image El fenómeno del superhéroe se asocia normalmente con el mundo del cómic moderno, y todo parece indicar que este medio es el principal entorno en donde se desarrolló y en donde se desenvuelve habitualmente. Sin embargo, cada vez son más las adaptaciones a la gran pantalla de estos estrambóticos personajes enfundados en sus coloridas mallas, y parece que esta tendencia no solo no va a cambiar, sino que va a ser este medio audiovisual el causante de un renacer de la mayoría de los clásicos personajes de los comic-books.
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Desde hace no mucho que varios entusiastas de la ciencia-ficción y relacionados, compartimos un nuevo proyecto sobre esta nuestra gran afición. Su nombre es Planetas Prohibidos .
Imagen de cabecera del nuevo portal de Ciencia-Ficción
Planeta Prohibido (la película de Fred M. Wilcox de 1956), está considerado un clásico cinematográfico del género de la Ciencia Ficción por varios motivos. El principal de ellos es que se trata de la primera obra de este medio de difusión tan importante, en el que son los seres humanos los que viajan a través de magnificas naves voladoras en lugar de peligrosos alienigenas deseosos de invadir la Tierra.
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GalácticaEl «Capitan Apolo» en una escena de la fallida «The second coming»
y Stargate poseen un nexo común que consiste en el uso de mitos relacionados con la fabulosa civilización Egipcia para construir la base de su universo imaginario. La sorprendente perfección de las pirámides, sus misteriosas propiedades, así como las dudas sobre la capacidad tecnológica de aquella época para construirlas, han llevado a algunas mentes —las más calenturientas llegan a créeselo— a especular sobre la posibilidad de que una expedición extraterrestre haya visitado la tierra anteriormente, dejando tras su paso vestigios tecnológicos de su cultura. Misterios relacionados en las civilizaciones precolombinas, o el famoso mito de la Atlántida, son también usados de forma similar hasta el punto de que la leyenda de la ciudad sumergida ha sido el motivo para la realización de toda una serie paralela o Spin-Off: Stargate Atlantis.
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Uno de los aspectos mas controvertidos de la tendencia cinematográfica reciente considerada una «revolución», es el llamado «3D». De momento, lo que más ha revolucionado ha sido a algunas productoras que se están preparando para ello o que han cambiado in extremis y con calzador a algunos de sus trabajos para esta tecnología, a consecuencia del éxito de Avatar.

El 3D «revolucionario»

«Lluvia de albondigas», otra de tantas de animación en 3D, lo 1º con lo que se atrevieron antes que con imágen real
Lluvia de albóndigas
Ahora bien, ¿donde está la supuesta nueva tecnología revolucionaria? ¿dónde está ese 3D necesario para un trabajo que según Cameron «ha estado desarrollando durante años hasta que hubiera la tecnología suficiente»? ¿es el mismo que para hacer «UP» o «Lluvia de albóndigas»? Por increíble que parezca, cara al espectador es el mismo, así que ¿cuál es la novedad?
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Figura de los premios «Razzies» a las peores películas, pero que a pesar de todo, puede valer la pena ver antes que otras cosas peores, aunque estas no se asuman como tales. Es mejor ver cine, leer un libro o cualquier otra forma de expresión artística, por mediocres que sean las obras, que no hacerlo en absoluto. Existen formas mucho peores de perder el tiempo, sobre todo con ciertos programas de «debate» o deportivos que no añaden nada o peor aun, fomentan lo peor que llevamos dentro.

En el caso del deporte podría ser distinto, pero las competiciones están tan adulteradas, las instituciones son tan parciales, y —en la mayoría de los casos— la educación deportiva tan inexistente, que acaban destrozando su misma esencia. En definitiva, cualquier manifestación artística puede aportar algo de valor, unas más que otras, pero salvo algunas excepciones —llevadas al extremo—, el arte es siempre positivo.

Portada de la magnífica saga de Jack Vance llamada «Planeta de la aventura», todo un progidio de imaginación y emoción maravillosas, y pura aventura, como solo Vance es capaz de lograr.También pienso que no es recomendable el ansia por destripar el final de una película —por ejemplo— antes de que éste llegue. Para valorar un producto acabado —positiva o negativamente— se ha ver tal y como al guionista, director, productor, o cualquier otro responsable de su autoría final, decidieran en su día mostrarlo.

El sentido de la maravilla, o la capacidad de dejarse llevar por la imaginación, extasiándose por lo que dicho viaje nos muestra y sin reparar en detalles minuciosos, buscando deslices, errores o afanándose por adivinar el final especulando sobre múltiples de ellos, es fundamental en mi parecer para la ciencia-ficción, y en general para el disfrute de una obra. Aquellos que pasan tardes enteras pasando fotograma a fotograma una película para buscar el detalle, la anécdota, el error, el desliz, bien sea en el propio hacer cinematográfico o en el supuesto deber de la pulcritud científica, creo que poseen esta capacidad sensorial algo trastocada. Por supuesto que esto no significa pasar por alto cualquier error científico o argumental, pero en cualquier caso debería primar el disfrute. Dejarse llevar por la sensación que el autor decidió en su día evocar en el espectador o lector con su creación, o mejor aún, con aquellas que toda obra con el paso del tiempo, pueda llegar a adquirir y producir en nosotros.


Artículo publicado posteriormente en El Sitio de ciencia-ficción el 28 de septiembre de 2014
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«2001: una odisea espacial», que destaca especialmente por su precisión científicaEste es, en realidad, un artículo reivindicativo, ya que parece que señalar a la ciencia ficción sobre los errores que supuestamente comete es un acto de regocijo extendido, presumiblemente en aquellas gentes que no deben tener a este género entre sus preferidos. Por si los lectores no lo han notado, yo sí que le tengo cierto cariño, por lo que no solo por hacer un poco de justo balance, sino también de simple justicia, él título trata de lo contrario: los aciertos.

Es como si existiera una convicción general entre los ajenos al género, de que los escritores de ciencia-ficción tienen la obligación de acertar en sus especulaciones, como si fuera esta su intención, y que de no lograrlo hayan de convertirse en los hazmerreir señalados por el resto. Por supuesto, que todo dependerá del tipo de obra en cuestión, de la intención de sus autores y naturalmente, de la comercialidad que deseen darle.

Esto significa que, como en todas las cosas, no todo lo que es etiquetado dentro de nuestro preciado género es digno de la misma consideración y, por lo tanto, no han de pagar justos por pecadores salvo que precisamente se trate de eso, de aprovecharse de las cuestionables practicas de algunos o de las necesidades comerciales de otros o, incluso de ambas, para meterse con el género al completo.

Puede parecer contradictorio defender una ciencia-ficción —caracterizada como tal por, precisamente, guardar cierta pulcritud científica— y al, mismo tiempo, permitir que dentro de ésta puedan coexistir una gran variedad de obras que no siguen la misma tónica. Bien, pues me temo que esto es lo que hay, por una parte debido a que la ciencia ficción es un género con límites difusos y en ocasiones complicados y, por otro, porque una obra no tiene porqué definirse como perteneciente a un solo género, ni un autor tiene porqué verse limitado por convencionalismos a la hora de expresar sus ideas, que es en el fondo de lo que se trata. Como tantas otras cosas en la vida, el resultado será bueno o malo en función de muchas variables y gustos, independientemente del género o géneros a los que pertenezca.

Todo este aparente caos existente alrededor de la ciencia-ficción, es con gran probabilidad el causante de que bien por ignorancia, o directamente por intenciones nada honestas la ciencia-ficción sea objeto de mofa, escarnio y todo tipo de ridiculizaciones. Y si hay algún subgénero que sea objeto especial de estas burlas y difamaciones es el de la Space Opera.

La «Ópera Espacial»

Cartel cutre de una Space Opera genérica La Space Opera podría considerarse como todo un genero por si misma independiente del que normalmente la incluye, hasta el punto de que podrían encuadrarse junto a ella otro tipo de obras corales como El Señor de los Anillos, celebre saga con la que en ocasiones se compara para evidenciar la falta de rigor científico de la primera. Es por esto que escoger a la «ópera espacial» como objeto de la ridiculización del género es elegirlo claramente como cabeza de turco.

Sin embargo, como veremos, muchos de los errores científicos que se le atribuyen, no solo no lo son, sino que son consecuencia de la desgana o incompetencia de nada más y nada menos de los traductores de aquellos países en donde precisamente la ciencia no es su principal virtud. Por lo tanto, admitiendo que la precisión científica no era desde luego la principal intención de George Lucas cuando ideó su famosa saga «de las galaxias», hay que caer bajo para resaltar sus supuestos defectos y no darse cuenta de la creación de una nueva mitología que ha calado profundamente en la sociedad (...luke, soy tu padre…) y una nueva forma de entender el cine y la ciencia-ficción. Podrá gustarnos o no, pero se puede decir que su autor logró su objetivo con creces.

Y ahora veremos como a pesar de todo, la ciencia no es ignorada en la Space Opera, motivo por el cual ocupa un lugar entrañable y especial, en el género de la ciencia-ficción.

El sable «láser»

Esquema  de una «espada de luz»
El sable de luz (light saber en su idioma original) es una de una de las más famosas armas que se relacionan con la ciencia-ficción. Por motivos sobre los que especularemos más adelante, se decidió en su día llamar a esta arma ficticia de forma completamente ajena a la original. 

No es un «láser(1) » lo que sale de la espada, sino un haz de plasma, concepto que deben suponer los artífices de la traducción que el público hispano ignora qué es, por lo que les da igual que ni sean parecidos ni tengan nada que ver. El láser es una técnica de emisión de luz conocida y real, mientras que el plasma es el estado de la materia que se encuentra en las estrellas, como consecuencia de la altísima temperatura a la que está sometida el gas, debido a la enorme presión gravitatoria. También es real, no es ciencia-ficción su existencia, sino ciencia pura y dura. En la Tierra, se consigue mediante los reactores de fusión y, para lograr un reactor del tamaño de una empuñadura, haría falta conocer el mito de la fusión fría, lo que  evidentemente  de momento, si que es ciencia-ficción.

Disparos «láser»

Pistola blaster dh 17 1 De nuevo, el mismo error. Error que propicia la burla de los que, atendiendo al uso habitual más extendido pero no el único, profieren al ver esos «pedacitos» de luz alargados, cuyas trayectorias se observan perfectamente y que jamás se pueden corresponder con un láser. Ni en la ciencia-ficción ni en la space opera. Parece que los traductores velan por mantener a buen recaudo nuestra mente de conceptos extraños venidos de allende las fronteras, simplificando y retorciendo títulos hasta hacerles perder su significado original. Justo lo contrario de lo que se supone que es traducir.

Las armas utilizadas en Star Wars no son «armas láser(2)», o al menos, no son las únicas. Lo más común en este universo imaginado por George Lucas, y en otras creaciones, son los «Blaster(3)», que son, en efecto, armas que disparan trozos de materia en forma de plasma incandescente, acelerado presumiblemente de forma magnética. La ciencia-ficción consiste, como se ha explicado, en que no existe ninguna forma de producir dicho plasma en esas condiciones.

Y sus disparos, en caso de existir dichas armas, tendrían seguramente la misma apariencia que los disparos que observamos en la gran pantalla. Todo un acierto de la ciencia-ficción.

Sonido en el vacío

¿Realmente alguien cree que los productores, guionistas, etc., del cine, no saben que en el vacío no se transmite el sonido? ¿alguien piensa que se pretende defender lo contrario, en estas películas? ¿creen los científicos de los EUA, que en Hollywood han de aprender física para saber cosas de este tipo?

Me van a permitir los lectores que filosofe un poco y les recuerde el famoso Kōan en el que se plantea la cuestión de ¿qué clase de sonido produce una hoja que cae en un bosque y nadie la oye?. Discusión filosófica que aseguraría desconocen estos físicos puristas así como otros tantos alegres detractores de la ciencia-ficción. No, en el vacío no se transmite el sonido, pero lo que hay dentro de las naves espaciales no es vacío, y la gente de su interior a buen seguro que «oye», lo que les está ocurriendo.

«Apoteosica» explosión en el espacio (imágen extraida de «La Amenaza Fantasma») Por el mismo motivo, si explota un planeta, la Estrella de la muerte, o cualquiera de las naves espaciales mencionadas tan habituales en las películas del género, todos sus componentes salen despedidos así como la atmosfera que estaban respirando, «llenando» el vacio circundante. Por lo tanto, si un espectador (uno imaginario en la escena, no el espectador del cine, claro) es alcanzado por esa «onda» expansiva y golpea el casco de su transporte, a buen seguro que oirá algo.

Vale que los productores cinematográficos no se habrán planteado tampoco todas estas precisiones, pero de ahí a pretender que en una película de aventuras, acción y romanticismo, como son las space opera(s), se desarrolle una batalla espacial con música clásica de fondo como en 2001: una odisea del espacio, parece una broma. Aunque todo es ciencia-ficción, no son lo mismo. 

El método de propulsión

Caza (Starfighter) X-Wing surcando el espacio Recuerdo aquellas tardes que pasaba jugando al X-Wing, un juego para MS-DOS de simulación de combate espacial. Resultaba curioso cómo las naves se paraban totalmente al reducir el trhuster, como clavadas en el vacío espacial e ignorando las leyes de la física y la inercia correspondiente. Esto ha sido y es motivo de risa en ciertos ambientes, y cierto es que en esta saga no es explicado debidamente este efecto.

En la wiki del universo expandido, sin embargo, hablan de cierto artilugio incluido en los transportes espaciales de Star Wars al menos en el famoso caza en forma de X llamado «Etheric rudder» (timón etérico). Su principio de funcionamiento no es explicado, pero en el ámbito de la ciencia-ficción existe desde hace mucho tiempo una explicación, totalmente imaginaria por supuesto, a esta forma de navegar por el «éter» del continuo espacio-tiempo cual de navíos surcando los mares se tratase: los motores gravitacionales.

Desde los platillos volantes de toda la vida, hasta en el universo del celebre juego de ordenador StarCraft, pasando por Baylon 5, se trata de algo habitual. Sobre este asunto, existen otras producciones mucho más valoradas, consideradas «de culto» y menos criticadas en este sentido como Blade Runner, en las que tampoco se explica como flotan los coches y por lo visto no pasa nada.

Conclusión

La buena ciencia-ficción ha de ser precisa desde el punto de vista del método científico —aunque sea una ciencia ficticia—, y debe explicar de forma transparente al lector o al espectador, las concesiones que se realizan y cómo es la supuesta solución adoptada. 

Por lo tanto, lo que está claro es que en la ciencia-ficción se vulneran conscientemente algunos detalles de la física, pero esto no significa que sean un «error». Las concesiones científicas han de ser posibles de una manera hipotética. Es decir, aunque a la luz de la ciencia actual, o del momento en el que se crea una obra, no sea factible realizarlo —o no exista manera de conocer su viabilidad—, puedan serlo con mayor o menor probabilidad en el futuro. Dentro de estos márgenes hay un amplísimo espectro de posibilidades ya que, aunque los avances actuales son importantes, todavía queda mucho camino.

Es un error la falta de coherencia dentro de la obra, pero esto atañe a toda obra intelectual. En la ciencia-ficción se hace más complicado ya que al no conocer los alcances de alterar los parámetros del universo conocido, han de ser extrapolados —lo que entraña riesgos—. Sería una «mala» práctica —o al menos una práctica que supondría alejarse de una ciencia-ficción más «precisa»—, no explicar de alguna forma los supuestos científicos utilizados, aunque el no hacerlo no implica que no exista alguna hipotética y posible explicación. Hablar en estos casos de «errores científicos» es apresurado.

Por otro lado, dentro del mismo género o tocando varios de ellos, puede haber obras destacables en un sentido general, por la idea que transmiten o por la forma de representarlas, quedando en segundo lugar la precisión científica. Normalmente, la intención de escritores, guionistas y productores sobre este tema es evidente desde un primer momento, no obstante, las discusiones parecen no cesar nunca.

Caso aparte es cuando se argumenta que en Matrix (un universo cibernético virtual cuyas leyes físicas están a expensas de modificar o hackear el código fuente que las origina) se ignora la inercia, o incluir a Torrente 2 o Misión: imposible, dentro de la categoría de ciencia-ficción, es sencillamente no tener ni idea de lo que se está viendo. 

Julio Verne y sus ¿predicciones o simplemente, aciertos? Y ya por último, un merecido homenaje al genio francés Julio Verne el cuál, como el resto de los mortales, no estaba exento del error y alguno cometió a lo largo de su carrera literaria (suponiendo que pueda considerarse error a no predecir los avances de la ciencia en los años venideros pertrechado únicamente con un papel, una pluma, y su imaginación). Desde el punto de vista de la ciencia y suponiendo que su intención fuera predecir algo y no simplemente dar rienda suelta a dicha imaginación y entretener por encima de otras cosas, lo cierto es que la sorprendente cantidad de predicciones acertadas que este escritor, padre de la ciencia-ficción, acumula, bien debería recordarla algún que otro critico burlón de la ciencia-ficción.

Fuentes


Enlaces relacionados

(1) He tenido que modificar yo mismo la Wikipedia, ya que allí se cometía el mismo error en la constitución del haz que proyecta el sable de luz, para hacerla coincidir con su homóloga en inglés
(2) En honor a la verdad, los cañones del X-Wing son por lo general identificados como «Laser cannons», aunque referidos a la forma de crear el plasma, por calentamineto por láser.
(3) La definición de blaster en la Wikipedia en español es inexistente ¿alguien se anima?

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Logo de «Plutón vervenero», una parodia y ridiculización del género, perpetrada en España

Si
nos guiamos por los horarios a las que son relegadas algunas series de ciencia-ficción en los horarios televisivos, o a la escasa cantidad de producciones propias de este género —que vendría a indicar lo poco que se invierte en él— se puede llegar a la conclusión de que la ciencia-ficción en España no suele ser merecedora de la atención de los medios de comunicación y grandes productoras. 

Leer más...
galactica_1978Durante la época en la que surgió Galáctica (Glen A. Larson, 1978), el mundo de la ciencia-ficción y gran parte del cinematográfico, se encontraba experimentando el resultado de toda una revolución cultural. El nombre de este fenómeno se llamaba La Guerra de las Galaxias, o Star Wars (George Lucas, 1977)

Esta revolución cultural modificó sustancialmente los parámetros habituales con los que el género de la ciencia-ficción era entendido por el gran publico, circunstancia que había sido iniciada por la famosa serie de televisión de los años 60, Star Trek (Gene Roddenberry, 1966). Unos efectos especiales innovadores para la época, al servicio de una historia que, a pesar de ser absolutamente clásica (princesas, héroes, imperios del mal, «fuerzas» y monjes caballeros que las manejan, etc.) no había sido importada hasta ese momento a una película de estas características, y que crearon el subgénero de la ciencia-ficción de la space-opera. Además, se logró definitivamente lo que otras producciones no alcanzaron: convertir la ciencia-ficción en un fenómeno de masas, expandir el universo imaginado en la obra hasta límites insospechados, y dar pie a lo que se le vendría a llamar franquicias cinematográficas.

En esta coyuntura y dado el éxito de esta fórmula, no es de extrañar que comenzaran a surgir imitaciones. Tal vez la primera de ellas es de la que trata este artículo.
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