Fuente: ¿como actuaría
Batman frente al
movimiento Occupy?
El estreno en la gran pantalla de la tercera parte de la trilogía de Batman ha suscitado algunos comentarios y artículos por parte de personas de ambos lados del océano, que han querido ver una carga crítica e incluso difamatoria de la película hacia el movimiento Occupy Wall Street —el equivalente norteamericano del 15M español—. Me ha parecido relevante por cómo la coyuntura política puede influir a la hora de percibir el mensaje de una película, la cuál estoy bastante seguro que de haberse estrenado en otro momento no habría ocasionado estas reacciones. Por este motivo he decidido compartir mi impresión sobre el tema, y pienso que muchos de estos comentarios críticos son debidos a algunas aparentes analogías.
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Batman adquirió en la década de los 80 el aire oscuro y trágico que actualmente refleja, alejándolo de aquellas operetas algo absurdas e incluso ridículas en ocasiones, que la pareja de Batman y Robin protagonizó en los 60. Uno de los responsables de esta renovación es el reconocido dibujante y guionista de cómics Frank Miller. Se dice que Christofer Nolan se basó para la tercera parte de su trilogía (The Dark Night Rises), en el cómic The Dark Night Returns de dicho autor, entre otros. Aunque ignoro si el director deseó plasmar en ella la posición ideológica del famoso dibujante y guionista, ésta ha sorprendido en cierta medida, sino por su color, si por su dureza. Este señor calificó de la siguiente manera al conocido movimiento Ocuppy Wall Street norteamericano:
"Occupy" no es más que una manada de borrachos, ladrones y violadores, una multitud ingobernable, alimentada por la nostalgia de la era de Woodstock y falsa justicia podrida. Estos payasos no puede hacer nada sino dañar a Estados Unidos.

No obstante, según las mismas fuentes, otro de los autores en los que Nolan se ha basado, en este caso para la segunda parte (The Dark Night), es el también guionista Alan Moore —de su cómic The Killing Joke— con un prestigio equivalente o mayor incluso que Miller. En este caso, Moore destaca por ser opuesto en cuando a su opinión —y por lo visto, bastante más moderado—:
“Occupy es sólo gente recuperando los derechos que siempre debieron ser suyos”

[Atención: contiene «spoilers»]

Batman: la leyenda renace

Esta tercera entrega partía con la misión de cerrar el ciclo del héroe y dejarlo convertido en una leyenda sobre la que pudieran derivarse las conocidas historietas de los cómics. Lo consigue, aunque con demasiados giros forzados e incómodas incertidumbres:

  • La caída y posterior ascensión del mito heroico se intenta articular a través de una «caída en un pozo» y posterior salida del mismo, el cuál es una prisión de lo más peculiar —obviamente, su significado es simbólico—. Hay que añadir la «milagrosa» curación de la pierna, que hasta ese momento le hacía andar en bastón o con un arnés especial.
  • Bane pasa de ser un aspirante a villano digno sucesor del Joker, a convertirse en un pelele una vez se conoce la verdadera condición de la ultra-ecologista Miranda. Si bien esto es admisible, no deja de parecer un desperdicio.
  • El final de la película recuerda al bucólico final-pegote de la primera versión de Blade Runner, por estar rodeado de extrañas incógnitas sin resolver, que no acaban de cuadrar con el resto del metraje.

En definitiva, para tratarse de una película de súper-héroes el resultado es digno y estéticamente más fiel al cómic. El problema lo tienen —tenemos— los que la comparan con la segunda parte, que esperaban una continuación de su coherencia y realismo.

La carga política

Obama -  The Joker
Es admisible que una obra refleje la orientación ideológica de los creadores y responsables que hay detrás de ella. Lo denunciable es que lo hagan de forma engañosa o parcial, pretendiendo llevar a cierto terreno al espectador. Es decir, de manipularle. A grandes rasgos las orientaciones ideológicas existen de forma similar a como existen las religiones: si fuera posible refutarlas no existirían. Entran en el terreno de lo no falsable. Personalmente no creo que exista ninguna ideología que suponga la solución a todos los males de la Humanidad. Para empezar, porque nuestro principal mal somos nosotros mismos. Por tanto, todas la ideologías pueden tener presupuestos válidos, siendo en su aplicación práctica cuando comienzan a salir los problemas. Aquí es cuando el dogma ideológico y su falta de objetividad comienza a aflorar y estos problemas se ignoran. A esto se le añaden vicios típicos como el maniqueísmo y la manía de simplificarlo todo a un «o conmigo o contra mi». Cuando esto confluye, se sobreviene el enfrentamiento en interminables discusiones de besugos.

Para analizar la carga política de Batman hay que tener en cuenta pues estos dos factores: uno), si nos molesta o no el mensaje y dos), en caso de que nos moleste, si lo hace por no coincidir con nuestro parecer particular o en cambio, por ser un mensaje confuso, incoherente o engañoso. Antes de hacer ninguna apreciación precipitada, lo más acertado parece que es partir de la opinión de los propios responsables. Nolan ha afirmado que no se ha pretendido utilizar la película para la crítica hacia ningún grupo concreto —la traducción es mía—:
He tenido numerosas conversaciones con personas que han visto la película al revés. (...) Planteamos un montón de preguntas interesantes y las dejamos en el aire, simplemente como telón de fondo. Lo que realmente estamos tratando de hacer es mostrar las grietas de la sociedad, mostrar los conflictos en los que alguien podría incidir para dividirla. Se pueden obtener interpretaciones muy diferentes de lo que la película está apoyando o dejando de hacer, pero no se trata de nada de eso. Se trata simplemente de contar una historia. Si usted me dice: "¿Ha hecho una película con la intención de ser crítica con el movimiento Occupy Wall Street?" - Bueno, obviamente, eso no es cierto.  

Chistopher Nolan (declaraciones a la revista Rolling Stone)

Lo que ocurre es exactamente eso: se trata de contar una historia con determinadas conexiones con la actualidad, para una mejor identificación del espectador, ni más ni menos.  Puede resultar interesante buscar algún tipo de mensaje político el cuál, sea intencionado o no, puede existir. Batman ha pasado del puro y simple entretenimiento, a lograr despertar en la sociedad reacciones más viscerales. Tal vez demasiado.

(continúa en Ocuppy Gotham)


Publicado posteriormente en Planetas Prohibidos el 30 de septiembre de 2012
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"Los Vengadores" originales. O casi.En artículos anteriores analizaba la por aquel entonces incipiente "fiebre" de adaptaciones de superhéroes al cine. Quedaba por venir desde entonces, si no recuerdo mal: Batman: el caballero oscuroIron Man 2, Linterna Verde, Capitán América, Thor; dentro de poco los reinicios de Spiderman y Superman, y por supuesto, Los Vengadores.

Decía en aquellos momentos que el género de los superhéroes no estaba viviendo unos buenos momentos, citando como principal evidencia la compra de una compañía insignia de este género como (¿sigue siendo?) MARVEL, por otra de características tan peculiares como la Disney, especializadas en aprovecharse de el público infantil. Esta situación no parecía presagiar nada bueno.

Sin embargo, el gran éxito que merecidamente está cosechando en los cines esta adaptación del famoso grupo de superhéroes  (que cumplirá nada más y nada menos que 49 años en septiembre), y la euforia de los que llevan tanto tiempo esperando una adaptación de características épicas como la mencionada, puede hacer pensar que el genero de superhéroes tiene para rato. Probablemente sea así, pero antes de lanzar las campanas al vuelo, pensemos detenidamente.

Que una idea que surgió hace 50 años sea lo que ahora esté triunfando en las grandes salas comerciales, no es tan buena noticia. No estoy seguro que lo sea ni para el propio género de los superhéroes. Es más bien una constatación de varias cosas:

  • Cambio de modelo o inversión: el paso hacia las series de TV del peso del esfuerzo creativo que hasta ahora era característico del cine, mientras que en este medio se suceden las precuelas, secuelas y "spin-offs" de personajes y temas provenientes de otros ámbitos, "serializándose" en las grandes pantallas definitivamente la practica totalidad de los éxitos.
  • Cura paliativa temporal para los superhéroes: que se estén reviviendo en las grandes pantallas ideas de hace medio siglo, es un "balón de oxigeno" que de momento, no hace otra cosa que retrasar el "momento final" en donde habrá que hacer frente a "la crisis".
  • Rescritura al son de las necesidades comerciales de taquilla de las principales señas de identidad de las más famosas sagas de superhéroes de cómics, que incapaces de evolucionar, han de depender de los éxitos comerciales cinematográficos más que en el propio atractivo.

Por otro lado, es una forma de que las nuevas generaciones disfruten de este género. Los hábitos actuales distan seguramente mucho de los que teníamos hace 40 años, época en la cual nos teníamos que contentar con el "esfuerzo de leer" tebeos, y alguna que otra serie de tv. En este sentido, está por ver si en esta época de crisis, la justificación sociológica que siempre han tenido los héroes mitológicos desde que existe la Humanidad, encuentra en esta moda una salida adecuada. Si me perdonan los lectores que me autocite, me gustaría recordar lo que comentaba hace año y medio, allá por diciembre de 2010:
Vivimos una nueva era del género súper-heroico, que tal vez sea la última. Queda ver cuando se agotará definitivamente su uso comercial y el actual culto al héroe pase de nuevo al olvido (...) Cuando llegue un Quijote que los desmitifique definitivamente significará que el mundo a nuestro alrededor estará cambiando y ya no los necesita. De no ser así, a buen seguro que otro tipo de héroes los sustituirá.


Lo dicho. Veremos que viene tras Los Vengadores cuando su tirón comercial no sea el mismo. Veremos qué héroes los sustituyen si somos capaces de crear unos nuevos, o se deberán reversionear los mismos. Todo esto por supuesto, si dentro de unos años los seguimos necesitando.



Artículo publicado originalmente en el blog Planetas Prohibidos el 1 de mayo de 2012
Artículo publicado posteriormente en El Sitio de ciencia-ficción el 5 de mayo de 2013
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Para no heredar continuamente la deuda que necesariamente se contrae cuando decides llamar a un blog de igual forma que un libro, como en este caso, he decidido cambiar el nombre del mismo por el que pueden comprobar en la cabecera: Al final de la eternidad.

El resto de direcciones, canales de suscripción, etc, queda exactamente igual. No he cambiado a otro nombre más diferente, para poder continuar con el resto de configuraciones como hasta ahora.

El homenaje y la inspiración (obviamente), continúan recayendo en la misma obra de Isaac Asimov. El resto trata, como siempre, de la ciencia-ficción. 

Espero que les guste.


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image Las diferencias que a la luz de la ciencia actual existen entre una máquina inteligente (o que pretenda serlo) y un ser humano, parece que van a existir durante mucho tiempo, hasta que se produzca el descubrimiento de alguna nueva técnica de construcción y programación de ordenadores completamente distinta de la actual, y aún por conocer.
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Es innegable la influencia que Blade Runner (BR) ha tenido en la cinematografía posterior y en una buena parte de la ciencia-ficción. La postmodernidad y el ciberpunk, comparten con ella su estética y cierto mensaje pesimista. Sobre este aspecto, cada autor tiene libertad a la hora de escoger el ambiente y el mensaje que desea transmitir. La misma que tenemos los aficionados y seguidores para decir lo que pensamos.

La verosimilitud 

El mundo que se nos presenta en BR es decadente hasta el punto de que todos los que aparecen en la obra son cómplices de la situación o victimas más o menos inconscientes del sistema. Nadie parece que pueda ofrecer alguna alternativa a la deprimente y generalizada situación de Los Ángeles, en el año 2019 —una característica común a todo el género del ciberpunk: un regodeo en la decadente forma en la que la especie humana hace uso de la tecnología— ¿Es realista hacer una total extrapolación hacia el lado más pesimista, o es en definitiva, tendencioso y poco verosímil?.

Los ajenos al género creen que en la ciencia-ficción «vale todo», ya que es «fantasía». Mucho se ha hablado de este tema y sería demasiado largo hacerlo ahora, pero los más veteranos del género saben que no es así. Mientras que la fantasía se preocupa de poco más que de la estética —literaria o visual—, en la ciencia-ficción suelen haber ciertos límites a la hora de escoger los elementos que van a formar escenario y personajes. La solución escogida puede condicionar el resto de la historia, sobre todo si surge como resultado de hacer la pregunta ¿Qué pasaría si...? —el famoso What If...? de la ciencia-ficción anglosajona—. En el ciberpunk, sin embargo, hay más preocupación por el mensaje que por el entramado de la historia. En este genero es más importante el resultado, que el camino que ha conducido a él. Hay quien piensa que por estos motivos se aleja de la ciencia-ficción tradicional, constituyéndose como un ámbito cultural independiente.

La parcialidad

Philip K. Dick se entusiasmó al ver un primer pase de Blade RunnerAunque los héroes no son más que mitos, en determinadas situaciones un individuo puede manifestar actitudes que le conviertan en uno de ellos. Tampoco se ha de pasar por alto la inevitable existencia de grupos de activismo que se oponen por unos motivos u otros a la situación imperante. Algunas veces, cuando lo peor está por llegar, puede acabar saliendo algo de nuestro interior que haga mantener la esperanza en la especie Humana. Nada de esto se vislumbra en BR, quedando empapada de un derrotismo irreal y enfermizo. Aunque es una adaptación libre de la novela Sueñan los androides con ovejas eléctricas(Philip K. Dick, 1968), parece que quedó contagiada de la habitual depresión que su autor volcaba en sus obras —el propio autor la elogió excepcionalmente en un pase privado poco antes de su fallecimiento—.

Es parcial, al mostrar sólo aquellas facetas que interesan, ignorando otras cuya inexistencia crea lagunas de complicada explicación. De ser como parece deliberado, confirmaría que ha primado el mensaje, supeditando el resto de factores a su exposición. De nuevo, se aleja de una de las señas de la ciencia-ficción más purista, en la que la correcta descripción del entorno es un requisito fundamental, tan importante como la propia historia.

Guión trampa

Suelen acudir a blogs y foros de debate, lectores interesados en cuestiones de tipo filosófico presentes en BR. En esta película se plantean algunas de las más relevantes cuestiones filosóficas que atañen al ser humano. Claro que el mero hecho de plantearlas no es un mérito realmente. Esto es habitual en muchas obras, no sólo de ciencia-ficción. Lo bueno de BR sería la forma de hacerlo —abusando de las posibilidades del género para poder mostrar una visión determinada de la realidad sin estar sujeta a sus limitaciones— si no fuera porque su parcialidad y sus lagunas intencionadas dan a entender que en alguna parte de la película, se esconden respuestas a las dudas existenciales que atormentan al género humano. Estas por supuesto, no existen, llevando su ausencia a los aficionados a perderse en un mar de dudas y confusión filosóficas, pudiendo ser tan nocivas como si de errores se tratase.

Por añadidura, las diferencias entre director y productores ocasionaron una serie de revisiones en el guión que tuvieron como consecuencia una primera versión de la película con incongruencias importantes —como el bucólico final-pegote—. Posteriormente, Ridley Scott publicó su versión «corregida», pero ya era tarde: una multitud de aficionados ya había especulado todo lo especulable sobre la primera versión, sin saber dónde se estaban metiendo. La aparición posterior de la versión del director, trajo la división y el descontento a muchos aficionados, que preferían la primera o continuaban confundidos al tener que reparar en detalles de la película como fotografías dejadas caer, unicornios oníricos, o misteriosos destellos en los ojos, para encontrar una explicación satisfactoria que en el mejor de los casos, aún resulta bastante rebuscada.

La coherencia interna

Aceptemos de partida que la solución que el director muestra en su versión es coherente en última instancia. Admitiendo que la intención original era la de presentar a Deckard como un replicante, victima y esclavo inconsciente de un sistema endiablado para mantener el orden, quedaría el argumento base de la siguiente manera:
  • Deckard es un replicante construido para poder retirar a otros replicantes, y ahorrarse la tediosa faena.
  • Para poder dedicarse a ella sin remordimientos, Deckard no debe conocer su verdadera condición.
  • Para ello, le han de dotar de recuerdos, como Rachel, para ser prácticamente indistinguibles de un ser humano al tener empatía.
  • Adicionalmente, le han de retirar fuerza física, ya que de lo contrario se evidenciaría su condición de replicante.

Sin embargo, esto presenta varios inconvenientes:
  • La fuerza física. La supuesta solución parte de entrada con una debilidad, frente al problema que ha de resolver.
  • La programación. La cuestión de cómo se les programa a los replicantes se deja en el aire para no entorpecer la historia, en detrimento de la construcción de un escenario sujeto con alfileres.
Deckard, pasándolas canutas en la cornisa de un edificio
Aunque se puede suponer que la debilidad inicial es un handicap que atañe exclusivamente al Blade Runner —el cuál no es más que carne de cañón que puede ser sustituido— no deja de ser una solución poco eficiente. La ausencia de explicación sobre la programación de los replicantes, lugar y momento en el que se deberían haber hecho las correcciones necesarias para evitar los problemas posteriores, es una carencia que en una obra de ciencia-ficción como tal tiene menos justificación.

Si bien esta situación tenía su razón de ser en la novela de Mary Shelley (Frankenstein o el moderno Prometeo, 1818) al ser producto aislado de un desequilibrado, en este caso resulta inverosímil pensar en el cúmulo de despropósitos que se han tenido que dar para que toda la Humanidad se aboque al absurdo de fabricar seres humanos artificiales cuya programación no controla, que son extremadamente peligrosos en potencia, prácticamente indistinguibles de un ser humano, y cuya forma de tenerlos a raya es mediante otros humanos artificiales pero con menor capacidad física, engañados y confundidos mentalmente, al borde de la depresión. Asimov lo tenía bastante claro: los humanos no fabricarían entidades a su imagen y semejanza salvo que se tuviera completamente controlado el asunto de su programación.

Si para salvar todo esto se prefiere volver a la opción de considerar a Deckard un humano más, sencillamente ciertos pasajes de la historia no se sostienen, como el misterioso unicornio de papel que Gaff deja en el vestíbulo del apartamento de Deckard , o la enigmática frase pronunciada por el mismo personaje «lastima que ella no pueda vivir, pero ¿quien vive?»

El mensaje

Si bien la trampa en la que la Humanidad se ha metido descrita en la película puede parecer absurda, cierto es que no hay más que echar un vistazo a nuestro alrededor para comprobar como tristemente, el ser humano encamina sus pasos con bastante decisión a situaciones muy similares: «terroristas-replicantes» que caminan junto a personas corrientes, un medioambiente terráqueo que va a peor, «Drones» sobrevolando los cielos, «smartphones», redes de comunicación y tecnología por doquier, mientras nos vemos sumidos en una de las crisis económicas más gigantescas de la Historia, a la cual hemos contribuido todos en alguna medida, y hemos de asistir a escenas en la que gente es desahuciada de sus viviendas, quedando abandonadas.

mercaderes del espacio portadaSi bien la capacidad profética de BR es innegable, no es la única ni la primera obra de ciencia-ficción en este sentido. Mercaderes del espacio (Frederik Pohl-C.M. Kornbluth, 1954) muestra un planeta Tierra dominado por las corporaciones financieras que lo han esquilmado de recursos, mientras existe una brutal división de clases. Tanto los de una clase como los de otra, viven sumidos inconscientemente en un sistema que les lleva irremediablemente a la ruina, necesitando colonizar hasta el mismísimo planeta Venus, un autentico infierno. En esta obra también el autor vuelca en ella cierta inevitable subjetividad, mostrándonos una situación global que no parece tener tampoco remedio. Sin embargo, no se pasa por alto el también conocido dicho de «se puede engañar a algunos todo el tiempo, a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos, todo el tiempo». El trasfondo de ambas obras es un mismo o muy similar mensaje político, pero en BR se le envuelve de excesivas pretensiones filosóficas en temas recurrentes, que le dan una apariencia distinta a la que realmente es: cine político.

En relación a este mensaje, algo bueno que tiene la revisualización de BR a lo largo de los años es que se advierten nuevos matices en función de las experiencias del espectador. Remueve especialmente la forma en la que Deckard va adquiriendo consciencia de su verdadero papel en el sistema. El mensaje de la película es que los replicantes que aparecen en ella representan a los humanos de nuestra vida cotidiana. Especialmente a los simples ciudadanos que han estudiado carreras universitarias sin futuro o llevan trabajando y esforzándose durante años, para ahora comprobar como todo eso no era más que una pequeña pieza de otro plan mayor, que nadie les había contado. Ni habían contado con ellos.

Pero para transmitir este mensaje de critica social o política, se utiliza un formato de ciencia-ficción sin atender su propia ortodoxia, convirtiéndola en una excusa, en lugar de ser el vehículo. Un debate filosófico artificial y deliberadamente confuso, dónde se presenta a los humanos paradójicamente carentes de humanidad, en una reducción al absurdo. Un caos recurrente sin salida, que oscila entre el complejo de Frankestein para los humanos, al de Edipo para los replicantes. Y viceversa.

Conclusión

Mercaderes del espacio es un clásico literario de la ciencia-ficción, pero poco conocido entre el gran público. La película de Ridley Scott está basada en otra obra literaria, aunque mediocre en comparación con la anterior. Sin embargo, ha cosechado una mayor popularidad gracias a que el cine tiene un espectro de masas mucho mayor que la literatura. Su salto a la gran pantalla le ha permitido alcanzar popularidad en círculos a los que no hubiera llegado de quedarse en formato literario, saliéndose de ambos ámbitos para ir al terreno de lo social y político. Aunque no carece de virtudes cinematográficas —por supuesto— el éxito posterior al estreno de esta película no fue tanto por ellas como por lograr contentar a un pujante e influyente sector cultural de ideas políticas coincidentes, relacionado con el ciberpunk que marcaría las décadas posteriores.

Star Trek también influyó en otros ámbitos sociales fuera de su entorno original, trascendiendo de él. Sin embargo, la influencia consistió en este caso en poner la ciencia-ficción como recurso para comprender o superar problemas del momento. En el caso de Blade Runner fue al contrario, politizando la ciencia-ficción y fomentando las tendencias pesimistas que nos han acompañado hasta hoy, ignorando la utilidad inspiradora y motriz de la ciencia-ficción clásica y racional que nos acompañó desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta principios de los años 80, época de la exploración espacial y la Guerra Fría.

Paragüas Star-Wars-Blade-RunnerPor otro lado, un número significativo de seguidores de BR lo son principalmente de esta película, considerando al resto del género como simples comparsas «poco serias» de entretenimiento y evasión En este aspecto en concreto ocurre algo parecido con Star Wars y el género de la space opera: aunque ya se conocía la planet opera —clara precursora de la ópera espacial— esta habría pasado desapercibida si no se hubiera estrenado la trilogía original en el cine. De la misma manera, muchos aficionados de la epopeya galáctica de George Lucas lo son en concreto de Star Wars, ignorando prácticamente el resto de obras más características del género.

Blade Runner es una gran película por la influencia estética y cultural que ha marcado en las décadas posteriores. A esta circunstancia se le añade que es de ciencia-ficción. Pero no significa que sea una «gran película de ciencia-ficción». La prospectiva y la especulación realistas no son explotadas de forma eficiente como en otras obras de este género. Menos aún puede calificarse por tanto como «obra cumbre de la ciencia-ficción», para luego destacar en ella aspectos comunes al arte en general como su contenido filosófico —un adorno barroco y enrevesado—, su critica social —parcial y politizada— o su capacidad profética —llevada a extremos inverosímiles—, mientras que otros aspectos más propios suyos como la coherencia, la verosimilitud o la capacidad inspiradora,  permanecen en un segundo plano o son inexistentes.

Referencias:

Artículo publicado posteriormente en el blog Planetas Prohibidos el 25 de junio de 2012
Artículo publicado posteriormente en El sitio de ciencia-ficción el 12 de noviembre de 2017



[Artículo revisado el 8 de diciembre de 2015. Publicado en su día como contestación al comentario de un amable lector sobre un artículo de Blade Runner (BR), cuya impresión sobre el mismo es que era demasiado «enciclopédico» y deseaba conocer mi opinión de la película. Aunque agradezco a este lector su interés, lo cierto es que las opiniones personales son el último recurso al que hay que acudir. Alguien expresó una vez de forma muy gráfica lo que quiero decir: las opiniones son como los culos: cada uno tiene el suyo]
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La manzana de Newton. O por lo menos, una emparentada.Cuenta la conocida leyenda, que una simple manzana al caer despertó en la mente de uno de los científicos más brillantes de la Historia, tal vez el aspecto de la realidad que más nos influye en todo momento: la fuerza de la gravedad. Esta fuerza de la naturaleza, define sobre nosotros todo el entorno que nos rodea: el planeta sobre el que vivimos, la atmósfera que respiramos, e incluso nuestra forma como especie.

Si deseamos soñar con conquistar el espacio, inevitablemente debemos ser conscientes de hasta qué punto estamos atados a nuestro querido, a la vez que maltratado, planeta. La gravedad es el «cordón umbilical» que de momento, une nuestros destinos al de nuestra «madre» Tierra.

Portada de «2001: Una odisea del espacio»
Esa madurez necesaria o «evolución» de nuestra especie, la mostraron magníficamente Kubric y Clarke en 2001: una odisea del espacio. En esta obra, se muestra inicialmente al ser humano como un niño, que «gatea» en cuanto sale de su entorno «doméstico» terrestre. El famoso Monolito vuelve a dar un empujón a la evolución y convierte al ser humano en una nueva especie, que ya no vive atada a la gravedad. Una criatura «cósmica».

Esta parte de la ciencia-ficción, que especula sobre el sueño de viajar por el universo del ser humano, y que desea hacerlo en términos lo más coherentes con el método científico, ha de pensar en este serio handicap si ha de imaginarse a la especie humana en su forma actual navegando por entre las estrellas. Para ello,  sus autores han debido de imaginar una serie de artefactos movidos por principios físicos alternativos, pero que un día serán necesarios unos parecidos si se desea lograr estas hazañas. El objetivo de algunos de estos artefactos no es otro que el de recrear la fuerza gravitatoria terrestre, de la mejor forma posible.

Para poder comprender cuales son las dificultades a las que se enfrentan los autores de ciencia-ficción, y poder disfrutar de sus obras, es necesario por tanto conocer en primer lugar qué es la fuerza de la gravedad. Si, claro, es la fuerza con la que nos atrae el planeta tierra hacía el, pero ¿de qué forma lo hace?

La Gravedad

(NOTA: todo lo expuesto en este apartado es REAL, salvo que se indique lo contrario)

Las fuerzas que conocemos deben su influencia a lo que se conoce como un «intercambio de partículas». Es decir, dos cuerpos «saben» que están experimentando la influencia mutua de una fuerza gracias a que intercambian una información. Esta no es otra que partículas llamadas genéricamente «cuantos», debido a que fueron definidas gracias a la mecánica cuántica. En función de los tipos de cuerpos y fuerzas que intervienen, estos cuantos reciben un nombre distinto. Las fuerzas fundamentales y sus partículas de intercambio asociadas son las siguientes (fuente: Wikipedia):
  • Fuerza nuclear fuerte: responsable de la unión de los quarks para formar neutrones y protones, y de la unión de estos para formar el núcleo atómico. Las partículas de intercambio que median esta fuerza son los gluones.
  • Fuerza nuclear débil: responsable de la radioactividad, es una interacción repulsiva de corto alcance que actúa sobre los electrones, neutrinos y los quarks. Los bosones W y Z son los que median en esta fuerza.
  • Fuerza electromagnética: actúa sobre las partículas cargadas eléctricamente. El fotón es la partícula de intercambio para esta fuerza.
  • Fuerza gravitacional: actúa sobre todas las partículas con masa. Se postula que hay una partícula de intercambio que se ha denominado gravitón, aunque todavía no se ha podido comprobar. Éste es entre otros, uno de los puntos clave a desvelar en el proyecto LHC.

Como se puede observar, la excepción a lo dicho es precisamente la fuerza gravitatoria, para la cuál se ha postulado con una partícula de intercambio cuya existencia es totalmente hipotética. Es decir, mientras que los principios físicos que explican el funcionamiento de las restantes fuerzas de la naturaleza son conocidos, y que permiten gracias a ello diseñar desde motores eléctricos a reactores nucleares, para la gravedad no tenemos ni pajolera idea. La hipótesis de la existencia del gravitón se debe principalmente, a un «principio de simetría» que se asume en la ciencia. Es decir, si hay una o varias partículas de intercambio en el resto de las fuerzas, para la gravedad se entiende que ha de ser igual, o parecido. Pero no se tiene ninguna prueba de que sea así. El gravitón es tan cierto o poco más, que lo que se postula en muchas de las obras de ciencia-ficción conocidas.

El espacio-tiempo

Gráfico representativo de la alteración que una masa como la Tierra produce en el espacio-tiempo.
Albert Einstein demostró que es posible modelar matemáticamente la gravedad de forma que no se le considera una fuerza, si no que su efecto a larga distancia se debe a que causa una deformación en el espacio-tiempo (Teoría de la relatividad general). ¿Que qué es el espacio-tiempo?, bueno, para ser breve digamos que es el «tapiz» sobre el que está «dibujado» nuestro universo, formado para nosotros por las tres dimensiones geométricas, más la temporal. Continuando con los símiles, se podría decir  que la atracción gravitatoria es debida a una «hendidura» del espacio-tiempo hacia una cuarta dimensión espacial. Nosotros, pobres mortales de tres dimensiones, no podemos escapar de la influencia de esta hendidura. «Caemos» en ella por sujetos que estemos, al sentir su acción. Esta influencia que un cuerpo con masa ejerce sobre otro es continua, lo que hace que se acerquen uno al otro a cada vez mayor velocidad (dependerá de la fuerza con la que cada cuerpo actúe sobre el otro, y esta será mayor cuando menor sea la distancia, y mayor la masa del cuerpo). Esto es lo que se conoce como aceleración. Si se abriera un agujero bajo nuestros pies en la Tierra, a nivel del mar, caeríamos por él con una aceleración de 9.8 m/s2. El producto de este valor por nuestra masa (cantidad de materia de la que estamos compuestos), es lo que se conoce como «peso». El peso es la manifestación de la fuerza de la gravedad, que nos la recuerda constantemente.

Simulando la gravedad: la inercia

De lo dicho hasta ahora se deduce que el efecto que la gravedad produce sobre nosotros es básicamente una aceleración. Y aquí viene lo bueno, ya que las aceleraciones son relativamente fáciles de conseguir. Cuando aceleramos un automóvil en el que nos encontramos, es bien conocido el efecto de sentir una fuerza que nos oprime contra el respaldo del asiento. Esta fuerza no es tal en realidad, aunque nuestra masa y la aceleración del automóvil nos permitan definirla como si lo fuera. Es en este punto dónde aparece un nuevo personaje: la inercia.

Automovil acelerando
Dibujo nº 1: la flecha azul indica la fuerza que el motor imprime al automóvil, que es la única existente en el ejemplo y conocida por el observador. Sin embargo, el conductor del automóvil  siente una fuerza (flecha roja) sólo percibida por el y que se debe únicamente a la inercia, o tendencia a permanecer en el mismo estado. (fuente: elaboración propia)


La inercia (1ª Ley de Newton) es un principio de la naturaleza por la cuál todo tiende a permanecer en su estado. Para hacerlo cambiar, hay que aplicar una fuerza (2ª Ley de Newton). Cuando aceleramos el automóvil, el motor imprime una fuerza motriz a las ruedas, por lo cual este va aumentando de velocidad. Todo lo que esté en su interior tiene la mala costumbre de permanecer como estaba, por dar la contraria más que nada. No lo consigue, claro, pero esa oposición se manifiesta en una reacción (3ª Ley de Newton) en sentido contrario de magnitud proporcional a la aceleración del automóvil. Al conjunto formado por el automóvil y sus ocupantes se le llama sistema de referencia no inercial, (sus ocupantes aprietan con sus cuerpos los asientos, como si una mano invisible les empujara, intentando permanecer en su mismo estado, sin lograrlo) respecto al sistema formado por un observador externo sobre el suelo, o también, sistema de referencia inercial (que conserva su inercia: en reposo o en movimiento lineal uniforme)

En este momento es cuando nos podemos dar cuenta de una maravillosa certidumbre: la gravedad es la única que es capaz de someternos a su fuerza sin tener que estar en movimiento. Nosotros sin embargo, hemos de hacer uso de la inercia cambiando constantemente de velocidad (acelerar), para poder simularla. Esto es un engorro, ya que al final podemos acabar en cualquier parte. Afortunadamente, existe una forma de crear una fuerza parecida sin movernos del sitio. O casi.

La fuerza centrifuga

Un movimiento circular puede describirse como un movimiento lineal de velocidad uniforme, pero que cambia constantemente de dirección. Por la 1ª Ley de Newton, para que algo cambie de estado se le ha de aplicar una fuerza. Esto significa que para que se pueda dar un movimiento circular, ha de aplicarse una fuerza centrípeta, cuyo origen sea precisamente su centro. El lector más avispado ya habrá intuido que, por la 3ª Ley de Newton, a una fuerza centrípeta le corresponderá una fuerza centrifuga, en sentido contrario (hacía fuera). Y aquí es donde está la gracia, ya que de esta forma tenemos una fuerza que puede hacerse equivalente a la de la gravedad. Tan solo es necesario un dispositivo que nos mantenga cogidos con fuerza (centrípeta) y nos haga girar. Pero de nuevo, esto tiene «trampa». Según la opinión de los expertos en física, la fuerza centrifuga:
existir, no existe, pero haberla, «hayla»

Digamos que por el mismo «tecnicismo» del automóvil, la fuerza centrifuga sólo existe, aunque parezca una perogrullada, para los que están sometidos a ella. Para un observador externo dicha fuerza no aparece por ningún lado. Lo único que contempla dicho observador es que el individuo dando vueltas en el dispositivo, no sale despedido tangencialmente gracias a una fuerza centrípeta con la que están sujetos a el. Es decir, tan sólo el individuo montado en el dispositivo experimenta una fuerza que el percibe como perpendicular al movimiento (en realidad, al ser un movimiento uniforme no hay forma de distinguirlo de estar parado). Esto es debido a que los sistemas de referencia, son distintos para el atrevido individuo montado en el dispositivo, y el cauto observador.

Dispositivo centrífugo
Dibujo nº 2: en este caso, un dispositivo imprime un movimiento circular (flecha verde) a un voluntario imaginario. Este dispositivo le retiene mediante un eje y los arneses de seguridad correspondientes, con una fuerza centrípeta (flecha amarilla). Esta fuerza es la que un observador externo percibe como la que impide que el voluntario salga despedido tangencialmente al movimiento circular (flecha azul). Sin embargo, nuestro intrépido voluntario percibe como una fuerza que le empuja contra su asiento, en sentido contrario a la fuerza centrípeta: es la fuerza centrífuga (flecha roja). (fuente: elaboración propia)

Hay que añadir que este dispositivo existe y su uso forma parte del entrenamiento de los astronautas y pilotos de aviones a reacción. En cuanto a obras de ciencia-ficción que respetan ―ver nota― estos principios, el ejemplo más señalado es nuevamente 2001: una odisea del espacio: la Discovery posee un enorme cilindro en rotación, en el que hacen la vida sus tripulantes. De igual forma, su famosa estación espacial debe su forma de dos toroides en paralelo, no a un capricho de diseño, si no a la necesidad de recrear la gravedad terrestre.

Interior de la «Discovery»
Foto: interior de la Discovery (fuente: fotograma de la película 2001, Una odisea del espacio)

En Mundo Anillo (Larry Niven, 1970), a pesar de la enorme capacidad tecnológica que supone la construcción de un mundo en forma de anillo que rodee por completo a su Sol, la gravedad artificial se genera mediante el simple mecanismo de la fuerza centrífuga. Mención especial naturalmente, al Cilindro de O'Neil que aparece en Cita con Rama (Arthur C. Clarke, 1972), un artefacto gigantesco de forma cilíndrica que emula la gravedad girando sobre su propio eje, y albergando en su interior todo un pequeño mundo.

En Fiasco (Stanislaw Lem, 1988), su autor nos sorprende con una impresionante y magnífica nave espacial llamada el Eurídice, la cuál alberga una tecnología capaz de realizar las más asombrosas proezas de la física, como curvar el espacio-tiempo hasta crear singularidades. Sin embargo, el método que utilizan para recrear la gravedad terrestre no es otro que la posible, real y simple aceleración continua, como si de un automóvil se tratase, salvo en que es ayudado de unos giroscopios que detectan los cambios de dirección y de aceleración, para ajustar en posición internamente el espacio habitable de la nave y de esta forma, lograr una gravedad estable.

El generador de gravedad

(NOTA: todo lo expuesto en este apartado es sobre dispositivos FICTICIOS, salvo que se indique lo contrario)

Si deseamos imaginar qué ocurriría si dispusiésemos de un hipotético motor de gravedad, se debe tener en cuenta todo lo expuesto, como mínimo, para poder postular sobre sus efectos. No obstante, las lagunas científicas actuales permiten un generoso margen para la imaginación. Asumiendo entonces su existencia y la de las condiciones necesarias para hacerlo funcionar, establecemos nuestra suspensión de la incredulidad en este punto y activamos nuestro generador de gravedad artificial. Y a ver qué pasa.

En principio, podemos suponer que al modificar la curvatura del espacio-tiempo y crear un nuevo marco de referencia, el campo de gravedad artificial nos aislaría de cualquier otro del exterior. Es decir, suponiendo que nos encontramos en el interior del campo de gravedad artificial creado en nuestro imaginario experimento, la gravedad que nos sujeta contra el suelo del hipotético laboratorio, no es la del planeta Tierra. Esto significaría que si coloco nuestro generador en una plataforma móvil (por ejemplo, en un camión), las aceleraciones que experimentara el vehículo no las notaría, como sí ocurría en el caso del automóvil.

Tal vez no sea tan drástico su efecto aislador y los campos gravitatorios cercanos y aceleraciones sobre la plataforma experimental, afecten inercialmente a los ocupantes de la misma, en alguna medida. En todo caso, podemos imaginar algún tipo de realimentación proveniente de un sensor adecuado (un simple acelerómetro como los de los smartphones, alimentando un sistema servo-regulado) que compensase este efecto. De esta forma, la gravedad y la inercia se mantendrían estables, dentro del campo de gravedad artificial.

Tripulación de la «Enterprise» de «Star Trek», en el puente de mando.
Esto es poco más o menos lo que debieron imaginar los autores de Star Trek, o al menos, los que han participado en este proyecto en sus muchas secuelas. En el puente de mando de las naves de la Federación de esta célebre saga, nadie está sujeto con arneses ni cinturones de seguridad. Tan sólo cuando se produce algún impacto fuerte que afecte a los sistemas de soporte vital, podemos ver a sus ocupantes tambaleándose o cayendo a un lado.

Se puede especular también sobre hasta qué punto el campo gravitatorio podría retener la atmósfera. No hay que olvidar que lo único que retiene el aire de nuestro planeta es precisamente la gravedad. La diferencia fundamental que podría existir sería la diferencia de presión, que produciría una fuga constante de aire en las inmediaciones del campo gravitatorio.

Otra posibilidad, sería la de utilizar la generación de algún tipo de fuerza gravitatoria, como una alteración del propio campo gravitatorio terrestre (o de cualquier otro cuerpo lo suficientemente grande), de forma que se utilizase para levitación. Una especie de «colchón» gravitatorio, o incluso de repulsión. Estos ejemplos serían el aerodeslizador de Luke Skywalker en sus paseos por Tatooine, o los Spinner voladores de Blade Runner.

Landspeeder de Luke Skywalker
Foto: Luke Skywalker en su landspeeder. (fuente:Star Wars Wiki)

Conclusiones

El conocimiento que la ciencia posee sobre los fundamentos del campo gravitatorio, es muy pobre en comparación con los que se tienen del resto de fuerzas que intervienen en la naturaleza. A causa de esto, es posible especular con cierta libertad sobre imaginarios artefactos que nos permitan disfrutar de un entorno adecuado a nuestras limitaciones físicas, lejos, «muy, muy lejos», de nuestro hogar.

La ciencia-ficción no tiene intención de dar pábulo a ciertos mitos sobre sistemas de ingravidez que afirman ser reales, a pesar de no ofrecer las suficientes pruebas. No pretende ir contra la ciencia ni le molesta seguir sus preceptos lo más mínimo. Como en todo, siempre hay quien no da ejemplo, pero creo que la mayoría de obras del género tan solo desean superar las limitaciones que la propia condición humana, tal y como la ciencia describe, tiene para aventurarse de forma prolongada fuera de nuestro entorno natural.

Lo que si se puede afirmar sin temor a equivocarse demasiado es, que el día en que los seres humanos lleguen a dominar las fuerzas gravitatorias, se abrirá a partir de ese momento un abanico de proezas posibles que dejarán seguramente en ridículo a muchas de las postuladas en las obras de ciencia-ficción.

Pero de momento, los principios fundamentales de la gravedad son unos grandes desconocidos para la ciencia, por mucho que piensen algunos. Algunos de los intentos para conocerla se centran en las llamadas Teorías de unificación (en concreto las de la gravedad cuántica), que intentan encontrar la necesaria relación que ha de existir entre todas las fuerzas de la naturaleza. Aunque como se ha apuntado anteriormente, según Einstein la gravedad podría no ser realmente una fuerza, sino una característica inalterable del propio espacio-tiempo cuyo efecto sentimos y representamos como tal, pero sin serlo. Otras visiones que van en esta línea, dicen que es una ilusión, una consecuencia de otros principios de la física (la termodinámica), más que una acción directa.

En definitiva, tal vez la Humanidad no llegue a descubrirlo nunca y «todos estos momentos se pierdan como lagrimas en la lluvia». Pero mientras tanto, nos queda el consuelo de soñar con ello.

Enlaces de referencia


NOTA (23/01/2022): siendo escrupulosos y haciendo los cálculos correctos, algunas fuentes fiables advierten que las dimensiones y velocidad de rotación del cilindro hábitat de 2001 no sería suficiente para crear una gravedad como la terrestre.

Artículo publicado originalmente en el portal Planetas Prohibidos el 11 de diciembre de 2011
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El pintoresco «Doc» Emmet Brown de «Regreso al futuro», cuya estética recuerda poderosamente a la de Albert Einstein, científico cuyos descubrimientos y personalidad tuvieron una influencia decisiva incluso hoy en día en muchos aspectos, pero sobre todo en la imagen que los científicos ofrecen a la sociedad
No pretendería buscar conceptos científicos en las obras de la ciencia-ficción. No porque no los haya en ocasiones, sino porque no es intención de este género el tenerlos. Por un lado, porque la ciencia-ficción consiste precisamente en transgredir la ciencia, y por otro, porque este género no posee unos límites precisos que aseguren la coherencia en el método científico. Serán la creatividad de sus autores y el entretenimiento de su publico, los principales objetivos. Como en cualquier otro tipo de obra.

Sin embargo, la ciencia-ficción se diferencia del resto del género fantástico en que intenta dar a sus obras el máximo realismo posible. Este realismo —o más bien habría que decir «ilusión de serlo»— se logrará en función del autor y del público. Aunque la ciencia-ficción más convencional suele usar escenarios reconocibles —pero inverosímiles— para contar lo mismo de siempre; en ocasiones, el realismo consistirá en usar esos escenarios para contar historias que sin ellos sería imposible de hacer. En otras, en un uso más o menos escrupuloso del método científico, para que los postulados y las consecuencias que se deriven de ellos resulten plausibles, aunque  ficticias.

Pero el dicho dice «en ocasiones, la realidad supera a la ficción». El ser completamente consecuente con el método científico puede hacer a una obra ininteligible para sus lectores, resultando peor el remedio que la enfermedad. Bien por carecer estos del suficiente estímulo científico, o bien porque aún siendo coherente, no resulte lo suficientemente verosímil debido a causas político-culturales de todo tipo, presentes en la sociedad: prejuicios, manías, modas, tendencias, etc.

Aún así, la ciencia-ficción puede tener un carácter didáctico muy importante, al permitir ponerse en la piel de su autor para deducir y comprender las razones de escoger una solución determinada, en el universo particular que ha creado para ubicar su historia. Además, es útil para realizar «experimentos mentales», estimulando el conocimiento de los parámetros científicos utilizados, inventados u omitidos. En palabras de Miquel Barceló:
Son precisamente esas maravillas de la ciencia ficción las que atraen, como no podía ser menos, a los jóvenes que se interesan fácilmente por su temática y contenidos, encontrando en sus contactos con la ciencia ficción motivo de diversión pero también de reflexión original y prometedora.


Como creo que yo también fui uno de esos jóvenes a los que la ciencia-ficción les marcó para siempre, dedicaré una serie de artículos a estas reflexiones sobre aspectos científicos evocados a partir de la ciencia-ficción. La serie se llamará «Buena ciencia», y con ella deseo mostrar mi gratitud hacía todos los que con su legado, han posibilitado la ciencia-ficción tal y como la conocemos.


Publicaciones sobre ciencia en Al final de la Eternidad

[Publicado posteriormente en el Sitio de ciencia-ficción el 29 de marzo de 2015]
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