«2001: una odisea espacial», que destaca especialmente por su precisión científicaEste es, en realidad, un artículo reivindicativo, ya que parece que señalar a la ciencia ficción sobre los errores que supuestamente comete es un acto de regocijo extendido, presumiblemente en aquellas gentes que no deben tener a este género entre sus preferidos. Por si los lectores no lo han notado, yo sí que le tengo cierto cariño, por lo que no solo por hacer un poco de justo balance, sino también de simple justicia, él título trata de lo contrario: los aciertos.

Es como si existiera una convicción general entre los ajenos al género, de que los escritores de ciencia-ficción tienen la obligación de acertar en sus especulaciones, como si fuera esta su intención, y que de no lograrlo hayan de convertirse en los hazmerreir señalados por el resto. Por supuesto, que todo dependerá del tipo de obra en cuestión, de la intención de sus autores y naturalmente, de la comercialidad que deseen darle.

Esto significa que, como en todas las cosas, no todo lo que es etiquetado dentro de nuestro preciado género es digno de la misma consideración y, por lo tanto, no han de pagar justos por pecadores salvo que precisamente se trate de eso, de aprovecharse de las cuestionables practicas de algunos o de las necesidades comerciales de otros o, incluso de ambas, para meterse con el género al completo.

Puede parecer contradictorio defender una ciencia-ficción —caracterizada como tal por, precisamente, guardar cierta pulcritud científica— y al, mismo tiempo, permitir que dentro de ésta puedan coexistir una gran variedad de obras que no siguen la misma tónica. Bien, pues me temo que esto es lo que hay, por una parte debido a que la ciencia ficción es un género con límites difusos y en ocasiones complicados y, por otro, porque una obra no tiene porqué definirse como perteneciente a un solo género, ni un autor tiene porqué verse limitado por convencionalismos a la hora de expresar sus ideas, que es en el fondo de lo que se trata. Como tantas otras cosas en la vida, el resultado será bueno o malo en función de muchas variables y gustos, independientemente del género o géneros a los que pertenezca.

Todo este aparente caos existente alrededor de la ciencia-ficción, es con gran probabilidad el causante de que bien por ignorancia, o directamente por intenciones nada honestas la ciencia-ficción sea objeto de mofa, escarnio y todo tipo de ridiculizaciones. Y si hay algún subgénero que sea objeto especial de estas burlas y difamaciones es el de la Space Opera.

La «Ópera Espacial»

Cartel cutre de una Space Opera genérica La Space Opera podría considerarse como todo un genero por si misma independiente del que normalmente la incluye, hasta el punto de que podrían encuadrarse junto a ella otro tipo de obras corales como El Señor de los Anillos, celebre saga con la que en ocasiones se compara para evidenciar la falta de rigor científico de la primera. Es por esto que escoger a la «ópera espacial» como objeto de la ridiculización del género es elegirlo claramente como cabeza de turco.

Sin embargo, como veremos, muchos de los errores científicos que se le atribuyen, no solo no lo son, sino que son consecuencia de la desgana o incompetencia de nada más y nada menos de los traductores de aquellos países en donde precisamente la ciencia no es su principal virtud. Por lo tanto, admitiendo que la precisión científica no era desde luego la principal intención de George Lucas cuando ideó su famosa saga «de las galaxias», hay que caer bajo para resaltar sus supuestos defectos y no darse cuenta de la creación de una nueva mitología que ha calado profundamente en la sociedad (...luke, soy tu padre…) y una nueva forma de entender el cine y la ciencia-ficción. Podrá gustarnos o no, pero se puede decir que su autor logró su objetivo con creces.

Y ahora veremos como a pesar de todo, la ciencia no es ignorada en la Space Opera, motivo por el cual ocupa un lugar entrañable y especial, en el género de la ciencia-ficción.

El sable «láser»

Esquema  de una «espada de luz»
El sable de luz (light saber en su idioma original) es una de una de las más famosas armas que se relacionan con la ciencia-ficción. Por motivos sobre los que especularemos más adelante, se decidió en su día llamar a esta arma ficticia de forma completamente ajena a la original. 

No es un «láser(1) » lo que sale de la espada, sino un haz de plasma, concepto que deben suponer los artífices de la traducción que el público hispano ignora qué es, por lo que les da igual que ni sean parecidos ni tengan nada que ver. El láser es una técnica de emisión de luz conocida y real, mientras que el plasma es el estado de la materia que se encuentra en las estrellas, como consecuencia de la altísima temperatura a la que está sometida el gas, debido a la enorme presión gravitatoria. También es real, no es ciencia-ficción su existencia, sino ciencia pura y dura. En la Tierra, se consigue mediante los reactores de fusión y, para lograr un reactor del tamaño de una empuñadura, haría falta conocer el mito de la fusión fría, lo que  evidentemente  de momento, si que es ciencia-ficción.

Disparos «láser»

Pistola blaster dh 17 1 De nuevo, el mismo error. Error que propicia la burla de los que, atendiendo al uso habitual más extendido pero no el único, profieren al ver esos «pedacitos» de luz alargados, cuyas trayectorias se observan perfectamente y que jamás se pueden corresponder con un láser. Ni en la ciencia-ficción ni en la space opera. Parece que los traductores velan por mantener a buen recaudo nuestra mente de conceptos extraños venidos de allende las fronteras, simplificando y retorciendo títulos hasta hacerles perder su significado original. Justo lo contrario de lo que se supone que es traducir.

Las armas utilizadas en Star Wars no son «armas láser(2)», o al menos, no son las únicas. Lo más común en este universo imaginado por George Lucas, y en otras creaciones, son los «Blaster(3)», que son, en efecto, armas que disparan trozos de materia en forma de plasma incandescente, acelerado presumiblemente de forma magnética. La ciencia-ficción consiste, como se ha explicado, en que no existe ninguna forma de producir dicho plasma en esas condiciones.

Y sus disparos, en caso de existir dichas armas, tendrían seguramente la misma apariencia que los disparos que observamos en la gran pantalla. Todo un acierto de la ciencia-ficción.

Sonido en el vacío

¿Realmente alguien cree que los productores, guionistas, etc., del cine, no saben que en el vacío no se transmite el sonido? ¿alguien piensa que se pretende defender lo contrario, en estas películas? ¿creen los científicos de los EUA, que en Hollywood han de aprender física para saber cosas de este tipo?

Me van a permitir los lectores que filosofe un poco y les recuerde el famoso Kōan en el que se plantea la cuestión de ¿qué clase de sonido produce una hoja que cae en un bosque y nadie la oye?. Discusión filosófica que aseguraría desconocen estos físicos puristas así como otros tantos alegres detractores de la ciencia-ficción. No, en el vacío no se transmite el sonido, pero lo que hay dentro de las naves espaciales no es vacío, y la gente de su interior a buen seguro que «oye», lo que les está ocurriendo.

«Apoteosica» explosión en el espacio (imágen extraida de «La Amenaza Fantasma») Por el mismo motivo, si explota un planeta, la Estrella de la muerte, o cualquiera de las naves espaciales mencionadas tan habituales en las películas del género, todos sus componentes salen despedidos así como la atmosfera que estaban respirando, «llenando» el vacio circundante. Por lo tanto, si un espectador (uno imaginario en la escena, no el espectador del cine, claro) es alcanzado por esa «onda» expansiva y golpea el casco de su transporte, a buen seguro que oirá algo.

Vale que los productores cinematográficos no se habrán planteado tampoco todas estas precisiones, pero de ahí a pretender que en una película de aventuras, acción y romanticismo, como son las space opera(s), se desarrolle una batalla espacial con música clásica de fondo como en 2001: una odisea del espacio, parece una broma. Aunque todo es ciencia-ficción, no son lo mismo. 

El método de propulsión

Caza (Starfighter) X-Wing surcando el espacio Recuerdo aquellas tardes que pasaba jugando al X-Wing, un juego para MS-DOS de simulación de combate espacial. Resultaba curioso cómo las naves se paraban totalmente al reducir el trhuster, como clavadas en el vacío espacial e ignorando las leyes de la física y la inercia correspondiente. Esto ha sido y es motivo de risa en ciertos ambientes, y cierto es que en esta saga no es explicado debidamente este efecto.

En la wiki del universo expandido, sin embargo, hablan de cierto artilugio incluido en los transportes espaciales de Star Wars al menos en el famoso caza en forma de X llamado «Etheric rudder» (timón etérico). Su principio de funcionamiento no es explicado, pero en el ámbito de la ciencia-ficción existe desde hace mucho tiempo una explicación, totalmente imaginaria por supuesto, a esta forma de navegar por el «éter» del continuo espacio-tiempo cual de navíos surcando los mares se tratase: los motores gravitacionales.

Desde los platillos volantes de toda la vida, hasta en el universo del celebre juego de ordenador StarCraft, pasando por Baylon 5, se trata de algo habitual. Sobre este asunto, existen otras producciones mucho más valoradas, consideradas «de culto» y menos criticadas en este sentido como Blade Runner, en las que tampoco se explica como flotan los coches y por lo visto no pasa nada.

Conclusión

La buena ciencia-ficción ha de ser precisa desde el punto de vista del método científico —aunque sea una ciencia ficticia—, y debe explicar de forma transparente al lector o al espectador, las concesiones que se realizan y cómo es la supuesta solución adoptada. 

Por lo tanto, lo que está claro es que en la ciencia-ficción se vulneran conscientemente algunos detalles de la física, pero esto no significa que sean un «error». Las concesiones científicas han de ser posibles de una manera hipotética. Es decir, aunque a la luz de la ciencia actual, o del momento en el que se crea una obra, no sea factible realizarlo —o no exista manera de conocer su viabilidad—, puedan serlo con mayor o menor probabilidad en el futuro. Dentro de estos márgenes hay un amplísimo espectro de posibilidades ya que, aunque los avances actuales son importantes, todavía queda mucho camino.

Es un error la falta de coherencia dentro de la obra, pero esto atañe a toda obra intelectual. En la ciencia-ficción se hace más complicado ya que al no conocer los alcances de alterar los parámetros del universo conocido, han de ser extrapolados —lo que entraña riesgos—. Sería una «mala» práctica —o al menos una práctica que supondría alejarse de una ciencia-ficción más «precisa»—, no explicar de alguna forma los supuestos científicos utilizados, aunque el no hacerlo no implica que no exista alguna hipotética y posible explicación. Hablar en estos casos de «errores científicos» es apresurado.

Por otro lado, dentro del mismo género o tocando varios de ellos, puede haber obras destacables en un sentido general, por la idea que transmiten o por la forma de representarlas, quedando en segundo lugar la precisión científica. Normalmente, la intención de escritores, guionistas y productores sobre este tema es evidente desde un primer momento, no obstante, las discusiones parecen no cesar nunca.

Caso aparte es cuando se argumenta que en Matrix (un universo cibernético virtual cuyas leyes físicas están a expensas de modificar o hackear el código fuente que las origina) se ignora la inercia, o incluir a Torrente 2 o Misión: imposible, dentro de la categoría de ciencia-ficción, es sencillamente no tener ni idea de lo que se está viendo. 

Julio Verne y sus ¿predicciones o simplemente, aciertos? Y ya por último, un merecido homenaje al genio francés Julio Verne el cuál, como el resto de los mortales, no estaba exento del error y alguno cometió a lo largo de su carrera literaria (suponiendo que pueda considerarse error a no predecir los avances de la ciencia en los años venideros pertrechado únicamente con un papel, una pluma, y su imaginación). Desde el punto de vista de la ciencia y suponiendo que su intención fuera predecir algo y no simplemente dar rienda suelta a dicha imaginación y entretener por encima de otras cosas, lo cierto es que la sorprendente cantidad de predicciones acertadas que este escritor, padre de la ciencia-ficción, acumula, bien debería recordarla algún que otro critico burlón de la ciencia-ficción.

Fuentes


Enlaces relacionados

(1) He tenido que modificar yo mismo la Wikipedia, ya que allí se cometía el mismo error en la constitución del haz que proyecta el sable de luz, para hacerla coincidir con su homóloga en inglés
(2) En honor a la verdad, los cañones del X-Wing son por lo general identificados como «Laser cannons», aunque referidos a la forma de crear el plasma, por calentamineto por láser.
(3) La definición de blaster en la Wikipedia en español es inexistente ¿alguien se anima?

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Logo de «Plutón vervenero», una parodia y ridiculización del género, perpetrada en España

Si
nos guiamos por los horarios a las que son relegadas algunas series de ciencia-ficción en los horarios televisivos, o a la escasa cantidad de producciones propias de este género —que vendría a indicar lo poco que se invierte en él— se puede llegar a la conclusión de que la ciencia-ficción en España no suele ser merecedora de la atención de los medios de comunicación y grandes productoras. 

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galactica_1978Durante la época en la que surgió Galáctica (Glen A. Larson, 1978), el mundo de la ciencia-ficción y gran parte del cinematográfico, se encontraba experimentando el resultado de toda una revolución cultural. El nombre de este fenómeno se llamaba La Guerra de las Galaxias, o Star Wars (George Lucas, 1977)

Esta revolución cultural modificó sustancialmente los parámetros habituales con los que el género de la ciencia-ficción era entendido por el gran publico, circunstancia que había sido iniciada por la famosa serie de televisión de los años 60, Star Trek (Gene Roddenberry, 1966). Unos efectos especiales innovadores para la época, al servicio de una historia que, a pesar de ser absolutamente clásica (princesas, héroes, imperios del mal, «fuerzas» y monjes caballeros que las manejan, etc.) no había sido importada hasta ese momento a una película de estas características, y que crearon el subgénero de la ciencia-ficción de la space-opera. Además, se logró definitivamente lo que otras producciones no alcanzaron: convertir la ciencia-ficción en un fenómeno de masas, expandir el universo imaginado en la obra hasta límites insospechados, y dar pie a lo que se le vendría a llamar franquicias cinematográficas.

En esta coyuntura y dado el éxito de esta fórmula, no es de extrañar que comenzaran a surgir imitaciones. Tal vez la primera de ellas es de la que trata este artículo.
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En la base científica que los humanos han colocado en la órbita del inhóspito planeta Júpiter para su estudio, Edward Anglesey puede por unos momentos olvidar que es un científico que vive sujeto a una silla de ruedas debido a su parálisis. Gracias a un sistema de conexión telepática o «psionica», es capaz de experimentar lo que se siente dentro de un cuerpo creado artificialmente y adaptado a las durísimas condiciones existentes sobre el planeta para poder explorarlo como ningún instrumento puede hacer: viviendo y sintiendo el suelo bajo sus pies, y la atmósfera de amoniaco sobre su piel. Lo que Edward no sabe es que estas sensaciones que jamás podrá experimentar de otra forma dada su situación, van a producir sobre él un efecto que no espera, y cuyo primer síntoma son los fallos en las comunicaciones psionicas motivo por el cual es enviado Cornellius, el especialista que descubrirá asombrado lo que realmente está ocurriendo.
Poul_Anderson

No
, esta sinopsis no es la de Avatar, pero a tenor de lo que se ha visto en los múltiples tráileres que circulan por la red, el guión del nuevo y prometedor trabajo del artífice de Aliens, Titánic, Terminator y otras películas más, que destacan entre otras cosas —unas más que otras— por su gran efectividad comercial, resulta ser todo un calco del relato corto del magnifico escritor de ciencia-ficción Poul Anderson, cuya fama tan solo está ensombrecida por gigantes de la talla de I. Asimov, Philip K. Dick o Robert A. Heinlein.
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«Time Warp»Si los escasos pero muy dignos lectores de este blog, observan que el ritmo de actualizaciones ha descendido bruscamente, ello es debido a que me encuentro inmerso en un extraño campo, en cuyo interior el tiempo transcurre a un ritmo distinto al del entorno.

Tal vez la causa hayan sido unos experimentos con gravedad artificial, que han generado dicho campo cambiando los parámetros del sistema inercial local, sobre todo los temporales. Pero no estoy seguro. Mientras investigo este punto, el mundo alrededor mío revolotea a toda velocidad, mientras yo debo parecer inmóvil como una estatua. Afortunadamente el equipo con el que escribo estas líneas ha resultado afectado como yo, gracias a lo cual puedo comunicarme mediante el teclado, aunque a una escala temporal distinta.

Para mi ha pasado poco tiempo desde que escribí el último post, pero ahí afuera los días y semanas se han sucedido vertiginosamente. Debo regresar a la línea temporal normal, hay mucho que hacer pero... no tengo tiempo.
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Naturalmente que nos referimos a la famosa novela de I. Asimov, la cual será adaptada próximamente si todo va como se espera, a la gran pantalla.

El director escocés Kevin MacdonaldNo es este el primer intento de llevar adelante este proyecto. Fue la Paramount la primera productora interesada, contando en principio con Ridley Scott (Alien, el octavo pasajero, Blade Runner) y Tom Cruise (Minority Report). En esta ocasión es New Regency la que ha llegado a un acuerdo con el director de origen escocés Kevin Macdonald, para llevar a cabo el proyecto.

La primera impresión con la elección de este director es algo desconcertante dada su escasa experiencia con la Ciencia-Ficción, siendo su último trabajo La sombra del poder(2009), pero supongo que algún día hay que empezar. De momento no hay noticias de qué actores encarnaran las aventuras del agente Andrew Harlan, Noys Lambent y compañía. Para estar al corriente de los últimos cambios y del resto de personas que intervienen (e intervendrán) en el proyecto, se puede visitar The Movie Insider.

Para los que no conocen aún esta obra, decirles que El Fin de la Eternidad (Asimov, 1955) es una Time Opera que trata el tema de los viajes en el tiempo de forma muy singular en comparación a lo que otras las productoras nos tienen acostumbrados en el mundo del cine, con la coherencia habitual en el preciso y riguroso estilo de Isaac Asimov, desafiando al mismísimo Stephen Hawkins y su conjetura de protección cronológica, con la solución empleada en esta obra para resolver el problema de las paradojas temporales, y como no, originando un interesante debate sobre el libre albedrío.

Logotipo de la productora «New Regency»Esperemos que el encargado de adaptar el guión todavía por conocer, sepa recoger estos matices y presentarlos a los espectadores haciendo honor a la obra en la que se basa, cosa complicada después de ver Yo Robot (Alex Proyas, 2004), que si bien el producto final no es desmerecedor del todo, las patadas que le dan a la obra del buen doctor son notables.

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ADN
La vida es un concepto que La Ciencia no ha logrado determinar con la exactitud que habitualmente se espera de ella. Como en tantas otras ocasiones, esta indefinición es aprovechada por los autores de Ciencia-Ficción para dar rienda suelta a su talento creativo o tal vez, liberar sus inquietudes o temores por conocer respuestas a las clásicas preguntas que atormentan a la especie Humana desde sus orígenes, el Complejo de Prometeo por el cual ansiamos parecernos a nuestro creador, sea divino o natural.
¿Hasta que punto es capaz el ser humano de crear seres como el, en qué aspectos y con qué condiciones?

Seguramente, estas y otras preguntas similares han pasado por la cabeza de muchos autores de la antigüedad desde tiempos inmemoriales, puede que desde que el Hombre es consciente de su existencia, y necesita conocer cuál es el papel que El Creador, quien quiera que sea y allá donde quiera que este, ha dispuesto para el durante el limitado tiempo que permanecerá en este mundo. La soledad que en la búsqueda a estas respuestas ha experimentado nuestra peculiar especie, hace que cobre especial valor el imaginar la existencia a nuestro lado de un compañero con el que compartir nuestras dudas existenciales, para que tal vez en el intento por comprenderle, logremos hacerlo con nosotros mismos.

«El Grito» de Munch. Representación particular de la angustia del ser humano ante los misterios de su existencia Por otro lado, la desdicha por la que en ocasiones pasa la humanidad al tener que sufrir una y otra vez sus propios defectos, que provocan la muerte y destrucción de sus congéneres allá donde se aposentan, hace elucubrar a los autores de todos los tiempos a los seres humanos cometiendo el pecado de soberbia o hubris, como le llamaron en la Grecia Clásica, desafiando a su Dios e imitándole con la creación de seres para tenerlos a su servicio, sometiéndoles a su misma o peor suerte.

La Historia

Cartel promocional de la película alemana «El Golem» (1920), de Paul Wegener Según la mitología judeocristiana, Dios creo al ser humano moldeando su cuerpo a partir de barro, insuflándole a continuación una chispa divina. Siguiendo esta tradición, los antiguos transmitieron la leyenda del Golem, ser creado por el propio Hombre a su servicio a partir de materia inanimada, pero al que no le había transmitido el don de la humanidad, algo que solo El Supremo podía otorgar, según las antiguas escrituras.

Cuentan las leyendas que los alquimistas del Medioevo eran capaces de crear, esta vez a partir de material biológico, una especie de seres a imitación del ser humano pero de tamaño diminuto. A estos seres infra-humanos surgidos a partir de materia biológica se les denominó homúnculos. Siglos después Frankenstein (Mary Shelley, 1818) surgido de restos de origen humano tal y como imaginó la autora de la obra literaria que lleva el mismo nombre, compartiría muchos de sus aspectos con el Golem, excepto precisamente el de la materia de la que estaba construido.

Figuración según los alquimistas de un «homunculus» dentro de una espermatozoide.

Conocida escena de la película «Tiempos modernos» (1936), de Charles Chaplin
En 1936 Charles Chaplin (1989-1977) dirige su película Tiempos Modernos, en la que se critica la esclavización que la humanidad se impone a si misma en las cadenas de producción. Dos años después fallecía Karel Capek (1890-1938), que un tiempo antes había brindado tanto a la Ciencia-Ficción como al mundo en general, un concepto gracias al cuál el imaginario colectivo plasmaría en el la gran mayoría de las leyendas sobre seres creados por el ser humano a su imagen, con los que compartir nuestras búsquedas filosóficas: el robot.

Capek imaginó en su obra R.U.R. (Robots Universales Rossum) (1920) a los robots como unos seres artificiales construidos y diseñados para sustituir al hombre en las tareas ingratas. Aunque este autor de origen Checoslovaco pensó en ellos como biológicos, sin embargo, el tratamiento posterior de los robots ha sido de forma mayoritaria la de considerarlos como entidades mecánicas. Hasta tal punto se asocia un androide o robot con un humano mecánico, que los guionistas de Blade Runner utilizaron, quien sabe si para evitar confusiones, el conocido término de replicante para referirse a su particular versión de los humanos artificiales.

Escena de la representación teatral en donde se utiliza por 1ª vez el concepto actual de «robot»

Pero si hay alguien a quien se le puede responsabilizar de la actual imagen de los robots, ese no es otro que Isaac Asimov. Sin olvidar a Stanislav Lem (1921-2006) y su tratamiento satírico y humorístico, aunque no menos filosófico, es gracias a las tres (más una) leyes que el Buen Doctor retorció hasta extremos casi imposibles en mil y una historias de robots, cuando la humanidad pudo por fin encontrar en el mundo de la literatura de Ciencia-Ficción a ese tan anhelado compañero de viaje, algunas veces accidentado, que la humanidad lleva recorriendo y cuyo destino aún no conoce.

Robot «Asimo» de Honda

El supuesto científico

La concesión científica que habitualmente se ha venido empleando en estas obras de Ciencia-Ficción, ha sido la de dar por supuesta la capacidad de crear seres tan inteligentes o con las mismas capacidades de los humanos, y una vez en este punto, especular y filosofar sobre que sentirán, o que dudas y anhelos tendrán. En definitiva, en que se parecerán o distinguirán, de los seres humanos.

«Cog», principal intento de simular la inteligencia humana en un androide

Sin embargo, a pesar de los prometedores comienzos de la Inteligencia Artificial (IA), los descubrimientos en este campo han puesto de manifiesto las tremendas dificultades en lograr su objetivo, por no hablar de cierta imposibilidad.

Problema: la consciencia, la inteligencia y la intuición humanas

Alan Turing El primer escollo en el camino hacia el desarrollo de máquinas con capacidades similares al cerebro humano, fue encontrado gracias al trabajo combinado del científico Inglés Alan Turing (1912-1954); conocido entre otros aspectos por su decisiva intervención en el descifrado de las máquinas de codificación Enigma, utilizadas en la Segunda Guerra Mundial por el bando Nazi; y el matemático Austriaco Kurt Gödel (1906-1978), cuyo trabajo en el área de la lógica ha sido uno de los más influyentes en el pensamiento científico y filosófico del siglo XX, según reza la Wikipedia. Aunque existen otros nombres de la comunidad científica cuyas aportaciones fueron imprescindibles, podría decirse que estos dos científicos dieron la forma final al problema, cuyas conclusiones que se pueden extraer, son como poco, sorprendentes:

Kurt GödelSegún los Teoremas de Incompletitud de Gödel, no es posible diseñar un algoritmo, o conjunto de axiomas, que sean a la vez consistentes y completos. Un conjunto de axiomas lógicos jamás serán suficientes para auto-demostrarse. Dicho de otra forma, la capacidad del Ser Humano en ser consciente de si mismo, no es posible lograrla matemáticamente en una máquina. Tal vez el ser humano no pueda aún siendo consciente de si, demostrarse a si mismo por mucho que se esfuerce siguiendo los caminos actuales, y mucho menos por lo tanto construir otras entidades que sean como él.

Turing por su parte, le dio la vuelta al trabajo de Gödel y dentro de la Teoría de la Computabilidad, desarrolló el modelo formal en el que se basan todos los computadores de la actualidad llamado máquina de Turing, gracias al cuál demostró que existen problemas que un sistema automático no puede resolver ni tan siquiera disponiendo de recursos ilimitados. Dicho de otra forma, que por potente que sea un computador determinístico (todos los actuales), es materialmente incapaz de lograr metas que un cerebro humano alcanza sin relativa dificultad.

La mente y consciencia, funcionando en alguna parte del cerebro humano De lo anterior se deduce que la consciencia que el ser humano posee sobre si mismo y del universo que le rodea, no puede ser emulada o simulada plenamente mediante un algoritmo o programa, con los paradigmas de programación tradicionales. Igualmente, compartiendo espacio en algún lugar del mismo cerebro que las alberga, existen el genio y la intuición humanas, gracias a las cuales los pertenecientes a dicha especie pueden resolver problemas a cuya solución los computadores no logran ni acercarse.

Pero una vez más, el Titán Prometeo acude desde su lugar en el Olimpo en ayuda de la humanidad, desafiando al resto de dioses y proporcionándonos de nuevo el fuego en forma de Mecánica Cuántica.

Prometeo, de nuevo en ayuda de la humanidad y desafiando a los Dioses
Foto: Wikipedia

¿Soluciones?: ordenadores cuánticos y redes neuronales

Representación de la superposición de estados en la mecánica cuánticaDesde que el ser humano descubrió la mecánica cuántica, no han cesado los quebraderos de cabeza para cierta parte de la comunidad científica que se aferra a un determinismo ordenado y predecible, pero totalmente insuficiente para continuar avanzando en el conocimiento. La Teoría del Caos y las estructuras matemáticas como los fractales, de aparición común en la naturaleza, añaden cierta angustia a dicho sector, que piensa que se le desmorona el sólido edificio de sabiduría que creían tener. Sin embargo, estas nuevas áreas del conocimiento, lejos de la incomodidad que para algunos parece presentar, pueden ser ese mensaje que Prometeo envía a la humanidad.

Sir Roger Penrose Uno de los miembros de la comunidad científica que ha decidido superar viejos prejuicios y explorar estos nuevos caminos es el científico de origen inglés Sir Roger Penrose (1930), que ha proporcionado algunas explicaciones al curioso funcionamiento de la mente humana. Según este científico y tal y como explica en su Teoría de la Mente, el cerebro humano ha de funcionar según patrones distintitos a los que la IA ha barajado hasta ahora, siendo la mecánica cuántica y su carácter no determinista y probabilístico, la que explicaría la mayor parte de las proezas que el órgano que protege nuestro cráneo es capaz de realizar.

Fotografía del primer computador cuántico de la empresa canadiense D-Wave Penrose defiende también la dualidad mente-cerebro, de forma similar a la dualidad programa-computador o software-hardware. En virtud de este concepto, un hardware basado en un computador cuántico, podría ejecutar software basado en redes neuronales o algoritmos genéticos, llegando a cotas que solo la Ciencia-Ficción ha imaginado hasta ahora, ya que lamentablemente, todavía no se han superado las dificultades existentes para construir una máquina cuántica funcional.

La Ciencia-Ficción

Siguiendo la tradición de respeto hacia el rigor científico, la Ciencia-Ficción no solo no ha sido ajena sino que casi ha predecido algunos de estos trabajos científicos:

  • captcha En 1968 Philip K. Dick nos dejo algunas claves en su obra en cuanto a las diferencias entre humanos y andrillos (replicantes en la película) con la aparición en la novela que sirvió de inspiración a Blade Runner del test de empatía de Voigt-Kampff, gracias al cual es posible diferenciar entre unos y otros. Turing ideo una prueba son intenciones similares llamada Test de Turing, siendo una de las muchas formas de este sistema el conocido para dejar comentarios en el que hay que teclear unas letras borrosas (Captcha), que un sistema automático no puede identificar, pero un humano si. 
  • «Elijah Baley» el detective humano que forma pareja con el legedario R. Daneel Oliaw. Y no, no es Will Simth.En algunas de las conversaciones que la pareja de detectives (incomprensiblemente desperdiciada para el cine o la televisión) formada por el humano Elijah Baley y el robot R. Daneel Olivaw (Bóvedas de acero –1954-, El Sol Desnudo –1957-, Robots del amanecer –1983-) mantenían entre ellos, consistían en tratar sobre sus diferencias. Su autor Isaac Asimov, describe en estas obras a la intuición humana como el factor que distinguiría a unos de otros al ser esta la capacidad de llegar a conclusiones útiles sin tener información suficiente. Es decir, sin ser determinista.
  • «Asimo» y las leyes Asimov permite que sus robots transciendan de si mismos al autoprogramarse con una ley que implicaba tener una consciencia de su papel en el universo asimilando un concepto abstracto como es el de La Humanidad: La Ley Zeroth, que podría definirse como una religión robótica y que supeditaba a las demás leyes:
    «Un robot no puede hacer daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.»
  • En El robot humano (Isaac Asimov y Robert Silveberg, 1992), sus autores cuentan como el robot convencional doméstico NDR 113 adquiere habilidades artísticas debido a una serie de errores encadenados en las tolerancias de su cerebro positrónico, dando lugar a una combinación irrepetible y singular.
  • sueños de robot En el relato corto Sueños de robot (Isaac Asimov, 1986), la celebre doctora en el universo de los robots de Asimov, Susan Calvin, se enfrenta a un curioso caso: un robot que sueña. La explicación es que este robot ha sido programado mediante un paradigma nuevo según el relato, basado en fractales. Lo curiosísimo de este relato es la coincidencia en el decisivo papel que podrían tener los fractales en la comprensión del mundo cuántico tal y como explican en este artículo científico del 30 de marzo…¡de 2009!

La impresionante Tricia Helfer y un no menos impresionante Cylon mecánico... en otro sentido, claro La aparición de un humano artificial en cualquiera de sus formas (robot, androide, replicante, golem, etc.) junto a los humanos es utilizado como pretexto para todo tipo de debates en torno a cuestiones éticas y filosóficas sobre nuestra condición o nuestro papel en el universo, que con toda probabilidad no van a verse resueltas. El uso de parejas de protagonistas con cierto antagonismo, es también habitual en todo tipo de obras siendo el eje central de muchas de ellas. Una mención especial en estos aspectos que merece un artículo dedicado, es el excepcional tratamiento que se hace de la convivencia de Cylones y humanos en la moderna serie de Battlestar Galactica.

Figurilla representativa del «Golem de Praga» Para finalizar este largo artículo, una pequeña anécdota sobre la más famosa de las leyendas del Golem: en la misma ciudad donde falleció el responsable del vocablo que hoy utilizamos para denominar a nuestros Golems modernos o robots, oculto en algún ático, yace uno de los más famosos de estos seres mitológicos construidos a semejanza del ser humano: el Golem de Praga.

Cuenta la leyenda que en el siglo XVI un rabino de esta ciudad poseía uno de ellos. Su Golem era, como todos los Golem, tosco y falto de humanidad. Era así hasta tal punto que ejecutaba las ordenes de forma literal, y un día, al mandarle a sacar agua del rio inundó el poblado.

Lo increíble de este cuento es que se describe la actitud del Golem como la de un autómata moderno desde la óptica de la época, como si fuera uno de los robots que siglos más tarde imaginaría Karel Capek en su representación teatral, en la misma ciudad donde hoy reposa el supuesto Golem de la leyenda.

¿Sería el Golem un robot venido del futuro? ¿Sería esa chispa divina de la que carecía el Golem, la forma de llamar de los antiguos al Factor Humano que hoy les falta a los sistemas de IA?

Bueno, al menos como argumento de Ciencia-Ficción creo que no estaría mal.

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Una de las principales virtudes de una buena obra de Ciencia-Ficción es su capacidad para crear escenarios hipotéticos que sirvan de inspiración para posteriores debates, filosóficos, sociales o científicos en general. Sin embargo, existe una tendencia seguramente equivocada al pensar que la respuesta a los enigmas que la humanidad ha buscado desde el principio de los tiempos se encuentra dentro de estas obras, cuando lo que en realidad se pretende en la mayoría de los casos es plantear preguntas, señalar dudas y advertir de desconocidos, pero inquietantemente posibles, peligros futuros.

Sócrates, el filósofo griego considerado el creador de la filosofía moderna.Como ya dijo unos de los padres de la filosofía, allá en la Grecia clásica hace unos veinticinco siglos, saber que no se sabe algo, es ya saber mucho. Por lo tanto la duda, el ser conscientes de nuestra falta de conocimiento, es el primer paso para alcanzar este. A partir de este momento, es cada espectador o lector, el que decide cómo desea alcanzarlo. Es cierto no obstante, que en algunas obras artísticas de todo tipo, la intención no es únicamente la de transmitir esa duda, sino también la de llenarla con unas ideas decididas por los autores, guionistas, directores o productores. Esto puede incluir desde el promover una moralina determinada, hasta inculcar la más pura propaganda ideológica.

Portada de un ejemplar 1984, una dura crítica social de los totalitarismosDentro de este género de obras, nos podríamos encontrar con Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1951 y Scott Derrickson, 2008), 1984 (George Orwell, 1948) o Tropas del Espacio (Robert A. Heinlein, 1959), en las que se observa como de alguna forma, se utiliza la Ciencia-Ficción para realizar crítica social o política, desde el punto de vista particular de sus creadores. En Blade Runner (BR en adelante) —donde se transmite la visión pesimista y oscura del creador de la novela en la que se basa, y que marcaría la tónica general postmoderna de las décadas siguientes no solo en la Ciencia-Ficción, sino en la sociedad en general— se plantean principalmente dudas, sin necesariamente pretender darles respuesta. Es ahora, desde aquí, cuando vamos a buscar algunas de ellas.

Blade Runner y Frankenstein

La escritora británica Mary Shelley, que reflejo sus preocupaciones hacia donde se encaminaba la humanidad en «Frankenstein» En Frankenstein (Mary Shelley, 1818), su autora nos mostró las dudas que el vertiginoso y aparentemente descontrolado desarrollo tecnológico le suscitaban. En BR se reeditan todas estas dudas y preocupaciones, añadiéndoseles otros matices y profundizando más en ellas, seguramente debido al mismo temor que Philip K. Dick sentía en alguna de las fases pesimistas por las que pasaba.

El escritor norteamericano Philip K. Dick, que tuvo una vida llena de fases de depresión y pesimismo.Básicamente, el autor nos muestra los riesgos que supone el excesivo y desenfrenado avance científico, sin que ello vaya acompañado de un conocimiento parejo en lo social y/o moral, y cuestiona el papel del hombre en el mundo. Si a esto le añadimos que estos avances se realizan en terrenos relacionados con la vida y los sentimientos, aspectos no explicados detalladamente por la ciencia y que hasta ahora eran terreno casi exclusivo de la religión, el debate está servido.

En los inicios de la investigación de la Energía Nuclear, también surgieron algunas voces catastrofistas que continúan oyéndose, al igual que cuando surge cualquier otro descubrimiento que afecta a nuestra forma de ver el mundo y a nosotros mismos. Películas como El Síndrome de China (James Bridges, 1978) advertían de las consecuencias que un uso irresponsable de semejante capacidad de producir energía podía conllevar. Lamentablemente para los habitantes de Chernóbil, los sucesos que allí ocurrieron demostraron que estas advertencias eran fundamentadas.

Prometeo, Titán de la Grecia clásica, que llevo el fuego a la humanidad. En BR, los seres humanos se presentan como afectados por el Complejo de Prometeo, por el cual la especie humana busca desesperadamente a través del desarrollo científico y la búsqueda de conocimiento, alcanzar cotas de divinidad llegando incluso a pretender crear lo que hasta ahora era patrimonio de los dioses: la vida. Otra forma de considerarlo, es la del Complejo de Edipo, que causaría que la Humanidad en el papel de Hijo, deseara sustituir al Dios Padre para ser la amante de la Madre, que en este caso sería una vieja y maltratada por los abusos de sus hijos, Planeta Tierra o Gaia.

En cuanto a la supuesta vida creada, los Replicantes son unos entes biológicos artificiales con una enorme capacidad intelectual; de forma que, si bien no era esa la pretensión inicial, acaban desarrollando sus propios sentimientos y su propia concepción del universo y de si mismos; siendo conscientes de su limitada existencia, en clara analogía a como hace la propia especie humana.

El «replicante» de última generación, «Nexus 6» Dejando las cuestiones de metafísica o existenciales, y adentrándose directamente en el campo de la Antropología Filosófica, cabría preguntarse: ¿Que diferencia a los humanos de los replicantes? ¿Los recuerdos? ¿La capacidad de procreación?. Aparte de estas diferencias que podrían ser solventadas en base a posteriores desarrollos tecnológicos o mediante la implantación de recuerdos tal y como sucede con Rachael —y puede que con alguno más—, y dejando a un lado aspectos cuantitativos como inteligencia, fuerza o la menor duración de su existencia, es precisamente en esta certidumbre de su duración limitada, y el conocimiento de los responsables de dicho límite, lo que marcaría principalmente la diferencia entre humanos y replicantes.

El ser humano debe gran parte de sus peculiaridades a la certidumbre de su muerte, a su limitada existencia sobre este planeta, confiriéndole así un deseo intenso y especial en aprovechar cada minuto que permanezca sobre este planeta, preguntándose constantemente de donde vienen y qué vendrá después. El replicante pasa por esta misma vicisitud, con la diferencia de conocer con gran precisión el momento de su muerte y a los responsables de esa situación, su creador.

De alguna forma, los replicantes serían víctimas de su equivalente del Complejo de Edipo, al desear acabar con sus creadores, los humanos, lo que visto desde el lado de estos correspondería con el Complejo de Frankenstein, en el que las propias creaciones se vuelven contra sus creadores. Se trataría del mismo complejo, pero visto desde partes distintas, como si fuera algo inevitable, tal y como el propio Freud pensaba, que toda criatura creada pasaba ineludiblemente por la fase de anhelar sustituir al padre.

Los robots de Isaac Asimov

Ilustración de un figurado robot Daneel Olivaw, protagonistas de la «Saga de la Fundación» Desde el punto de vista de la Ciencia-Ficción algo más dura, todo esto tal vez no sea más que una parafernalia innecesaria, salvo para que el autor de rienda suelta a sus miedos o fobias. Isaac Asimov solucionó todos estos temores, imaginando que los seres humanos implantarían en el diseño de los cerebros positrónicos de sus robots, unas leyes interdependientes que evitarían que representaran un peligro a la humanidad, a la vez que dotaban a los robots, tal vez inadvertidamente, de un fin por el cuál dar pleno sentido a su existencia: proteger a la humanidad de ella misma, gracias a las Tres Leyes de la Robótica. Estas tres leyes, que luego serían cuatro, son las que llevarían al robot positrónico R. Daneel Olivaw en el Ciclo de la Fundación a tener un papel fundamental en dicha serie.

Carte la la adaptación cinematográfica de la película del mismo nombre «El Hombre Bicentenario» En El hombre bicentenario (Isaac Asimov, 1976) se trata una cuestión similar a la de tratar o no a los replicantes como seres humanos: ¿se puede considerar a un robot, como si de una persona reconocida jurídicamente se tratase? Sin enfangarse en terrenos filosóficos, lo que está en discusión es el reconocimiento legal de alguien o algo como un ser independiente y libre, aunque siga siendo un robot… de momento, pero con suficiente capacidad para comprender su condición.

Conclusión

Explosión de un artefacto de energía nuclear El ser humano, es capaz de grandes logros, pero algunos de ellos acaban siendo catastróficos. Con la energía nuclear, las necesidades energéticas se veían enormemente satisfechas, pero esta gran capacidad para construir, tenía su contrapartida destructiva, en casi la misma medida. Es como un niño manejando cosas que no entiende y que albergan un gran peligro potencial para si mismo. Su gran virtud es a la vez, su peor peligro.

Al crear a los replicantes y darles de alguna forma la capacidad para ser conscientes de si mismo y de su cercana muerte, se estaba creando a un ser desdichado, conocedor del responsable de esa circunstancia: los humanos, seres inteligentes muy parecidos a el, pero cargados de grandes defectos y debilidades, a los que culpa por haberle hecho como es, y no de otra forma.

«Nexus 6», cara a cara frente a su creador, «Tyrell»
¿Qué haríamos los seres humanos si pudiéramos tener, frente a frente y a nuestro mismo nivel, a nuestro creador? ¿Acaso no habría un buen número de personas que le echarían en cara no ser más altas, más fuertes… o más longevas?

Gracias a BR y sus replicantes, es posible acercarse con mayor facilidad al dilema de cuál es el puesto del hombre en el cosmos, y el anhelo constante de adquirir conocimiento para comprender el universo y así acercarnos a nuestro creador, tal vez para sustituirlo. La diferencia entre humanos y replicantes no es tal, pero si lo son sus objetivos en el mundo y en el universo. Son sus distintas circunstancias las que marcan las diferencias y similitudes entre ambos. Los robots de Asimov eran también seres con capacidades similares a los seres humanos, pero esa no era la característica primordial. A diferencia de los replicantes, los robots de Asimov eran inmortales, y sus cerebros poseían implícito un destino en la vida gracias a sus leyes.
 
Una solución a todas estas paradojas, nos la proporciona de nuevo Isaac Asimov. En su novela ya mencionada El hombre bicentenario, un Tribunal Internacional ante la petición del robot a ser reconocido jurídicamente como un ser humano, responde:
No hay derecho a negar la libertad a ningún objeto que posea una mente tan avanzada como para entender y desear ese estado

Nada más y nada menos.


Artículo publicado posteriormente en Planetas Prohibidos el 3 de junio de 2012
Artículo publicado posteriormente en El sitio de ciencia-ficción el 3 de junio de 2012
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