfico, y por otro, ha generado una línea en la ciencia-ficción cuya principal seña es «la oscuridad».

      Ahora bien, ¿en qué consiste realmente la aportación de Nolan? ¿se trata simplemente de que sus historias tengan un aire «oscuro»? En mi opinión, la innovación del director londinense ha sido la de adaptar como no se había logrado antes, historias con un lenguaje y caricaturización propias de un medio diferente como el del cómic, al relativamente mayor realismo y verosimilitud características del mundo del cine.

      Sin embargo, se observa en recientes producciones como Star Trek en la oscuridad (J.J. Abrams, 2013) o Thor y el mundo oscuro (Alan Taylor, 2013), cómo se apresuran a autoetiquetarse en el título de forma evidente y algo forzada, sin que sea realmente necesario por el argumento. Otro caso podría ser Stargate Universe (Brad Wright-Robert C. Cooper, 2009), que parece imitar la «oscuridad» también presente en la Galactica Reimaginada (Ron Moore, 2003).

      Cuando se habla de Nolan, se habla de historias «oscuras», pero pocos reparan en la justificación de dicho elemento, que en el caso de Batman es doble: por su propia idiosincrasia, y por otro, por el arquetipo mítico del héroe: tragedia y una continua lucha interior contra los mismos miedos que le transforman en lo que acaba siendo.

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      [Publicado posteriormente en el blog Planetas Prohibidos]
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      Es innegable la influencia que Blade Runner (BR) ha tenido en la cinematografía posterior y en una buena parte de la ciencia-ficción. La postmodernidad y el ciberpunk, comparten con ella su estética y cierto mensaje pesimista. Sobre este aspecto, cada autor tiene libertad a la hora de escoger el ambiente y el mensaje que desea transmitir. La misma que tenemos los aficionados y seguidores para decir lo que pensamos.

      La verosimilitud 

      El mundo que se nos presenta en BR es decadente hasta el punto de que todos los que aparecen en la obra son cómplices de la situación o victimas más o menos inconscientes del sistema. Nadie parece que pueda ofrecer alguna alternativa a la deprimente y generalizada situación de Los Ángeles, en el año 2019 —una característica común a todo el género del ciberpunk: un regodeo en la decadente forma en la que la especie humana hace uso de la tecnología— ¿Es realista hacer una total extrapolación hacia el lado más pesimista, o es en definitiva, tendencioso y poco verosímil?.

      Los ajenos al género creen que en la ciencia-ficción «vale todo», ya que es «fantasía». Mucho se ha hablado de este tema y sería demasiado largo hacerlo ahora, pero los más veteranos del género saben que no es así. Mientras que la fantasía se preocupa de poco más que de la estética —literaria o visual—, en la ciencia-ficción suelen haber ciertos límites a la hora de escoger los elementos que van a formar escenario y personajes. La solución escogida puede condicionar el resto de la historia, sobre todo si surge como resultado de hacer la pregunta ¿Qué pasaría si...? —el famoso What If...? de la ciencia-ficción anglosajona—. En el ciberpunk, sin embargo, hay más preocupación por el mensaje que por el entramado de la historia. En este genero es más importante el resultado, que el camino que ha conducido a él. Hay quien piensa que por estos motivos se aleja de la ciencia-ficción tradicional, constituyéndose como un ámbito cultural independiente.

      La parcialidad

      Philip K. Dick se entusiasmó al ver un primer pase de Blade RunnerAunque los héroes no son más que mitos, en determinadas situaciones un individuo puede manifestar actitudes que le conviertan en uno de ellos. Tampoco se ha de pasar por alto la inevitable existencia de grupos de activismo que se oponen por unos motivos u otros a la situación imperante. Algunas veces, cuando lo peor está por llegar, puede acabar saliendo algo de nuestro interior que haga mantener la esperanza en la especie Humana. Nada de esto se vislumbra en BR, quedando empapada de un derrotismo irreal y enfermizo. Aunque es una adaptación libre de la novela Sueñan los androides con ovejas eléctricas(Philip K. Dick, 1968), parece que quedó contagiada de la habitual depresión que su autor volcaba en sus obras —el propio autor la elogió excepcionalmente en un pase privado poco antes de su fallecimiento—.

      Es parcial, al mostrar sólo aquellas facetas que interesan, ignorando otras cuya inexistencia crea lagunas de complicada explicación. De ser como parece deliberado, confirmaría que ha primado el mensaje, supeditando el resto de factores a su exposición. De nuevo, se aleja de una de las señas de la ciencia-ficción más purista, en la que la correcta descripción del entorno es un requisito fundamental, tan importante como la propia historia.

      Guión trampa

      Suelen acudir a blogs y foros de debate, lectores interesados en cuestiones de tipo filosófico presentes en BR. En esta película se plantean algunas de las más relevantes cuestiones filosóficas que atañen al ser humano. Claro que el mero hecho de plantearlas no es un mérito realmente. Esto es habitual en muchas obras, no sólo de ciencia-ficción. Lo bueno de BR sería la forma de hacerlo —abusando de las posibilidades del género para poder mostrar una visión determinada de la realidad sin estar sujeta a sus limitaciones— si no fuera porque su parcialidad y sus lagunas intencionadas dan a entender que en alguna parte de la película, se esconden respuestas a las dudas existenciales que atormentan al género humano. Estas por supuesto, no existen, llevando su ausencia a los aficionados a perderse en un mar de dudas y confusión filosóficas, pudiendo ser tan nocivas como si de errores se tratase.

      Por añadidura, las diferencias entre director y productores ocasionaron una serie de revisiones en el guión que tuvieron como consecuencia una primera versión de la película con incongruencias importantes —como el bucólico final-pegote—. Posteriormente, Ridley Scott publicó su versión «corregida», pero ya era tarde: una multitud de aficionados ya había especulado todo lo especulable sobre la primera versión, sin saber dónde se estaban metiendo. La aparición posterior de la versión del director, trajo la división y el descontento a muchos aficionados, que preferían la primera o continuaban confundidos al tener que reparar en detalles de la película como fotografías dejadas caer, unicornios oníricos, o misteriosos destellos en los ojos, para encontrar una explicación satisfactoria que en el mejor de los casos, aún resulta bastante rebuscada.

      La coherencia interna

      Aceptemos de partida que la solución que el director muestra en su versión es coherente en última instancia. Admitiendo que la intención original era la de presentar a Deckard como un replicante, victima y esclavo inconsciente de un sistema endiablado para mantener el orden, quedaría el argumento base de la siguiente manera:
      • Deckard es un replicante construido para poder retirar a otros replicantes, y ahorrarse la tediosa faena.
      • Para poder dedicarse a ella sin remordimientos, Deckard no debe conocer su verdadera condición.
      • Para ello, le han de dotar de recuerdos, como Rachel, para ser prácticamente indistinguibles de un ser humano al tener empatía.
      • Adicionalmente, le han de retirar fuerza física, ya que de lo contrario se evidenciaría su condición de replicante.

      Sin embargo, esto presenta varios inconvenientes:
      • La fuerza física. La supuesta solución parte de entrada con una debilidad, frente al problema que ha de resolver.
      • La programación. La cuestión de cómo se les programa a los replicantes se deja en el aire para no entorpecer la historia, en detrimento de la construcción de un escenario sujeto con alfileres.
      Deckard, pasándolas canutas en la cornisa de un edificio
      Aunque se puede suponer que la debilidad inicial es un handicap que atañe exclusivamente al Blade Runner —el cuál no es más que carne de cañón que puede ser sustituido— no deja de ser una solución poco eficiente. La ausencia de explicación sobre la programación de los replicantes, lugar y momento en el que se deberían haber hecho las correcciones necesarias para evitar los problemas posteriores, es una carencia que en una obra de ciencia-ficción como tal tiene menos justificación.

      Si bien esta situación tenía su razón de ser en la novela de Mary Shelley (Frankenstein o el moderno Prometeo, 1818) al ser producto aislado de un desequilibrado, en este caso resulta inverosímil pensar en el cúmulo de despropósitos que se han tenido que dar para que toda la Humanidad se aboque al absurdo de fabricar seres humanos artificiales cuya programación no controla, que son extremadamente peligrosos en potencia, prácticamente indistinguibles de un ser humano, y cuya forma de tenerlos a raya es mediante otros humanos artificiales pero con menor capacidad física, engañados y confundidos mentalmente, al borde de la depresión. Asimov lo tenía bastante claro: los humanos no fabricarían entidades a su imagen y semejanza salvo que se tuviera completamente controlado el asunto de su programación.

      Si para salvar todo esto se prefiere volver a la opción de considerar a Deckard un humano más, sencillamente ciertos pasajes de la historia no se sostienen, como el misterioso unicornio de papel que Gaff deja en el vestíbulo del apartamento de Deckard , o la enigmática frase pronunciada por el mismo personaje «lastima que ella no pueda vivir, pero ¿quien vive?»

      El mensaje

      Si bien la trampa en la que la Humanidad se ha metido descrita en la película puede parecer absurda, cierto es que no hay más que echar un vistazo a nuestro alrededor para comprobar como tristemente, el ser humano encamina sus pasos con bastante decisión a situaciones muy similares: «terroristas-replicantes» que caminan junto a personas corrientes, un medioambiente terráqueo que va a peor, «Drones» sobrevolando los cielos, «smartphones», redes de comunicación y tecnología por doquier, mientras nos vemos sumidos en una de las crisis económicas más gigantescas de la Historia, a la cual hemos contribuido todos en alguna medida, y hemos de asistir a escenas en la que gente es desahuciada de sus viviendas, quedando abandonadas.

      mercaderes del espacio portadaSi bien la capacidad profética de BR es innegable, no es la única ni la primera obra de ciencia-ficción en este sentido. Mercaderes del espacio (Frederik Pohl-C.M. Kornbluth, 1954) muestra un planeta Tierra dominado por las corporaciones financieras que lo han esquilmado de recursos, mientras existe una brutal división de clases. Tanto los de una clase como los de otra, viven sumidos inconscientemente en un sistema que les lleva irremediablemente a la ruina, necesitando colonizar hasta el mismísimo planeta Venus, un autentico infierno. En esta obra también el autor vuelca en ella cierta inevitable subjetividad, mostrándonos una situación global que no parece tener tampoco remedio. Sin embargo, no se pasa por alto el también conocido dicho de «se puede engañar a algunos todo el tiempo, a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos, todo el tiempo». El trasfondo de ambas obras es un mismo o muy similar mensaje político, pero en BR se le envuelve de excesivas pretensiones filosóficas en temas recurrentes, que le dan una apariencia distinta a la que realmente es: cine político.

      En relación a este mensaje, algo bueno que tiene la revisualización de BR a lo largo de los años es que se advierten nuevos matices en función de las experiencias del espectador. Remueve especialmente la forma en la que Deckard va adquiriendo consciencia de su verdadero papel en el sistema. El mensaje de la película es que los replicantes que aparecen en ella representan a los humanos de nuestra vida cotidiana. Especialmente a los simples ciudadanos que han estudiado carreras universitarias sin futuro o llevan trabajando y esforzándose durante años, para ahora comprobar como todo eso no era más que una pequeña pieza de otro plan mayor, que nadie les había contado. Ni habían contado con ellos.

      Pero para transmitir este mensaje de critica social o política, se utiliza un formato de ciencia-ficción sin atender su propia ortodoxia, convirtiéndola en una excusa, en lugar de ser el vehículo. Un debate filosófico artificial y deliberadamente confuso, dónde se presenta a los humanos paradójicamente carentes de humanidad, en una reducción al absurdo. Un caos recurrente sin salida, que oscila entre el complejo de Frankestein para los humanos, al de Edipo para los replicantes. Y viceversa.

      Conclusión

      Mercaderes del espacio es un clásico literario de la ciencia-ficción, pero poco conocido entre el gran público. La película de Ridley Scott está basada en otra obra literaria, aunque mediocre en comparación con la anterior. Sin embargo, ha cosechado una mayor popularidad gracias a que el cine tiene un espectro de masas mucho mayor que la literatura. Su salto a la gran pantalla le ha permitido alcanzar popularidad en círculos a los que no hubiera llegado de quedarse en formato literario, saliéndose de ambos ámbitos para ir al terreno de lo social y político. Aunque no carece de virtudes cinematográficas —por supuesto— el éxito posterior al estreno de esta película no fue tanto por ellas como por lograr contentar a un pujante e influyente sector cultural de ideas políticas coincidentes, relacionado con el ciberpunk que marcaría las décadas posteriores.

      Star Trek también influyó en otros ámbitos sociales fuera de su entorno original, trascendiendo de él. Sin embargo, la influencia consistió en este caso en poner la ciencia-ficción como recurso para comprender o superar problemas del momento. En el caso de Blade Runner fue al contrario, politizando la ciencia-ficción y fomentando las tendencias pesimistas que nos han acompañado hasta hoy, ignorando la utilidad inspiradora y motriz de la ciencia-ficción clásica y racional que nos acompañó desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta principios de los años 80, época de la exploración espacial y la Guerra Fría.

      Paragüas Star-Wars-Blade-RunnerPor otro lado, un número significativo de seguidores de BR lo son principalmente de esta película, considerando al resto del género como simples comparsas «poco serias» de entretenimiento y evasión En este aspecto en concreto ocurre algo parecido con Star Wars y el género de la space opera: aunque ya se conocía la planet opera —clara precursora de la ópera espacial— esta habría pasado desapercibida si no se hubiera estrenado la trilogía original en el cine. De la misma manera, muchos aficionados de la epopeya galáctica de George Lucas lo son en concreto de Star Wars, ignorando prácticamente el resto de obras más características del género.

      Blade Runner es una gran película por la influencia estética y cultural que ha marcado en las décadas posteriores. A esta circunstancia se le añade que es de ciencia-ficción. Pero no significa que sea una «gran película de ciencia-ficción». La prospectiva y la especulación realistas no son explotadas de forma eficiente como en otras obras de este género. Menos aún puede calificarse por tanto como «obra cumbre de la ciencia-ficción», para luego destacar en ella aspectos comunes al arte en general como su contenido filosófico —un adorno barroco y enrevesado—, su critica social —parcial y politizada— o su capacidad profética —llevada a extremos inverosímiles—, mientras que otros aspectos más propios suyos como la coherencia, la verosimilitud o la capacidad inspiradora,  permanecen en un segundo plano o son inexistentes.

      Referencias:

      Artículo publicado posteriormente en el blog Planetas Prohibidos el 25 de junio de 2012
      Artículo publicado posteriormente en El sitio de ciencia-ficción el 12 de noviembre de 2017



      [Artículo revisado el 8 de diciembre de 2015. Publicado en su día como contestación al comentario de un amable lector sobre un artículo de Blade Runner (BR), cuya impresión sobre el mismo es que era demasiado «enciclopédico» y deseaba conocer mi opinión de la película. Aunque agradezco a este lector su interés, lo cierto es que las opiniones personales son el último recurso al que hay que acudir. Alguien expresó una vez de forma muy gráfica lo que quiero decir: las opiniones son como los culos: cada uno tiene el suyo]
      Leer más...
      Cartel promocional de la película«yo...
      he visto cosas que vosotros no creeríais...
      atacar naves en llamas más allá de Orión...
      he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser...
      todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.»

      Estas poéticas palabras han pasado a formar parte del acervo cultural cinematográfico de la Humanidad. El auto-epitafio de un replicante o robot humaniforme, que asume que ha llegado su final y se enfrenta a el con solemnidad, nobleza y entereza, unos valores que parece que la humanidad ha perdido en la época en la que se desarrolla una de las películas más importantes del cine de todos los tiempos, especialmente en el género de la Ciencia-Ficción: Blade Runner (Ridley Scott, 1982)

      Ridley ScottEs inevitable dedicar un artículo a esta obra cinematográfica cuyo guión esta basado en la obra literaria ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) del escritor norteamericano Philip K. Dick. Sus obras, si bien no hay duda a la hora de considerarlas dentro de la ciencia-ficción en los parámetros referidos en está bitácora, los son más bien en un terreno filosófico, moral o social, aspectos que aunque son también a considerar en toda obra de ciencia-ficción como consecuencia de una especulación o supuesto científico, en el caso que nos ocupa estos se reducen a un único aspecto principal, priorizando otro tipo de mensaje.

      Blade Runnner - Edición Especial Dos discosEste «film» ha pasado por varias adaptaciones, proyectándose en la gran pantalla al menos dos versiones distintas, existiendo una tercera versión recientemente comercializada. Esta última parece que es ya por fin, la que al director no le dejaron mostrar al público en el día de su estreno. Una de estas copias en DVD, supervisadas por el propio Ridley Scott tal y como manifiesta en la autoría adicional sobre las mejoras (sobre todo en el lamentable sonido de las primeras copias comercializadas), obra en mi poder junto con su estupendo estuche metálico.

      Así pues, con estos antecedentes, si los lectores lo desean pueden pasar a conocer mi apreciación personal de esta película, desde la perspectiva de la Ciencia-Ficción tal y como la entiendo. Por este motivo, se ha dividido la reseña en partes diferenciadas, ya que de alguna forma, la parte de Ciencia-Ficción no se puede explicar sin tener en cuenta las demás, las cuales de por si, merecerían tener su propio blog dedicado.

      La trama

      Ciudad de Los Ángeles en el año 2019. La humanidad ha asolado el planeta provocando la extinción de la práctica totalidad de animales, sin que parezca importarle demasiado. Por otro lado, se ha alcanzado tal nivel y dominio sobre la tecnología que además de permitirle emigrar a otros planetas, es capaz de crear seres pensantes para usarlos como juguetes, o recrear artificialmente cualquiera de las especies que poblaba el planeta, incluido el ser humano.

      Quedan en La Tierra tan solo aquéllas personas que no han podido huir del deprimente lugar en el que se ha convertido el planeta, que hasta entonces había sido el hogar de la humanidad y de miles de especies más. Pobreza, taras físicas, enfermedades, son las principales características de las personas que todavía permanecen en las ciudades de enormes edificios semiabandonados.

      «Daryl Hanna» es una replicante «de placer»Los científicos, dando muestras de una conciencia intranquila, culpable, de no estar seguros del alcance de su vanidad y falta de escrúpulos en el uso de la tecnología, no dudan en defenderse de sus creaciones con apariencia humana; los replicantes, a los que tratan como esclavos pese a superar a sus propios creadores en casi todos los aspectos excepto en el de la empatía; y privándoles de la vida que les dieron al transcurrir cuatro años. 

      Estos seres creados por el hombre para satisfacer su vanagloria y sin importarle el sufrimiento que puedan llegar a tener, gracias a la capacidad que pese a todo les dieron, se acaban rebelando para intentar buscar una solución a ese límite de vida impuesto.

      El Blade Runner Rick Deckard (Harrison Ford) Los Blade Runner, son el cuerpo especial de policía con la misión de detenerles. Rick Deckard (Harrison Ford) es el encargado, bastante a su pesar, de dar final a un grupo de estos rebeldes encabezados por Roy (Rutger Hauer), un Rachael (Sean Young)replicante de última generación modelo Nexus 6. En el transcurso de la investigación para conocer el paradero de este grupo rebelde, conoce a Rachael (Sean Young), una replicante algo especial al no ser consciente de que lo es, y al haber sido dotada de recuerdos por lo que su capacidad de empatía se veía posibilitada. A pesar de ello, Rick Gaff (Edward James Olmos)descubre que ella es replicante. Surge una relación entre Rachael y Deckard, complicada debido a la condición de ella, motivo por el cual deciden escapar. Gaff (Edward James Olmos) otro policía que está al tanto de todo, les deja finalmente huir, no sin dejar indicios inquietantes sobre la verdadera condición de Rick.

      La estética

      Mucho se ha hablado de la estética de Blade Runner, siendo este aspecto en el que más ha destacado dentro del mundo del cine, y uno por los que más se recuerda a esta película. Esto que es de mérito como obra del arte cinematográfico, no lo es tanto si de Ciencia-Ficción se trata, aunque como ya se ha dicho, para contar una buena historia, tanto mejor si se presenta de forma tan excepcional como esta.

      Hasta el año en que se estrenó, el generó de la Ciencia-Ficción que utilizaba el cine como forma de expresión, había pasado del misterio existencial y el pulp de los años 50 y 60, a la aventura operística de La Guerra de las Galaxias (George Lucas, 1977) a finales de los 70. Con esta película, a partir de los 80 el cine de Ciencia-Ficción comenzó la senda de la postmodernidad, con sus cataclísmicos futuros —Doce Monos (Terry Gilliam, 1995), Waterworld (Kevin Reynolds, 1995), Matrix (Hnos. Wachowsky, 1999), El imperio del fuego (Rob Bowman, 2002), y un largo etcétera—

      Una de las más caracterísitcas escenas de la pelicula: el auto volante y el gigantesco cartel publicitario

      El oscuro e inseguro escenario distópico al que la humanidad se ha dejado llevar a causa de su dejadez moral, está perfectamente representado en la obra. Un ambiente urbano mastodóntico y degradado, que sentará precedente y cuya estética ha servido de inspiración de varias formas en películas dispares como El quinto elemento (Luc Besson, 1997) o sin ir más lejos, la recreación de Coruscant, la capital de la República Galáctica en Star Wars II: el ataque de los clones (George Lucas, 2002), hasta el punto de que resulta difícil imaginar una ciudad del futuro o de Ciencia-Ficción, que no sea muy parecida a la mostrada en esta obra, puede que llegase a defraudar de no ser así. 

      Coruscant: capital de la Republica Galáctica

      La música

      Acababa de estrenarse hacía un año la exitosa película Carros de Fuego (Hugh Hudson, 1981). Una de las claves de este éxito fue su banda sonora, compuesta por un joven compositor que repetiría un año después en la película de la que trata este artículo. Los años 80, los mismos de Blade Runner y la música tecno, fueron también los años de Vangelis y su música cósmica.

      El mensaje filosófico

      El mensaje filosófico que subyace, está basado en el mismo que Mary Shelley quiso transmitir con su obra literaria: los peligros de la tecnología y la falta de capacidad de la ciencia para establecer límites de aspectos que si bien no conoce, maneja con cierta temeridad según algunas de las opiniones que se vienen mostrando desde que Frankenstein salió a la luz, y con el, el complejo que llevaría su nombre.

      Desde hace no mucho tiempo que el ser humano vislumbra la posibilidad de  alcanzar adelantos tecnológicos y biológicos en un plazo aparentemente cercano, cuyas consecuencias no es capaz de comprender. Si el ser humano fuera hipotéticamente capaz de crear seres tan complejos como los replicantes de Blade Runner, pero sin poder explicar dónde se ubican o cómo se generan conceptos a los que se supone pueden acceder de alguna manera como la vida, la consciencia o los sentimientos, sería como jugar a ser dioses, pero vulnerables como mortales.

      Replicante Nexus 6 (Rutger Hauer) recitando las frases de cabecera,  frente a un atónito Deckard (Harrison Ford)

      Los cuatro años de vida de los replicantes son esa protección necesaria para defenderse de un tipo de ser, capaz de sentir y emocionarse como un ser humano, pero sin el derecho a vivir como él. ¿Es esto ético? el lector tiene la repuesta.

      El mensaje político actualización del 20/11/2013

      Portada de R.U.R. (Robots Universales de Rossum)
      La historia de Blade Runner es una continua crisis de identidad: Deckard está permanentemente dudando de su papel el cual se ve obligado a ejecutar. Rachael duda de su condición de ser vivo. Los humanos se comportan como fríos robots insensibles, y los replicantes nos deleitan con una prosa maravillosa y sensible. Con este intercambio de papeles se intenta dejar caer que tal vez las cosas no son lo que aparentan. De Mary Shelley deberíamos ir hacia Karel Čapek y su obra pionera R.U.R. (Robots Universales de Rossum) (1920), en la que el atávico misterio de la creación de la vida se empleaba como vehículo metafórico de la esclavitud a la que el ser humano somete a sus semejantes. Blade Runner y R.U.R. coinciden en dos aspectos básicos: en ambas obras los «robots» son además de por supuesto artificiales, son también de tecnología biológica (no son mecánicos). Y lo más importante, que en ambas el mensaje es de naturaleza política sobre el abuso de unas clases sobre otras, dejando en un segundo plano la ciencia-ficción.

      Replicantes y robots son todos, pobres incautos de un plan sobre el que nadie les ha preguntado, pero del que son víctimas inconscientes. Un plan en el que día a día trabajan duramente pensando en un futuro mejor, que nunca llega.

      Supuesto científico

      Prácticamente ya se ha mencionado hasta aquí lo que de Ciencia-Ficción tiene esta obra cinematográfica: especulación sobre un futuro distópico y la posibilidad de construir seres artificiales enormemente avanzados, con similares o superiores capacidades al ser humano, pero con un límite de duración que expresaría cierto temor de los fabricantes hacía sus creaciones. A partir de aquí estos elementos son utilizados para explorar las consecuencias éticas y filosóficas, con un resultado inolvidable.

      Conclusiones

      En mi opinión, la importancia de esta obra se debe más al buen hacer artístico y cinematográfico que su contenido de Ciencia-Ficción, al suponer un paso importante en la postmodernidad definiendo gran parte de las estéticas y contenidos filosóficos de la producción cinematográfica de los años venideros prácticamente hasta nuestros días. De forma distinta a por ejemplo 2001: Una Odisea del Espacio (Stanley Kubrick, 1968), que causo otro hito no tanto cinematográficamente como en el genero al que pertenece plenamente. Los problemas de estabilidad emocional de su autor Philip K. Dick, hicieron seguramente que sus obras tendiesen más hacia estos terrenos angustiosos y desesperanzados haciéndose preguntas existenciales y filosóficas, personalmente creo que descuidando la parte de Ciencia-Ficción.

      Pero no me entiendan mal. El cine y este género fueron algo distinto a partir desde que los espectadores pudimos contemplar esta obra de arte. La he visto varias veces con la misma emoción que la primera y no dudaría en visionar de nuevo con sumo gusto una película que marcó toda una época y que aún hoy en día, muestra su influencia.
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