Logo de «Plutón vervenero», una parodia y ridiculización del género, perpetrada en España Si nos guiamos por los horarios a las que son relegadas algunas series de ciencia-ficción en los horarios televisivos, o a la escasa cantidad de producciones propias de este género —que vendría a indicar lo poco que se invierte en él— se puede llegar a la conclusión de que la ciencia-ficción en España no suele ser merecedora de la atención de los medios de comunicación y grandes productoras.
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galactica_1978Durante la época en la que surgió Galáctica (Glen A. Larson, 1978), el mundo de la ciencia-ficción y gran parte del cinematográfico, se encontraba experimentando el resultado de toda una revolución cultural. El nombre de este fenómeno se llamaba La Guerra de las Galaxias, o Star Wars (George Lucas, 1977)

Esta revolución cultural modificó sustancialmente los parámetros habituales con los que el género de la ciencia-ficción era entendido por el gran publico, circunstancia que había sido iniciada por la famosa serie de televisión de los años 60, Star Trek (Gene Roddenberry, 1966). Unos efectos especiales innovadores para la época, al servicio de una historia que, a pesar de ser absolutamente clásica (princesas, héroes, imperios del mal, «fuerzas» y monjes caballeros que las manejan, etc.) no había sido importada hasta ese momento a una película de estas características, y que crearon el subgénero de la ciencia-ficción de la space-opera. Además, se logró definitivamente lo que otras producciones no alcanzaron: convertir la ciencia-ficción en un fenómeno de masas, expandir el universo imaginado en la obra hasta límites insospechados, y dar pie a lo que se le vendría a llamar franquicias cinematográficas.

En esta coyuntura y dado el éxito de esta fórmula, no es de extrañar que comenzaran a surgir imitaciones. Tal vez la primera de ellas es de la que trata este artículo.
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En la base científica que los humanos han colocado en la órbita del inhóspito planeta Júpiter para su estudio, Edward Anglesey puede por unos momentos olvidar que es un científico que vive sujeto a una silla de ruedas debido a su parálisis. Gracias a un sistema de conexión telepática o «psionica», es capaz de experimentar lo que se siente dentro de un cuerpo creado artificialmente y adaptado a las durísimas condiciones existentes sobre el planeta para poder explorarlo como ningún instrumento puede hacer: viviendo y sintiendo el suelo bajo sus pies, y la atmósfera de amoniaco sobre su piel. Lo que Edward no sabe es que estas sensaciones que jamás podrá experimentar de otra forma dada su situación, van a producir sobre él un efecto que no espera, y cuyo primer síntoma son los fallos en las comunicaciones psionicas motivo por el cual es enviado Cornellius, el especialista que descubrirá asombrado lo que realmente está ocurriendo.


Poul_AndersonNo, esta sinopsis no es la de Avatar, pero a tenor de lo que se ha visto en los múltiples tráileres que circulan por la red, el guión del nuevo y prometedor trabajo del artífice de Aliens, Titánic, Terminator y otras películas más, que destacan entre otras cosas —unas más que otras— por su gran efectividad comercial, resulta ser todo un calco del relato corto del magnifico escritor de ciencia-ficción Poul Anderson, cuya fama tan solo está ensombrecida por gigantes de la talla de I. Asimov, Philip K. Dick o Robert A. Heinlein.
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«Time Warp»Si los escasos pero muy dignos lectores de este blog, observan que el ritmo de actualizaciones ha descendido bruscamente, ello es debido a que me encuentro inmerso en un extraño campo, en cuyo interior el tiempo transcurre a un ritmo distinto al del entorno.

Tal vez la causa hayan sido unos experimentos con gravedad artificial, que han generado dicho campo cambiando los parámetros del sistema inercial local, sobre todo los temporales. Pero no estoy seguro. Mientras investigo este punto, el mundo alrededor mío revolotea a toda velocidad, mientras yo debo parecer inmóvil como una estatua. Afortunadamente el equipo con el que escribo estas líneas ha resultado afectado como yo, gracias a lo cual puedo comunicarme mediante el teclado, aunque a una escala temporal distinta.

Para mi ha pasado poco tiempo desde que escribí el último post, pero ahí afuera los días y semanas se han sucedido vertiginosamente. Debo regresar a la línea temporal normal, hay mucho que hacer pero... no tengo tiempo.
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Naturalmente que nos referimos a la famosa novela de I. Asimov, la cual será adaptada próximamente si todo va como se espera, a la gran pantalla.

El director escocés Kevin MacdonaldNo es este el primer intento de llevar adelante este proyecto. Fue la Paramount la primera productora interesada, contando en principio con Ridley Scott (Alien, el octavo pasajero, Blade Runner) y Tom Cruise (Minority Report). En esta ocasión es New Regency la que ha llegado a un acuerdo con el director de origen escocés Kevin Macdonald, para llevar a cabo el proyecto.

La primera impresión con la elección de este director es algo desconcertante dada su escasa experiencia con la Ciencia-Ficción, siendo su último trabajo La sombra del poder(2009), pero supongo que algún día hay que empezar. De momento no hay noticias de qué actores encarnaran las aventuras del agente Andrew Harlan, Noys Lambent y compañía. Para estar al corriente de los últimos cambios y del resto de personas que intervienen (e intervendrán) en el proyecto, se puede visitar The Movie Insider.

Para los que no conocen aún esta obra, decirles que El Fin de la Eternidad (Asimov, 1955) es una Time Opera que trata el tema de los viajes en el tiempo de forma muy singular en comparación a lo que otras las productoras nos tienen acostumbrados en el mundo del cine, con la coherencia habitual en el preciso y riguroso estilo de Isaac Asimov, desafiando al mismísimo Stephen Hawkins y su conjetura de protección cronológica, con la solución empleada en esta obra para resolver el problema de las paradojas temporales, y como no, originando un interesante debate sobre el libre albedrío.

Logotipo de la productora «New Regency»Esperemos que el encargado de adaptar el guión todavía por conocer, sepa recoger estos matices y presentarlos a los espectadores haciendo honor a la obra en la que se basa, cosa complicada después de ver Yo Robot (Alex Proyas, 2004), que si bien el producto final no es desmerecedor del todo, las patadas que le dan a la obra del buen doctor son notables.

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ADN
La vida es un concepto que La Ciencia no ha logrado determinar con la exactitud que habitualmente se espera de ella. Como en tantas otras ocasiones, esta indefinición es aprovechada por los autores de Ciencia-Ficción para dar rienda suelta a su talento creativo o tal vez, liberar sus inquietudes o temores por conocer respuestas a las clásicas preguntas que atormentan a la especie Humana desde sus orígenes, el Complejo de Prometeo por el cual ansiamos parecernos a nuestro creador, sea divino o natural.
¿Hasta que punto es capaz el ser humano de crear seres como el, en qué aspectos y con qué condiciones?

Seguramente, estas y otras preguntas similares han pasado por la cabeza de muchos autores de la antigüedad desde tiempos inmemoriales, puede que desde que el Hombre es consciente de su existencia, y necesita conocer cuál es el papel que El Creador, quien quiera que sea y allá donde quiera que este, ha dispuesto para el durante el limitado tiempo que permanecerá en este mundo. La soledad que en la búsqueda a estas respuestas ha experimentado nuestra peculiar especie, hace que cobre especial valor el imaginar la existencia a nuestro lado de un compañero con el que compartir nuestras dudas existenciales, para que tal vez en el intento por comprenderle, logremos hacerlo con nosotros mismos.

«El Grito» de Munch. Representación particular de la angustia del ser humano ante los misterios de su existencia Por otro lado, la desdicha por la que en ocasiones pasa la humanidad al tener que sufrir una y otra vez sus propios defectos, que provocan la muerte y destrucción de sus congéneres allá donde se aposentan, hace elucubrar a los autores de todos los tiempos a los seres humanos cometiendo el pecado de soberbia o hubris, como le llamaron en la Grecia Clásica, desafiando a su Dios e imitándole con la creación de seres para tenerlos a su servicio, sometiéndoles a su misma o peor suerte.

La Historia

Cartel promocional de la película alemana «El Golem» (1920), de Paul Wegener Según la mitología judeocristiana, Dios creo al ser humano moldeando su cuerpo a partir de barro, insuflándole a continuación una chispa divina. Siguiendo esta tradición, los antiguos transmitieron la leyenda del Golem, ser creado por el propio Hombre a su servicio a partir de materia inanimada, pero al que no le había transmitido el don de la humanidad, algo que solo El Supremo podía otorgar, según las antiguas escrituras.

Cuentan las leyendas que los alquimistas del Medioevo eran capaces de crear, esta vez a partir de material biológico, una especie de seres a imitación del ser humano pero de tamaño diminuto. A estos seres infra-humanos surgidos a partir de materia biológica se les denominó homúnculos. Siglos después Frankenstein (Mary Shelley, 1818) surgido de restos de origen humano tal y como imaginó la autora de la obra literaria que lleva el mismo nombre, compartiría muchos de sus aspectos con el Golem, excepto precisamente el de la materia de la que estaba construido.

Figuración según los alquimistas de un «homunculus» dentro de una espermatozoide.

Conocida escena de la película «Tiempos modernos» (1936), de Charles Chaplin
En 1936 Charles Chaplin (1989-1977) dirige su película Tiempos Modernos, en la que se critica la esclavización que la humanidad se impone a si misma en las cadenas de producción. Dos años después fallecía Karel Capek (1890-1938), que un tiempo antes había brindado tanto a la Ciencia-Ficción como al mundo en general, un concepto gracias al cuál el imaginario colectivo plasmaría en el la gran mayoría de las leyendas sobre seres creados por el ser humano a su imagen, con los que compartir nuestras búsquedas filosóficas: el robot.

Capek imaginó en su obra R.U.R. (Robots Universales Rossum) (1920) a los robots como unos seres artificiales construidos y diseñados para sustituir al hombre en las tareas ingratas. Aunque este autor de origen Checoslovaco pensó en ellos como biológicos, sin embargo, el tratamiento posterior de los robots ha sido de forma mayoritaria la de considerarlos como entidades mecánicas. Hasta tal punto se asocia un androide o robot con un humano mecánico, que los guionistas de Blade Runner utilizaron, quien sabe si para evitar confusiones, el conocido término de replicante para referirse a su particular versión de los humanos artificiales.

Escena de la representación teatral en donde se utiliza por 1ª vez el concepto actual de «robot»

Pero si hay alguien a quien se le puede responsabilizar de la actual imagen de los robots, ese no es otro que Isaac Asimov. Sin olvidar a Stanislav Lem (1921-2006) y su tratamiento satírico y humorístico, aunque no menos filosófico, es gracias a las tres (más una) leyes que el Buen Doctor retorció hasta extremos casi imposibles en mil y una historias de robots, cuando la humanidad pudo por fin encontrar en el mundo de la literatura de Ciencia-Ficción a ese tan anhelado compañero de viaje, algunas veces accidentado, que la humanidad lleva recorriendo y cuyo destino aún no conoce.

Robot «Asimo» de Honda

El supuesto científico

La concesión científica que habitualmente se ha venido empleando en estas obras de Ciencia-Ficción, ha sido la de dar por supuesta la capacidad de crear seres tan inteligentes o con las mismas capacidades de los humanos, y una vez en este punto, especular y filosofar sobre que sentirán, o que dudas y anhelos tendrán. En definitiva, en que se parecerán o distinguirán, de los seres humanos.

«Cog», principal intento de simular la inteligencia humana en un androide

Sin embargo, a pesar de los prometedores comienzos de la Inteligencia Artificial (IA), los descubrimientos en este campo han puesto de manifiesto las tremendas dificultades en lograr su objetivo, por no hablar de cierta imposibilidad.

Problema: la consciencia, la inteligencia y la intuición humanas

Alan Turing El primer escollo en el camino hacia el desarrollo de máquinas con capacidades similares al cerebro humano, fue encontrado gracias al trabajo combinado del científico Inglés Alan Turing (1912-1954); conocido entre otros aspectos por su decisiva intervención en el descifrado de las máquinas de codificación Enigma, utilizadas en la Segunda Guerra Mundial por el bando Nazi; y el matemático Austriaco Kurt Gödel (1906-1978), cuyo trabajo en el área de la lógica ha sido uno de los más influyentes en el pensamiento científico y filosófico del siglo XX, según reza la Wikipedia. Aunque existen otros nombres de la comunidad científica cuyas aportaciones fueron imprescindibles, podría decirse que estos dos científicos dieron la forma final al problema, cuyas conclusiones que se pueden extraer, son como poco, sorprendentes:

Kurt GödelSegún los Teoremas de Incompletitud de Gödel, no es posible diseñar un algoritmo, o conjunto de axiomas, que sean a la vez consistentes y completos. Un conjunto de axiomas lógicos jamás serán suficientes para auto-demostrarse. Dicho de otra forma, la capacidad del Ser Humano en ser consciente de si mismo, no es posible lograrla matemáticamente en una máquina. Tal vez el ser humano no pueda aún siendo consciente de si, demostrarse a si mismo por mucho que se esfuerce siguiendo los caminos actuales, y mucho menos por lo tanto construir otras entidades que sean como él.

Turing por su parte, le dio la vuelta al trabajo de Gödel y dentro de la Teoría de la Computabilidad, desarrolló el modelo formal en el que se basan todos los computadores de la actualidad llamado máquina de Turing, gracias al cuál demostró que existen problemas que un sistema automático no puede resolver ni tan siquiera disponiendo de recursos ilimitados. Dicho de otra forma, que por potente que sea un computador determinístico (todos los actuales), es materialmente incapaz de lograr metas que un cerebro humano alcanza sin relativa dificultad.

La mente y consciencia, funcionando en alguna parte del cerebro humano De lo anterior se deduce que la consciencia que el ser humano posee sobre si mismo y del universo que le rodea, no puede ser emulada o simulada plenamente mediante un algoritmo o programa, con los paradigmas de programación tradicionales. Igualmente, compartiendo espacio en algún lugar del mismo cerebro que las alberga, existen el genio y la intuición humanas, gracias a las cuales los pertenecientes a dicha especie pueden resolver problemas a cuya solución los computadores no logran ni acercarse.

Pero una vez más, el Titán Prometeo acude desde su lugar en el Olimpo en ayuda de la humanidad, desafiando al resto de dioses y proporcionándonos de nuevo el fuego en forma de Mecánica Cuántica.

Prometeo, de nuevo en ayuda de la humanidad y desafiando a los Dioses
Foto: Wikipedia

¿Soluciones?: ordenadores cuánticos y redes neuronales

Representación de la superposición de estados en la mecánica cuánticaDesde que el ser humano descubrió la mecánica cuántica, no han cesado los quebraderos de cabeza para cierta parte de la comunidad científica que se aferra a un determinismo ordenado y predecible, pero totalmente insuficiente para continuar avanzando en el conocimiento. La Teoría del Caos y las estructuras matemáticas como los fractales, de aparición común en la naturaleza, añaden cierta angustia a dicho sector, que piensa que se le desmorona el sólido edificio de sabiduría que creían tener. Sin embargo, estas nuevas áreas del conocimiento, lejos de la incomodidad que para algunos parece presentar, pueden ser ese mensaje que Prometeo envía a la humanidad.

Sir Roger Penrose Uno de los miembros de la comunidad científica que ha decidido superar viejos prejuicios y explorar estos nuevos caminos es el científico de origen inglés Sir Roger Penrose (1930), que ha proporcionado algunas explicaciones al curioso funcionamiento de la mente humana. Según este científico y tal y como explica en su Teoría de la Mente, el cerebro humano ha de funcionar según patrones distintitos a los que la IA ha barajado hasta ahora, siendo la mecánica cuántica y su carácter no determinista y probabilístico, la que explicaría la mayor parte de las proezas que el órgano que protege nuestro cráneo es capaz de realizar.

Fotografía del primer computador cuántico de la empresa canadiense D-Wave Penrose defiende también la dualidad mente-cerebro, de forma similar a la dualidad programa-computador o software-hardware. En virtud de este concepto, un hardware basado en un computador cuántico, podría ejecutar software basado en redes neuronales o algoritmos genéticos, llegando a cotas que solo la Ciencia-Ficción ha imaginado hasta ahora, ya que lamentablemente, todavía no se han superado las dificultades existentes para construir una máquina cuántica funcional.

La Ciencia-Ficción

Siguiendo la tradición de respeto hacia el rigor científico, la Ciencia-Ficción no solo no ha sido ajena sino que casi ha predecido algunos de estos trabajos científicos:

  • captcha En 1968 Philip K. Dick nos dejo algunas claves en su obra en cuanto a las diferencias entre humanos y andrillos (replicantes en la película) con la aparición en la novela que sirvió de inspiración a Blade Runner del test de empatía de Voigt-Kampff, gracias al cual es posible diferenciar entre unos y otros. Turing ideo una prueba son intenciones similares llamada Test de Turing, siendo una de las muchas formas de este sistema el conocido para dejar comentarios en el que hay que teclear unas letras borrosas (Captcha), que un sistema automático no puede identificar, pero un humano si. 
  • «Elijah Baley» el detective humano que forma pareja con el legedario R. Daneel Oliaw. Y no, no es Will Simth.En algunas de las conversaciones que la pareja de detectives (incomprensiblemente desperdiciada para el cine o la televisión) formada por el humano Elijah Baley y el robot R. Daneel Olivaw (Bóvedas de acero –1954-, El Sol Desnudo –1957-, Robots del amanecer –1983-) mantenían entre ellos, consistían en tratar sobre sus diferencias. Su autor Isaac Asimov, describe en estas obras a la intuición humana como el factor que distinguiría a unos de otros al ser esta la capacidad de llegar a conclusiones útiles sin tener información suficiente. Es decir, sin ser determinista.
  • «Asimo» y las leyes Asimov permite que sus robots transciendan de si mismos al autoprogramarse con una ley que implicaba tener una consciencia de su papel en el universo asimilando un concepto abstracto como es el de La Humanidad: La Ley Zeroth, que podría definirse como una religión robótica y que supeditaba a las demás leyes:
    «Un robot no puede hacer daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.»
  • En El robot humano (Isaac Asimov y Robert Silveberg, 1992), sus autores cuentan como el robot convencional doméstico NDR 113 adquiere habilidades artísticas debido a una serie de errores encadenados en las tolerancias de su cerebro positrónico, dando lugar a una combinación irrepetible y singular.
  • sueños de robot En el relato corto Sueños de robot (Isaac Asimov, 1986), la celebre doctora en el universo de los robots de Asimov, Susan Calvin, se enfrenta a un curioso caso: un robot que sueña. La explicación es que este robot ha sido programado mediante un paradigma nuevo según el relato, basado en fractales. Lo curiosísimo de este relato es la coincidencia en el decisivo papel que podrían tener los fractales en la comprensión del mundo cuántico tal y como explican en este artículo científico del 30 de marzo…¡de 2009!

La impresionante Tricia Helfer y un no menos impresionante Cylon mecánico... en otro sentido, claro La aparición de un humano artificial en cualquiera de sus formas (robot, androide, replicante, golem, etc.) junto a los humanos es utilizado como pretexto para todo tipo de debates en torno a cuestiones éticas y filosóficas sobre nuestra condición o nuestro papel en el universo, que con toda probabilidad no van a verse resueltas. El uso de parejas de protagonistas con cierto antagonismo, es también habitual en todo tipo de obras siendo el eje central de muchas de ellas. Una mención especial en estos aspectos que merece un artículo dedicado, es el excepcional tratamiento que se hace de la convivencia de Cylones y humanos en la moderna serie de Battlestar Galactica.

Figurilla representativa del «Golem de Praga» Para finalizar este largo artículo, una pequeña anécdota sobre la más famosa de las leyendas del Golem: en la misma ciudad donde falleció el responsable del vocablo que hoy utilizamos para denominar a nuestros Golems modernos o robots, oculto en algún ático, yace uno de los más famosos de estos seres mitológicos construidos a semejanza del ser humano: el Golem de Praga.

Cuenta la leyenda que en el siglo XVI un rabino de esta ciudad poseía uno de ellos. Su Golem era, como todos los Golem, tosco y falto de humanidad. Era así hasta tal punto que ejecutaba las ordenes de forma literal, y un día, al mandarle a sacar agua del rio inundó el poblado.

Lo increíble de este cuento es que se describe la actitud del Golem como la de un autómata moderno desde la óptica de la época, como si fuera uno de los robots que siglos más tarde imaginaría Karel Capek en su representación teatral, en la misma ciudad donde hoy reposa el supuesto Golem de la leyenda.

¿Sería el Golem un robot venido del futuro? ¿Sería esa chispa divina de la que carecía el Golem, la forma de llamar de los antiguos al Factor Humano que hoy les falta a los sistemas de IA?

Bueno, al menos como argumento de Ciencia-Ficción creo que no estaría mal.

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Una de las principales virtudes de una buena obra de Ciencia-Ficción es su capacidad para crear escenarios hipotéticos que sirvan de inspiración para posteriores debates, filosóficos, sociales o científicos en general. Sin embargo, existe una tendencia seguramente equivocada al pensar que la respuesta a los enigmas que la humanidad ha buscado desde el principio de los tiempos se encuentra dentro de estas obras, cuando lo que en realidad se pretende en la mayoría de los casos es plantear preguntas, señalar dudas y advertir de desconocidos, pero inquietantemente posibles, peligros futuros.

Sócrates, el filósofo griego considerado el creador de la filosofía moderna.Como ya dijo unos de los padres de la filosofía, allá en la Grecia clásica hace unos veinticinco siglos, saber que no se sabe algo, es ya saber mucho. Por lo tanto la duda, el ser conscientes de nuestra falta de conocimiento, es el primer paso para alcanzar este. A partir de este momento, es cada espectador o lector, el que decide cómo desea alcanzarlo. Es cierto no obstante, que en algunas obras artísticas de todo tipo, la intención no es únicamente la de transmitir esa duda, sino también la de llenarla con unas ideas decididas por los autores, guionistas, directores o productores. Esto puede incluir desde el promover una moralina determinada, hasta inculcar la más pura propaganda ideológica.

Portada de un ejemplar 1984, una dura crítica social de los totalitarismosDentro de este género de obras, nos podríamos encontrar con Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1951 y Scott Derrickson, 2008), 1984 (George Orwell, 1948) o Tropas del Espacio (Robert A. Heinlein, 1959), en las que se observa como de alguna forma, se utiliza la Ciencia-Ficción para realizar crítica social o política, desde el punto de vista particular de sus creadores. En Blade Runner (BR en adelante) —donde se transmite la visión pesimista y oscura del creador de la novela en la que se basa, y que marcaría la tónica general postmoderna de las décadas siguientes no solo en la Ciencia-Ficción, sino en la sociedad en general— se plantean principalmente dudas, sin necesariamente pretender darles respuesta. Es ahora, desde aquí, cuando vamos a buscar algunas de ellas.

Blade Runner y Frankenstein

La escritora británica Mary Shelley, que reflejo sus preocupaciones hacia donde se encaminaba la humanidad en «Frankenstein» En Frankenstein (Mary Shelley, 1818), su autora nos mostró las dudas que el vertiginoso y aparentemente descontrolado desarrollo tecnológico le suscitaban. En BR se reeditan todas estas dudas y preocupaciones, añadiéndoseles otros matices y profundizando más en ellas, seguramente debido al mismo temor que Philip K. Dick sentía en alguna de las fases pesimistas por las que pasaba.

El escritor norteamericano Philip K. Dick, que tuvo una vida llena de fases de depresión y pesimismo.Básicamente, el autor nos muestra los riesgos que supone el excesivo y desenfrenado avance científico, sin que ello vaya acompañado de un conocimiento parejo en lo social y/o moral, y cuestiona el papel del hombre en el mundo. Si a esto le añadimos que estos avances se realizan en terrenos relacionados con la vida y los sentimientos, aspectos no explicados detalladamente por la ciencia y que hasta ahora eran terreno casi exclusivo de la religión, el debate está servido.

En los inicios de la investigación de la Energía Nuclear, también surgieron algunas voces catastrofistas que continúan oyéndose, al igual que cuando surge cualquier otro descubrimiento que afecta a nuestra forma de ver el mundo y a nosotros mismos. Películas como El Síndrome de China (James Bridges, 1978) advertían de las consecuencias que un uso irresponsable de semejante capacidad de producir energía podía conllevar. Lamentablemente para los habitantes de Chernóbil, los sucesos que allí ocurrieron demostraron que estas advertencias eran fundamentadas.

Prometeo, Titán de la Grecia clásica, que llevo el fuego a la humanidad. En BR, los seres humanos se presentan como afectados por el Complejo de Prometeo, por el cual la especie humana busca desesperadamente a través del desarrollo científico y la búsqueda de conocimiento, alcanzar cotas de divinidad llegando incluso a pretender crear lo que hasta ahora era patrimonio de los dioses: la vida. Otra forma de considerarlo, es la del Complejo de Edipo, que causaría que la Humanidad en el papel de Hijo, deseara sustituir al Dios Padre para ser la amante de la Madre, que en este caso sería una vieja y maltratada por los abusos de sus hijos, Planeta Tierra o Gaia.

En cuanto a la supuesta vida creada, los Replicantes son unos entes biológicos artificiales con una enorme capacidad intelectual; de forma que, si bien no era esa la pretensión inicial, acaban desarrollando sus propios sentimientos y su propia concepción del universo y de si mismos; siendo conscientes de su limitada existencia, en clara analogía a como hace la propia especie humana.

El «replicante» de última generación, «Nexus 6» Dejando las cuestiones de metafísica o existenciales, y adentrándose directamente en el campo de la Antropología Filosófica, cabría preguntarse: ¿Que diferencia a los humanos de los replicantes? ¿Los recuerdos? ¿La capacidad de procreación?. Aparte de estas diferencias que podrían ser solventadas en base a posteriores desarrollos tecnológicos o mediante la implantación de recuerdos tal y como sucede con Rachael —y puede que con alguno más—, y dejando a un lado aspectos cuantitativos como inteligencia, fuerza o la menor duración de su existencia, es precisamente en esta certidumbre de su duración limitada, y el conocimiento de los responsables de dicho límite, lo que marcaría principalmente la diferencia entre humanos y replicantes.

El ser humano debe gran parte de sus peculiaridades a la certidumbre de su muerte, a su limitada existencia sobre este planeta, confiriéndole así un deseo intenso y especial en aprovechar cada minuto que permanezca sobre este planeta, preguntándose constantemente de donde vienen y qué vendrá después. El replicante pasa por esta misma vicisitud, con la diferencia de conocer con gran precisión el momento de su muerte y a los responsables de esa situación, su creador.

De alguna forma, los replicantes serían víctimas de su equivalente del Complejo de Edipo, al desear acabar con sus creadores, los humanos, lo que visto desde el lado de estos correspondería con el Complejo de Frankenstein, en el que las propias creaciones se vuelven contra sus creadores. Se trataría del mismo complejo, pero visto desde partes distintas, como si fuera algo inevitable, tal y como el propio Freud pensaba, que toda criatura creada pasaba ineludiblemente por la fase de anhelar sustituir al padre.

Los robots de Isaac Asimov

Ilustración de un figurado robot Daneel Olivaw, protagonistas de la «Saga de la Fundación» Desde el punto de vista de la Ciencia-Ficción algo más dura, todo esto tal vez no sea más que una parafernalia innecesaria, salvo para que el autor de rienda suelta a sus miedos o fobias. Isaac Asimov solucionó todos estos temores, imaginando que los seres humanos implantarían en el diseño de los cerebros positrónicos de sus robots, unas leyes interdependientes que evitarían que representaran un peligro a la humanidad, a la vez que dotaban a los robots, tal vez inadvertidamente, de un fin por el cuál dar pleno sentido a su existencia: proteger a la humanidad de ella misma, gracias a las Tres Leyes de la Robótica. Estas tres leyes, que luego serían cuatro, son las que llevarían al robot positrónico R. Daneel Olivaw en el Ciclo de la Fundación a tener un papel fundamental en dicha serie.

Carte la la adaptación cinematográfica de la película del mismo nombre «El Hombre Bicentenario» En El hombre bicentenario (Isaac Asimov, 1976) se trata una cuestión similar a la de tratar o no a los replicantes como seres humanos: ¿se puede considerar a un robot, como si de una persona reconocida jurídicamente se tratase? Sin enfangarse en terrenos filosóficos, lo que está en discusión es el reconocimiento legal de alguien o algo como un ser independiente y libre, aunque siga siendo un robot… de momento, pero con suficiente capacidad para comprender su condición.

Conclusión

Explosión de un artefacto de energía nuclear El ser humano, es capaz de grandes logros, pero algunos de ellos acaban siendo catastróficos. Con la energía nuclear, las necesidades energéticas se veían enormemente satisfechas, pero esta gran capacidad para construir, tenía su contrapartida destructiva, en casi la misma medida. Es como un niño manejando cosas que no entiende y que albergan un gran peligro potencial para si mismo. Su gran virtud es a la vez, su peor peligro.

Al crear a los replicantes y darles de alguna forma la capacidad para ser conscientes de si mismo y de su cercana muerte, se estaba creando a un ser desdichado, conocedor del responsable de esa circunstancia: los humanos, seres inteligentes muy parecidos a el, pero cargados de grandes defectos y debilidades, a los que culpa por haberle hecho como es, y no de otra forma.

«Nexus 6», cara a cara frente a su creador, «Tyrell»
¿Qué haríamos los seres humanos si pudiéramos tener, frente a frente y a nuestro mismo nivel, a nuestro creador? ¿Acaso no habría un buen número de personas que le echarían en cara no ser más altas, más fuertes… o más longevas?

Gracias a BR y sus replicantes, es posible acercarse con mayor facilidad al dilema de cuál es el puesto del hombre en el cosmos, y el anhelo constante de adquirir conocimiento para comprender el universo y así acercarnos a nuestro creador, tal vez para sustituirlo. La diferencia entre humanos y replicantes no es tal, pero si lo son sus objetivos en el mundo y en el universo. Son sus distintas circunstancias las que marcan las diferencias y similitudes entre ambos. Los robots de Asimov eran también seres con capacidades similares a los seres humanos, pero esa no era la característica primordial. A diferencia de los replicantes, los robots de Asimov eran inmortales, y sus cerebros poseían implícito un destino en la vida gracias a sus leyes.
 
Una solución a todas estas paradojas, nos la proporciona de nuevo Isaac Asimov. En su novela ya mencionada El hombre bicentenario, un Tribunal Internacional ante la petición del robot a ser reconocido jurídicamente como un ser humano, responde:
No hay derecho a negar la libertad a ningún objeto que posea una mente tan avanzada como para entender y desear ese estado

Nada más y nada menos.


Artículo publicado posteriormente en Planetas Prohibidos el 3 de junio de 2012
Artículo publicado posteriormente en El sitio de ciencia-ficción el 3 de junio de 2012
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Cartel promocional de la película«yo...
he visto cosas que vosotros no creeríais...
atacar naves en llamas más allá de Orión...
he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser...
todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.»

Estas poéticas palabras han pasado a formar parte del acervo cultural cinematográfico de la Humanidad. El auto-epitafio de un replicante o robot humaniforme, que asume que ha llegado su final y se enfrenta a el con solemnidad, nobleza y entereza, unos valores que parece que la humanidad ha perdido en la época en la que se desarrolla una de las películas más importantes del cine de todos los tiempos, especialmente en el género de la Ciencia-Ficción: Blade Runner (Ridley Scott, 1982)

Ridley ScottEs inevitable dedicar un artículo a esta obra cinematográfica cuyo guión esta basado en la obra literaria ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) del escritor norteamericano Philip K. Dick. Sus obras, si bien no hay duda a la hora de considerarlas dentro de la ciencia-ficción en los parámetros referidos en está bitácora, los son más bien en un terreno filosófico, moral o social, aspectos que aunque son también a considerar en toda obra de ciencia-ficción como consecuencia de una especulación o supuesto científico, en el caso que nos ocupa estos se reducen a un único aspecto principal, priorizando otro tipo de mensaje.

Blade Runnner - Edición Especial Dos discosEste «film» ha pasado por varias adaptaciones, proyectándose en la gran pantalla al menos dos versiones distintas, existiendo una tercera versión recientemente comercializada. Esta última parece que es ya por fin, la que al director no le dejaron mostrar al público en el día de su estreno. Una de estas copias en DVD, supervisadas por el propio Ridley Scott tal y como manifiesta en la autoría adicional sobre las mejoras (sobre todo en el lamentable sonido de las primeras copias comercializadas), obra en mi poder junto con su estupendo estuche metálico.

Así pues, con estos antecedentes, si los lectores lo desean pueden pasar a conocer mi apreciación personal de esta película, desde la perspectiva de la Ciencia-Ficción tal y como la entiendo. Por este motivo, se ha dividido la reseña en partes diferenciadas, ya que de alguna forma, la parte de Ciencia-Ficción no se puede explicar sin tener en cuenta las demás, las cuales de por si, merecerían tener su propio blog dedicado.

La trama

Ciudad de Los Ángeles en el año 2019. La humanidad ha asolado el planeta provocando la extinción de la práctica totalidad de animales, sin que parezca importarle demasiado. Por otro lado, se ha alcanzado tal nivel y dominio sobre la tecnología que además de permitirle emigrar a otros planetas, es capaz de crear seres pensantes para usarlos como juguetes, o recrear artificialmente cualquiera de las especies que poblaba el planeta, incluido el ser humano.

Quedan en La Tierra tan solo aquéllas personas que no han podido huir del deprimente lugar en el que se ha convertido el planeta, que hasta entonces había sido el hogar de la humanidad y de miles de especies más. Pobreza, taras físicas, enfermedades, son las principales características de las personas que todavía permanecen en las ciudades de enormes edificios semiabandonados.

«Daryl Hanna» es una replicante «de placer»Los científicos, dando muestras de una conciencia intranquila, culpable, de no estar seguros del alcance de su vanidad y falta de escrúpulos en el uso de la tecnología, no dudan en defenderse de sus creaciones con apariencia humana; los replicantes, a los que tratan como esclavos pese a superar a sus propios creadores en casi todos los aspectos excepto en el de la empatía; y privándoles de la vida que les dieron al transcurrir cuatro años. 

Estos seres creados por el hombre para satisfacer su vanagloria y sin importarle el sufrimiento que puedan llegar a tener, gracias a la capacidad que pese a todo les dieron, se acaban rebelando para intentar buscar una solución a ese límite de vida impuesto.

El Blade Runner Rick Deckard (Harrison Ford) Los Blade Runner, son el cuerpo especial de policía con la misión de detenerles. Rick Deckard (Harrison Ford) es el encargado, bastante a su pesar, de dar final a un grupo de estos rebeldes encabezados por Roy (Rutger Hauer), un Rachael (Sean Young)replicante de última generación modelo Nexus 6. En el transcurso de la investigación para conocer el paradero de este grupo rebelde, conoce a Rachael (Sean Young), una replicante algo especial al no ser consciente de que lo es, y al haber sido dotada de recuerdos por lo que su capacidad de empatía se veía posibilitada. A pesar de ello, Rick Gaff (Edward James Olmos)descubre que ella es replicante. Surge una relación entre Rachael y Deckard, complicada debido a la condición de ella, motivo por el cual deciden escapar. Gaff (Edward James Olmos) otro policía que está al tanto de todo, les deja finalmente huir, no sin dejar indicios inquietantes sobre la verdadera condición de Rick.

La estética

Mucho se ha hablado de la estética de Blade Runner, siendo este aspecto en el que más ha destacado dentro del mundo del cine, y uno por los que más se recuerda a esta película. Esto que es de mérito como obra del arte cinematográfico, no lo es tanto si de Ciencia-Ficción se trata, aunque como ya se ha dicho, para contar una buena historia, tanto mejor si se presenta de forma tan excepcional como esta.

Hasta el año en que se estrenó, el generó de la Ciencia-Ficción que utilizaba el cine como forma de expresión, había pasado del misterio existencial y el pulp de los años 50 y 60, a la aventura operística de La Guerra de las Galaxias (George Lucas, 1977) a finales de los 70. Con esta película, a partir de los 80 el cine de Ciencia-Ficción comenzó la senda de la postmodernidad, con sus cataclísmicos futuros —Doce Monos (Terry Gilliam, 1995), Waterworld (Kevin Reynolds, 1995), Matrix (Hnos. Wachowsky, 1999), El imperio del fuego (Rob Bowman, 2002), y un largo etcétera—

Una de las más caracterísitcas escenas de la pelicula: el auto volante y el gigantesco cartel publicitario

El oscuro e inseguro escenario distópico al que la humanidad se ha dejado llevar a causa de su dejadez moral, está perfectamente representado en la obra. Un ambiente urbano mastodóntico y degradado, que sentará precedente y cuya estética ha servido de inspiración de varias formas en películas dispares como El quinto elemento (Luc Besson, 1997) o sin ir más lejos, la recreación de Coruscant, la capital de la República Galáctica en Star Wars II: el ataque de los clones (George Lucas, 2002), hasta el punto de que resulta difícil imaginar una ciudad del futuro o de Ciencia-Ficción, que no sea muy parecida a la mostrada en esta obra, puede que llegase a defraudar de no ser así. 

Coruscant: capital de la Republica Galáctica

La música

Acababa de estrenarse hacía un año la exitosa película Carros de Fuego (Hugh Hudson, 1981). Una de las claves de este éxito fue su banda sonora, compuesta por un joven compositor que repetiría un año después en la película de la que trata este artículo. Los años 80, los mismos de Blade Runner y la música tecno, fueron también los años de Vangelis y su música cósmica.

El mensaje filosófico

El mensaje filosófico que subyace, está basado en el mismo que Mary Shelley quiso transmitir con su obra literaria: los peligros de la tecnología y la falta de capacidad de la ciencia para establecer límites de aspectos que si bien no conoce, maneja con cierta temeridad según algunas de las opiniones que se vienen mostrando desde que Frankenstein salió a la luz, y con el, el complejo que llevaría su nombre.

Desde hace no mucho tiempo que el ser humano vislumbra la posibilidad de  alcanzar adelantos tecnológicos y biológicos en un plazo aparentemente cercano, cuyas consecuencias no es capaz de comprender. Si el ser humano fuera hipotéticamente capaz de crear seres tan complejos como los replicantes de Blade Runner, pero sin poder explicar dónde se ubican o cómo se generan conceptos a los que se supone pueden acceder de alguna manera como la vida, la consciencia o los sentimientos, sería como jugar a ser dioses, pero vulnerables como mortales.

Replicante Nexus 6 (Rutger Hauer) recitando las frases de cabecera,  frente a un atónito Deckard (Harrison Ford)

Los cuatro años de vida de los replicantes son esa protección necesaria para defenderse de un tipo de ser, capaz de sentir y emocionarse como un ser humano, pero sin el derecho a vivir como él. ¿Es esto ético? el lector tiene la repuesta.

El mensaje político actualización del 20/11/2013

Portada de R.U.R. (Robots Universales de Rossum)
La historia de Blade Runner es una continua crisis de identidad: Deckard está permanentemente dudando de su papel el cual se ve obligado a ejecutar. Rachael duda de su condición de ser vivo. Los humanos se comportan como fríos robots insensibles, y los replicantes nos deleitan con una prosa maravillosa y sensible. Con este intercambio de papeles se intenta dejar caer que tal vez las cosas no son lo que aparentan. De Mary Shelley deberíamos ir hacia Karel Čapek y su obra pionera R.U.R. (Robots Universales de Rossum) (1920), en la que el atávico misterio de la creación de la vida se empleaba como vehículo metafórico de la esclavitud a la que el ser humano somete a sus semejantes. Blade Runner y R.U.R. coinciden en dos aspectos básicos: en ambas obras los «robots» son además de por supuesto artificiales, son también de tecnología biológica (no son mecánicos). Y lo más importante, que en ambas el mensaje es de naturaleza política sobre el abuso de unas clases sobre otras, dejando en un segundo plano la ciencia-ficción.

Replicantes y robots son todos, pobres incautos de un plan sobre el que nadie les ha preguntado, pero del que son víctimas inconscientes. Un plan en el que día a día trabajan duramente pensando en un futuro mejor, que nunca llega.

Supuesto científico

Prácticamente ya se ha mencionado hasta aquí lo que de Ciencia-Ficción tiene esta obra cinematográfica: especulación sobre un futuro distópico y la posibilidad de construir seres artificiales enormemente avanzados, con similares o superiores capacidades al ser humano, pero con un límite de duración que expresaría cierto temor de los fabricantes hacía sus creaciones. A partir de aquí estos elementos son utilizados para explorar las consecuencias éticas y filosóficas, con un resultado inolvidable.

Conclusiones

En mi opinión, la importancia de esta obra se debe más al buen hacer artístico y cinematográfico que su contenido de Ciencia-Ficción, al suponer un paso importante en la postmodernidad definiendo gran parte de las estéticas y contenidos filosóficos de la producción cinematográfica de los años venideros prácticamente hasta nuestros días. De forma distinta a por ejemplo 2001: Una Odisea del Espacio (Stanley Kubrick, 1968), que causo otro hito no tanto cinematográficamente como en el genero al que pertenece plenamente. Los problemas de estabilidad emocional de su autor Philip K. Dick, hicieron seguramente que sus obras tendiesen más hacia estos terrenos angustiosos y desesperanzados haciéndose preguntas existenciales y filosóficas, personalmente creo que descuidando la parte de Ciencia-Ficción.

Pero no me entiendan mal. El cine y este género fueron algo distinto a partir desde que los espectadores pudimos contemplar esta obra de arte. La he visto varias veces con la misma emoción que la primera y no dudaría en visionar de nuevo con sumo gusto una película que marcó toda una época y que aún hoy en día, muestra su influencia.
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